Entre libros -Una lectora nada común-
Si bien uno jamás ha oído hablar de Alan Bennett, su novela “Una lectora nada común”, lleva camino convertirse en todo un éxito de ventas (yo ya compré la tercera edición).
Recomendado por "El País" y por lo que es más importante por el boca a boca, "Una lectora nada común" es un entrañable historia, en las que sus apenas 120 páginas, hace las delicias tanto de aquel que no lee con frecuencia, como de aquel , que como su protagonista, devora los libros. Y lo hace porque la historia engancha desde el primer momento, porque nos enseña el valor de la literatura y porque es lo más importante nos recuerda que un buen libro puede abrir nuestras mentes y cambiar nuestra perspectiva.
Una lectora nada común es una fabulación de cómo la mismísima Reina Isabel II de Inglaterra, se vuelve una adicta a los libros (no se preocupen no habla de más adicciones).
Un encuentro casual con una librería ambulante en las cocinas de palacio, hace que la reina se vuelva cada vez más en una adicta a la lectura.
Lo que empezó como casi un desliz se vuelve en un hábito y la forma de entender el mundo, su mundo, cambia radicalmente a raíz de este hecho. Cuestión que traerá de cabeza a los diferentes personajes que se desenvuelven en palacio, provocándonos alguna sonrisa que otra.
Escrito en un tono jocos y con una gran ironía , Bennett emplea un leguaje directo, empleando párrafos cortos y unas conversaciones no muy largas, lo que hace que no nos desenganchemos de la historia en ningún momento. Y lo que es más importante la historia no es nada previsible. Por eso se devora el libro porque, gracias también a tener tan pocas páginas , el lector quiere saber como acabará la historia (no les contaré el final pero si les diré que es magnífico).
Una bonita historia, llena de sentimiento y muy bien construida,.
Totalmente recomendable para aquellos que buscan la buena literatura, aunque no lo sepan.
Bennett, A., "Una lectora nada común" .Ed. Anagrama. 2008
117 páginas.
12 Euros.
Recomendado por "El País" y por lo que es más importante por el boca a boca, "Una lectora nada común" es un entrañable historia, en las que sus apenas 120 páginas, hace las delicias tanto de aquel que no lee con frecuencia, como de aquel , que como su protagonista, devora los libros. Y lo hace porque la historia engancha desde el primer momento, porque nos enseña el valor de la literatura y porque es lo más importante nos recuerda que un buen libro puede abrir nuestras mentes y cambiar nuestra perspectiva.
Una lectora nada común es una fabulación de cómo la mismísima Reina Isabel II de Inglaterra, se vuelve una adicta a los libros (no se preocupen no habla de más adicciones).
Un encuentro casual con una librería ambulante en las cocinas de palacio, hace que la reina se vuelva cada vez más en una adicta a la lectura.
Lo que empezó como casi un desliz se vuelve en un hábito y la forma de entender el mundo, su mundo, cambia radicalmente a raíz de este hecho. Cuestión que traerá de cabeza a los diferentes personajes que se desenvuelven en palacio, provocándonos alguna sonrisa que otra.
Escrito en un tono jocos y con una gran ironía , Bennett emplea un leguaje directo, empleando párrafos cortos y unas conversaciones no muy largas, lo que hace que no nos desenganchemos de la historia en ningún momento. Y lo que es más importante la historia no es nada previsible. Por eso se devora el libro porque, gracias también a tener tan pocas páginas , el lector quiere saber como acabará la historia (no les contaré el final pero si les diré que es magnífico).
Una bonita historia, llena de sentimiento y muy bien construida,.
Totalmente recomendable para aquellos que buscan la buena literatura, aunque no lo sepan.
Bennett, A., "Una lectora nada común" .Ed. Anagrama. 2008
117 páginas.
12 Euros.
Entre Libros -Suite Francesa-
Haciendo caso al ultimo comentario del blog, hoy inaguraré una nueva sección , reservada a la critica literaria .Y lo haré con una gran novela ,elegida propiamente para la ocasión. Les estoy hablando de “Suite Francesa” de Irène Némirovsky.
