Bodorrio
Ayer tuve boda. Se casaba mi primo. La verdad es que menos por el tiempo, lo demás estuvo muy bien. La iglesia queda en una esquina de la playa, con lo cual, a mar abierto, pegaba la lluvia de pleno. Un asco. Todos estábamos en el pórtico de la iglesia arrebujados cobijándonos de la lluvia racheada. Iban llegando los familiares y amigos. Entre estos, la cuadrilla del novio que dan mucho miedo. Los conozco de otra boda anterior, así que se lo que digo. Lo mejor del momento "coño cuanto tiempo sin verte" es que mi tía la recién jubilada no reconoció a su propia hija al llegar. Dijo algo así como "Y esta quien es". Lo cual ya quedará para los anales familiares. La boda fue discretita. Oficiaba mi tío el agustino, como siempre en estos casos, con su voz de bajo y los comentarios que todo el mundo cree de mala leche, pero no lo son, hacia "las chicas del coro", que la más joven tendría noventa años y siempre entraban tarde y mal dejando al oficiante con la palabra en la boca. Cuando llegó el momento crucial, el novio, que siempre ha sido un chaval muy sensible, sacaba una voz quebrada por la emoción, y nuestro primo común, el señor hipotecas, soltó por lo bajo un "llorica" un poco feo. Y eso sin que estuviera mamado, porque el señor hipotecas, cada vez que habla estando curda, sube el pan. Afortunadamente no oía las mordacidades de mi hermano mayor y mi primo el escorpión. No esperamos ni a la lluvia de arroz, porque ya la había de agua, pero nos fijamos al salir zingando hacia el restaurante que quedaba al otro lado de la playa, que en la puerta de la iglesia había varios sacos de "material" arrojadizo. Y he dicho sacos y no exagero. En otras circunstancias hubiérmos hecho una ronda de bares previa al ágape por nuestra cuenta, como viene siendo habitual, pero el tiempo no acompañaba.
Yo seguía a mi prima la irreconocible por su madre, y hay que ver lo que corría la tía con tacones. El lunch quedó poco lucido porque no se pudo hacer en la terraza, pero comentaré que la comida pija me asusta. Eso sí, el cocktail de champán estaba de muerte y me plimplé tres antes de las fotos. Los canapés (pintxos para los que sean de mi tierra) eran muy raros. Nos sacaban la comida en cuanquitos de cristal. Una especie de pétalos de flor con algo que parecía y era tan dulce como el cola cao. Unas cáscaras de huevo con una crema de huevo y patata y unos vasitos de crema de calabaza con naranja. Pero lo más acojonante fue la piel de bacalao frita atada a una minipinza de tender la ropa. Mi tía Patti (de Patti y Selma) dijo que eso nos lo sacaba cuando quisiéramos, que Selma siempre le quitaba la piel al bacalao. Llegué tarde a la mesa y por eso no quedaban más que dos sitios libres. Ya me iba a sentar al lado de la novia del señor hipotecas, cuando mi tío el jesuíta se empeñó en que me sentara a su lado. Lo cual implica una conversación absurda sobre que he hecho en mi vida y las cosas que pienso pero no digo para no crear mal rollo. Menos mal que se fue sin terminar de comer.
Por fin iba llegando el final, pero no llegaba el café a nustra mesa. Los novios regalaron puros para todos. En esto me encanta ser mujer, por una vez la vida nos sonríe, porque los puros de las mujeres eran de trufa y praliné. Los de los hombres eran de verdad. Cosa que a mi hermano el mayor no le hizo ninguna gracia, pero se las agenció para que la tía Patti le diera el suyo. Es que hay que guardar la línea. Me alegro de que fuera chocolate. Ya estaba hasta los cojones de sales de baño (menos mal que desde que tengo pareja las utilizo) y de las velas decorativas. El regalo de los amigos de los novios eran 19 kgs. de lentejas pardinas (de las pequeñitas) en las que en 4 de ellas había la combinación de números para abrir una caja fuerte donde tienen la pasta. Como coincidía todo el mundo, era mejor joder la cerradura sin más.
Por fin el bailoteo. Los novios inician el vals, que yo me pierdo porque estoy al otro lado de la sala hablando con mi tío el culé. Salimos a hacer el ganso a la pista. Aunque no me convence poque el dj va y pone un pasodoble. Mi hermano anuncia que su despedida y cierre es cuando suene paquito chocolatero. De momento van cayendo cancioncillas, algunas majas y otras menos, pero muy variado. En eso me acerco a la barra libre, cosa difícil y todo el mundo empieza a pedirme, ya que estoy. Hasta unos familiares de la novia que son de Madrid con los que hice uña y carne, sacándoles white label-cola. Para terminar el baile suenan cosas tan peregrinas como el "arratsalde honetan" en la que todos hicimos trenecito y "la chica del batzoki". No sé a que venía esta resurrección de los ochenta, en gente tan presuntamente ñoñostiarra, pero me alegro.
