La percepción del quórum
Esta denominación pintoresca, percepción de quórum, me la encontré leyendo un libro de ciencia ficción llamado “La radio de Darwin” de Greg Bear, es un autor que me gusta mucho porqué sus novelas tienen una fuerte base científica. Ya hace días la mencioné, pero hasta ahora no he hablado de ella. Antes de explicar su significado déjenme hacer una introducción.
Vengo hablando, en diferentes artículos, de que nuestro idioma, el castellano, tiene una gran riqueza de términos y expresiones, por tanto, no es de recibo la gran invasión de palabras con un origen extranjero. También he insistido en la cuestión de que cuando realmente es necesario no hay que poner impedimentos a la asimilación de esos nuevos vocablos o, si fuese necesario, la creación de nuevos a partir de otros.
Es el campo de la economía donde más ejemplos he sacado de esa invasión cuestionable de extranjerismos, pero reconozco que hay otros campos en que, la dificultad de encontrar vocablos idóneos, nos obliga a adoptar de extranjeros o crearlos.
El campo por excelencia donde ocurre este fenómeno es el científico y sobre todo en las ciencias experimentales. De todos es conocido la cantidad de palabras provenientes del latín y también, en un número estimable, del griego. Así en medicina encontramos palabras como patógeno, las denominaciones técnicas de las enfermedades, los nombres de las especialidades médicas como otorrinolaringólogo, etc. En la química los nombres de los elementos. El símbolo químico de los elementos siempre es la primera y, a veces, otra letra del nombre latinizado. Así el hierro tiene como símbolo Fe, pues proviene de Ferrum, El potasio es K porque viene del germánico Kalium, el mercurio Hg de Hydrargyrum, que es como se le conocía en la antigüedad, el sodio Na de Natrium, etc.
En la biología encontramos toda la clasificación de los seres vivos, que desde Linneo, se realiza en latín o bien latinizando nombres.
La física, en especial la referida al campo atómico cuántico y otros pelajes, es la que más problemas da a la hora de buscar vocabulario nuevo. Es un problema que también tienen los anglosajones y otras nacionalidades. Aparecen cosas nuevas, no existen palabras y se recurre a buscar nombres similares o directamente se inventan, como transistor. Así en la física de partículas, cuando empezó a descubrirse que había otras partículas además del electrón, el protón y el neutrón, comenzaron a utilizar nombres derivados, por lo general, del griego como bosones, muones, piones, partículas alfa, etc. Pero se llegó por medio de la teoría, pues en la práctica aún no se han observado, a deducir que todas esas partículas elementales no eran tal, sino que a su vez estaban formadas por otras de más elementales, vino ahí el primer problema ¿Cómo llamarlas? Hasta que alguien, lo desconozco, propuso quarks, pero se dedujo que habían, como mínimo, tres tipos y apareció el segundo problema. Se empezaron a distinguir por sus propiedades, pero ¿Cómo llamar a estas propiedades?, sencillamente se les llamo, a las propiedades, color, sabor, etc.
Como se decía antes "las ciencias avanzan que es una barbaridad", son esos avances los que originan estos hallazgos idiomáticos, a veces muy peculiares. Se crean conceptos nuevos, se les da un nombre, luego se averiguan más cosas y al nombre hay que añadirle un apellido. Así ocurrió con la fotosíntesis, que en un principio se le llamo asimilación, pero más tarde se cambió a fotosíntesis, pues era la sintetización de unos elementos con la ayuda de la luz como catalizador. Actualmente se ha comprobado que la fotosíntesis no solo se producía en ambientes ricos en oxigeno, sino que también ocurría en ambientes que no contienen oxigeno y, por tanto, tenemos la fotosíntesis oxigénica (que produce oxigeno) y la fotosíntesis anoxigénica (que no lo produce).
Después de esta introducción, para mi gusto demasiado larga, vamos con el tema en cuestión. Parece ser que las células bacterianas no provocan una respuesta, fijada genéticamente, hasta que no hay un determinado número de ellas para provocar ese efecto, es decir es necesaria lo que podíamos denominar una determinada densidad poblacional. Se le empezó llamando autoinducción, pero la palabra no describía exactamente la cuestión. Fue un abogado, amigo de uno de los investigadores, quién propuso el termino de quorum sensing y de ahí la percepción del quórum. Todo ello tiene una lógica, llamamos quórum al número necesario de individuos necesario para que un cuerpo deliberante tome ciertos acuerdos, no podemos negar que es necesario un quórum de bacterias para que produzcan su efecto y por tanto, gracias a esa percepción las bacterias saben que están en número suficiente para comportarse como deben.
Algo rebuscado, pero elegante.
Perdonen todos mis lectores que no sean de ciencias, la posible áridez que el artículo de hoy lleve en su seno, pero no sabía como explicarlo de una forma más sencilla, ni más corta
José Sans
Comentario:
Yo no soy de ciencias y tu artículo no me pareció árido, al revés, muy interesante. ¿Sabes en donde estoy harta de oir la palabra quórum?, en las horrorosas reuniones de la comunidad de vecinos, jajaja, y te puedo decir que no son precisamente muy científicas.
Un abrazo
Comentario:
Me olvidé... pregunto por el bactericida, o algo que pueda trasmutar los efectos que provocan esos quorums, porque por ahí, por éstas tierras tenemos suerte y esas bacterias, en vez de ser "especie patógena", podemos transformarlas, hacer que muchas desaparezcan del recinto, y a las que queden y a las nuevas, podemos convertirlas en algo útil para el país...
La definición de quorum, indefectiblemente, me llevó a "ver" el (bonito) edificio, y sus (feos) "habitantes"...
Comentario:
¿Habrá algún bactericida para el quorum sensing que hay en el Congreso de la Nación?
Es sumamente interesante el artículo completo... no tiene desperdicio.
Un besote
María