Fluídos corporales ajenos
Hay situaciones en la vida que a veces se vuelven exasperantes. La verdad es que no llevo unos días demasiado boyantes por culpa de la salud cervical de mi padre, pero bueno, eso es otra historia. La situación exasperante más aguda que me he topado estos días fue en el autobús el otro día. Había un asiento vacío junto a una chica de unos treinta años. Me siento sin mirarla demasiado pero noto la música de sus auriculares. Saca su móvil y se dedica a hurgar en él todo el trayecto. Esto no me importa lo más mínimo, pero es que al cabo de un breve tiempo desde que he llegado, noto como ella va aspirando los mocos de su nariz, hacia arriba, para que no caigan fuera de ella. La sorbida llevaba sustancia, sonaba a lleno. Se pasó los veinte minutos del viaje haciendo malabarismos mocosos aspirándoselos. No soltaba el móvil para buscarse un kleenex, y juro que yo estuve tentada de interrumpirle para darle uno a la marrana. De vez en cuando ella me miraba de reojo, quizá pensase que estaba interesada en lo que carajo estuviera pulsando en su teléfono, pero la verdad es que yo dirigía la cabeza para otro lado del asco que me estaba haciendo sentir. Vamos llegando a la parada y veo que ella guarda su móvil y siento como se limpia los mocos con el dorso de la mano. Se revuelve en su asiento. Me da la impresión de que quizá me pida paso para bajarse con la mano moqueada, así que cojo y me levanto antes de que ella me toque con esas manos mugrientas ya que mi parada es la próxima. Me bajo y me doy cuenta de que ella sigue en el bus, y, joder, ¡ahora!, ahora se ha sacado un kleenex que se lleva a sus mocos. Va escuchando su música. Ella música y yo sus sorbidas de moco líquido.
Comentario:
Q marrana es la gente, mira q si te llega a tocar con las manos llenas de mocos buaggg!!!!, menudas risas las mias si me llego a enterar.
Besitos
Besitos





