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Soliloquio de una vida vulgar
La primavera es como los turrones, cada año vuelve.
Acerca de
Esta suele ser mi pinta el 20 de enero a eso de las 00:00 horas
Sindicación
 
Kitt, te necesito!!
Anteayer me tocaba currar por la noche. Tenía que quedarme en el auditorio donde se estrenana "click", la última peli de Adam Sandler. Mientras acompañaba a un amigo a buscar su butaca, debió salir por la puerta Davis Hasselhoff. Que pena, porque no lo ví. Tiene gracia que fuera él, el secundario de la peli, el que más expectación acaparara. La tele es así. Mientras a Adam Sandler, estrella reconocida en Bushlandia, cómico consagrado, es prácticamente anónimo por este corral, a Hasselhoff, -alias Michael Knigth, chófer papichulesco y amacarrado, con sus tejados ceñiditos y su chupa de cuero, de un auto prodigioso que se pasa a sí mismo la ITV, y que en España estaba doblado por quien prestaba la voz a Homer Simpson-, todo el mundo lo conoce. Bueno, los más jóvenes lo conocen como Mitch Buckhanan, el vigilente de la playa.

Así que me perdí al Hasselhoff, pero vi al Sandler y a Kate Becksindale. Y mientras utilizaba el teléfono del curro para pelar la pava con mi amor (jejejeje), me aparecen tres chavales con acento gallego, casi a punto de acabar la proyección, preguntándome a ver si por allí salían los actores. Me costó convencerles de que ellos se habían ido a los 5 minutos de empezada la peli y que a esas alturas o estaban cenando o en el hotel o de vuelta en su jet privado a su sweet home Hollywood. Pero les reconforté enseñándoles donde podían pillar el próximo día a Oliver Stone para conseguir su rúbrica.

Pero lo del encabezado de "Kitt, te necesito", que no lo he confundido con aquél anuncio en que Victoria Abril llamaba al peluquero santero de la verruga, iba además como homenaje a mi reloj. Michael Knight llamaba por su reloj (antes no había móviles, ni mp3, ni CDs, ni ordenadores portátiles, mis querid@s niñ@s ) al su utilitario, pionero de los tuneados. Tengo un reloj digital de marca CASIO (sí, qué pasa, vivan los 80), que tiene edad de salir de botellón. Con él he vivido casi toda mi vida, y ha estado a punto de morir. Tan cascado está que mi hábil relojera, aunque me lo ha devuelto a la vida ha tenido que sacrificar su alegre voz. Ya no oiré sus pitidos a las horas en punto, ni me avisará que ya han pasado los veinte minutos de horneado para darle la vuelta al pollo. Vive, pero mutilado. Pobrecillo reloj digital, que tanto he estimado. Menos mal, que por lo menos da la hora.

Bueno, nen@s, disfrutad de la próxima función.


 
Situación extraña
El día es gris. Llueve a mares y es un día de esos que te encharca el corazón...y los bajos del pantalón. Anoche tuve un estúpido malentendido con mi amor. Es lo malo de tener una relación únicamente mantenida a base de teléfono y messenger. Le estaba abriendo mi corazón. Contándole algo muy íntimo de una de nuestras primeras noches de amor, mientras yo, a la vez lo revivía, cuando algo que dije le despertó una desconfianza y me contestó algo que me dejó planchada. Aún no he levantado cabeza, y lo peor es que mi amor me lo nota por teléfono. Y no es que esté enfadada, es que estoy triste. Jamás pensé que un momento tan bonito se fuera a estropear por una frase tórpemente escrita y mal interpretada. Es lo malo de las relaciones por messenger, que les quitan toda la calidez de la conversación auténtica en un mismo lugar.

Es absurdo, pero ahora, mientras escribo, tengo la conversación diaria con mi amor en el messenger, y no sé si es bueno preguntarle si quiere hablar. Estamos raras las dos. Y no es la primera vez que tenemos un momento difícil en el messenger, pero siempre es angustiso. Me gustaría decirle que la quiero, pero no sé hasta que punto ella estará dolida y no me mandará a freír espárragos.

De hecho, acaba de dejarme. Bueno, voy a la cocina a freir espárragos.
 
Aniversarios inquietantes
Hoy hace setenta años que los requetés del tercio de Montejurra, entre otros, tomaron la ciudad desde la que escribo. Inquietante ha sido abrir el periódico local hoy y ver fotos de desfiles militares. Qué mal rollo, por Dios.

Afortunadamente setenta años más tarde lo más reseñable de esta ciudad tal día como hoy es que su feria del libro viejo está en su última semana. Curioseando entre los puestos, me ha llamado la atención la de libros de Álvaro de Laiglesia que hay esta vez, ¿Se les habrán terminado los de Ángel Palomino? Esta vez no he visto, y se le echa de menos, tantos años viéndolo en las casetas... Es curiosa la diversidad de mis gustos. De una tacada me he comprado un libro de Djuna Barnes (el bosque de la noche) y "embajador en el infierno" de T. Luca de Tena. Tiene gracia que haya hecho una compra conjunta de dos libros tan dispares. Uno, de una escritora americana de principios del XX, aficionada a los licores y a las mujeres, afincada en el París bohemio de la belle epoque y el otro es un relato novelado por un miembro de la saga de escritores derechosos y que narra los infortunios de un indivíduo de la división azul que se fue a hacer el indio a las Rusias y se chupó más años en Siberia que Miguel Strogoff. Para redondear me he cogido un libro de Blasco Ibáñez que aún no me he leído. Y eso que me encanta Blasco Ibáñez. No sé por qué no se le da la fama que se merece a este gran escritor, que ya no estamos en la época de la censura contra ateos y masones. Ah, y un libro de Maigret. Toma ya diversidad.

