La hora mas oscura...
Gritos desgarrados, llenos de panico, de terror. Miradas vacias, implorando salvacion. Oscuridad. Huir es cuanto tengo en la cabeza. Nada deseo mas que salir corriendo y evitar todo mal. Estoy cansado de depender de que una flor se cruce en mi camino, agotado de aspirar el aroma de esos petalos que jamas llegare a ver.
A cada paso, sin embargo, la oscuridad se cierne mas sobre mi, y lo veo todo aun mas apagado si cabe. Mi alma se resquebraja a cada movimiento que realizo, en mi busqueda de luz. Quiero abrir los ojos, pero ¿de que sirve abrir los ojos, si lo que puedes ver es la misma inmensidad negra que observas cuando los tienes cerrados?
Sigo avanzando, con las manos por delante, aunque de poco sirve, ya que tropiezo igualmente con puertas cerradas. Durante breves momentos observo una rendija de luz, un tenue rayo que se desliza por debajo de una puerta... Hay alguien ahi. Por fin, es la frase que se apodera de mi mente, a la vez que una sensacion de alivio recorre mi espina dorsal...
Hasta que llego a la puerta, una como tantas otras, cerrada. Y oscura, ya que la luz no era mas que una sensacion creada por mi imaginacion, debido a mi anhelo de libertad.
Continuo por el pasillo, todo es oscuridad, todo son puertas cerradas, todas las flores me niegan incluso su aroma... Corro, me debato contra mi mismo, grito, la desesperacion intenta salir de mi a traves de lagrimas... Pero no, eso acabo hace mucho, esta prometido. Entre tanto, tropiezo con mas fuerza esta vez y doy de bruces en el suelo. Si antes el negro ambiente me oprimia, ahora es incluso asfixiante. No quiero mas oscuridad, no quiero mas dolor ni tristeza. Esto es claustrofobico. Es como si no respirara aire, sino negrura. el fondo del olvido. Eso es lo que hay para mi. Es como si ya ni necesitara aire...
Pero no... Aun no es mi hora.
Duele... Estoy sangrando. Despues de todo, no estoy muerto. Me incorporo y compruebo que sigo de una pieza. Asi es, el unico desperfecto es esa nueva cicatriz en el brazo... Espera.. Acabo de verme una cicatriz...
Miro a mi alrededor... Conozco este sitio. Como no reconocerlo, si llevo toda mi vida pasando aqui las noches. Creo que tengo que comprar un par de posters mas. No fue mas que un mal sueño, sin embargo.. cuando peor lo pase, fue justo antes de ver la luz.
Que cierto es aquello que dicen: "La hora mas oscura... es aquella que precede al amanecer"
A cada paso, sin embargo, la oscuridad se cierne mas sobre mi, y lo veo todo aun mas apagado si cabe. Mi alma se resquebraja a cada movimiento que realizo, en mi busqueda de luz. Quiero abrir los ojos, pero ¿de que sirve abrir los ojos, si lo que puedes ver es la misma inmensidad negra que observas cuando los tienes cerrados?
Sigo avanzando, con las manos por delante, aunque de poco sirve, ya que tropiezo igualmente con puertas cerradas. Durante breves momentos observo una rendija de luz, un tenue rayo que se desliza por debajo de una puerta... Hay alguien ahi. Por fin, es la frase que se apodera de mi mente, a la vez que una sensacion de alivio recorre mi espina dorsal...
Hasta que llego a la puerta, una como tantas otras, cerrada. Y oscura, ya que la luz no era mas que una sensacion creada por mi imaginacion, debido a mi anhelo de libertad.
