Lumbalgia
Siempre he creído que mi signo zodiacal no se compatibiliza con mi manera de ser. Los de mi signo zodiacal, según muchos manuales "paraanormales", son magnéticos, seguros de si mismos y tremendamente sexuales, con un poder de atracción erótico inmenso. Yo debo de ser otra cosa, porque de lo anterior como que no va conmigo. Otra cosa que me lo corrobora a gritos es el hecho de que los escorpiones tienen su punto débil de la salud en la zona genital, y, desde luego, mi punto debilitadísimo no es otro que mis fragilísimos lumbares. Hacía años que no me daba un ataque de lumbago tan atroz como el de esta semana pasada. El viernes me dió un ataque definitivo cuando iba a currar. No sé cómo llegué a casa, porque cada tres pasos debía pararme. Me quité la ropa como pude y dios sabe como llegué a ponerme el pijama. Meterme en la cama fue como intentar encajar las fichas del tetris en la última pantalla de dificultad. Jodida de dolor me he pasado el finde. Tiesa en la cama sin poder dormir de costado. El lunes conseguí colarme en el médico. Mi médico es una pija ñoñostiarra que siempre me deja en manos del m.i.r. Terminé saliendo torcida de la consulta con una caja de diazepan y una receta de paracetamol efervescente de un gramo. Me horroriza leer los prospectos, y hago como cuando leo el periódico: empiezo por detrás, es decir por los efectos secundarios. Dan ganas de no tomar nada. Del paracetamol dice: puede producir reacciones alérgicas, hepatoxicidad (pobre hígado, no le bastaba con el alcohol de fin de semana), hipoglucemia, hipotensión,(me va a dar el hipo), "y po"r último: efectos renales adversos. Esto el suave paracetamol, que es menos dañino que la aspirina, dicen. El diazepán es aún más macarra. Aparte de poder engancharte a estas pastillitas, que me han recetado como relajante muscular, aunque sea capaz de tensarte el culo con lo que pone en sus efectos. Atención: fatiga, somnolencia, debilidad muscular, falta de memoria reciente (¿la tomará la plana mayor del PP?), confusión, estreñiminto (po va a ser que sí que la toman), depresión, visión doble, dificultad de habla, dolor de cabeza, incontinencia (lo que me faltaba, yo Concha Velasco), náuseas, y como guinda: falta de apetito sexual. Pero ya puedo decirte, cariño, que de esto nada de nada, afortunadamente ahora que se acercan nuestras vacatas. Después de haberme pasado hasta anoche, en que por fin pude dormir casi de tirón (y antes, curiosamente no podía dormir por el tirón...de la espalda) Por fin, digo, puedo volver a amorrarme al ordenador después de tantos lacerantes días y noches en el lecho del dolor. Me voy a tomar la porquería esa del paracetamol efervescente, puaj, y mi amor puede cantarme, mientras voy a mi paso "las muñecas de famosa se dirigen al portal..." Ya verás cuando pueda volver a correr, te vas a enterar, cariño ;-)
Buenas noches.
Buenas noches.
Novela negra.
Ahora que tengo algo de tiempo libre por la mañana, aprovecho para quedarme más tiempo en la cama, y cuando el sueño se va, puedo dedicarme al placer de leer. Y los domingos. Todo el día, si es un día frío y lluvioso, me tumbo en el sofá bajo la lámpara y me adentro en las páginas. Ayer, como trabajé en la biblioteca, me traje de allá la última novela de Joaquín Leguina. Una novela negra, que es la segunda de Baquedano. Por cierto, de ese mismo nombre es un pueblo de esa parte de Navarra que Sanz niega que exista, aprovechando que ayer mismo iban unos cuantos buitres por debajo de casa de mi hermano en Pamplona. Pero vuelvo a las novelas del prejubilado Baquedano. Son divertidas y se leen fácil, y, sobre todo, sirven para hacerte una guía gastronómica del Madrid de los Austrias. Sale incluso algún restaurante italiano de la Cava alta que visitamos mi amor y yo el día de nochevieja. En la novela todo son restaurantes, viandas, duchas matutinas con Gabilondo de fondo, descripciones anatómicas de las mujeres que se topa el prota y comentarios de películas o libros de novelistas de actualidad como Coetze ó Philip Roth. Pero están bien. No se hacen pesadas. Leguina escribe xon mucha agilidad. Pero para novela policíaca española, si García Pavón lo permite, Alicia Giménez Bartlett me parece colosal. Los libros de Petra Delicado son una gozada para quien los lea. Eso sí, alejen a Ana Belén y al Santi Segura de la mente, por favor. Aquella serie basada en el personaje era una cutrada. Que le den a Poirot o a Maigret, o incluso al policía milanés del italiano Scerbanenco, del que ahora no me acuerdo. A ver si Leguina hace libros un poco más largos sobre la serie, porque esas novelas de 180 páginas se leen de un tirón, y a ver si Giménez Bartlett nos saca otro caso de la inspectora Delicado.
La Txai
La Txai esconde sus problemas hablándote del horóscopo. Viene a escuchar música y a distraerse un rato. Siempre sola. Pega la hebra contigo porque estás a disposición del público, y no te suelta, aunque intuyes que es porque necesita tener a alguien cerca para no perder la débil cordura que aún tiene. Quien sabe si le flaqueó esta cordura antes o después del proceso de separación de su marido. Es para imaginárselo. Era otra generación. Esa generación anterior en que ellas dejaban unos prometedores trabajos para seguirle a él. Lo abandonaban todo pensando , ironías, que él nunca la abandonaría. Llega a la cincuentena y él se va. Quien sabe si sus desequilibrios surgieron tras el abandono de él por otra, o quizá fue la cobardía de él ante los problemas de quien había aceptado como compañera en la vida. Él ha rehecho su vida con otra mujer. Ella está sola, sin trabajo, con problemas nerviosos, ansiedades, amarguras...No tiene nada. Solo unas conocidas que le atienden cuando pueden en una biblioteca. Él ahora quiere vender el piso que compartieron, donde ella vive. Y ella no sabe a donde ir, dispuesta a mudarse a cualquier polvorienta ciudad de provincia del interior donde la vivinda sea barata. Sin nada y sin nadie. Sin amistades, sin familia, sin trabajo, sin salud, sin amor, sin vida....Lo dió todo y ahora no le queda más que lo que saque de la mitad de un piso vendible.
Pobre Txai, sólo le queda escuchar a su admirado Tchaikovsky (por eso lo de Txai)..hasta que se vea obligada a mudarse y dejar la biblioteca que le servía de salvavidas.
Pobre Txai, sólo le queda escuchar a su admirado Tchaikovsky (por eso lo de Txai)..hasta que se vea obligada a mudarse y dejar la biblioteca que le servía de salvavidas.





