Crónica de la fiesta
Ahora que han pasado unos días puedo hacer un balance de la fiesta del 20 de enero. Todo salió bien. La temperatura mejor que nunca. Ser tambor mayor es un rollo. Tienes que preocuparte del itinerario, de llevar el horario, de decidir las piezas a tocar, de cortarles el rollo a la tropa (de cocineros). En fin, que es un poco ingrato. Este año no nos dió tiempo a tocar en mi calle. Ya me fastidió bastante. Y encima tuve que aguantar la bronca de un miembro bastante achispado. Me pasó una cosa bien curiosa al empezar el recorrido. Estaba yo iniciando Iriyarena, la cual ya es jodida porque hay que marcar los redobles del vals, cuando una amiga a la que no veía hacía unos meses se empeña en hablarme mientras dirijo. Y no se le ocurre otra cosa que soltarme: "¿Sabes? Me he divorciado". Y hacía ni dos años que se había casado. Tuvimos una conversación friki durante toda la pìeza y yo sin dejar de marcar el compás (ni equivocarme). la gente deprimida que aprovecha las noches de fiesta donde el alcohol está bien visto pasa desapercibida.
Al día siguiente yo era feliz tocando sin otro quehacer. Encantada y bebiendo allá por donde nos sacaban cava en porrones. (Moscatel, café caliente y pastas en Umore Ona). Delante de Itsas Gain y la Casa de Galicia hay una tienda de chucherías. Suele ser tradición comprar una bolsa de gominolas surtidas y repartirla entre los barriles de mi fila, pero este es el segundo año que está cerrada cuando pasamos. Vaya fastidio. Cuando por fin terminamos y entramos a cenar a la sociedad es la gloria poder sentarse y calentarse con el consomé. Este año, de segundo plato, carne cocida con tomate y pimientos. La innovación no ha gustado. El año que viene se vuelve a la lasaña de carne. Terminar de cenar. Esperar que pase la tamborrada de Kondarrak y largarse a toda leche para ver la arriada es todo uno. Y me da tanta pena que se termine este día aunque esté destrozada.....
Al día siguiente yo era feliz tocando sin otro quehacer. Encantada y bebiendo allá por donde nos sacaban cava en porrones. (Moscatel, café caliente y pastas en Umore Ona). Delante de Itsas Gain y la Casa de Galicia hay una tienda de chucherías. Suele ser tradición comprar una bolsa de gominolas surtidas y repartirla entre los barriles de mi fila, pero este es el segundo año que está cerrada cuando pasamos. Vaya fastidio. Cuando por fin terminamos y entramos a cenar a la sociedad es la gloria poder sentarse y calentarse con el consomé. Este año, de segundo plato, carne cocida con tomate y pimientos. La innovación no ha gustado. El año que viene se vuelve a la lasaña de carne. Terminar de cenar. Esperar que pase la tamborrada de Kondarrak y largarse a toda leche para ver la arriada es todo uno. Y me da tanta pena que se termine este día aunque esté destrozada.....
En vísperas de San Sebastián
Espero que todos los pronósticos meteorológicos se cumplan y este fin de semana las lluvias se alejen de mi ciudad, porque el domingo es el día de San Sebastián y no me haría ninguna gracia tener que ir mojándome por las calles mientras voy baqueteando. Vamos que paradógicamente espero que luzca el sol como agua de mayo. Cosas del refranero popular.
La tamborrada en la que participo el día 20 de enero a las 00:00 de la noche. Foto, si no la he cambiado, que tenéis a la izquierda cumple 18 añitos, y en la que participo a las 17:00 horas, este mismo día hace sus primeros 10.
Es de locos pasar por las calles de Donostia estos días. Allá por donde cruces escuchas las piezas que sonaran el día del patrón. Cada colegio y cada sociedad va aireando la melodía para que sus huestes ensayen y corrijan sus errores. A mí se me amontonan los ensayos. Para redondear hay días que tengo tres a la vez, uno de ellos para el desfile de caldereros húngaros que se adelanta a la semana que viene. San Sebastián es una ciudad que se pasa el día de fiesta en fiesta. Generalmente los caldereros húngaros suelen martillear sus sartenes al ritmo de la música el primer sábado de febrero para aunciar el próximo carnaval, pero es que este año es tan próximo que casi no da tiempo a presentarlo.
Tres fines de semana seguidos en los que la ciudad corta el tráfico para desfiles buenrollistas y musicales.
Estoy deseando que llegue el momento de que se ice la bandera de la ciudad para cantar y tocar la marcha de San Sebastián.
http://www.euskaraz.net/Kultura/Kantutegia/Danborrada
http://donostia.org/taxo.nsf/fwHome?ReadForm
La tamborrada en la que participo el día 20 de enero a las 00:00 de la noche. Foto, si no la he cambiado, que tenéis a la izquierda cumple 18 añitos, y en la que participo a las 17:00 horas, este mismo día hace sus primeros 10.
Es de locos pasar por las calles de Donostia estos días. Allá por donde cruces escuchas las piezas que sonaran el día del patrón. Cada colegio y cada sociedad va aireando la melodía para que sus huestes ensayen y corrijan sus errores. A mí se me amontonan los ensayos. Para redondear hay días que tengo tres a la vez, uno de ellos para el desfile de caldereros húngaros que se adelanta a la semana que viene. San Sebastián es una ciudad que se pasa el día de fiesta en fiesta. Generalmente los caldereros húngaros suelen martillear sus sartenes al ritmo de la música el primer sábado de febrero para aunciar el próximo carnaval, pero es que este año es tan próximo que casi no da tiempo a presentarlo.