Continuo por el pasillo, todo es oscuridad, todo son puertas cerradas, todas las flores me niegan incluso su aroma... Corro, me debato contra mi mismo, grito, la desesperacion intenta salir de mi a traves de lagrimas... Pero no, eso acabo hace mucho, esta prometido. Entre tanto, tropiezo con mas fuerza esta vez y doy de bruces en el suelo. Si antes el negro ambiente me oprimia, ahora es incluso asfixiante. No quiero mas oscuridad, no quiero mas dolor ni tristeza. Esto es claustrofobico. Es como si no respirara aire, sino negrura. el fondo del olvido. Eso es lo que hay para mi. Es como si ya ni necesitara aire...
Pero no... Aun no es mi hora.
Duele... Estoy sangrando. Despues de todo, no estoy muerto. Me incorporo y compruebo que sigo de una pieza. Asi es, el unico desperfecto es esa nueva cicatriz en el brazo... Espera.. Acabo de verme una cicatriz...
Miro a mi alrededor... Conozco este sitio. Como no reconocerlo, si llevo toda mi vida pasando aqui las noches. Creo que tengo que comprar un par de posters mas. No fue mas que un mal sueño, sin embargo.. cuando peor lo pase, fue justo antes de ver la luz.
Que cierto es aquello que dicen: "La hora mas oscura... es aquella que precede al amanecer"
¿Justicia?
Víctor siempre había sido bastante más alto y corpulento que los demás niños de su edad. Jamás fue agredido, insultado o amenazado por nadie.
Vivía tranquilo, pero siempre se sintió culpable. Consideraba injusto vivir en paz sin hacer ningún esfuerzo mientras que muchos otros eran continuamente sometidos a humillaciones. En especial sentía gran compasión por Luis.
Luis era bajito y enfermizo. Sufría todo tipo de alergias, tenía asma, y al menos una vez al mes llegaba a su casa llorando, sangrando por la nariz y con las gafas de culo de vaso hechas añicos. A veces Víctor aparecía en escena antes de que Luis recibiera el primer puñetazo, y los dos o tres vándalos de turno simplemente se esfumaban. Pero otras muchas veces Luis no tenía tanta suerte.
Pasó el tiempo y Luis se hizo empleado de banca. Se despertaba cada día a la misma hora, llegaba al banco a la misma hora y tomaba café a la misma hora. Fumaba mucho. Su vida era monótona, pero se sentía razonablemente seguro. Era soltero y vivía con su madre.
Víctor se hizo policía y se dedicó a ello en cuerpo y alma. Sentía que le debía algo a la gente y procuraba devolvérselo. Lidiaba con la violencia y con la miseria, normalmente trabajaba por la noche y dormía durante el día, y con los años se llevó más de un navajazo. Jamás se echó una novia, pero sacó de apuros a muchos Luises.
Se veían de vez en cuando. Luis siempre quería que Víctor le hablara sobre su trabajo: a quién había detenido, si había habido tiroteo, si había sentido miedo. Incluso le pidió en una ocasión que trajera su pistola y estuvo jugueteando con ella, imaginando que era un policía duro, invencible, que nunca tenía miedo y que siempre andaba liado con mujeres.
En el fondo Luis sospechaba que su vida siempre había sido triste y anodina, que había tenido mala suerte.
Se confirmaron sus sospechas el día que le diagnosticaron el cáncer de pulmón. No supo encajarlo. En el banco le dieron la baja y durante meses se encerró en casa y no quiso ver a nadie. Se torturó pensando que su vida había sido una mierda y que iba a morir pronto.
Concluyó que cuanto antes mejor. No le costó mucho conseguir una pistola. Decidió que lo haría de noche, en la plaza donde tantas veces le habían roto las gafas. Le dio un beso a su madre y salió de casa.
Se sentó en un banco y se apretó el cañón contra la sien, pero no tuvo cojones de disparar. Retiró la pistola, apuntó a las sombras y pensó: soy un policía duro, invencible. Me esperan mil mujeres. No moriré nunca.
Salió de la plaza pistola en mano, apuntando de vez en cuando a los fantasmas del pasado. Se perdió en la noche, sonriendo, con la sensación de que por primera vez su vida tenía sentido.