Es uno de esos libros que te caen en las manos casi de casualidad. Ni conocía el titulo, ni la autora, ni había leído critica alguna, con lo que la apuesta era bastante arriesgada, pero lo cierto es fue todo un golpe de suerte haberme topado con una novela así.
Para irnos metiendo en cintura, les hablare brevemente sobre la autora.
Nació en Kiev en 1903, aunque en 1917 su familia, judia y adinerada, se trasladó a Paris por la revolución rusa. Allí estudió en la Sorbona, a través de la cual publicaría su primera novela consagrándola como una escritora de éxito.
La segunda guerra mundial marcaría tristemente su destino, cuando el nazismo entro en Paris y la aprisiono a ella a ella y a su marido (a pesar de haberse convertido del judaísmo al cristianismo) . Ambos fueron enviados al campo de concentración de Auschwitz, donde murieron en 1942.
El destino hizo que sus dos hijas se salvaran gracias a su cuidadora, que consiguió que traspasaran la frontera conservando sin saberlo en una de las maletas un manuscrito que finalmente vio la luz el año 2004, bajo el nombre de Suite Francesa, el cuál ha sido magnificamente traducido al castellano (importantísimo en este tipo de novelas).
Hay que señalar que que se trata de una novela inacabada ya que fue concebida para escribirla en cinco tomos, pero solo pudo escribir dos por el desarrollo de los acontecimientos.
Con el título Suite Francesa, la novela obtuvo el Premio Renaudot, otorgado por primera vez a un autor fallecido.
Entrando ya en la novela, esta se desarrolla bajo el ojo de la Segunda Guerra Mundial.
En una primera parte se relata la invasión y la huida de Paris. En ella nos muestra el dia a dia de una población que muestra las miserias de la condición humana en todo su esplendor. Una población mas preocupada por comer que por el devenir del país.
En la segunda parte nos relata, los meses de armisticio y el gobierno títere de los nazis. En ella a modo de lienzo, nos propone el retrato de un pueblo ocupado y el de la cohabitación entre civiles franceses y soldados alemanes, todo ello pintado con una paleta muy amplia de posibilidades entre el odio y el amor. Es mas que curioso encontrarnos como la autora busca el factor humano de los soldados nazis, el lado más humano de la guerra.
Supongo que lo mas sorprendente de ello es que nos lo intenta transmitir sin rencor (recordemos que proviene de una familia judia), con objetividad, con una limpieza en el lenguaje propia de los grandes y lo mas importante, sin un excesivo melodramatismo, lo que le da las gotas exactas de verisimilitud a la historia
Por ello no se trata de una novela más de la Segunda Guerra Mundial , sino que la autora sin la facilidad que es hacer una novela así con la perspectiva del tiempo, a modo de espectadora , deja casi de lado lo que es la ocupación en si misma y se centra en la evolución de una sociedad que va encaminada al final de una época y se prepara para el comienzo de otra, para la cual nunca fue preparada. El cambio no es fácil y eso se refleja a lo largo de la historia, tanto en esos personajes tan opuestos, capaces de lo peor y lo mejor, como lo son las descripciones tan realistas que nos vamos encontrando. Sírvase como ejemplo que en uno de los pasajes es capaz de describir un terrible bombardeo y a continuación describir el amanecer de la batalla con toda exactitud. Brillante.
El único pero que puedo decir es que la guerra sale demasiado bien parada en esta novela. Irène Némirovsky trato de darle vida, y esta no le dio ni una sola oportunidad. Pero ustedes, sí se la pueden dar. Léansela ya verán como no les defrauda.
Némirovsky, I. "Suite Francesa". Ed.Salamandra.2005
500 páginas.
20 Euros.
Es uno de esos libros que te caen en las manos casi de casualidad. Ni conocía el titulo, ni la autora, ni había leído critica alguna, con lo que la apuesta era bastante arriesgada, pero lo cierto es fue todo un golpe de suerte haberme topado con una novela así.
Para irnos metiendo en cintura, les hablare brevemente sobre la autora.
Nació en Kiev en 1903, aunque en 1917 su familia, judia y adinerada, se trasladó a Paris por la revolución rusa. Allí estudió en la Sorbona, a través de la cual publicaría su primera novela consagrándola como una escritora de éxito.
