Diez días del 2008 y aún no he aparecido por mi blog
Será que escribir me aburre. Con lo bien que estaba yo hace un par de semanas. Era perfecto: De vacaciones, sin tocar una tecla y gozando de la maravillosa compañía de mi amor. Pero todo lo bueno se acaba pronto.
El día de reyes quedé con mi amigo Tx para darnos una vuelta por mi carísima ciudad turística. No hacía frío, así que nos dió por ir al Aker, un bar mítico en el que todo el mundo pide una consumición y sale a degustarla fuera. La terraza más barata del mundo. Los días de café nos sentamos en el muro de la sociedad Aizepe, pero esta vez íbamos con cañitas y ya estaba anochecido. Así que nos situamos en la terraza del Aker.
La terraza del Aker son las largas escaleras que suben hacia la falda de Urgull. Hace veinticinco años sus moradores habituales eran heroinómanos, especie en extinción. Ahora lo que pululan alrededor son manadas de moros trapicheros. Al salir del bar con la cañita había media docena de guardias municipales, entre ellos, mi amiga la Interminable, que estaba deseando finalizar el turno. Acababan de ahuyentar a los trapicheros, porque las escaleras sobre el puerto estaban vacías. Teníamos una charla muy animada. Al rato un moro cocido nos pedía tabaco y se fue después de felicitarnos por no ser fumadores...o algo así.
La zona es muy tranquila, a pesar de estar en medio de la ciudad, y es un lugar frecuentado por parejitas en busca de un poco de amor. Con ese fin un par de chicas se habían puesto un poco más arriba de nosotros para tener un momento romántico. Ellas a lo suyo y nosotros a lo nuestro, cuando vuelve el moro de antes con otro algo menos inflado de alcohol. Volvió a pedirnos para fumar, y ante nuestra falta de tabaco se le ocurrió al más mamado de los dos ir a importunar a las amantes. Aparte de joderles la intimidad romántica, se puso a berrear no sé qué estupidez homófoba. Así que nos metimos en la bronca. Las chavalillas se largaron en cuanto pudieron, y nosotros, después de decirle que no fuera más capullo de lo que no podía dejar de ser, nos fuimos a buscar otra consumición a otro lado. No me importa que sean moros, pero no me fío ni media de que cuando aparecen dos, al rato no haya media docena de indivíduos de poco fiar.
Esto es lo que me preocupa: En las escaleras del Aker los yonkis no hicieron el daño que los moros borrachos traficantes hacen en toda la parte vieja de la ciudad. Y además, me preocupa aún más que quien utiliza la discriminación positiva para conseguir lo que muchos no tenemos (por ser minoría étnica y mal vista) discrimine a terceros por su orientación sexual minoritaria. ¿Pero los musulmanes orgullosos de serlo no tenían prohibido el alcohol?
El día de reyes quedé con mi amigo Tx para darnos una vuelta por mi carísima ciudad turística. No hacía frío, así que nos dió por ir al Aker, un bar mítico en el que todo el mundo pide una consumición y sale a degustarla fuera. La terraza más barata del mundo. Los días de café nos sentamos en el muro de la sociedad Aizepe, pero esta vez íbamos con cañitas y ya estaba anochecido. Así que nos situamos en la terraza del Aker.
La terraza del Aker son las largas escaleras que suben hacia la falda de Urgull. Hace veinticinco años sus moradores habituales eran heroinómanos, especie en extinción. Ahora lo que pululan alrededor son manadas de moros trapicheros. Al salir del bar con la cañita había media docena de guardias municipales, entre ellos, mi amiga la Interminable, que estaba deseando finalizar el turno. Acababan de ahuyentar a los trapicheros, porque las escaleras sobre el puerto estaban vacías. Teníamos una charla muy animada. Al rato un moro cocido nos pedía tabaco y se fue después de felicitarnos por no ser fumadores...o algo así.
La zona es muy tranquila, a pesar de estar en medio de la ciudad, y es un lugar frecuentado por parejitas en busca de un poco de amor. Con ese fin un par de chicas se habían puesto un poco más arriba de nosotros para tener un momento romántico. Ellas a lo suyo y nosotros a lo nuestro, cuando vuelve el moro de antes con otro algo menos inflado de alcohol. Volvió a pedirnos para fumar, y ante nuestra falta de tabaco se le ocurrió al más mamado de los dos ir a importunar a las amantes. Aparte de joderles la intimidad romántica, se puso a berrear no sé qué estupidez homófoba. Así que nos metimos en la bronca. Las chavalillas se largaron en cuanto pudieron, y nosotros, después de decirle que no fuera más capullo de lo que no podía dejar de ser, nos fuimos a buscar otra consumición a otro lado. No me importa que sean moros, pero no me fío ni media de que cuando aparecen dos, al rato no haya media docena de indivíduos de poco fiar.
Esto es lo que me preocupa: En las escaleras del Aker los yonkis no hicieron el daño que los moros borrachos traficantes hacen en toda la parte vieja de la ciudad. Y además, me preocupa aún más que quien utiliza la discriminación positiva para conseguir lo que muchos no tenemos (por ser minoría étnica y mal vista) discrimine a terceros por su orientación sexual minoritaria. ¿Pero los musulmanes orgullosos de serlo no tenían prohibido el alcohol?





