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el blog de los palabros
Comentarios sobre el buen y mal uso de las palabras.
Cosas varias
Sindicación
VEAN LAS NUEVAS RECETAS EN EL BLOG "BUEN MENÚ".
 
CERRADO POR VACACIONES
Tomo nota de vuestros comentarios y estudiaré todo lo que pueda de CSS o CCS y el método para contestar comentarios.
El otro día se me olvidó comentar a Catedral de Humo que, efectivamente, la RAE tiene admitido en su diccionario las palabras cantinflas y cantiflear, pero como un localismo de México.
Lo repito, a primeros de septiembre vuelvo y pasaré lista.
Mis mejores deseos para que acabeis de pasar este caluroso mes de Agosto lo mejor posible.
José Sans
PD: En el suplemento Culturas de La Vanguardia de hoy sale una entrevista con John Irving y habla de su último libro aparecido en USA (el año que viene aquí). Parece ser que las críticas no han sido buenas. Hablaré seriamente con él por no avisarme antes de hacer mi artículo.
 
Ya están aquí las vacaciones
Bueno, ya se nota que es época de vacaciones, la gente marcha, no se actualizan los diarios, las visitas escasean y todos buscamos ese descanso reparador que nos permita, al menos eso dice, recargar las pilas.
Yo también las empiezo el jueves y por lo tanto el de hoy será el último artículo hasta la vuelta.
Por cierto que me he comprado unos pequeños libros que hablan de los Weblogs y de la hoja de estilos CCS. Me los llevo de vacaciones, a ver si aprendo algo más. Dándoles una breve hojeada me encontré con dos cosas.
La primera es que hace un pequeño glosario de los términos más frecuentes, en inglés y en castellano, y para post da las acepciones de entrada o artículo, así que no iba mal encaminada mi propuesta.
La segunda es que dice que es importante contestar los comentarios que nos hacen, yo ya lo procuro, pero no se cual es la técnica más idónea. Como habréis visto, a veces, respondo a algún comentario desde un artículo nuevo, pero veo que otros responden a los comentarios con un nuevo comentario. Para mi lo ideal sería, pienso, que, al igual que en el comentario te aparece la URL del comentarista, tuviéramos el mail también. De esta forma se podría responder a alguna cosa que nos preguntan y que a lo mejor no es necesario extenderla mucho. La técnica de responder con otro comentario no se si es efectiva, pues, quizás sea la falta de práctica, cuando pongo un comentario en la página de alguien, no vuelvo a ese artículo y sus comentarios, sino que voy a buscar el nuevo.
Os quedaré agradecido si vosotros, gente de más experiencia que yo en estos lares, me pudierais orientar.
Ayer visitando una librería encontré un libro que tenía en mi lista de compras de libros (un día explicaré eso de la lista de compras de libros). El libro en cuestión es “El festín del amor” de Charles Baxter. Lo estuve hojeando y de buenas a primeras me tropiezo con un palabro fruto del ingenio del traductor, que Dios lo perdone, que me trajo a la mente el tema de los extranjerismos. Solo leí que llevan a una persona al hospital y están en medio de un atasco, entonces para abrirse paso el conductor “claxonea” repetidamente. Estamos de vuelta con esa manía de utilizar la gramática de un idioma en otro que las tiene diferentes. Ya expliqué que el inglés, en la creación de verbos, es más laxo que el castellano, pero eso no da pie a que inventemos verbos tales como claxonear.
Estoy preparando para la rentrée una serie de artículos sobre el nuevo lenguaje y con ese término me refiero a la cantidad de palabras y usos idiomáticos que están apareciendo. Brevemente apuntaré que me centraré en varios aspectos. Uno de ellos es la utilización de un lenguaje “políticamente correcto”, que hace que utilicemos expresiones, digamos suavizadas, menos agresivas con algunas posturas minoritarias, el otro aspecto es el variado uso de eufemismos que se están utilizando para no decir las cosas claras y hacer que parezcan, nuevamente, menos agresivas.
Bueno queridos y queridas (expresión típica del lenguaje políticamente correcto) os deseo a todos que, si hacéis, paséis unas agradables vacaciones, mañana aún estaré conectado, pero luego ya no pues vamos a un apartamento en la playa y no hay línea telefónica. Un abrazo a los chicos y besitos para las chicas.
Os espero a la vuelta, no me dejéis solo.
