Entre libros -Los girasoles ciegos-
Si les digo que es un libro cuya temática se centra en la guerra civil, alguno de ustedes seguro que me dirá que esta harto de tanta publicación sobre la guerra. Lo cierto es que es verdad, con esos grandes autores como Cesar Vidal (“El Negrero”), o Pio Moa (“El Iluminado”), invadiendo nuestras queridas librerías y bibliotecas, tal vez a uno se le quiten las ganas de leerse algo al respecto, pero lo cierto es que en este caso “Los Girasoles Ciegos” de Alberto Méndez , constituye algo más que una simple novela.
Un militar “nacional” que decide rendirse el día antes de la entrada de Franco en Madrid; Un poeta adolescente huido que muere de hambre junto a su hijo recién nacido en una cabaña de los Picos de Europa; Una cárcel militar en la que pasan sus últimas horas los republicanos condenados a muerte; Un cura lascivo que se aprovecha de su poder.
4 historias. Dos visiones, cada una de un bando, pero interconectadas.
Interconectadas, por la franja indivisible de la derrota (o de la victoria que seria lo mismo), que une sin saberlo a hombres y mujeres de carne y hueso.
Interconectadas, por un destino que sus personajes no son capaces de cambiar.
Y es que, “Los girasoles ciegos” habla de derrotas en la derrota, de individuos concretos, y de esas cosas que perdieron todos ellos con el ruido de la guerra , invitando al lector a una ligera reflexión y sobre todo, a no olvidar ,no solo a los muertos, sino a los se dejó la guerra por el camino en vida.
Escrita en lenguaje bastante claro, intercala , pasajes escritos por los propios protagonistas, con narrador en tercera persona o documentos oficiales asépticos, lo que proporciona una gran ligereza a los cuentos y una buena ameneidad a los mismos, cuestión que también se ve potenciada gracias a la brevedad se sus cuatro historias, todas ellas reales, que sirven de punto de partida, pero en las que, rápidamente, la literatura y la imaginación reclaman su sitio.
Sin ninguna duda un buen libro, de gran belleza literaria y escrito con una gran sensibilidad , que seguro que no les dejara indiferentes.
Méndez, A., "Los girasoles ciegos". Anagrama. 2006
160 páginas.
13 Euros.
Un militar “nacional” que decide rendirse el día antes de la entrada de Franco en Madrid; Un poeta adolescente huido que muere de hambre junto a su hijo recién nacido en una cabaña de los Picos de Europa; Una cárcel militar en la que pasan sus últimas horas los republicanos condenados a muerte; Un cura lascivo que se aprovecha de su poder.
4 historias. Dos visiones, cada una de un bando, pero interconectadas.
Interconectadas, por la franja indivisible de la derrota (o de la victoria que seria lo mismo), que une sin saberlo a hombres y mujeres de carne y hueso.
Interconectadas, por un destino que sus personajes no son capaces de cambiar.
Y es que, “Los girasoles ciegos” habla de derrotas en la derrota, de individuos concretos, y de esas cosas que perdieron todos ellos con el ruido de la guerra , invitando al lector a una ligera reflexión y sobre todo, a no olvidar ,no solo a los muertos, sino a los se dejó la guerra por el camino en vida.
Escrita en lenguaje bastante claro, intercala , pasajes escritos por los propios protagonistas, con narrador en tercera persona o documentos oficiales asépticos, lo que proporciona una gran ligereza a los cuentos y una buena ameneidad a los mismos, cuestión que también se ve potenciada gracias a la brevedad se sus cuatro historias, todas ellas reales, que sirven de punto de partida, pero en las que, rápidamente, la literatura y la imaginación reclaman su sitio.
Sin ninguna duda un buen libro, de gran belleza literaria y escrito con una gran sensibilidad , que seguro que no les dejara indiferentes.
Méndez, A., "Los girasoles ciegos". Anagrama. 2006
160 páginas.
13 Euros.
Una pequeña historia (Norman)
Como de costumbre me levanté a tientas, intentando buscar el maldito cartón de tabaco. Norman siempre me lo estaba cambiando de sitio. Después de casi dos años viviendo juntos, todavía no se si lo hacia para sorprenderme cada mañana, o para joderme, sorprendentemente, todos los días del año.
Tras un rato hurgando, ahí estaba en el cajón de los trapos. Me encendí uno, y me desplomé sobre la única silla de la cocina. Siempre le esperaba a que se levantara en la misma jodida silla todos los días.
Norman se negaba a comprar otra. El siempre me lo argumentaba diciéndome que para que se iba a molestar . Si un día de estos seria ,por fin, suya.
Lo cierto es que Norman era así, tan pronto me sorprendía devorándome a besos, como me hacia sentir el tipo mas ruin del planeta. Tengo que reconocer, que nunca me habían molestado en exceso sus paranoias y sus palabras hirientes .Siempre creí que era el precio que tenía que pagar para que él aguantara mis celos enfermizos, mis salidas infantiles, mi desgana en la cama.
La verdad es que, no todo el mundo que ha pasado por mi vida ha querido aguantar tal carga. A mí.
En un tiempo pasado fue mi madre, la que me aguantó. Pero ella ya se cansó hace casi ya dos años y ahora no nos dirigimos la palabra.
