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el blog de los palabros
Comentarios sobre el buen y mal uso de las palabras.
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Otro relato
Bueno aquí vuelvo a darles la tabarra con un nuevo relato, espero que les guste tanto como les gustó el anterior.
Este último no está tan trabajado, pues lo escribí en una mañana.
Sin más preambulos ahí va:

LA PERSECUCIÓN

Le dolían los pulmones, casi no podía respirar, pero tenía que seguir corriendo, sino lo alcanzarían y lo matarían. Tenía que descansar un poco, llevaba ya no se sabe cuanto tiempo huyendo de aquella pandilla de asesinos, ¿Eran tres días?, sin dormir, ni comer, solo paraba para beber algo en algún arroyo.
Pero tenía que seguir, aún recordaba la terrible escena de cuando mataron a su amigo. Todo había empezado hacía cinco días, él y su compañero de piso habían decidido salir de excursión e ir al lago a pescar. Habían acampado a la orilla del lago y montado la tienda, su amigo le dijo que iba al pueblo a comprar algunas cosas que les hacían falta, pasó toda la noche fuera, pero eso no era extraño, ya lo había hecho otras veces siempre que conocía a alguna chica.
Al día siguiente cuando apareció le preguntó como le había ido y su compañero le dijo que muy bien, que se lo había pasado estupendamente, habían hecho el amor apasionadamente y – ya sabes- le dijo, -la dejé seca- y ambos rieron la ocurrencia. Él también lo había hecho muchas veces y se divertía con esas aventuras, al día siguiente se encontraba renovado y lleno de fuerzas.
Entonces, esa noche, después de cenar, fue a dar una vuelta, pues hacía una noche estupenda. Cuando volvía escuchó gritos y aceleró el paso, estaba llegando al campamento y frenó en seco, pues lo que estaba viendo le helaba la sangre: en el suelo, frente a la tienda, se estaba peleando su compañero con cuatro desconocidos, resistía con una furia tremenda, pero acabaron dominándolo y mientras dos le sujetaban, otro lo mató. Todo fue muy rápido y cuando quiso reaccionar ya había pasado todo, además tenía miedo de que lo atacaran a él y acabara muerto como su compañero. Había pasado en cuestión de segundos y casi no se había dicho nada, solo le pareció oír una especie de letanía en el momento que mataban a su compañero, pero no entendió nada.
Supo que tenía que huir antes de que se dieran cuenta de que estaba mirando, al echar a correr pisó una rama y el ruido alertó a los asesinos, estos empezaron a gritarse entre ellos – Rápido, es otro- decía uno, el otro respondió - ¿Dónde, donde esta?- y el tercero añadió –Hacía allí- señalando en una dirección Corramos antes que se escape-
Ni siquiera los oyó, solo corría, sabía que tenía que escapar antes que lo alcanzaran, pues si lo cogían lo matarían como habían hecho con su compañero. Siguió corriendo toda la noche, al principio oía los gritos de sus perseguidores, pero poco a poco se fueron haciendo lejanos, pero sabía que estaban detrás de él, no podía parar. Al amanecer no podía correr más, tenía que descansar, empezaba a estar exhausto y vio una cabaña de pastores casi derruida entre medio de unos árboles, seguro que estaba abandonada, fue hacía allí y se refugió en ella, no podía más y al poco de estar estirado se fue calmando su respiración, poco a poco el cansancio le fue venciendo y se quedó dormido.
No supo cuanto había dormido, pero volvía estar oscuro y unos gritos se oían a lo lejos, seguramente eso lo despertó. Salió cuidadosamente de la cabaña, pero no veía a nadie por las cercanías, pero estaban cerca. Echó a correr nuevamente, en seguida lo oyeron correr y pronto escucho gritos de -¡Allí, me parece que va hacía allí!- y se reanudó la persecución.
A base de mucho esfuerzo los conseguía despistar brevemente, pero siempre acababan encontrando la pista, él no era una persona de campo y no sabía moverse silenciosamente por los bosques sin hacer mucho ruido como hacen los cazadores. Solo sabía que si le alcanzaban lo matarían y no paraba de recordar la escena de la muerte de su amigo. Había sido horrible, si conseguía sobrevivir no lo olvidaría nunca.
Ya llevaba tres días corriendo y esquivando a aquellos hombres y sabía que no cejarían en su búsqueda, tenía que encontrar algún lugar, un pueblo o algún sitio donde pudieran ayudarle, pero no conocía aquella región y recordaba que su amigo le había dicho que estaba muy despoblada. Todos los músculos le dolían horriblemente, solo salvar la vida le permitía seguir haciendo esos esfuerzos. Afortunadamente iba encontrando sitios donde beber algo, una noche, casi de casualidad cazó un conejo despistado y primero le sorbió la sangre, sabía que la sangre era un buen alimento si no tienes otra cosa, no tenía nada con que pelar al animal, ni podía cocerlo, así que se conformé con eso.
Al día siguiente volvió a escuchar gritos, pero está vez había sonidos nuevos, eran perros, ¡Lo estaban rastreando con perros!, ahora sabía que era cuestión de tiempo que lo alcanzaran, no podría engañar a los perros y librarse de ellos como, más o menos, lo estaba haciendo con su perseguidores. Un estremecimiento recorrió su cuerpo y el miedo le dio nuevas fuerzas para seguir huyendo, pero cada vez tenía que pararse más frecuentemente a descansar.
¡Dios mío, como los odio! ¡Dejadme en paz! ¡No quiero morir!, sus pensamientos le hacían seguir corriendo y corriendo, sabía que no pararían hasta cogerle, había sido testigo de aquel asesinato y no lo dejarían escapar. ¡Dios!, ¿Porqué había ido al pueblo aquella noche su amigo y conocido a aquella chica? Intuía que allí había empezado todo.
A media tarde las fuerzas empezaron a abandonarle, no podía más y finalmente cayó derrumbado, sin fuerzas y resignado esperó a que le dieran alcance.
Los perros fueron los primeros en llegar, no lo atacaron, solo le ladraban y daban vueltas a su alrededor, a veces tenía la sensación de que le tenían miedo, intentó alejarlos a manotazos y hasta, en su desesperación, les gritó como si les ladrase y les enseño los dientes, pero los perros se mantenían a distancia hasta que llegaron sus perseguidores. Todo estaba perdido.
Era un grupo de cuatro hombres, le pareció que eran los mismos que había visto matando a su compañero. Sin decir nada se fueron acercando sin que el opusiera resistencia y tres de ellos se le echaron encima para sujetarle, intento defenderse como pudo, daba patadas, cuando uno de ellos estaba muy cerca de su cara intentó morderle con sus afilados dientes, pero finalmente lo inmovilizaron.
El cuarto hombre, que había estado contemplando la escena, se acercó y se situó a horcajadas sobre su cuerpo, le miró fríamente y le dijo:
- Muere maldito vampiro como murió tu compañero después de matar a mi mujer.-
Sintió la estaca clavándose en su corazón y rápidamente se hizo la oscuridad, mientras su cuerpo se descomponía con rapidez.