La segunda guerra mundial marcaría tristemente su destino, cuando el nazismo entro en Paris y la aprisiono a ella a ella y a su marido (a pesar de haberse convertido del judaísmo al cristianismo) . Ambos fueron enviados al campo de concentración de Auschwitz, donde murieron en 1942.
El destino hizo que sus dos hijas se salvaran gracias a su cuidadora, que consiguió que traspasaran la frontera conservando sin saberlo en una de las maletas un manuscrito que finalmente vio la luz el año 2004, bajo el nombre de Suite Francesa, el cuál ha sido magnificamente traducido al castellano (importantísimo en este tipo de novelas).
Hay que señalar que que se trata de una novela inacabada ya que fue concebida para escribirla en cinco tomos, pero solo pudo escribir dos por el desarrollo de los acontecimientos.
Con el título Suite Francesa, la novela obtuvo el Premio Renaudot, otorgado por primera vez a un autor fallecido.
Entrando ya en la novela, esta se desarrolla bajo el ojo de la Segunda Guerra Mundial.
En una primera parte se relata la invasión y la huida de Paris. En ella nos muestra el dia a dia de una población que muestra las miserias de la condición humana en todo su esplendor. Una población mas preocupada por comer que por el devenir del país.
En la segunda parte nos relata, los meses de armisticio y el gobierno títere de los nazis. En ella a modo de lienzo, nos propone el retrato de un pueblo ocupado y el de la cohabitación entre civiles franceses y soldados alemanes, todo ello pintado con una paleta muy amplia de posibilidades entre el odio y el amor. Es mas que curioso encontrarnos como la autora busca el factor humano de los soldados nazis, el lado más humano de la guerra.
Supongo que lo mas sorprendente de ello es que nos lo intenta transmitir sin rencor (recordemos que proviene de una familia judia), con objetividad, con una limpieza en el lenguaje propia de los grandes y lo mas importante, sin un excesivo melodramatismo, lo que le da las gotas exactas de verisimilitud a la historia
Por ello no se trata de una novela más de la Segunda Guerra Mundial , sino que la autora sin la facilidad que es hacer una novela así con la perspectiva del tiempo, a modo de espectadora , deja casi de lado lo que es la ocupación en si misma y se centra en la evolución de una sociedad que va encaminada al final de una época y se prepara para el comienzo de otra, para la cual nunca fue preparada. El cambio no es fácil y eso se refleja a lo largo de la historia, tanto en esos personajes tan opuestos, capaces de lo peor y lo mejor, como lo son las descripciones tan realistas que nos vamos encontrando. Sírvase como ejemplo que en uno de los pasajes es capaz de describir un terrible bombardeo y a continuación describir el amanecer de la batalla con toda exactitud. Brillante.
El único pero que puedo decir es que la guerra sale demasiado bien parada en esta novela. Irène Némirovsky trato de darle vida, y esta no le dio ni una sola oportunidad. Pero ustedes, sí se la pueden dar. Léansela ya verán como no les defrauda.
Némirovsky, I. "Suite Francesa". Ed.Salamandra.2005
500 páginas.
20 Euros.
Una pequeña historia V (El columpio)
El camino se le estaba haciendo bastante largo y ya no le quedaban suficientes uñas en las manos para pasar el rato.
Miró la ventana y se dio cuenta de que andábamos cerca. Reconocía ese camino. El viejo la llevaba a el todos los viernes después de comer. Nunca me dijo porqué la llevaba siempre al mismo sitio. Supongo que le evocaría dulces recuerdos de juventud o algo así. Váyanse ustedes a saber.
Lo cierto es que estaba dulcemente embobada. Tenían que haber visto su carita, con la nariz pegada al cristal y con unos ojos propios de quien ve la luz por primera vez.