Víctor acababa de dejar a María y volvía a casa, planteándose seriamente dejar la policía. Tenía un apartamento casi pagado, dos perros y unos buenos ahorros. Además se había enamorado.
Se cruzaron en un callejón. Estaba oscuro y no se reconocieron. Víctor solo alcanzó a distinguir una silueta que empuñaba un arma.
-Eh amigo, ¿está usted bien? -preguntó.
-Mejor que nunca -respondió la silueta.
-No puede andar por ahí con un arma…
-Claro que puedo. ¿Cree usted que tiene derecho a ir por ahí diciéndole a los demás lo que pueden y no pueden hacer? -le apuntó a la cabeza.
-¿Tiene licencia?
-¡Claro que lo tengo, soy policía! -dijo Luis, sin dejar de apuntar.
-Yo soy policía, amigo. Deje el arma en el suelo e identifíquese.
-¡Y una mierda! ¡Identifíquese usted!
Víctor llevó lentamente la mano al bolsillo sin dejar de mirar la pistola. Abrió la cartera dejando al descubierto la placa. Una dolorosa frase surgió en la mente de Luis: el es policía, yo tengo cáncer.
La sacó de su cabeza de un disparo. El fogonazo le iluminó la cara, y Víctor le reconoció justo antes de que la bala le atravesara la cabeza.
Murió casi en el acto; sólo le dio tiempo a pensar en María, en sus perros, y en que quizás había desperdiciado su vida por un montón de desgraciados hijos de la gran puta.
PD: Extraido del blog de Fuckowski
Vivía tranquilo, pero siempre se sintió culpable. Consideraba injusto vivir en paz sin hacer ningún esfuerzo mientras que muchos otros eran continuamente sometidos a humillaciones. En especial sentía gran compasión por Luis.
Luis era bajito y enfermizo. Sufría todo tipo de alergias, tenía asma, y al menos una vez al mes llegaba a su casa llorando, sangrando por la nariz y con las gafas de culo de vaso hechas añicos. A veces Víctor aparecía en escena antes de que Luis recibiera el primer puñetazo, y los dos o tres vándalos de turno simplemente se esfumaban. Pero otras muchas veces Luis no tenía tanta suerte.
Pasó el tiempo y Luis se hizo empleado de banca. Se despertaba cada día a la misma hora, llegaba al banco a la misma hora y tomaba café a la misma hora. Fumaba mucho. Su vida era monótona, pero se sentía razonablemente seguro. Era soltero y vivía con su madre.
Víctor se hizo policía y se dedicó a ello en cuerpo y alma. Sentía que le debía algo a la gente y procuraba devolvérselo. Lidiaba con la violencia y con la miseria, normalmente trabajaba por la noche y dormía durante el día, y con los años se llevó más de un navajazo. Jamás se echó una novia, pero sacó de apuros a muchos Luises.
Se veían de vez en cuando. Luis siempre quería que Víctor le hablara sobre su trabajo: a quién había detenido, si había habido tiroteo, si había sentido miedo. Incluso le pidió en una ocasión que trajera su pistola y estuvo jugueteando con ella, imaginando que era un policía duro, invencible, que nunca tenía miedo y que siempre andaba liado con mujeres.
En el fondo Luis sospechaba que su vida siempre había sido triste y anodina, que había tenido mala suerte.
Se confirmaron sus sospechas el día que le diagnosticaron el cáncer de pulmón. No supo encajarlo. En el banco le dieron la baja y durante meses se encerró en casa y no quiso ver a nadie. Se torturó pensando que su vida había sido una mierda y que iba a morir pronto.
Concluyó que cuanto antes mejor. No le costó mucho conseguir una pistola. Decidió que lo haría de noche, en la plaza donde tantas veces le habían roto las gafas. Le dio un beso a su madre y salió de casa.