 
Video
Perdonen que hoy me salga totalmente del tema, pero un amigo me envió este video que es sencillamente delicioso.
Es un trozo de opera, un coro de la Traviata, desarrollado al estilo de la película Fantasia de Disney.
Espero que disfruten con él.
Si clican sobre la pantalla irán al sitio original


Verdi - Traviata - Choeur Bohémiens
Vídeo enviado por Quarouble
 
El candidato melancólico
Antes de nada perdonen que no conteste a sus comentarios con uno nuevo, ni que visite más frecuentemente sus diarios. Trataré de enmendarme. Si tienen alguna otra duda pregunten, si puedo les responderé, será un placer hacerlo y así me dan temas para nuevos artículos.
Hoy le tomo el puesto a Lucien y les hablaré de un libro. Lo hago porque es un libro sobre el cual no creo que él les hable, pero yo sí, pues trata del tema que generó este diario: las palabras.
El libro en cuestión se llama “El candidato melancólico” y su autor es José Antonio Millán. Deberían conocer a este autor pues ya les hablé de otro libro escrito por él: “Perdón, imposible
Este último trataba del tema de la puntuación y del que hoy les hablo trata del origen de las palabras, de cómo se han ido formando a lo largo del tiempo y de como han ido cambiado de significado. Todo y que se explica el origen de muchas palabras concretas, lo principal del libro trata de esos mecanismos que han permitido la aparición, transformación y consolidación de las palabras. Nos habla del origen remoto de nuestra lengua y del latín, que se encuentra en un grupo de lenguas indoeuropeas, entre las que se encuentra el sánscrito (si son inteligentes se habrán dado cuenta que dicho idioma tiene su origen en mis remotos antecesores familiares y que su traducción es: la lengua que hablan los Sans) y que ciertos autores llegan a establecer como una lengua común en la humanidad y que al derivar en otras da pie al mito de la torre de Babel. Me parece un poco rebuscado, pero es plausible.
Ya en el siglo XVI cuando los europeos llegan a la India y descubren el sánscrito, encuentran cierta relación entre palabras de ese idioma y otras de origen griego o latino. Cercanías aún presentes como el caso de cheese en inglés, queso en castellano y Käse en alemán, que a pesar de sonarnos diferentes tienen un cierto parecido. Todo ello ha llevado, a algunos estudiosos, a tratar de reconstruir esa lengua indoeuropea madre a partir de la similitud entre palabras de diferentes idiomas.
El título del libro es todo un ejemplo de esos mecanismos de creación de palabras, para el autor la traducción del título, a partir de sus orígenes, sería: “El hombre vestido de blanco que tenía la bilis negra”.
Increíble, pero cierto. Candidato viene del latín candidatus que a su vez viene de candidus, blanco, porque quienes optaban a un cargo en Roma vestían una túnica blanca. Melancolía viene del griego melas, negro (De ahí también el origen de melanina), y de kholé, bilis, y es un rastro de la época en que se creía que los humores, los líquidos, del organismo influían sobre los humores, estados de ánimo, de las personas. Las personas melancólicas lo eran porque su bilis era negra.
Curiosidades como esta llenan el libro y nos permiten conocer cosas harto curiosas sobre las palabras, su origen, su transformación y su uso. Todo ello enmarcado en la etimología, ciencia que estudia el origen y significado de las mismas.
Cosas como: “Pero quizás menos conocida la huella que dejó (Está hablando del árabe) en muchas palabras populares e incluso vulgares que perviven hoy en día. Cipote, denominación vulgar del “miembro viril” proviene del árabe zubb, pene, que a su vez proviene de una palabra acadia que significaba cola. El mismo penis latino, origen de nuestro pene, significaba rabo, y, por cierto, a través de su diminutivo penicillus ha dado pincel y penicilina por la forma del órgano donde se forman las esporas de ese hongo. Picha y pijo, también palabras vulgares para el miembro viril, proceden probablemente del árabe andalusí piss, pissa, que como onomatopeya ya están en el español primitivo.”
Una especialmente curiosa es cogorza que viene de cohorzar, celebrar un banquete fúnebre, a su vez del latín confortiare, confortar. Sí señor, los caminos del Señor son inescrutables.
Léanlo, se divertirán y ampliarán su cultura y quizás acaben siendo un poco filólogos, de filología, que literalmente quiere decir “amor a las palabras”.
Cuiden su vocabulario y hasta la próxima. Perdonen ustedes el chiste malísimo del sánscrito.
 
