¿A quien seguimos?
Más o menos todos imitamos a alguien, normalmente a alguien que nos parece digno de ser seguido. Es difícil ser original.
Viene esto a cuento para explicar el porqué del diario que estoy haciendo.
Ya hace tiempo leía en un periódico unos artículos que llevaban por titulo “El dardo en la palabra” y su autor era Fernando Lázaro Carreter. Este señor fue, desgraciadamente murió hace poco, director y académico de la Real Academia de la Lengua Española, escribió sobre muchos temas relacionados con la lengua, monografías sobre filología, crítica literaria y otras cosillas.
En estos artículos trataba, con una fina ironía en muchos casos, de cómo el castellano se va empobreciendo por el mal uso y por la incorporación, a veces innecesaria, de vocablos extranjeros.
En cada artículo se trataba una palabra o una expresión que el autor había encontrado en diferentes medios, radio, televisión, prensa, documentos oficiales, etc.
Siempre llevaba una libreta donde apuntaba estos hallazgos curiosos. Yo, desde hace algún tiempo, siempre tengo al lado del libro que estoy leyendo un paquetito de esos señalizadores que se pegan y despegan. De esa forma marco las páginas donde encuentro alguna palabra o frase que luego, con calma y detenimiento sin tener que interrumpir la lectura, pueda indagar su significado.
Yo lo seguía con deleite porque no tenían desperdicio, demostraban un conocimiento de la lengua, sus usos, sus orígenes que denotaban un profundo estudio de la misma así como un gran amor por ella.
Al cabo de un tiempo dejaron de aparecer en ese periódico, más tarde me enteré que los seguía escribiendo en otros y que finalmente, para deleite de sus seguidores, fueron editados en dos libros. El primero se llamo igual que los artículos, “El dardo en la palabra”. Fue editado por Galaxia Gutemberg y creo que actualmente existe una edición en rústica, o se dice bolsillo. Este tomo recoge sus artículos desde el año 1975 al 1993.
Posteriormente apareció un segundo tomo llamado “El nuevo dardo en la palabra” con los escritos de los años 1999 a 2002.
A partir de entonces he procurado seguir su ejemplo y tratar de utilizar el idioma en su forma más correcta, pero que, como él decía, no significa estar cerrado a nuevas palabras cuando son necesarias o a cambios de sentido por el uso corriente.
Su bestia negra eran los cronistas deportivos de la radio, con ellos y sus expresiones componía artículos que, a veces, te hacían reír y veías que ciertamente eran unos destrozadores del lenguaje con sus ganas de hacer florituras. Los errores cometidos eran garrafales.
Les seguían, a corta distancia, los técnicos y especialistas de cualquier ciencia o disciplina con sus jergas salpicadas de extranjerismos y eufemismos. No se quedaban atrás los documentos oficiales donde encontraba perlas del tamaño de un puño.
De ahí pues mi afán de querer continuar su estela, pero mi bagaje lingüístico no llega a la altura de la suela del zapato del Sr. Lázaro Carreter. Así pues haré lo que pueda y trataré de informar a mi público, si lo hubiera o hubiese, de aquellas palabras que voy encontrando y que merecen que sean puestas en su lugar después de haber sido palizadas por tanto lingüista de pacotilla.
No me culpen de plagio aquellos que han leído los libros citados si por casualidad alguna vez hablo de una palabra de la que él ya hablara. Son coincidencias debidas a que, por más que se expliquen, la gente sigue destrozando palabras.
Todo esto ha servido para dar a conocer el ejemplo que sigo al dedicarme a este diario, pero, Dios me libre, no tratar de imitar, sino seguir, la labor de este gran hombre defensor de las palabras.
También, en ocasiones, hablaré de palabras que voy encontrando y que, siendo correctas, no son conocidas, como apoptosis.
Comentario:
En esto de las palabras no me extraña que quieras seguir los pasos de Lázaro Carreter y estoy segura de que será muy enriquecedor tu diario para todos nosotros pues seguro que en algún momento metemos la patuca y no está mal que alguien nos corrija.
Un saludo.
Comentario:
Pues José quedo atento a escuchar las palabras que irás trayendo al diario. En principio la idea que sigues suena muy bien y confio en que tu blog se me convertirá en parada diaria y obligada, para estar al tanto de tus palabros. Espero además no ser yo quien te facilite material al maltratar la lengua.
Un saludo