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Soliloquio de una vida vulgar
La primavera es como los turrones, cada año vuelve.
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Esta suele ser mi pinta el 20 de enero a eso de las 00:00 horas
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Dejo dos notas en este post
Vaya. Yodavía no han cerrado mi blog y eso que hace más de cuatro meses que no escribo ni una coma. Llevo una mañana de aburrimiento después de un precioso fin de semana. Estoy encerrada en casa porque cualquiera pone un pie en la infernal calle para que se derrita el zapato. Estaba leyendo un libro de Carmen Rico Godoy y me da la impresión de que la jodida vida de la mujer trabajadora no ha variado demasiado desde los años ochenta a ahora. También acabé la semana pasada un curioso libro sobre las impresiones de un catalán que ha vivido entre vascos. Me apetecía leerlo porque yo estoy a la inversa: vasca entre catalanes, y además el libro era en la lengua de la comunitat y tengo que ir afianzando lo que voy aprendiendo, cosa que no se me da del todo mal. Creo que mi madre me legó en herencia algo bueno por fin, y no la retención de líquidos o las lumbares cristalinas. Por lo menos su facilidad para asimilar otras lenguas se me ha pegado.

Estoy remoloneando hasta que me toque ir a trabajar y aguantar a pacientes impacientes y a seres superiores que se autodenominan doctores cuando lo que poseen es una licenciatura similar en categoría a la mía.