Ahora a ver cuando me pongo a leer, que desde que me meto en esta máquina de los infiernos he descuidado la lectura en hojas de papel.

Un beso a tod@s, y a ti, cariño, todos los que me caben en los labios.
 
Colgada del teléfono
Con la llegada de septiembre ha vuelto el buen tiempo, y yo, para no desentonar, me he agenciado un molesto resfriado de verano. Así estornudante y moqueante llevo toda esta semana laboral, en la que acabo hasta las "alturas" de hablar por teléfono durante ocho horas con ese tonillo de "ene" atascada que me brinda mi nariz enrojecida. Acabo con la cabeza hecha un bombo y maldiciendo a Graham Bell por haber inventado la telefonía. Lo más cachondo es que desde ayer, en que por fin concluímos los flecos del sociolingüístico en euskara, tenemos que llevar a cabo una valoración de unos cursos de formación para trabajadores, y los teléfonos de contacto de estos son móviles. La gracia estriba en que somos unos doce llevando este estudio y sólo tenemos 6 móviles
así que andamos a turnos, como buenos hermanos que comparten la bici. Un desastre. Hay gente que disimula revolviendo papeles cuando no tiene el móvil, y gente que juega al solitario, sin que se entere la sargento que nos supervisa, claro. porque encima de ser pocos, los móviles se quedan sin batería al par de horas, y no veas el jolgorio que se forma. Es la comidilla en el corro de la máquina del café.

Pero la verdad es que me lo paso muy bien en este curro, me río mucho y el trabajo va saliendo.

Que os vaya bien.
 
Humos, curros, libros y acordeones
El otro día fue el cumpleaños de mi querido amigo Tx. Así que nos pasamos por la fnac para comprarle algún detallito, lo malo es que una de las muchas cosas que le regalamos, ya la tenía así que fuimos de vuelta. En eso estábamos cuando vemos que delante del lugar subía desde el alcantarillado un espeso humo negro y policía acordonaba mientras bomberos intentaban sofocar el incendio. Conseguimos colarnos en el comercio para poder cambiar el regalo, y en eso que subimos a la cafetería, que era la atalaya desde la que se veía todo el trajinar de los apagafuegos. El chico que estaba al lado me llama. Se trata de I. , amigo de mi hermano menor. Un tío majísimo, y además se ha convertido en un joven súmamente apuesto. Toda una alegría para los ojos. (No te preocupes cariño, a pesar de todo lo que diga, tú sabes que solo siento un amor incondicional por ti).

He mencionado a mi hermano menor. Mi hermanito, que ahora dice que se va a poner a estudiar enfermería. En fin. Ánimo, chaval. Y está compungido porque su cafetera rodante, que ya tiene edad de votar y de ir de botellón, le ha vuelto a dejar tirado y está asumiendo que tiene que llevarlo al desguace, por mucho que proteste que se ha dejado unas cuantas vísceras trasplantables en recambios tales como el embrague o la caja de cambios.

Ayer me despedí del trabajo mediante ett que se me ocurrió coger a mediados de agosto. Albergaba la esperanza de que me llamaran de la empresa donde estuve en julio. Este último curro no sería tan malo si no fuera porque el trato del encargado con sus empleados es nefasto y las condicones de trabajo son cuasi tercermundistas. Hace casi diez días que les comuniqué que me iba, no creo que pudiera haber aguantado en esas condiciones, mintiéndoles al decir que me habían vuelto a llamar. Afortunadamente confiaba en que así lo hicieran, que lo han hecho, y vuelvo el lunes a mi función anterior, aunque antes, mañana y pasado, me vuelva a trabajar sustituyendo a un funcionario municipal. La pela es la pela.

Hoy empieza la feria del libro viejo y de ocasión de mi ciudad. He pasado fugazmente y ya me he agenciado dos obras. Mientras me desplazaba he sido testigo de un hecho que merece una reflexión. Pasaba por el puente del Kursaal, única forma de llegar al otro lado y sin visos de escapatoria ante el atentado acústico que perpetraba un rumano de esos que va pegado a un acordeón. Al pasar irremediablemente a su altura he comprobado con estupor que el destrozamelodías llevaba algodones en los oídos. ¿¡Habráse visto!?. El "Mariojesús" juega con la ventaja de no oirse. Y ahora la reflexión: ¿Por qué todos estos "incordionistas" ambulantes terminan tocando "adios, muchachos"?

Saludos y cuidado con los excesos etílicos para ahuyentar el síndrome postvacacional. Ah, y besos para ti, mi amor.