Monosílabos y su acentuación
Hoy, como si fuese una emisora de radio, voy a complacer una petición. Pero no se preocupen no voy a cantar, sino a explicar una cosa que me han pedido explicar.
Se trata del tema de los acentos en los monosílabos. Es una de las dudas más frecuentes, si tenemos que acentuarlos o no, si hay que hacerlo, cuando hay que hacerlo, etc.
Vayamos pues al tema. Como regla general los monosílabos no se acentúan nunca.
Solo hay una excepción y esta es cuando existen dos formas de la misma palabra, por ejemplo y tu.
Esas dos formas se distinguen por su sonido, son las formas átonas y las tónicas.
¿Qué que es esto? Expliquémoslo: se llama tónica a la silaba que tiene el mayor énfasis en su pronunciación y que, cuando las reglas lo permiten, lleva el acento gráfico. Por ejemplo tomemos la palabra árboles. Tenemos tres sílabas: ár, bo, les. La sílaba que lleva mayor entonación de voz es la primera ár y por eso se dice que es una silaba tónica. Las otras dos: bo y les no llevan esa entonación y por lo tanto se llaman átonas.
Pues bien, existen algunos monosílabos que tienen las dos formas como hemos indicado con tu y , también las tienen de y , se y , etc.
Este tipo de tilde se denomina diacrítica, pues no es una verdadera acentuación sino una forma de distinguir dos palabras iguales.
Veamos esto: Ustedes están leyendo un libro y se encuentran la frase: De la mano. Podríamos preguntarnos si estamos hablando de algo que pertenece a la mano o que queremos que alguien le dé la mano a otra persona. Para distinguir esas dos acepciones utilizamos la tilde diacrítica.
Los pares de monosílabos que presentan tilde diacrítica son:

: forma del verbo dar: Quiero que me dé mi libro.
De: preposición: Saqué la cita de mi libro.

Más: adverbio de cantidad: Dame más vino por favor.
Mas: conjunción: Háblame, mas no me grites.
La forma mas equivale a pero y, normalmente, solo se utiliza en la forma escrita.

Él: pronombre: Le dio una bofetada a él.
El: artículo: El oro desata pasiones.

: pronombre personal: Dámelo a mí!
Mi: posesivo: Es mi libro.
Cuando hablamos de la nota musical no la acentuamos a pesar de ser tónica, pues cuando existen dos formas tónicas no las distinguimos con la tilde diacrítica las dos.

: forma del verbo ser: Yo sé lo que conviene.
Se: pronombre: Se lo tenía merecido.

: pronombre reflexivo o afirmación: Sí que vendré.
Si: condicional: Si viene se lo daré.
Con la nota musical ocurre lo mismo que con mi.

: sustantivo: Prefiero el té negro.
Te: pronombre: Te enseñare como hacerlo.

: pronombre personal: Tú, ven aquí.
Tu: posesivo: Tu pelo huele a flores.

Por analogía con y pueden pensar que ti también estaría entre estos casos, pero no, a pesar de ser una forma tónica no se acentúa nunca.
Antiguamente, hasta 1959, los monosílabos fue, fui, vio, dio se acentuaban, pero en esa fecha se pasó a utilizar la regla general.
Espero que la explicación sea clara. He procurado hacerla sencilla y no entrar en demasiados detalles para no hacer el texto muy farragoso.
Vigilen su vocabulario y para vigilar su alimentación vayan a mi diario Buen menú y para ampliar su cultura literaria visiten Una lectura crítica de Lucien.