Una noche mas
Termino las tareas, despues de una relajante ducha, apago las luces, y me fumo un 'penultimo' cigarro, ya que dicen que el ultimo trae mala suerte. La noche, a pesar de haber estado precedida por una lluviosa tarde y un oscuro atardecer, es clara y hermosa como la mas radiante de las sonrisas. Embobado miro al cielo, y alli la veo, brillante, bella, como un espejo que refleja una sensacion de tranquilidad, tal vez demasiado lejana.. sin duda, la luna esta preciosa esta noche.
Hay veces que desearia poder volar, en una noche estrellada, sobre una playa tranquila, de una isla de cuyo nombre nadie se acuerda. Quisiera poder sonreirle a mi reflejo en las olas, perderme por un pueblo donde no existieran responsabilidades, y luchar por lo que quiero a capa y espada... enfrentando incluso a los mas temibles piratas.
Hay veces que puedo volar, solo con pensar en una sonrisa, con solo recordar una mirada, con solo imaginar una caricia.. pero al final vuelvo perder altura, y me poso levemente en el suelo, para revolcarme en la tristeza de no poder volar...
Hay veces que cierro los ojos y recorro la isla, que me paseo por sus playas de fina arena, que vuelo, que derroto al gran pirata y que los niños del pueblo son todos felices, hay veces que me pierdo por Nunca Jamas... hasta que me doy cuenta de que no, no soy Peter Pan, y no puedo volar, si no tengo a mi lado a mi Campanilla...
Hay veces que no puedo volar, pero si sonreir, porque sé que mi hada sonríe también.
A mi hada especial, la razon de mi sonrisa y de mis sueños. No te olvides de sonreir, preciosa ^^
Hay veces que desearia poder volar, en una noche estrellada, sobre una playa tranquila, de una isla de cuyo nombre nadie se acuerda. Quisiera poder sonreirle a mi reflejo en las olas, perderme por un pueblo donde no existieran responsabilidades, y luchar por lo que quiero a capa y espada... enfrentando incluso a los mas temibles piratas.
Hay veces que puedo volar, solo con pensar en una sonrisa, con solo recordar una mirada, con solo imaginar una caricia.. pero al final vuelvo perder altura, y me poso levemente en el suelo, para revolcarme en la tristeza de no poder volar...
Hay veces que cierro los ojos y recorro la isla, que me paseo por sus playas de fina arena, que vuelo, que derroto al gran pirata y que los niños del pueblo son todos felices, hay veces que me pierdo por Nunca Jamas... hasta que me doy cuenta de que no, no soy Peter Pan, y no puedo volar, si no tengo a mi lado a mi Campanilla...
Hay veces que no puedo volar, pero si sonreir, porque sé que mi hada sonríe también.
A mi hada especial, la razon de mi sonrisa y de mis sueños. No te olvides de sonreir, preciosa ^^
Morir dos veces
- Aquella nube tiene forma de conejo - rió Kat, y su risa se extendía por el horizonte y por el corazón de Rab.
- Tienes mucha imaginación - contestó el granjero, y de inmediato, la chica se volvió, y con sus finos dedos, hizo cosquillas en la barriga de su hermano.
Kat se levantó de un salto y empezó a correr, entre risas, mientras Rab la perseguía, dándole un poco de tiempo para adelantarse, para aumentar la diversión.
Por fin, Rab la tomó por la cintura y ambos rodaron, entre carcajadas, colina abajo, mientras el sol, anunciando el ocaso del día, se ocultaba de la vista de los mortales.
- Deberíamos regresar ya - dijo Rab, mientras trataba de sujetar las manos pertinaces de su hermana, que intentaba seguir haciendole cosquillas.
- El que llega último, es un cabeza-hueca - rió la otra, mientras huía hacia el Camino de los Pinos.
- ¡Kat! ¡Espera! - llamó Rab, esta vez con voz imperativa. - ¡Por allí no!
La chica se detuvo, al tiempo que su hermano le daba alcance. Y entonces, le contó la leyenda.
