Afortunadamente el nuestro es un idioma vivo, muy vivo, y por tanto se comporta como cualquier organismo en la naturaleza.
Nacen palabras en función de nuevas necesidades, se reproducen en forma de derivados y, sobretodo, evoluciona.
No se queda estancado, cosa que lo llevaría al cementerio de las lenguas muertas, sino que se adapta al medio y, al igual que los seres vivos, cambia la utilidad de alguna de sus partes.
Esta evolución de las palabras hace que, a veces, nos sea difícil seguirlas en los dos sentidos, de su origen a la actualidad o de su significado actual al que tenían en origen.
Hace tiempo les hablé de algunas de estas evoluciones como era
hecatombe y otras griegas. Hoy lo haremos con palabras procedentes del latín, que nacieron con un significado y esa evolución ha hecho que hoy en día puedan significar otra cosa.
Todas guardan una relación entre si, son palabras que en un principio formaban parte del vocabulario ligado a las legiones romanas y al ejercito en general.
Pero empecemos a ver estos ejemplos evolutivos:
Milito era hacer el servicio militar, formar parte de la
militia (Ejercito, milicia) y por tanto ser un
militäre (Militar,
homo militaris, que era el soldado experimentado) de ahí nos vienen todos los derivados como
milicia,
miliciano,
militar, etc., pero también acaba siendo
militar en su acepción de pertenecer a alguna organización, partido, etc.
Como todos sabemos los legionarios romanos disponían de un variado armamento, pero una de sus armas principales era la espada, una espada corta y de hoja ancha que recibía el nombre de
gladium; algunos llevaban, además, un puñal corto, una daga, que por asemejarse a una espada pequeña recibía el nombre de
gladiolorum (espada pequeña) y hete aquí que alguien notó el parecido de una flor con ese puñal y así nació nuestra palabra
gladiolo.
Esas legiones eran muy viajeras, la conquista ya se sabe es expansión, y no disponían de cocinas como nuestros actuales ejércitos. Por lo general cada legionario se cuidaba de cocinar sus alimentos y hasta de conseguirlos. Lo único que se les suministraba era la sal para condimentar debido a su dificultad para obtenerla, esa parte de sal que les correspondía era el
salarium, que más adelante fue sustituido por una cantidad de dinero para el mismo fin, pero conservo su nombre y así nos llegó como
salario.
Como en todos los ejércitos había un jefe supremo,
il capo de tutti capi, era el
dux, de donde deriva el Dux de Venecia y il Duce Mussolini y que ha llegado a nosotros como
duque.
Los ejércitos estaban al servicio de los magistrados y entre ellos estaban los cónsules y los pretores; estos, como símbolo de su poder, se hacían preceder del
lictor (Una especie de los actuales maceros), este era el que portaba las
fasces; estas
fasces estaban formadas por el
fascis y el
securis (El haz y la
segur), el primero era un manojo de leña y la segunda un hacha.
En los años treinta aparecía en Italia el
partido fascista, el de aquel loco de opereta Mussolini, llamado así porque tenían como símbolo el
fasces romano y
fascista acabo siendo toda aquella doctrina totalitaria y dictatorial.
El ejército era una pieza fundamental en la expansión de Roma y, aunque cueste de creer, en principio la gente iba voluntaria, eso sí solo la gente “
fashion”.
Estaba formado, en un origen, por ciudadanos con patrimonio suficiente, mayores de 17 años y sin antecedentes penales. En el 133 a.C., Mario admitió en el ejercito a todos los voluntarios, sin el requisito de su fortuna; esto dio entrada a los
proletarii, aquellos que solo poseían como bienes su prole y de ahí nos ha llegado el
proletario y sus derivados, que siguen sin tener grandes propiedades.
Podemos encontrar más ejemplos de estas “evoluciones” lingüísticas, pero yo me he cansado de buscarlas y por tanto le paso el relevo a un experto de la historia de Roma y conocedor como ninguno de las legiones y quien me propuso el tema.
Naturalmente estoy hablando de nuestro “professore” Caboblanco, único explicando la historia con una amenidad encomiable.
Visítenlo en
Roma victrix y encontrarán otros ejemplos más sorprendentes que estos que les relato.
Hasta la próxima y vigilen el lenguaje, no lo evolucionen en demasía.