Supongo que no estaba dispuesta a admitir que me pudiera enamorar de un hombre 15 años mayor que yo. Que la cambiara por otro.
Supongo que ya no nos necesitábamos.
Una voz irrumpió en la cocina.
-Ya veo que has podido encontrarlo, confiaba en que no lo hicieras, aunque solo fuera por un día….
-¿Porque vas siempre jodiéndome ya por la mañana? Ya sabes que no puedo vivir sin ello- le dije.
-Y tu ya sabes, que no te hace ningún bien, te lo ha dicho el médico-
-Eres el peor amante que he tenido, Norman. No me dejas vivir en paz sino que también tengo que aguantar tus tonterías…
-¿Mis tonterías?- respondió sobresaltado.
-Si tus tonterías, Norman. Las que no me dejan vivir. ¿Porque no me quieres tal como soy? ¿Acaso si dejo de fumar me volverías a querer,maldito gusano?
Un silencio envolvió la habitación.
-Eres un cabrón desagradecido. ¿Qué esperas, que te vaya salvando siempre? ¿Acaso no es suficiente lo que he hecho por ti en estos dos años? Mátate si quieres, pero déjame en paz!– me respondió gritando
-Maldito seas! Ni si quiera tienes el valor suficiente de contestarme. Te maldigo Norman. Eres un cobard…
Ni siquiera me dejo terminar la frase. Norman salió disparado de la habitación con un portazo que hizo retumbar hasta los platos de la mesa. Que me hizo retumbar a mí.
No me moví en todo el día de la jodida silla. Ni siquiera me levante para comer. Estaba demasiado ofuscado. Solo pensaba cuanto odiaba a Norman. El me había arrebatado toda una vida de infelicidad y me había dado otra que no era ni de mi propiedad.
Nunca me había planteado en cual de ellas era más infeliz. Tal vez había llegado la hora de planteárselo.
Descolgué el teléfono casi sin pensar y marque su número con una habilidad pasmosa .Es sorprendente como a pesar del tiempo hay cosas que no se olvidan.
Dio tono.
-¿Si dígame?-respondió una voz.
-¿Mamá, eres tu?
…
Tras un rato hurgando, ahí estaba en el cajón de los trapos. Me encendí uno, y me desplomé sobre la única silla de la cocina. Siempre le esperaba a que se levantara en la misma jodida silla todos los días.
Norman se negaba a comprar otra. El siempre me lo argumentaba diciéndome que para que se iba a molestar . Si un día de estos seria ,por fin, suya.
Lo cierto es que Norman era así, tan pronto me sorprendía devorándome a besos, como me hacia sentir el tipo mas ruin del planeta. Tengo que reconocer, que nunca me habían molestado en exceso sus paranoias y sus palabras hirientes .Siempre creí que era el precio que tenía que pagar para que él aguantara mis celos enfermizos, mis salidas infantiles, mi desgana en la cama.
La verdad es que, no todo el mundo que ha pasado por mi vida ha querido aguantar tal carga. A mí.
En un tiempo pasado fue mi madre, la que me aguantó. Pero ella ya se cansó hace casi ya dos años y ahora no nos dirigimos la palabra.
Supongo que no estaba dispuesta a admitir que me pudiera enamorar de un hombre 15 años mayor que yo. Que la cambiara por otro.
Supongo que ya no nos necesitábamos.
Una voz irrumpió en la cocina.
-Ya veo que has podido encontrarlo, confiaba en que no lo hicieras, aunque solo fuera por un día….
-¿Porque vas siempre jodiéndome ya por la mañana? Ya sabes que no puedo vivir sin ello- le dije.
-Y tu ya sabes, que no te hace ningún bien, te lo ha dicho el médico-
-Eres el peor amante que he tenido, Norman. No me dejas vivir en paz sino que también tengo que aguantar tus tonterías…
-¿Mis tonterías?- respondió sobresaltado.
-Si tus tonterías, Norman. Las que no me dejan vivir. ¿Porque no me quieres tal como soy? ¿Acaso si dejo de fumar me volverías a querer,maldito gusano?
Un silencio envolvió la habitación.
-Eres un cabrón desagradecido. ¿Qué esperas, que te vaya salvando siempre? ¿Acaso no es suficiente lo que he hecho por ti en estos dos años? Mátate si quieres, pero déjame en paz!– me respondió gritando
-Maldito seas! Ni si quiera tienes el valor suficiente de contestarme. Te maldigo Norman. Eres un cobard…
Ni siquiera me dejo terminar la frase. Norman salió disparado de la habitación con un portazo que hizo retumbar hasta los platos de la mesa. Que me hizo retumbar a mí.
No me moví en todo el día de la jodida silla. Ni siquiera me levante para comer. Estaba demasiado ofuscado. Solo pensaba cuanto odiaba a Norman. El me había arrebatado toda una vida de infelicidad y me había dado otra que no era ni de mi propiedad.
Nunca me había planteado en cual de ellas era más infeliz. Tal vez había llegado la hora de planteárselo.
Descolgué el teléfono casi sin pensar y marque su número con una habilidad pasmosa .Es sorprendente como a pesar del tiempo hay cosas que no se olvidan.
Dio tono.
-¿Si dígame?-respondió una voz.
-¿Mamá, eres tu?
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