- Era una chica realmente hermosa - empezó. - Más que ninguna que se haya visto en mucho tiempo en toda esta tierra. Dicen que su novio le propuso matrimonio, pero cuando llegó el día de la boda, la abandonó... dicen que la dejó por otra... que solamente encontró una carta donde le decía que la dejaba para siempre... Ella vino aquí, al Camino de los Pinos, y quemó su vestido de novia... Nunca hallaron el cuerpo... Y siempre al atardecer, su ánima vaga por los parajes, esperando vengarse... siempre triste... sin saber que está muerta.
La historia de Rab había puesto la piel de gallina a su joven hermana, de apenas 16 años. Ella le sujetó el brazo, estremecida por un escalofrío. Rab sonrió divertido.
- Siempre vas a protegerme, ¿verdad, Rab?
- Claro, tontuela - le dijo el hermano. - Hasta el último de mis días.
Regresaron por otro camino. Los días de la vida de Kat y Rab, que habitaban en la vieja granja de los Korsaff, transcurrían entre las apacibles tardes de Brill. Rab laboraba de sol a sol, sembrando el grano, cultivando las hortalizas, ordeñando a las vacas, recogiendo la cosecha.
La granja apenas les daba para vivir, pero eran felices. Rab era feliz. Tenía a Kat. Y ella era la niña de sus ojos, el único recuerdo que le quedaba de sus padres, fallecidos hacía ya tiempo, cuando Kat era apenas una infante. Su sonrisa era bálsamo para el alma del granjero.
Decían que aquellas tierras eran prósperas. El granero de Lordaeron, le llamaban algunos. La tristeza no podía anidar en los corazones de aquella gente simple, humilde y trabajadora, porque en sus almas, la muerte simplemente no tiene cabida.
- He de ir a la ciudad - dijo Rab, cierto día muy de mañana. - Empieza la temporada de las ferias, y hay buenas oportunidades para vender nuestro grano. Este año no ha sido tan bueno como los anteriores - añadió con cierta angustia.
- ¿Puedo ir contigo? - dijo la chica.
- No. Vas a quedarte con la señora MacReady. Yo debo viajar hasta Andorhal y tal vez regrese en un par de días. ¿Prometes ser buena?
- Sí - dijo la chica, mientras jugaba con su avena, tal vez desilusionada por no viajar con su hermano y tener que quedarse con la vieja cascarrabias.
Agatha MacReady vivía en las afueras de Brill, lejos del bullicio del pueblo. Tenía fama de extravagante, aunque era una dama gentil y algo lenta, por los años. Su único hijo, William, había muerto en la guerra contra los orcos, por la misma época en que los padres de Rab fallecieron, y eso había levantado un vínculo entre las familias MacReady y Korsaff, del que Kat, a su tierna edad, aún no era consciente.
Rab se despidió de su hermana con un gran abrazo y un poco de nostalgia.
- No se preocupe - chocheaba la vieja Agatha mientras se alejaba el campesino. - Se la cuidaré como si fuera mi hija, la hija que nunca tuve, - y Kat hacía esfuerzos para deshacerse de las manos pegajosas de la anciana, mientras miraba, con lágrimas en las mejillas, alejarse a su hermano por lo empinado del camino.
* * *
La noche sorprendió a Rab a unas cien leguas de su destino. Era de esas noches de luna nueva que tanto temen los viajeros. Dormir a la intemperie no era precisamente la idea de Rab de una noche tranquila. Era de esas noches en que silenciosos murmullos elevaban sus plegarias a los dioses oscuros en medio del bosque.
Rab maldijo su mala suerte. Aunque se aseguraba en aquella época que el Camino del Rey era seguro, recientes noticias de la villa de Vandelmar habían llegado a oídos de los pueblerinos. Noticias que encrispaban los vellos y los ponían de punta. Los muertos caminan al norte de Vandelmar. Se levantan de sus tumbas y se asoman a las casas de los vivos, comen con ellos y duermen en sus camas. La tierra y el mar echan a sus muertos. Rab sentía que su corazón escapaba del pecho.
