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Blog de un Flaco Selenita
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En este mundo hay cosas que no entiendo, pero observo e intento aprender. Y mientras lo hago escribo este blog sobre las pequeñas y grandes vivencias de mi día a día.

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También tiene su cruz
Esto lo escribo en relación a lo que comentaba en la entrada del 1 de julio. Una de las cosas que decía entonces era que no hay nada como tener algo que hacer para mantener la mente ocupada y libre de malos rollos. Sigo pensando lo mismo, pero como todo, esto también tiene su lado malo, su cruz:

Y es ni más ni menos cuando ese tener-algo-que-hacer se desborda e invade espacios que en principio no debería. Todo esto viene concretamente por lo siguiente: Me he tomado unos días de vacaciones para que no se me acumulen todos al final del año. No tenía pensado hacer nada especial, al contrario, cosas más bien sencillas como leer el rato que me apetezca, levantarme a la hora que me apetezca, o ir a dar una vuelta por ahí sin prisas ni presiones. No es pedir mucho ¿verdad? Bueno, pues algo tan sencillo, una cosa tan nímia que pido, se me ha ido al garete. Me escribe el tutor del doctorado y me dice que hay que mandar un artículo para un congreso, que escriba lo que se me ocurra sobre tal tema, y que como muy tarde para el viernes le mande lo que tenga.

Y ya me ha jodido las minivacaciones, se acabaron antes de empezar. Voy a tener que estar toda la semana full time pringado con eso. Pero no es lo peor. Lo peor es que estamos al final del martes y todavía no tengo nada escrito. Bueno, sí, un par de líneas, pero hasta las 10 páginas que piden todavía me falta...

Y es que yo, tengo un problema, me lo tomo con demasiada responsabilidad. El que no haya hecho nada me frustra mucho, porque no es que sea algo dificil, pero es que no se que poner ni cómo. Y tampoco es que no sepa escribir, como prueba de ello está este blog. Pero no me sale, jo*er, no me sale y me desespero al ver que pasan las horas, el papel [virtual] sigue igual de blanco, y la fecha límite se acerca inexorablemente.

Y no se que hacer. He intentado varias cosas, pero ninguna me funciona: Empezar escribiendo partes inconexas para conectarlas luego, escribirlo primero en castellano y luego en inglés, escribir primero lo que más controle y luego lo que menos... nada, no hay manera. De hecho este post lo estoy escribiendo también para ver si cojo carrerilla y luego puedo seguir con lo otro.

En fin. Ya perdonaréis por la brasa (si es que habéis llegado hasta aquí). Pero las cosas nunca son blancas o negras, ni tampoco rosas. Si tienes mucho tiempo libre mal, porque empiezas a darle vueltas a la cabeza a más cosas de las que deberías. Y si tienes muchas cosas que hacer para llenarlo, mal también porque de vez en cuando se apropiarán del poco tiempo libre que te quede sin que puedas hacer nada. Estamos apañados...

EDITADO: Parece que la cosa ha funcionado. Después de escribir el post he cogido carrerilla y he conseguido escribir media página de artículo. Algo es algo.

 
La resistencia es fútil
Eso decía uno de los malos de Star Trek, que es inútil resistirse. Cada año cuando termina el verano (como pasó ayer, que entró el otoño) hago lo mismo, me resisto a que así sea. El verano significa tranquilidad, luz, calor; demasiado calor en ocasiones pero siempre preferible al frío... y tan pronto como llega se va. Especialmente este año, que no se por qué se me ha pasado muy rápido, sin darme apenas tiempo a disfrutarlo.

Y cuando llegan estos días que amanece más tarde y el cielo está más gris, sigo llevando mi camiseta de manga corta y mi pantalón de color claro. Pero la realidad se impone, si no quiere uno quedarse tieso de frío ha de ponerse un jersey o una chaqueta. Y eso significa el principio del fin, el principio de la vuelta a la rutina y al trabajo en su aspecto más fastidioso.

En estas ocasiones me siento todo un pagano. Espero con ansia (bueno, tampoco tanto) que llegue el solsticio de invierno, que significa otro principio del fin, el fin de la oscuridad. La otro fiesta que coincide con esas fechas (no casualmente dicen), me da bastante igual.

 
Miradas
Dos apuntes sobre miradas que me han pasado hoy:

En el sitio donde trabajo se imparten cursos de vez en cuando, y hoy he tenido que entrar en el aula mientras estaban en uno porque no les funcionaba Internet. Bien, al final era una tontería, pero cuando he entrado no he podido evitar mirar los preciosos ojos azules de una rubita bastante guapilla, que me ha devuelto la mirada con expresion interrogativa (¿quien es este que me mira?) Tenía la sensación de que la conocía pero no sabía de qué. Cuando me he ido del aula se ha repetido la situación: nos hemos mirado a los ojos en los apenas 3 o 4 segundos que me han llevado salir. A continuación he consultado la hoja donde tienen que firmar los alumnos al entrar en la clase para ver si me sonaba algún nombre. No era así, entonces ¿Cómo ha surgido ese cruce de miradas las dos veces? ¿Tenía ella también la sensación de conocerme de algo? ¿Un conato frustrado de amor a primera vista? :-)

Segunda situación: Últimamente cuando salgo de trabajar vuelvo a casa andando (media hora de camino), y me pongo el MP3 y ocasionalmente gafas de sol si hay mucha luz. Con los auriculares puestos y las gafas negras debo tener un aspecto un tanto, mmmh, no se como describirlo, ¿macarra? Luego además tengo la peculiaridad de que cuando estoy concentrado (como lo estaba escuchando [que no oyendo] la música) se me pone el gesto de la cara muy serio, casi de mala leche. Con toda esta combinación de factores, he observado que algunas personas con las que me cruzaba por la calle reaccionaban justo de forma contraria a la rubita anterior: Retiraban rápidamente la mirada, más de lo normal, en esos escasos segundos que transcurren cuando te cruzas con alguien por la calle.

Curiosas, las dos cosas.