José Sans
PD: Por la tele explicaron, el otro día, que cada día se crean, en todo el mundo, miles de diarios como los nuestros. El ritmo de crecimiento es exponencial. También explicaba que el 45% no llegaba al año.
 
La confusión de palabras
Hoy vamos a hacer una cosa diferente. Yo les diré una palabra, ustedes dejen de leer, piensen su significado y luego continúen leyendo.
La palabra es arterioesclorosis o arteriosclerosis.
Imagino que la mayoría ha pensado en la enfermedad en la que las arterias se obstruyen principalmente por acción del famoso colesterol. Y esta palabra la he visto en muchas revistas y periódicos al hablar de los efectos de una alimentación descompensada o rica en grasas. Otros quizás, correctamente, habrán pensado que se trata de un endurecimiento de las arterias que provoca problemas en la circulación de la sangre.
Como digo esta segunda es la definición correcta del palabro en cuestión y su nombre técnico es: aterosclerosis o ateroesclorosis, justamente porqué en este caso se forman los llamados ateromas, que son esas placas que provocan la obstrucción.
Lo cierto es que siendo dos palabras similares describen, como he dicho, dos alteraciones diferentes, pero que pueden ocasionar el mismo resultado fatal. Ocurre que nos suena más lo de arteriosclerosis y por eso, muchas veces se utiliza erróneamente. La costumbre es una de las causas del mal uso de las palabras. Conste que yo también, durante mucho tiempo, tuve el mismo error. Pensaba que arteriosclerosis se refería tanto al endurecimiento de las arterias, como a su obstrucción de las arterias.
Se diga como se diga, vigilen su alimentación.
Una segunda cosa y acabo, pues los calores han vuelto y me sientan fatal. Me dejan aplatanado, curiosa palabra que viene de plátano, pero desconozco por que se usa en ese sentido de indolencia. Si alguien lo sabe que ponga un comentario. No creo que sea por la actitud pasiva del pobrecito plátano colgando de su racimo o mano como dicen en Sudamérica.
En la vigésima segunda edición del DRAE, del 2001, aparece la palabra flux y que yo había nombrado al hablar de las curiosidades idiomáticas de Venezuela. Pues bien allí aparece esa palabra, según él viene del francés flux (flujo) y entre otras acepciones, como la ser una jugada en ciertos juegos de naipes (cosa que ya me apuntó Leodegundia), aparece: "En And. (andalucía) y Am. (América) terno (traje de caballero completo)". No encuentro el sentido de esa derivación, seguiremos investigando.
Bueno eso de seguiremos suena a plural mayestático, llamado así porque es el que usan sus majestades, además del Papa. Mark Twain, que era un finísimo humorista y filosofo de a pie, decía: “El plural mayestático solo lo podemos utilizar los reyes, el Papa de Roma y los que tenemos lombrices”.
Cuídense del calor.
José Sans

 
La percepción del quórum
Esta denominación pintoresca, percepción de quórum, me la encontré leyendo un libro de ciencia ficción llamado “La radio de Darwin” de Greg Bear, es un autor que me gusta mucho porqué sus novelas tienen una fuerte base científica. Ya hace días la mencioné, pero hasta ahora no he hablado de ella. Antes de explicar su significado déjenme hacer una introducción.
Vengo hablando, en diferentes artículos, de que nuestro idioma, el castellano, tiene una gran riqueza de términos y expresiones, por tanto, no es de recibo la gran invasión de palabras con un origen extranjero. También he insistido en la cuestión de que cuando realmente es necesario no hay que poner impedimentos a la asimilación de esos nuevos vocablos o, si fuese necesario, la creación de nuevos a partir de otros.
Es el campo de la economía donde más ejemplos he sacado de esa invasión cuestionable de extranjerismos, pero reconozco que hay otros campos en que, la dificultad de encontrar vocablos idóneos, nos obliga a adoptar de extranjeros o crearlos.
El campo por excelencia donde ocurre este fenómeno es el científico y sobre todo en las ciencias experimentales. De todos es conocido la cantidad de palabras provenientes del latín y también, en un número estimable, del griego. Así en medicina encontramos palabras como patógeno, las denominaciones técnicas de las enfermedades, los nombres de las especialidades médicas como otorrinolaringólogo, etc. En la química los nombres de los elementos. El símbolo químico de los elementos siempre es la primera y, a veces, otra letra del nombre latinizado. Así el hierro tiene como símbolo Fe, pues proviene de Ferrum, El potasio es K porque viene del germánico Kalium, el mercurio Hg de Hydrargyrum, que es como se le conocía en la antigüedad, el sodio Na de Natrium, etc.