Un coyote lanzó su aullido lastimero en la lejanía, rompiendo el silencio. En aquella noche oscura, ni los grillos cantan, ni las ranas croan. Oscuros pájaros llevan malos presagios en sus alas nocturnas, sobrevolando las cabezas confundidas de los peregrinos.
Rab vio una luz adelante y sintió que le volvían las fuerzas. Era una posada. Una lámpara, con el aceite casi extinto, hacía las veces de poderoso faro en aquel océano de oscuridad.
Se acercó a la puerta y tocó dos veces. La puerta, apenas empujada por una ráfaga de delicada brisa, se entreabrió. Rab penetró en el recinto, mientras su "Hola?" se perdía en el eco de la sala vacía.
Todo estaba en desorden. En aquella posada había habido una pelea. Las sillas y las mesas, colocadas patas para arriba. El mostrador destrozado. Oscuros líquidos poblaban el suelo, y un olor nauseabundo penetró hasta la profundidad de la nariz de Rab... y de su alma.
Decidió salir. Aquel lugar no era seguro. Tomó a su mula y ya empezaba a andar, cuando algo llamó su atención.
Detrás de unos arbustos, en la parte trasera de la casa, algo se había movido.
- Un animal, talvez - pensó el viajero, pero la imaginación es más potente en esas noches de agonía.
Y entonces, recordó la escena que acababa de ver.
- ¡Los bandidos! - se dijo. - Han vuelto.
Sobrecogido en gran manera, sacó valor de donde no creía tenerlo, y desenvainó una daga. Pensó en Kat. Siempre pensaba en ella. El arbusto volvió a moverse y una sombra saltó sobre el granjero, que lanzó un grito de terror.
Era un conejo... Tan solo un conejo. El asustadizo animal huyó entre los
árboles, mientras Rab, caído sobre sus espaldas, comenzaba a cambiar por risa el súbito espanto.
- Mi cabeza me juega bromas - dijo en voz alta, y seguidamente, un gemido humano, lastimero, salido de lo más profundo del alma, le robó de nuevo la calma.
Del mismo arbusto donde había salido el conejo, se irguió un ser. En medio de la oscuridad, parecía ser una persona. Caminaba con dificultad, como si una de sus piernas fuese más corta que la otra. Lentamente se acercaba hacia el camino, donde la luz de la débil lámpara le daba en la cara al sorprendido granjero.
- Hola - dijo Rab, con una mezcla de asombro y terror en la garganta.
El hombre no emitió ni un sonido. Ya estaba más cerca. Casi en la luz. Y entonces, Rab le vió la cara... La cara que no tenía, pues donde una vez tuvo el rostro, solamente se observaba la mitad de la piel derroída por el ataque de algún animal salvaje, y en la otra mitad, la osamenta, con el cuenco vacío donde una vez estuviese el ojo derecho, se perdía en la oscuridad de la nada.
El ser levantó un brazo esquelético y señaló a Rab, mientras este se incorporaba como un resorte, detonado por el miedo. De entre las sombras empezaron a emerger más hombres, mujeres, niños... todos en igual condición, con la mirada perdida en las brumas de una noche infinita, pálidos, deformados, mutilados, con el rostro congelado en medio de una agonía que no termina.
Rab montó a su mula, la cual, sintiendo el horror que le rodeaba, echó a correr desbocada en medio de aquel asalto de ultratumba. Decenas de manos, brazos y garras desgarraban en pedazos la ropa del pobre Rab, que huía montaña adentro, perdiéndose en la noche, huyendo de aquel ejército de la muerte.
Las ramas de los árboles, similares a garras monstruosas, se avecinaban amenazantes sobre la humanidad del fugitivo, quien escapaba a todo galope entre peñas y valles.
Por fin, luego de varios minutos de huida, Rab pudo detenerse. Estaba perdido. No sabía en dónde se encontraba, pero por lo menos estaba seguro...
Y empezó a reconocer su entorno. Aquellos árboles... aquel camino oscuro y tortuoso que se perdía en la montaña... aquella enorme piedra blanca en medio del camino... el Camino de los Pinos...