Se sentó en un banco y se apretó el cañón contra la sien, pero no tuvo cojones de disparar. Retiró la pistola, apuntó a las sombras y pensó: soy un policía duro, invencible. Me esperan mil mujeres. No moriré nunca.
Salió de la plaza pistola en mano, apuntando de vez en cuando a los fantasmas del pasado. Se perdió en la noche, sonriendo, con la sensación de que por primera vez su vida tenía sentido.
Víctor acababa de dejar a María y volvía a casa, planteándose seriamente dejar la policía. Tenía un apartamento casi pagado, dos perros y unos buenos ahorros. Además se había enamorado.
Se cruzaron en un callejón. Estaba oscuro y no se reconocieron. Víctor solo alcanzó a distinguir una silueta que empuñaba un arma.
-Eh amigo, ¿está usted bien? -preguntó.
-Mejor que nunca -respondió la silueta.
-No puede andar por ahí con un arma…
-Claro que puedo. ¿Cree usted que tiene derecho a ir por ahí diciéndole a los demás lo que pueden y no pueden hacer? -le apuntó a la cabeza.
-¿Tiene licencia?
-¡Claro que lo tengo, soy policía! -dijo Luis, sin dejar de apuntar.
-Yo soy policía, amigo. Deje el arma en el suelo e identifíquese.
-¡Y una mierda! ¡Identifíquese usted!
Víctor llevó lentamente la mano al bolsillo sin dejar de mirar la pistola. Abrió la cartera dejando al descubierto la placa. Una dolorosa frase surgió en la mente de Luis: el es policía, yo tengo cáncer.
La sacó de su cabeza de un disparo. El fogonazo le iluminó la cara, y Víctor le reconoció justo antes de que la bala le atravesara la cabeza.
Murió casi en el acto; sólo le dio tiempo a pensar en María, en sus perros, y en que quizás había desperdiciado su vida por un montón de desgraciados hijos de la gran puta.
PD: Extraido del blog de Fuckowski
Reflejo de una ilusion
Frio y penumbra. Son las primeras sensaciones que me llegan cuando recupero la consciencia. Aun tardo en abrir los ojos, pero sigo captando cosas. El aroma a cerveza caliente y vómito no desaparece de mi nariz, y la primera arqueada provoca por fin que mis pupilas deban adaptarse a la semi-oscuridad.
Mi cuarto, el de siempre. El mismo cubiculo oscuro y vacio en el que termino ahogando mis penas. Los ojos de mis mayores heroes me miran desde la pared, como dandome animos a luchar. Pero, ¿de que sirve luchar?. Para conseguir mas sufrimiento. ¡Ja! Vaya un gusto.
Echo un vistazo a mi alrededor, buscando el reloj. Aun tardo un rato en darme cuenta de que lleva semanas destrozado contra el suelo. Dice mi médico que tengo el sueño cambiado. Que debo dormir mas. Ya quisiera yo poder hacerle caso, pero esas malditas pastillas no sirven para nada. Si logro echar alguna que otra cabezada ya es un exito para mi. Definitivamente, algo habre hecho mal.
Por fin reuno la voluntad para levantarme del frio suelo. Nunca terminare de comprender como consigo conciliar aunque sea solo cinco minutos el sueño ahi tirado. Quizas se lo pregunte al doctor. Ya veremos.
Me incorporo y busco con un leve movimiento de cabeza mi ropa. Esta resaca me esta matando, pero la costumbre puede mas que ella. De algo debe servir emborracharse a diario. Al menos consigo olvidarlo todo durante un par de horas. Pero eso no mata los demonios que me persiguen y torturan... ya que se vuelven a levantar cuando abro los ojos.
Continuo buscando las puñeteras prendas, hasta que caigo en la cuenta de que nunca me cambio para dormir, sino que tal como caigo en redondo, debido a mi embriaguez, quedo inconsciente. Estoy hecho un asco. Deberia ducharme, pero no me dara tiempo. Asi pues, me cambio de camiseta; el pantalon no esta sucio aun.