Yo también estaba expectante. Había pasado demasiado tiempo desde la ultima visita y no se que reacción iba a tener el viejo. Lo cierto es que si fuera por mí no habría vuelto. Todavía me corroía el orgullo de aquel que es herido en fulgor de la batalla, pero a Sophie no le podía hacer participe de ello. No hubiera sido justo. Era demasiado grande el cariño que le tenia al hombre que le enseñó a montar en bicicleta, a quien le dio caramelos a escondidas, a quien le decía que era su favorita. No era quien para arrebatar a nadie nada y menos a ella.
Por fin llegamos. Tras pasar una gran verja, accedimos al estrecho camino que nos separaba de la casa. Ahora el que pego la nariz al cristal fui yo.
Está todo tal y como lo dejé- me dije. Cual si de un ejército se tratara, unas hileras de chopos se alineaban a la derecha e izquierda del vehículo dándonos la bienvenida. Parecía que no había pasado el tiempo.
Ordené parar el coche y sin mediar palabra cogí a Sophie por el brazo y la arrastre conmigo fuera, no sin antes llevarme algún gruñido que otro.
Quería ir andando hasta la casa. No sabía el tiempo que nos íbamos a quedar ni siquiera si el viejo nos iba a recibir, así que por lo menos quería aprovechar el viaje y pasear antes por el jardín. En el tiempo que viví en aquella casa, recuerdo que fuimos la envida de la comarca por la espectacularidad de este.
El viejo se había paseado por toda Europa y se había traído raros especimenes propios de estudio, transplantándolos en el jardín.
Lo cierto es que ni Jean Baptiste Grenouille hubiera conseguido un aroma tan perfecto. Este se mantenía a lo largo del paseo, y hacia de ello un mundo paralelo reservado para los olfatos mas exquisitos.
El ruido de unas risas lejas me hicieron recobrar el sentido. De repente me di cuenta que Sophie no seguía cogida de mi mano. Ciertamente no me sorprendió demasiado. Siempre aprovechaba uno de mis “viajes” para hacer una de las suyas. Indiscutiblemente, había heredado los genes de su padre.
Apresure el paso en dirección a las risas. Tenia que ser ella. Era tarde y el viejo no era muy comprensivo con la impuntualidad.
Decidí acortar entre los huecos dejados por los chopos. Fue una mala idea. Las espinas de lo que me pareció un rosal se engancharon en los pantalones y a punto estuvieron de hacerme un buen rasguño. Me disponía a salir de tal desaguisado cuando oí de nuevo una risa. Pero no era la de Sophie esta vez. Me resultaba familiar. Demasiado familiar me dije. Deje de pensar en los malditos pantalones y salí disparado instintivamente en busca de Sophie. No me pregunten porque pero solo quería salir de allí. Ya volveríamos otro día..
Una vez atravesada la maraña de setos y flores, allí estaba ella , ajena a todo, en el viejo columpio. En el que fue uno de sus rincones favoritos. En el que fue en su día el mío también. Ella no lo había olvidado. Yo tampoco.
Realmente aunque solo se trataba de un simple y oxidado columpio, allí pasé unos maravillosos sábados interminables con Sophie. Era de los pocos ratos que podía pasar con ella a la semana. Supongo que por eso lo hacia tan especial.
Recuerdo que siempre la columpiaba con la promesa de que iba a coger un trozo de cielo para mi. Malditos críos, al final siempre te contagian de sus sueños imposibles.
Aun me pesa el día que salí de aquella casa. Sophie no dejaba de recordarme entre sollozos que todavía no lo había conseguido. Nunca más hablamos de ello pero creo que no me lo perdonara nunca. Supongo que fue el precio que tuve que pagar por salir de allí.
Me disponía a ir a por ella y largarme de allí en cuanto antes, cuando una mano me sujeto con fuerza el antebrazo.
-¿Te vas a ir otra vez sin despedirte?-
Me quede helado…Esa voz….Me volví bruscamente. Era el viejo!
-Contesta! ¿Vienes hasta aquí y no tienes el valor ni de que vea a mi nieta?!!
-Papa..yo…
-Cinco años he esperado pudriéndome en esta casa vacía . Cinco putos años…¿que crees que debería hacer ahora?
-Yo…-balbuceé entre lagrimas.
Creo que le cambio la cara. De hecho desconocía esa cara . ¿Compasión tal vez?