El alma de Rab dio un vuelco de nuevo. Clavó las espuelas en los costados de su mula. Debía regresar pronto a Brill. Aquellos seres... ¿le habrían seguido? Y Kat... Si los zombis llegaban a Brill...
Su corazón tomó valor de nuevo. Debía llegar cuanto antes a la casona de la vieja MacReady. Debía advertirle a todo el pueblo. Debía llegar lo más pronto posible.
Decidió aligerar el peso, y con sumo pesar, lanzó los sacos repletos de grano al suelo. Uno de ellos se abrió, derramando su contenido sobre la tierra... y entonces, Rab pudo ver como la tierra misma se ennegrecía, volviéndose un limo verdoso que expedía un nauseabundo olor al aire.
- El grano... - se dijo, y su rostro se iluminó aterrorizado - ...¡EL GRANO!
Se volvió intempestivamente. Un ruido había llamado su atención. Se dio vuelta. Allí, a tan solo unos pasos de él, había una mujer. Vestía blancos vestidos, y una especie de aura azulada, fátua y lúgubre, rodeaba su silueta. Estaba pálida, como si toda su sangre hubiese sido vaciada sobre el suelo.
Y Rab recordó la leyenda de la novia despechada... Sacó su daga y se encomendó a la Luz, en la cual había dejado de creer hasta esa noche.
La mujer levantó los ojos, los ojos vacíos de la muerte, y se lanzó sobre Rab...
Cuando el granjero volvió en sí, lo primero que vio fue su mano, empuñando una daga con la hoja empapada de sangre. Frente a él, un cuerpo inerte, decapitado...
No podía perder más tiempo. Cabalgó cual rayo entre las llanuras y las montañas. Y por fin, allá adelante, se veía la granja de la vieja MacReady. Le volvieron las fuerzas, le volvió el alma al cuerpo, pero su sonrisa se fue esfumando poco a poco...
Toda la granja estaba a oscuras, salvo una pequeña fogata que ardía en las afueras... La tierra que rodeaba la propiedad... estaba negra, y el mismo limo verdoso se elevaba hacia el cielo como si fuera una profanación... Y entonces, se acordó de la mujer del camino... y se acordó de Kat.
Y no solo esa granja destilaba muerte, sino la siguiente... y la siguiente... y la siguiente... Todo Brill había sucumbido esa noche, la noche en que Rab Korsaff había muerto dos veces, porque en el preciso instante en que Rab caía de rodillas poseído por la locura y el dolor, cientos de los que alguna vez fueron hombres, mujeres, ancianos y niños, le rodearon, como si fuese una profecía...
* * *
- ¿Cuál es tu nombre? - preguntó la elfa, mientras sus ojos negros se perdían en lo que fueron los azules ojos de su nuevo aliado.
- Rab Korsaff - respondió el no-muerto, después de dudarlo un poco. - Mi hermana, Kat... ¿dónde está?
- No sé nada de esa hermana. Solamente que eres uno de los pocos que logramos despertar del hechizo. Ahora. estás a mi servicio. El Rey Lich ya no te controla. Yo soy Sylvannas, La Dama Oscura de los Forsaken, y de ahora en adelante, serás Rab Darkspell. ¿Sabes cuál es nuestra misión, Rab?
- Venganza - respondió secamente, y ambos, la banshee y el no-muerto, sonrieron.
======================================
By Roderich (de wow-esp.com), basado en mi personaje de rol Rab Darkspell.
Nota: Para los que no entiendan el final, Sylvannas es la lider de los no-muertos 'buenos', que se deshicieron del hechizo de control mental que el Rey Lich (lider de los no-muertos 'malos') mantenia sobre todos ellos.
PD: Dedicado a Lady of Bodom... mas conocida como Lety Filth :P
- Tienes mucha imaginación - contestó el granjero, y de inmediato, la chica se volvió, y con sus finos dedos, hizo cosquillas en la barriga de su hermano.