Tres fines de semana seguidos en los que la ciudad corta el tráfico para desfiles buenrollistas y musicales.
Estoy deseando que llegue el momento de que se ice la bandera de la ciudad para cantar y tocar la marcha de San Sebastián.
http://www.euskaraz.net/Kultura/Kantutegia/Danborrada
http://donostia.org/taxo.nsf/fwHome?ReadForm
Diez días del 2008 y aún no he aparecido por mi blog
Será que escribir me aburre. Con lo bien que estaba yo hace un par de semanas. Era perfecto: De vacaciones, sin tocar una tecla y gozando de la maravillosa compañía de mi amor. Pero todo lo bueno se acaba pronto.
El día de reyes quedé con mi amigo Tx para darnos una vuelta por mi carísima ciudad turística. No hacía frío, así que nos dió por ir al Aker, un bar mítico en el que todo el mundo pide una consumición y sale a degustarla fuera. La terraza más barata del mundo. Los días de café nos sentamos en el muro de la sociedad Aizepe, pero esta vez íbamos con cañitas y ya estaba anochecido. Así que nos situamos en la terraza del Aker.
La terraza del Aker son las largas escaleras que suben hacia la falda de Urgull. Hace veinticinco años sus moradores habituales eran heroinómanos, especie en extinción. Ahora lo que pululan alrededor son manadas de moros trapicheros. Al salir del bar con la cañita había media docena de guardias municipales, entre ellos, mi amiga la Interminable, que estaba deseando finalizar el turno. Acababan de ahuyentar a los trapicheros, porque las escaleras sobre el puerto estaban vacías. Teníamos una charla muy animada. Al rato un moro cocido nos pedía tabaco y se fue después de felicitarnos por no ser fumadores...o algo así.
La zona es muy tranquila, a pesar de estar en medio de la ciudad, y es un lugar frecuentado por parejitas en busca de un poco de amor. Con ese fin un par de chicas se habían puesto un poco más arriba de nosotros para tener un momento romántico. Ellas a lo suyo y nosotros a lo nuestro, cuando vuelve el moro de antes con otro algo menos inflado de alcohol. Volvió a pedirnos para fumar, y ante nuestra falta de tabaco se le ocurrió al más mamado de los dos ir a importunar a las amantes. Aparte de joderles la intimidad romántica, se puso a berrear no sé qué estupidez homófoba. Así que nos metimos en la bronca. Las chavalillas se largaron en cuanto pudieron, y nosotros, después de decirle que no fuera más capullo de lo que no podía dejar de ser, nos fuimos a buscar otra consumición a otro lado. No me importa que sean moros, pero no me fío ni media de que cuando aparecen dos, al rato no haya media docena de indivíduos de poco fiar.
Esto es lo que me preocupa: En las escaleras del Aker los yonkis no hicieron el daño que los moros borrachos traficantes hacen en toda la parte vieja de la ciudad. Y además, me preocupa aún más que quien utiliza la discriminación positiva para conseguir lo que muchos no tenemos (por ser minoría étnica y mal vista) discrimine a terceros por su orientación sexual minoritaria. ¿Pero los musulmanes orgullosos de serlo no tenían prohibido el alcohol?
El día de reyes quedé con mi amigo Tx para darnos una vuelta por mi carísima ciudad turística. No hacía frío, así que nos dió por ir al Aker, un bar mítico en el que todo el mundo pide una consumición y sale a degustarla fuera. La terraza más barata del mundo. Los días de café nos sentamos en el muro de la sociedad Aizepe, pero esta vez íbamos con cañitas y ya estaba anochecido. Así que nos situamos en la terraza del Aker.
La terraza del Aker son las largas escaleras que suben hacia la falda de Urgull. Hace veinticinco años sus moradores habituales eran heroinómanos, especie en extinción. Ahora lo que pululan alrededor son manadas de moros trapicheros. Al salir del bar con la cañita había media docena de guardias municipales, entre ellos, mi amiga la Interminable, que estaba deseando finalizar el turno. Acababan de ahuyentar a los trapicheros, porque las escaleras sobre el puerto estaban vacías. Teníamos una charla muy animada. Al rato un moro cocido nos pedía tabaco y se fue después de felicitarnos por no ser fumadores...o algo así.
La zona es muy tranquila, a pesar de estar en medio de la ciudad, y es un lugar frecuentado por parejitas en busca de un poco de amor. Con ese fin un par de chicas se habían puesto un poco más arriba de nosotros para tener un momento romántico. Ellas a lo suyo y nosotros a lo nuestro, cuando vuelve el moro de antes con otro algo menos inflado de alcohol. Volvió a pedirnos para fumar, y ante nuestra falta de tabaco se le ocurrió al más mamado de los dos ir a importunar a las amantes. Aparte de joderles la intimidad romántica, se puso a berrear no sé qué estupidez homófoba. Así que nos metimos en la bronca. Las chavalillas se largaron en cuanto pudieron, y nosotros, después de decirle que no fuera más capullo de lo que no podía dejar de ser, nos fuimos a buscar otra consumición a otro lado. No me importa que sean moros, pero no me fío ni media de que cuando aparecen dos, al rato no haya media docena de indivíduos de poco fiar.
Esto es lo que me preocupa: En las escaleras del Aker los yonkis no hicieron el daño que los moros borrachos traficantes hacen en toda la parte vieja de la ciudad. Y además, me preocupa aún más que quien utiliza la discriminación positiva para conseguir lo que muchos no tenemos (por ser minoría étnica y mal vista) discrimine a terceros por su orientación sexual minoritaria. ¿Pero los musulmanes orgullosos de serlo no tenían prohibido el alcohol?