En la biología encontramos toda la clasificación de los seres vivos, que desde Linneo, se realiza en latín o bien latinizando nombres.
La física, en especial la referida al campo atómico cuántico y otros pelajes, es la que más problemas da a la hora de buscar vocabulario nuevo. Es un problema que también tienen los anglosajones y otras nacionalidades. Aparecen cosas nuevas, no existen palabras y se recurre a buscar nombres similares o directamente se inventan, como transistor. Así en la física de partículas, cuando empezó a descubrirse que había otras partículas además del electrón, el protón y el neutrón, comenzaron a utilizar nombres derivados, por lo general, del griego como bosones, muones, piones, partículas alfa, etc. Pero se llegó por medio de la teoría, pues en la práctica aún no se han observado, a deducir que todas esas partículas elementales no eran tal, sino que a su vez estaban formadas por otras de más elementales, vino ahí el primer problema ¿Cómo llamarlas? Hasta que alguien, lo desconozco, propuso quarks, pero se dedujo que habían, como mínimo, tres tipos y apareció el segundo problema. Se empezaron a distinguir por sus propiedades, pero ¿Cómo llamar a estas propiedades?, sencillamente se les llamo, a las propiedades, color, sabor, etc.
Como se decía antes "las ciencias avanzan que es una barbaridad", son esos avances los que originan estos hallazgos idiomáticos, a veces muy peculiares. Se crean conceptos nuevos, se les da un nombre, luego se averiguan más cosas y al nombre hay que añadirle un apellido. Así ocurrió con la fotosíntesis, que en un principio se le llamo asimilación, pero más tarde se cambió a fotosíntesis, pues era la sintetización de unos elementos con la ayuda de la luz como catalizador. Actualmente se ha comprobado que la fotosíntesis no solo se producía en ambientes ricos en oxigeno, sino que también ocurría en ambientes que no contienen oxigeno y, por tanto, tenemos la fotosíntesis oxigénica (que produce oxigeno) y la fotosíntesis anoxigénica (que no lo produce).
Después de esta introducción, para mi gusto demasiado larga, vamos con el tema en cuestión. Parece ser que las células bacterianas no provocan una respuesta, fijada genéticamente, hasta que no hay un determinado número de ellas para provocar ese efecto, es decir es necesaria lo que podíamos denominar una determinada densidad poblacional. Se le empezó llamando autoinducción, pero la palabra no describía exactamente la cuestión. Fue un abogado, amigo de uno de los investigadores, quién propuso el termino de quorum sensing y de ahí la percepción del quórum. Todo ello tiene una lógica, llamamos quórum al número necesario de individuos necesario para que un cuerpo deliberante tome ciertos acuerdos, no podemos negar que es necesario un quórum de bacterias para que produzcan su efecto y por tanto, gracias a esa percepción las bacterias saben que están en número suficiente para comportarse como deben.
Algo rebuscado, pero elegante.
Perdonen todos mis lectores que no sean de ciencias, la posible áridez que el artículo de hoy lleve en su seno, pero no sabía como explicarlo de una forma más sencilla, ni más corta
José Sans

 
Hoy hablamos, otra vez, de libros
Antes de empezar con los libros dos cositas, o tres.
Primero dar a la bienvenida a los nuevos y esperar que sigan viniendo.
Para ellos comento que el artículo de cada día 1 de mes, lo dedico a los libros. Naturalmente libros que han gustado o sus autores.
Por último decirle a josemerabi que su pregunta es difícil de responder. No existe una regla para saber si una palabra empieza por gi o por ji. La única diferencia está en el origen latino de las palabras. Las que en latín empezaban por g, la mantienen en castellano, ejemplos: de gibba viene giba, de gestio viene gestión, etc. Las que empezaban por i ahora empiezan por j, ejemplos: de iudicium viene juicio, de iulius viene julio, etc. De todas formas el sonido de gi es más suave que el de ji. Pruébenlo, vean la diferencia entre giro y jirón.