Kat se levantó de un salto y empezó a correr, entre risas, mientras Rab la perseguía, dándole un poco de tiempo para adelantarse, para aumentar la diversión.
Por fin, Rab la tomó por la cintura y ambos rodaron, entre carcajadas, colina abajo, mientras el sol, anunciando el ocaso del día, se ocultaba de la vista de los mortales.
- Deberíamos regresar ya - dijo Rab, mientras trataba de sujetar las manos pertinaces de su hermana, que intentaba seguir haciendole cosquillas.
- El que llega último, es un cabeza-hueca - rió la otra, mientras huía hacia el Camino de los Pinos.
- ¡Kat! ¡Espera! - llamó Rab, esta vez con voz imperativa. - ¡Por allí no!
La chica se detuvo, al tiempo que su hermano le daba alcance. Y entonces, le contó la leyenda.
- Era una chica realmente hermosa - empezó. - Más que ninguna que se haya visto en mucho tiempo en toda esta tierra. Dicen que su novio le propuso matrimonio, pero cuando llegó el día de la boda, la abandonó... dicen que la dejó por otra... que solamente encontró una carta donde le decía que la dejaba para siempre... Ella vino aquí, al Camino de los Pinos, y quemó su vestido de novia... Nunca hallaron el cuerpo... Y siempre al atardecer, su ánima vaga por los parajes, esperando vengarse... siempre triste... sin saber que está muerta.
La historia de Rab había puesto la piel de gallina a su joven hermana, de apenas 16 años. Ella le sujetó el brazo, estremecida por un escalofrío. Rab sonrió divertido.
- Siempre vas a protegerme, ¿verdad, Rab?
- Claro, tontuela - le dijo el hermano. - Hasta el último de mis días.
Regresaron por otro camino. Los días de la vida de Kat y Rab, que habitaban en la vieja granja de los Korsaff, transcurrían entre las apacibles tardes de Brill. Rab laboraba de sol a sol, sembrando el grano, cultivando las hortalizas, ordeñando a las vacas, recogiendo la cosecha.
La granja apenas les daba para vivir, pero eran felices. Rab era feliz. Tenía a Kat. Y ella era la niña de sus ojos, el único recuerdo que le quedaba de sus padres, fallecidos hacía ya tiempo, cuando Kat era apenas una infante. Su sonrisa era bálsamo para el alma del granjero.
Decían que aquellas tierras eran prósperas. El granero de Lordaeron, le llamaban algunos. La tristeza no podía anidar en los corazones de aquella gente simple, humilde y trabajadora, porque en sus almas, la muerte simplemente no tiene cabida.
- He de ir a la ciudad - dijo Rab, cierto día muy de mañana. - Empieza la temporada de las ferias, y hay buenas oportunidades para vender nuestro grano. Este año no ha sido tan bueno como los anteriores - añadió con cierta angustia.
- ¿Puedo ir contigo? - dijo la chica.
- No. Vas a quedarte con la señora MacReady. Yo debo viajar hasta Andorhal y tal vez regrese en un par de días. ¿Prometes ser buena?
- Sí - dijo la chica, mientras jugaba con su avena, tal vez desilusionada por no viajar con su hermano y tener que quedarse con la vieja cascarrabias.
Agatha MacReady vivía en las afueras de Brill, lejos del bullicio del pueblo. Tenía fama de extravagante, aunque era una dama gentil y algo lenta, por los años. Su único hijo, William, había muerto en la guerra contra los orcos, por la misma época en que los padres de Rab fallecieron, y eso había levantado un vínculo entre las familias MacReady y Korsaff, del que Kat, a su tierna edad, aún no era consciente.
Rab se despidió de su hermana con un gran abrazo y un poco de nostalgia.
- No se preocupe - chocheaba la vieja Agatha mientras se alejaba el campesino. - Se la cuidaré como si fuera mi hija, la hija que nunca tuve, - y Kat hacía esfuerzos para deshacerse de las manos pegajosas de la anciana, mientras miraba, con lágrimas en las mejillas, alejarse a su hermano por lo empinado del camino.