Despues de un mas que necesario cafe, salgo de nuevo por la puerta a enfrentarme a la misma rutina gris que gobierna mi vida. A fin de cuentas, ella seguira apareciendo por mi existencia, me sacara una sonrisa y volvera a desaparecer, motivo mas que suficiente este ultimo para regresar al oscuro agujero en el que esta sumido mi ser.
No debo pensar eso. Alguien me dijo una vez que aunque su sonrisa no sea mia, al menos me sonrie... Pero no se que tortura sera mayor, si verla y no tenerla, o no verla directamente.
Puag. Estoy empezando a divagar. Sera mejor que me vaya, llego tarde, y mi jefe no esta dispuesto a que me retrase tanto. Cualquier dia me echara, como si lo viera.
Total, solo me queda una ilusion, y es que cada dia me levanto con la unica esperanza de que llegue bien entrada la noche, para asi, ahogado en alcohol, poder dormir y que sea mia... en mis sueños.
PD: Relato inventado por mi. Asi ha salido, y asi lo habeis leido. Que lo disfruteis
Mi cuarto, el de siempre. El mismo cubiculo oscuro y vacio en el que termino ahogando mis penas. Los ojos de mis mayores heroes me miran desde la pared, como dandome animos a luchar. Pero, ¿de que sirve luchar?. Para conseguir mas sufrimiento. ¡Ja! Vaya un gusto.
Echo un vistazo a mi alrededor, buscando el reloj. Aun tardo un rato en darme cuenta de que lleva semanas destrozado contra el suelo. Dice mi médico que tengo el sueño cambiado. Que debo dormir mas. Ya quisiera yo poder hacerle caso, pero esas malditas pastillas no sirven para nada. Si logro echar alguna que otra cabezada ya es un exito para mi. Definitivamente, algo habre hecho mal.
Por fin reuno la voluntad para levantarme del frio suelo. Nunca terminare de comprender como consigo conciliar aunque sea solo cinco minutos el sueño ahi tirado. Quizas se lo pregunte al doctor. Ya veremos.
Me incorporo y busco con un leve movimiento de cabeza mi ropa. Esta resaca me esta matando, pero la costumbre puede mas que ella. De algo debe servir emborracharse a diario. Al menos consigo olvidarlo todo durante un par de horas. Pero eso no mata los demonios que me persiguen y torturan... ya que se vuelven a levantar cuando abro los ojos.
Continuo buscando las puñeteras prendas, hasta que caigo en la cuenta de que nunca me cambio para dormir, sino que tal como caigo en redondo, debido a mi embriaguez, quedo inconsciente. Estoy hecho un asco. Deberia ducharme, pero no me dara tiempo. Asi pues, me cambio de camiseta; el pantalon no esta sucio aun.
Despues de un mas que necesario cafe, salgo de nuevo por la puerta a enfrentarme a la misma rutina gris que gobierna mi vida. A fin de cuentas, ella seguira apareciendo por mi existencia, me sacara una sonrisa y volvera a desaparecer, motivo mas que suficiente este ultimo para regresar al oscuro agujero en el que esta sumido mi ser.
No debo pensar eso. Alguien me dijo una vez que aunque su sonrisa no sea mia, al menos me sonrie... Pero no se que tortura sera mayor, si verla y no tenerla, o no verla directamente.
Puag. Estoy empezando a divagar. Sera mejor que me vaya, llego tarde, y mi jefe no esta dispuesto a que me retrase tanto. Cualquier dia me echara, como si lo viera.
Total, solo me queda una ilusion, y es que cada dia me levanto con la unica esperanza de que llegue bien entrada la noche, para asi, ahogado en alcohol, poder dormir y que sea mia... en mis sueños.
PD: Relato inventado por mi. Asi ha salido, y asi lo habeis leido. Que lo disfruteis





