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el blog de los palabros
Comentarios sobre el buen y mal uso de las palabras.
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Atropellos casi mortales
No me canso, ni me cansaré, de repetir que el castellano, como todos los idiomas, va evolucionando y creciendo cual un ser vivo.
Pero al igual que los seres vivos debe crecer y desarrollarse en condiciones, debe crecer sanamente, a base de evoluciones lógicas y que añadan riqueza al conjunto.
Pero a veces ese desarrollo no es tal, es más bien como si le salieran deformidades y esto ocurre cuando se quiere incorporar palabras sin ton ni son, solo porque nos parecen más modernas o porque pensamos que quieren decir una cosa y resulta que es otra.
Como ustedes saben, en mis artículos, me he ido haciendo eco de esos intentos burdos de crear un vocabulario artificial y no acorde ni con nuestras costumbres, ni con nuestra gramática.
Pensaba, inocente de mi, que era un problema del castellano, pero últimamente me encuentro con que están apareciendo excrecencias similares en otros idiomas de nuestra península y en este caso me estoy refiriendo al catalán, pero seguramente acabará llegando al castellano.
Llevo oídas varias veces un “palabro” que suena horrible, del que desconozco su origen y que no sé como nos ha llegado. Y no lo he oído en labios incultos, sino en personalidades, como si no iba a ser, políticas. La última vez en boca de una de las consejeras de la Generalitat.
Pero vamos con el engendro, se trata del verbo interlocutar. Su uso, o mal uso, quiere hacer referencia a la acción de dialogar y en vez de decir buscar interlocutores, dicen interlocutar con. Vamos, una aberración.
Tenemos interlocución que equivale a dialogo o “plática entre dos personas”, tenemos interlocutor que es cada una de las personas que toma parte en el dialogo y tenemos también un adverbio y un adjetivo de uso en derecho, a saber: interlocutoriamente y interlocutorio. Pero no tenemos verbo alguno y volvemos a caer en el mismo error de otras veces y que nuestra gramática no permite, la creación, sin más, de un verbo a partir de un sustantivo.
No podemos “interlocutar con los sindicatos” o con quien sea. Aplicando otras reglas, de existir el verbo en cuestión llegaríamos a la interlocutación, a decir de una persona que es muy cerrada porque no se puede interlocutar con ella. ¡Ay señor, aparta de mí este cáliz de amargura!
Pero que pensar de una sociedad que escribe cosas como la siguiente en un foro de Internet en el cual se hablaba de la longevidad de los gatos:
“Un Gato castrado llega a vivir 17 Años, Ahora tene en cuenta que si no esta castrado; los gatos machos estan contantemente peleandose por hembras en celo o por su territorio(y se lastiman grabemente y hasta llegan a matarse). Las gatas Hembras al premiarce y tener cria se van deteriorando y asta pueden morir descalcificadas, Haci que el promedio de vida de un gato sin castrar es muy variable”
Les juro, por el dios de los gramáticos, que no he modificado nada, que tal así apareció e hizo que mi desfibrilador estuviera a punto de soltarme una descarga y reanimar mi corazón dolido.
Por favor, vigilen su vocabulario.

 
Vamos de nuevo al carajo
“Palabra con orígenes oscuros, es vieja compañera de nuestro idioma desde hace seiscientos años, aunque algunos aseguran que bajo otras formas, ya consta como apodo poco honroso en un documento del siglo XIII, con lo que su pertenencia tiene más carta de naturaleza que otras muchas voces, quizás más pudibundas y que no han necesitado recurrir a eufemismos, ridículos en muchos casos, como canejo, caramba o caracoles, etc.
Pues bien, esta forma de designar el órgano sexual masculino puede tener su origen en la palabra catalana “quer”, que significa peñasco, que habría producido un aumentativo como “querall” o “carrall”, de donde en español tendríamos “carajo”, en gallego “carallo” y en portugués “caralho”……… “Pero hay más, algunos hacen derivar la palabra del latín vulgar “characulu(n)”, palo pequeño, diminutivo de “charax”. A su vez procedente del griego “járax, -akos”, que significa palo, rodrigón. En la misma línea, otros autores aseguran que la palabra procede del latín “carere”, es decir “cardar lana”, quizá por el movimiento de vaivén que recuerda el acto sexual, metonimia funcional del “carajo”, habida cuenta de que en catalán coloquial, por ejemplo, “cardar” significa también “copular”.

Verán que hoy no me he matado mucho pensando el artículo y me he dedicado a copiar un par de extractos de un libro, sobre el origen de muchas palabras, que he leído recientemente. El libro en cuestión lleva el título de “Diccionario del origen de las palabras” y sus autores son: Alberto Buitrago y J. Agustín Torijano. El libro es de fácil lectura, pues no se trata de un manual sino más bien de una obra de divulgación. Naturalmente no trata del origen de todas las palabras, solo recoge aquellas que, por un motivo u otro, tienen un origen curioso o extraño. Incluye algunos nombres como Manuel o mantis religiosa, etc.
En él verán que, en bastantes ocasiones, el origen de algunas palabras no está muy claro y se recurre, para explicar su formación, a diferentes teorías. Pero lo importante es lo que siempre comentamos: el castellano, como otros idiomas, es un ente vivo, que se va adaptando a las circunstancias y que va adquiriendo nuevas acepciones, bien por creación de nuevas palabras, bien por pequeños cambios en otras o bien porque su significado pasa a ser otro, como por ejemplo “álgido
Esta palabra en su origen era una palabra relacionada con la medicina e indicaba un estado, en determinadas enfermedades, en que el paciente se encontraba muy frío, luego, si se conseguir frenar, la enfermedad remitía. Así pues podríamos decir que era el punto cumbre de una enfermedad. De ahí paso a denominar ese momento en otras situaciones como una reunión, una conferencia o cualquier situación que llegaba a una especie de clímax y de ahí su, aparente, relación con un punto caliente de dicha situación.
Seguiremos estos días otras curiosidades de nuestro idioma. Como verán hoy, a pesar de ser primero de mes, no les he hablado de ningún autor. Ello se debe a que Lucien, de quien ya les hablé, me ha prometido comenzar su diario de crítica de libros próximamente, con bastante seguridad este mes y a más tardar inicios del próximo.
Como siempre vigilen su vocabulario y preparen sus estómagos para los próximos excesos navideños.
Aquellos interesados en la recetas recordarles que en el diario Buen Menú, estoy publicando un menú para el día de Navidad bastante original.