-Lo que deberías de hacer es dejar de llorar como un puto crío y dar un abrazo a tu padre!
Me abalance sobre él y nos fundimos en un abrazo pendiente.
Sophie siguió en su columpio, ajena a todo, intentando coger un trozo de cielo para mi. Esta vez estoy seguro que lo conseguiría.
Miró la ventana y se dio cuenta de que andábamos cerca. Reconocía ese camino. El viejo la llevaba a el todos los viernes después de comer. Nunca me dijo porqué la llevaba siempre al mismo sitio. Supongo que le evocaría dulces recuerdos de juventud o algo así. Váyanse ustedes a saber.
Lo cierto es que estaba dulcemente embobada. Tenían que haber visto su carita, con la nariz pegada al cristal y con unos ojos propios de quien ve la luz por primera vez.
Yo también estaba expectante. Había pasado demasiado tiempo desde la ultima visita y no se que reacción iba a tener el viejo. Lo cierto es que si fuera por mí no habría vuelto. Todavía me corroía el orgullo de aquel que es herido en fulgor de la batalla, pero a Sophie no le podía hacer participe de ello. No hubiera sido justo. Era demasiado grande el cariño que le tenia al hombre que le enseñó a montar en bicicleta, a quien le dio caramelos a escondidas, a quien le decía que era su favorita. No era quien para arrebatar a nadie nada y menos a ella.
Por fin llegamos. Tras pasar una gran verja, accedimos al estrecho camino que nos separaba de la casa. Ahora el que pego la nariz al cristal fui yo.
Está todo tal y como lo dejé- me dije. Cual si de un ejército se tratara, unas hileras de chopos se alineaban a la derecha e izquierda del vehículo dándonos la bienvenida. Parecía que no había pasado el tiempo.
Ordené parar el coche y sin mediar palabra cogí a Sophie por el brazo y la arrastre conmigo fuera, no sin antes llevarme algún gruñido que otro.
Quería ir andando hasta la casa. No sabía el tiempo que nos íbamos a quedar ni siquiera si el viejo nos iba a recibir, así que por lo menos quería aprovechar el viaje y pasear antes por el jardín. En el tiempo que viví en aquella casa, recuerdo que fuimos la envida de la comarca por la espectacularidad de este.
El viejo se había paseado por toda Europa y se había traído raros especimenes propios de estudio, transplantándolos en el jardín.
Lo cierto es que ni Jean Baptiste Grenouille hubiera conseguido un aroma tan perfecto. Este se mantenía a lo largo del paseo, y hacia de ello un mundo paralelo reservado para los olfatos mas exquisitos.
El ruido de unas risas lejas me hicieron recobrar el sentido. De repente me di cuenta que Sophie no seguía cogida de mi mano. Ciertamente no me sorprendió demasiado. Siempre aprovechaba uno de mis “viajes” para hacer una de las suyas. Indiscutiblemente, había heredado los genes de su padre.
Apresure el paso en dirección a las risas. Tenia que ser ella. Era tarde y el viejo no era muy comprensivo con la impuntualidad.
Decidí acortar entre los huecos dejados por los chopos. Fue una mala idea. Las espinas de lo que me pareció un rosal se engancharon en los pantalones y a punto estuvieron de hacerme un buen rasguño. Me disponía a salir de tal desaguisado cuando oí de nuevo una risa. Pero no era la de Sophie esta vez. Me resultaba familiar. Demasiado familiar me dije. Deje de pensar en los malditos pantalones y salí disparado instintivamente en busca de Sophie. No me pregunten porque pero solo quería salir de allí. Ya volveríamos otro día..
Una vez atravesada la maraña de setos y flores, allí estaba ella , ajena a todo, en el viejo columpio. En el que fue uno de sus rincones favoritos. En el que fue en su día el mío también. Ella no lo había olvidado. Yo tampoco.
Realmente aunque solo se trataba de un simple y oxidado columpio, allí pasé unos maravillosos sábados interminables con Sophie. Era de los pocos ratos que podía pasar con ella a la semana. Supongo que por eso lo hacia tan especial.