Terminamos en un conocido bar de la parte vieja a las tantas, incluyendo a los sexagenarios, entre brugal-colas, canciones de los village people y por fin pintxos normales (croquetas, tortilla y montaditos de jamón).
Me preparo porque en dos semanas tengo otra...y es en el pueblo, y encima no podré beber por culpa del coche. Y a esa sí que la temo, porque una cuadrilla de navarros vascos de pueblo de juerga no tiene precio.
Yo seguía a mi prima la irreconocible por su madre, y hay que ver lo que corría la tía con tacones. El lunch quedó poco lucido porque no se pudo hacer en la terraza, pero comentaré que la comida pija me asusta. Eso sí, el cocktail de champán estaba de muerte y me plimplé tres antes de las fotos. Los canapés (pintxos para los que sean de mi tierra) eran muy raros. Nos sacaban la comida en cuanquitos de cristal. Una especie de pétalos de flor con algo que parecía y era tan dulce como el cola cao. Unas cáscaras de huevo con una crema de huevo y patata y unos vasitos de crema de calabaza con naranja. Pero lo más acojonante fue la piel de bacalao frita atada a una minipinza de tender la ropa. Mi tía Patti (de Patti y Selma) dijo que eso nos lo sacaba cuando quisiéramos, que Selma siempre le quitaba la piel al bacalao. Llegué tarde a la mesa y por eso no quedaban más que dos sitios libres. Ya me iba a sentar al lado de la novia del señor hipotecas, cuando mi tío el jesuíta se empeñó en que me sentara a su lado. Lo cual implica una conversación absurda sobre que he hecho en mi vida y las cosas que pienso pero no digo para no crear mal rollo. Menos mal que se fue sin terminar de comer.
Por fin iba llegando el final, pero no llegaba el café a nustra mesa. Los novios regalaron puros para todos. En esto me encanta ser mujer, por una vez la vida nos sonríe, porque los puros de las mujeres eran de trufa y praliné. Los de los hombres eran de verdad. Cosa que a mi hermano el mayor no le hizo ninguna gracia, pero se las agenció para que la tía Patti le diera el suyo. Es que hay que guardar la línea. Me alegro de que fuera chocolate. Ya estaba hasta los cojones de sales de baño (menos mal que desde que tengo pareja las utilizo) y de las velas decorativas. El regalo de los amigos de los novios eran 19 kgs. de lentejas pardinas (de las pequeñitas) en las que en 4 de ellas había la combinación de números para abrir una caja fuerte donde tienen la pasta. Como coincidía todo el mundo, era mejor joder la cerradura sin más.
Por fin el bailoteo. Los novios inician el vals, que yo me pierdo porque estoy al otro lado de la sala hablando con mi tío el culé. Salimos a hacer el ganso a la pista. Aunque no me convence poque el dj va y pone un pasodoble. Mi hermano anuncia que su despedida y cierre es cuando suene paquito chocolatero. De momento van cayendo cancioncillas, algunas majas y otras menos, pero muy variado. En eso me acerco a la barra libre, cosa difícil y todo el mundo empieza a pedirme, ya que estoy. Hasta unos familiares de la novia que son de Madrid con los que hice uña y carne, sacándoles white label-cola. Para terminar el baile suenan cosas tan peregrinas como el "arratsalde honetan" en la que todos hicimos trenecito y "la chica del batzoki". No sé a que venía esta resurrección de los ochenta, en gente tan presuntamente ñoñostiarra, pero me alegro.
Terminamos en un conocido bar de la parte vieja a las tantas, incluyendo a los sexagenarios, entre brugal-colas, canciones de los village people y por fin pintxos normales (croquetas, tortilla y montaditos de jamón).
Me preparo porque en dos semanas tengo otra...y es en el pueblo, y encima no podré beber por culpa del coche. Y a esa sí que la temo, porque una cuadrilla de navarros vascos de pueblo de juerga no tiene precio.
Comentario:
No me gustan nada de nada las bodas, pero si es la mia, igual hasta me animo a bailar xD.
REMUACKK!!!!
REMUACKK!!!!





