¿Fue Lenny, fue la primavera, o fue...?
Escribo esta entrada en mi abandonado blog porque la ocasión lo merece.
El sábado pasado vino Lenny Kravitz a mi ciudad a dar un concierto. A mi no me gusta especialmente, pero tampoco me disgusta, así que cuando mi querida amiga Pili (fan donde las haya del susodicho) me pidió que la acompañara al concierto, no me lo pensé mucho.
El concierto empezó y todo el mundo se puso como loco, la verdad es que Lenny Kravitz es un artista con mayúsculas, tocando él mismo varios instrumentos diferentes, enlazando una canción con la siguiente sin casi hacer pausa, y transmitiendo la misma energía desde la primera hasta la última. Pili y yo lo veíamos de pie rodeados de gente por todas partes, agarrándonos de vez en cuando de la mano o de la cintura para no desaparecer entre la multitud, y acercándonos mucho el uno al otro en algunas ocasiones. Y en una de esas ocasiones, ocurrió. Nuestros labios se encontraron, y en aquel momento el tiempo se detuvo y todo se iluminó, y no precisamente gracias a los focos del escenario. Cuando el tiempo empezó a correr otra vez, volvimos a atender al concierto, que era a lo que habíamos ido en un principio, aunque nos besamos y nos abrazamos tres o cuatro veces más.
Cuando terminó, fuimos a tomar algo a un bar y allí hablamos un poco de lo que había pasado... mientras volvíamos a besarnos, confirmando de esa forma que no se trataba de un error o una confusión. Después, acompañé a Pili a su casa, y al llegar nos despedimos con otro beso... pero entonces la pasión se desató y... digamos que no volví a mi casa en ese momento, sino más tarde, después de que me invitara a subir a la suya.
Y lo que ha pasado en estos dos días os lo podéis imaginar... más besos, caricias, confidencias, miradas, silencios, palabras, abrazos, y también algo de tontería propia de quinceañeros (siendo como somos casi treintaicincoañeros).
Hoy en el trabajo he estado bastante distraído pensando en ello, como flotando en una nube, menos mal que la cosa ha estado tranquila porque si no no se que hubiera pasado. Pero es que no ocurre todos los días que dos personas que se consideran especiales la una a la otra sin saberlo, se den por fin cuenta de ello, quizás a causa de un rockero neoyorquino de 44 años que pasaba por allí...
Quiero querer, quiero que esto dure mucho tiempo y no se acabe, y si ha de acabar, que lo haga sin sufrimiento. Pili, eres especial, eres la mejor...
El sábado pasado vino Lenny Kravitz a mi ciudad a dar un concierto. A mi no me gusta especialmente, pero tampoco me disgusta, así que cuando mi querida amiga Pili (fan donde las haya del susodicho) me pidió que la acompañara al concierto, no me lo pensé mucho.
El concierto empezó y todo el mundo se puso como loco, la verdad es que Lenny Kravitz es un artista con mayúsculas, tocando él mismo varios instrumentos diferentes, enlazando una canción con la siguiente sin casi hacer pausa, y transmitiendo la misma energía desde la primera hasta la última. Pili y yo lo veíamos de pie rodeados de gente por todas partes, agarrándonos de vez en cuando de la mano o de la cintura para no desaparecer entre la multitud, y acercándonos mucho el uno al otro en algunas ocasiones. Y en una de esas ocasiones, ocurrió. Nuestros labios se encontraron, y en aquel momento el tiempo se detuvo y todo se iluminó, y no precisamente gracias a los focos del escenario. Cuando el tiempo empezó a correr otra vez, volvimos a atender al concierto, que era a lo que habíamos ido en un principio, aunque nos besamos y nos abrazamos tres o cuatro veces más.
Cuando terminó, fuimos a tomar algo a un bar y allí hablamos un poco de lo que había pasado... mientras volvíamos a besarnos, confirmando de esa forma que no se trataba de un error o una confusión. Después, acompañé a Pili a su casa, y al llegar nos despedimos con otro beso... pero entonces la pasión se desató y... digamos que no volví a mi casa en ese momento, sino más tarde, después de que me invitara a subir a la suya.
Y lo que ha pasado en estos dos días os lo podéis imaginar... más besos, caricias, confidencias, miradas, silencios, palabras, abrazos, y también algo de tontería propia de quinceañeros (siendo como somos casi treintaicincoañeros).
Hoy en el trabajo he estado bastante distraído pensando en ello, como flotando en una nube, menos mal que la cosa ha estado tranquila porque si no no se que hubiera pasado. Pero es que no ocurre todos los días que dos personas que se consideran especiales la una a la otra sin saberlo, se den por fin cuenta de ello, quizás a causa de un rockero neoyorquino de 44 años que pasaba por allí...
Quiero querer, quiero que esto dure mucho tiempo y no se acabe, y si ha de acabar, que lo haga sin sufrimiento. Pili, eres especial, eres la mejor...