Y vamos con los libros, hoy va de otro autor que me gusta mucho, he leído todas sus novelas y, como en todo, unas me gustan más que otras, pero no he encontrado ninguna que no me haya gustado, aunque sea un poco.
Se llama John Irving, americano, nacido en Exeter, New Hampshire en 1942. Comenzó a publicar en 1968 y desde entonces ha escrito diez novelas, un libro sobre sus relaciones con el mundo del cine, otro de su relación con la literatura y varios libros de relatos, estos últimos no han sido publicados en España, el resto si.
Es un autor que, como Márai, sabe construir personajes bien definidos, situaciones creíbles, por lo general relacionadas con la pareja o entre personas y escenarios realistas. Así como de Márai decía que escribía como si escribiese para el teatro, Irving lo hace más como guiones de cine. De hecho muchas de sus novelas han sido llevadas al cine.
Lo descubrí de casualidad al ver una de las películas y quise leer la novela, me gustó y leí otra, pero no seguí más hasta que leí “La mujer difícil” que es la que más me ha gustado.
Vivió varios años en Viena y eso se nota, sobretodo, en sus primeras novelas, pues aparece esta ciudad frecuentemente. De joven fue aficionado a la lucha grecorromana y también aparece con frecuencia.
No se porqué en España, aunque supongo que por razones comerciales (o marketing como se dice ahora), hay bastante tendencia a cambiar los títulos, a veces lo entiendo, pero otras no. Pasa igual en el cine, pero ahí también se mezcla, además de lo comercial, una tonta ley que no permite que dos películas tengan el mismo título, pero la simple adición de una palabra ya hace cambiar el título, ahí tenemos el ejemplo de Robin Hood, el principe de los mendigos y Robin Hood el no me acuerdo como era el otro título y que se estrenaron simultaneamente.
Sus novelas, en orden de aparición, seguidas de su título original son:
1968 Liberando los osos (Setting free the bears).
1972 La epopeya del bebedor de agua (The water-method man).
1974 Doble pareja (The 158-pound marriage).
1978 El mundo según Garp (The world according Garp).
1981 El hotel New Hampshire (The hotel New Hampshire).
1985 Príncipes de Maine, Reyes de Nueva Inglaterra (The cider house rules).
1989 Una oración por Owen (A prayer for Owen Meany).
1994 Un hijo del circo (A son of circus).
1998 Una mujer difícil (A widow for one year).
2001 La cuarta mano (The four hand).
Ya ven el baile de títulos, la de Príncipes… se ha vuelto a reeditar con su título original a raíz de la película que tanto éxito tuvo y que proporciono a Michael Caine un oscar por su actuación en ella. Las otras novelas que han sido llevadas al cine han sido: “El hotel New Hampshire”, “El mundo según Garp”, “Una oración por Owen” (solo era una parte de la novela y se llamó “Simon Birch”), la ya mencionada “Las reglas de la casa de la sidra”, ahora se acaba de estrenar la de “La mujer difícil” con una renacida Kim Basinger, un buen actor como Jeff Bridges y un título que nada tiene que ver con la novela: The door in the floor. Naturalmente, como casi todas las películas basadas en libros, solo trata de una parte de la novela. Parece que están en fase de estudio (o pre-producción que dicen los técnicos) “Un hijo del circo” y “La cuarta mano”.
La crítica dice que “Un hijo del circo” es su mejor obra, pero a mí la que más me ha gustado es “La mujer difícil”, después “Las normas de la casa de la sidra” y después “Una oración por Owen”. Todas están editadas en castellano y algunas en catalán, en castellano en la colección Andanzas de Tusquets y, muchas de ellas, en la colección barata Fábula de la misma editorial.
Altamente recomendable, que diría algún crítico. Dos de las primeras (“Liberando los osos” y “Doble pareja”), en especial la primera, me parecieron flojillas, es a partir de “El mundo según Garp” que empiezan a gustar y, repito, las mejores “La mujer difícil” y “Las normas de la casa de la sidra”.
Perdonen lo largo del artículo, pero es un autor que me gusta mucho y se lo merece.
Si se deciden a leerlo que lo disfruten como a mí me pasó.
José Sans

PD: Recibí un agradecimiento por poner a alguien en la sección de gente simpatica, pero como no dejo la dirección ni el nombre, no sé quien es. Imagino que fue Changuita que, lamentablemente, ha cerrado su diario.