PRIMER RELATO BLOGUERO - Capítulo 2
- Es negro…
Miguel no sabía como tomarse los últimos acontecimientos. La enfermera miraba al suelo, luego a la pared y otra vez al suelo, quería irse y no sabía como.
- Pero es negro. – Repitió Miguel.
- Es un bebé precioso señor.
¿Me está tomando el pelo? Claro que lo era, era un ángel, pero físicamente, era imposible que fuera su hijo.
- Se habrá equivocado señorita, yo soy blanco, ¿no lo ve? Y mi esposa también es… -Tuvo que obligarse a pensar, su esposa ahora “era”.
Dejó en lo más profundo de su corazón aquel dolor punzante y prosiguió:
- No es posible. Se ha equivocado de bebé.
El niño dormía plácidamente, había callado nada más llegar a sus brazos, pues había venido berreando llevado por la enfermera.
- Tendrá usted que hablar con el doctor, yo no puedo hacer nada al respecto. Lo siento.
Estuvo un rato observando al niño, pensando, todo su orgullo de padre, se estaba convirtiendo en vergüenza, ¿debería ahora decir que su difunta esposa era negra? ¿Quemar todas sus fotografías? ¿Mentir a familiares y amigos, a los propios padres de Emilia y convencerles de que siempre fue negra?
Al rato ya estaba concibiendo teorías, a cuál más descabellada.
Quizás se tratara de un caso, había leído sobre aquello en algún periódico, como el de la pareja afro americana que tuvo tres hijos, todos albinos. Podía haberles sucedido lo mismo a Emilia y a él, con un niño moreno.
Quizás, habían cambiado a los bebés. El doctor tendría que atender muchísimos casos, se vio desbordado, tuvo que recurrir a su padre, antiguo médico militar, un señor mayor, retirado. La zona de maternidad no se veía demasiado poblada de médicos, pero en cambio había muchas pacientes. El padre no veía bien, el doctor era joven, nuevo e inexperto. Imaginó un bebé chino en casa de una pareja de senegaleses, un bebé blanco donde los chinos, y por eso, él tenía el negro.
Se engañaba a sí mismo, por no ver la realidad más simple: Emilia había recurrido a un banco de esperma, al creerle impotente y el doctor, doctora, carnicero o lo que fuera que dijese el diploma colgado en su despacho, cogió el tubo de ensaño donde podía leerse: “alto, apuesto y fuerte; por cierto, broncea bien”. Tenía que ser eso.
La enfermera debió apiadarse de él, pues llegó el doctor que había atendido el parto. Le aseguró que aquel niño había sido etiquetado nada más nacer, que era suyo, no había duda.
Miguel seguía sin poder creerlo. Al fin, tras un incomodo mutismo, preguntó al médico:
- ¿Ella lo vio?
El otro meneó afirmativamente la cabeza.
- ¿Y no dijo nada doctor?
Negación. Después dijo al preocupado padre:
- Estaba muy cansada, pero no parecía sorprendida. –
Al poco añadió:
- Es un tema delicado señor, pero si quiere, podemos hacer una solicitud de adopción… Los servicios sociales se encargarán de todo.
Miguel pareció despertar de golpe, como si todo ese tiempo hubiese estado soñando, dejando que su inconsciente jugara a su antojo.
Se levantó, apretó al bebé contra su pecho rozando con la mano su diminuta mejilla, se dirigió al ascensor y los dos desaparecieron del hospital.
Autor: Blog CONFESIONES DE UN PERIODISTA
Miguel no sabía como tomarse los últimos acontecimientos. La enfermera miraba al suelo, luego a la pared y otra vez al suelo, quería irse y no sabía como.
- Pero es negro. – Repitió Miguel.
- Es un bebé precioso señor.
¿Me está tomando el pelo? Claro que lo era, era un ángel, pero físicamente, era imposible que fuera su hijo.
- Se habrá equivocado señorita, yo soy blanco, ¿no lo ve? Y mi esposa también es… -Tuvo que obligarse a pensar, su esposa ahora “era”.
Dejó en lo más profundo de su corazón aquel dolor punzante y prosiguió:
- No es posible. Se ha equivocado de bebé.
El niño dormía plácidamente, había callado nada más llegar a sus brazos, pues había venido berreando llevado por la enfermera.
- Tendrá usted que hablar con el doctor, yo no puedo hacer nada al respecto. Lo siento.
Estuvo un rato observando al niño, pensando, todo su orgullo de padre, se estaba convirtiendo en vergüenza, ¿debería ahora decir que su difunta esposa era negra? ¿Quemar todas sus fotografías? ¿Mentir a familiares y amigos, a los propios padres de Emilia y convencerles de que siempre fue negra?
Al rato ya estaba concibiendo teorías, a cuál más descabellada.
Quizás se tratara de un caso, había leído sobre aquello en algún periódico, como el de la pareja afro americana que tuvo tres hijos, todos albinos. Podía haberles sucedido lo mismo a Emilia y a él, con un niño moreno.
Quizás, habían cambiado a los bebés. El doctor tendría que atender muchísimos casos, se vio desbordado, tuvo que recurrir a su padre, antiguo médico militar, un señor mayor, retirado. La zona de maternidad no se veía demasiado poblada de médicos, pero en cambio había muchas pacientes. El padre no veía bien, el doctor era joven, nuevo e inexperto. Imaginó un bebé chino en casa de una pareja de senegaleses, un bebé blanco donde los chinos, y por eso, él tenía el negro.
Se engañaba a sí mismo, por no ver la realidad más simple: Emilia había recurrido a un banco de esperma, al creerle impotente y el doctor, doctora, carnicero o lo que fuera que dijese el diploma colgado en su despacho, cogió el tubo de ensaño donde podía leerse: “alto, apuesto y fuerte; por cierto, broncea bien”. Tenía que ser eso.
La enfermera debió apiadarse de él, pues llegó el doctor que había atendido el parto. Le aseguró que aquel niño había sido etiquetado nada más nacer, que era suyo, no había duda.
Miguel seguía sin poder creerlo. Al fin, tras un incomodo mutismo, preguntó al médico:
- ¿Ella lo vio?
El otro meneó afirmativamente la cabeza.
- ¿Y no dijo nada doctor?
Negación. Después dijo al preocupado padre:
- Estaba muy cansada, pero no parecía sorprendida. –
Al poco añadió:
- Es un tema delicado señor, pero si quiere, podemos hacer una solicitud de adopción… Los servicios sociales se encargarán de todo.
Miguel pareció despertar de golpe, como si todo ese tiempo hubiese estado soñando, dejando que su inconsciente jugara a su antojo.
Se levantó, apretó al bebé contra su pecho rozando con la mano su diminuta mejilla, se dirigió al ascensor y los dos desaparecieron del hospital.
Autor: Blog CONFESIONES DE UN PERIODISTA