“Palabra con orígenes oscuros, es vieja compañera de nuestro idioma desde hace seiscientos años, aunque algunos aseguran que bajo otras formas, ya consta como apodo poco honroso en un documento del siglo XIII, con lo que su pertenencia tiene más carta de naturaleza que otras muchas voces, quizás más pudibundas y que no han necesitado recurrir a eufemismos, ridículos en muchos casos, como canejo, caramba o caracoles, etc.
Pues bien, esta forma de designar el órgano sexual masculino puede tener su origen en la palabra catalana “quer”, que significa peñasco, que habría producido un aumentativo como “querall” o “carrall”, de donde en español tendríamos “carajo”, en gallego “carallo” y en portugués “caralho”……… “Pero hay más, algunos hacen derivar la palabra del latín vulgar “characulu(n)”, palo pequeño, diminutivo de “charax”. A su vez procedente del griego “járax, -akos”, que significa palo, rodrigón. En la misma línea, otros autores aseguran que la palabra procede del latín “carere”, es decir “cardar lana”, quizá por el movimiento de vaivén que recuerda el acto sexual, metonimia funcional del “carajo”, habida cuenta de que en catalán coloquial, por ejemplo, “cardar” significa también “copular”.Verán que hoy no me he matado mucho pensando el artículo y me he dedicado a copiar un par de extractos de un libro, sobre el origen de muchas palabras, que he leído recientemente. El libro en cuestión lleva el título de “
Diccionario del origen de las palabras” y sus autores son:
Alberto Buitrago y
J. Agustín Torijano. El libro es de fácil lectura, pues no se trata de un manual sino más bien de una obra de divulgación. Naturalmente no trata del origen de todas las palabras, solo recoge aquellas que, por un motivo u otro, tienen un origen curioso o extraño. Incluye algunos nombres como
Manuel o
mantis religiosa, etc.
En él verán que, en bastantes ocasiones, el origen de algunas palabras no está muy claro y se recurre, para explicar su formación, a diferentes teorías. Pero lo importante es lo que siempre comentamos: el castellano, como otros idiomas, es un ente vivo, que se va adaptando a las circunstancias y que va adquiriendo nuevas acepciones, bien por creación de nuevas palabras, bien por pequeños cambios en otras o bien porque su significado pasa a ser otro, como por ejemplo “
álgido”
Esta palabra en su origen era una palabra relacionada con la medicina e indicaba un estado, en determinadas enfermedades, en que el paciente se encontraba muy frío, luego, si se conseguir frenar, la enfermedad remitía. Así pues podríamos decir que era el punto cumbre de una enfermedad. De ahí paso a denominar ese momento en otras situaciones como una reunión, una conferencia o cualquier situación que llegaba a una especie de clímax y de ahí su, aparente, relación con un punto caliente de dicha situación.
Seguiremos estos días otras curiosidades de nuestro idioma. Como verán hoy, a pesar de ser primero de mes, no les he hablado de ningún autor. Ello se debe a que
Lucien, de quien ya les hablé, me ha prometido comenzar su diario de crítica de libros próximamente, con bastante seguridad este mes y a más tardar inicios del próximo.
Como siempre vigilen su vocabulario y preparen sus estómagos para los próximos excesos navideños.
Aquellos interesados en la recetas recordarles que en el diario
Buen Menú, estoy publicando un menú para el día de Navidad bastante original.