Recuerdo que siempre la columpiaba con la promesa de que iba a coger un trozo de cielo para mi. Malditos críos, al final siempre te contagian de sus sueños imposibles.
Aun me pesa el día que salí de aquella casa. Sophie no dejaba de recordarme entre sollozos que todavía no lo había conseguido. Nunca más hablamos de ello pero creo que no me lo perdonara nunca. Supongo que fue el precio que tuve que pagar por salir de allí.
Me disponía a ir a por ella y largarme de allí en cuanto antes, cuando una mano me sujeto con fuerza el antebrazo.
-¿Te vas a ir otra vez sin despedirte?-
Me quede helado…Esa voz….Me volví bruscamente. Era el viejo!
-Contesta! ¿Vienes hasta aquí y no tienes el valor ni de que vea a mi nieta?!!
-Papa..yo…
-Cinco años he esperado pudriéndome en esta casa vacía . Cinco putos años…¿que crees que debería hacer ahora?
-Yo…-balbuceé entre lagrimas.
Creo que le cambio la cara. De hecho desconocía esa cara . ¿Compasión tal vez?
-Lo que deberías de hacer es dejar de llorar como un puto crío y dar un abrazo a tu padre!
Me abalance sobre él y nos fundimos en un abrazo pendiente.
Sophie siguió en su columpio, ajena a todo, intentando coger un trozo de cielo para mi. Esta vez estoy seguro que lo conseguiría.
Una pequeña historia IV (Blanco sobre negro)
Apoyado en la barra encendí un pitillo. Uno de esos que hacen que el humo te consuma y que te vicie por dentro. El caso es que poco o nada me importaba en ese momento.
Estaba más concentrado, en ver como se consumía entre mis dedos chamuscados por los excesos, que por cuestiones mayores.
Lo cierto es que es curioso ver como se consume. Al final lo hace con o sin tu ayuda. Nosotros en cambio siempre necesitamos una razón para todo. Cosas del alcohol.
Tras un rato inmerso en mi propio ego, me di cuenta que se había apagado.
Sediento de humo y anclado en una torpeza propia del momento me dispuse a buscar el encendedor entre mis bolsillos. Error. Mas bien me dispuse a buscar en mi cajón desastre particular
donde todo cabe y donde vete tu a saber que me voy a encontrar.
Lo cierto es que no encontré nada de nada. Ni siquiera el fondo del cajón.
Me quede apoyado en la barra y me metí a la boca un pitillo. No tenia fuego, ni humo solo el sabor de la nicotina, de esa que te hace que te consuma y que te vicie por dentro.
El caso se que poco o nada me importaba ese momento. Estaba mas concentrado, en ver las figuras pasar por delante mío cual si de una partida de ajedrez se tratara.
Lo cierto es que es curioso ver como se mueven. Lo hacen lentamente con su pitillo en la boca, con su humo y su fuego. Lo hacen ajenos a mí. Cosas del alcohol.
Estaba más concentrado, en ver como se consumía entre mis dedos chamuscados por los excesos, que por cuestiones mayores.
Lo cierto es que es curioso ver como se consume. Al final lo hace con o sin tu ayuda. Nosotros en cambio siempre necesitamos una razón para todo. Cosas del alcohol.
Tras un rato inmerso en mi propio ego, me di cuenta que se había apagado.
Sediento de humo y anclado en una torpeza propia del momento me dispuse a buscar el encendedor entre mis bolsillos. Error. Mas bien me dispuse a buscar en mi cajón desastre particular
donde todo cabe y donde vete tu a saber que me voy a encontrar.
Lo cierto es que no encontré nada de nada. Ni siquiera el fondo del cajón.
Me quede apoyado en la barra y me metí a la boca un pitillo. No tenia fuego, ni humo solo el sabor de la nicotina, de esa que te hace que te consuma y que te vicie por dentro.
El caso se que poco o nada me importaba ese momento. Estaba mas concentrado, en ver las figuras pasar por delante mío cual si de una partida de ajedrez se tratara.
Lo cierto es que es curioso ver como se mueven. Lo hacen lentamente con su pitillo en la boca, con su humo y su fuego. Lo hacen ajenos a mí. Cosas del alcohol.





