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Soliloquio de una vida vulgar
La primavera es como los turrones, cada año vuelve.
Acerca de
Esta suele ser mi pinta el 20 de enero a eso de las 00:00 horas
Sindicación
 
Tiempo de belenes
Ayer me tocó echar el sábado en el trabajo, así que a la mañana me tuve que presentar en la oficina, pero los sábados que nos toca currar son mucho más distendidos. A la hora del café hablaba con algunas de mis compañeras como las tocayas J. (qué poco originales eran los padres en los 70, por dios). Hablábamos de que una de ellas ayer mismo iba a poner el belén en casa, para su sobrina, y porque a ella le sigue gustando. ¿Por qué no?.

Eso de los belenes es como un monólogo del club de la comedia. Tienes la caja con las figuritas en el altillo del armario (o en el "bajillo", pero siempre al fondo). Abres la caja y están todas las figuras en plán orgía, revueltas. Las figuritas de plástico. Las lavanderas, los pastores, la señora que cruza el puente, el puente, los reyes, los animales, que nunca sabes si esa minúscula pieza es un cordero o una ternera, que siempre acaba caída porque las patas no la sustenta. No sabes si los patos son pollos. O por qué la gallina es mayor que la oveja. Esos pueblecitos huecos para ponerle luz por debajo. Ese castillo de Herodes. Esa nieve de corcho blanco, y si no la hay, agarras a los niños de casa para que desmiguen cualquier bloque de ese material, con los dedos o con el rallador del queso. Esos ríos hechos de papel de plata para bocadillos, donde nadan los patos que sabes que son patos porque no tienen patas, curiosamente. Ese portal de Belén al que siempre le falta un personaje ya sea el san José, el angelote del tejado o el buey, o la estrella, que siempre está en la caja de las luces o en la de las bolitas del árbol. Esas luces que siempre están enmarañadas y nunca sabes cuáles son las que funcionaban y cuales no. Ese musgo artificial para colocar a los animales que nunca se tienen en pie por tener unas patas tan finas. En fin, esa maravillosa incongruencia de figuritas de diversos tamaños, esa nieve del desierto de ¡Judea! que tú te empeñas en que sea tan verde con tanto musgo.

Qué bonito. Hay que ver como nos gusta el belenismo. No me extraña que cuando era niña me quedara embobada mirando la maqueta paisajística del ibertrén. Tenemos el belenismo tan dentro...
 
Comentario:
Me encanta el belenismo, y espero poder conseguir algun dia q te guste.
Besos
No