* * *
La noche sorprendió a Rab a unas cien leguas de su destino. Era de esas noches de luna nueva que tanto temen los viajeros. Dormir a la intemperie no era precisamente la idea de Rab de una noche tranquila. Era de esas noches en que silenciosos murmullos elevaban sus plegarias a los dioses oscuros en medio del bosque.
Rab maldijo su mala suerte. Aunque se aseguraba en aquella época que el Camino del Rey era seguro, recientes noticias de la villa de Vandelmar habían llegado a oídos de los pueblerinos. Noticias que encrispaban los vellos y los ponían de punta. Los muertos caminan al norte de Vandelmar. Se levantan de sus tumbas y se asoman a las casas de los vivos, comen con ellos y duermen en sus camas. La tierra y el mar echan a sus muertos. Rab sentía que su corazón escapaba del pecho.
Un coyote lanzó su aullido lastimero en la lejanía, rompiendo el silencio. En aquella noche oscura, ni los grillos cantan, ni las ranas croan. Oscuros pájaros llevan malos presagios en sus alas nocturnas, sobrevolando las cabezas confundidas de los peregrinos.
Rab vio una luz adelante y sintió que le volvían las fuerzas. Era una posada. Una lámpara, con el aceite casi extinto, hacía las veces de poderoso faro en aquel océano de oscuridad.
Se acercó a la puerta y tocó dos veces. La puerta, apenas empujada por una ráfaga de delicada brisa, se entreabrió. Rab penetró en el recinto, mientras su "Hola?" se perdía en el eco de la sala vacía.
Todo estaba en desorden. En aquella posada había habido una pelea. Las sillas y las mesas, colocadas patas para arriba. El mostrador destrozado. Oscuros líquidos poblaban el suelo, y un olor nauseabundo penetró hasta la profundidad de la nariz de Rab... y de su alma.
Decidió salir. Aquel lugar no era seguro. Tomó a su mula y ya empezaba a andar, cuando algo llamó su atención.
Detrás de unos arbustos, en la parte trasera de la casa, algo se había movido.
- Un animal, talvez - pensó el viajero, pero la imaginación es más potente en esas noches de agonía.
Y entonces, recordó la escena que acababa de ver.
- ¡Los bandidos! - se dijo. - Han vuelto.
Sobrecogido en gran manera, sacó valor de donde no creía tenerlo, y desenvainó una daga. Pensó en Kat. Siempre pensaba en ella. El arbusto volvió a moverse y una sombra saltó sobre el granjero, que lanzó un grito de terror.
Era un conejo... Tan solo un conejo. El asustadizo animal huyó entre los
árboles, mientras Rab, caído sobre sus espaldas, comenzaba a cambiar por risa el súbito espanto.
- Mi cabeza me juega bromas - dijo en voz alta, y seguidamente, un gemido humano, lastimero, salido de lo más profundo del alma, le robó de nuevo la calma.
Del mismo arbusto donde había salido el conejo, se irguió un ser. En medio de la oscuridad, parecía ser una persona. Caminaba con dificultad, como si una de sus piernas fuese más corta que la otra. Lentamente se acercaba hacia el camino, donde la luz de la débil lámpara le daba en la cara al sorprendido granjero.
- Hola - dijo Rab, con una mezcla de asombro y terror en la garganta.
El hombre no emitió ni un sonido. Ya estaba más cerca. Casi en la luz. Y entonces, Rab le vió la cara... La cara que no tenía, pues donde una vez tuvo el rostro, solamente se observaba la mitad de la piel derroída por el ataque de algún animal salvaje, y en la otra mitad, la osamenta, con el cuenco vacío donde una vez estuviese el ojo derecho, se perdía en la oscuridad de la nada.
El ser levantó un brazo esquelético y señaló a Rab, mientras este se incorporaba como un resorte, detonado por el miedo. De entre las sombras empezaron a emerger más hombres, mujeres, niños... todos en igual condición, con la mirada perdida en las brumas de una noche infinita, pálidos, deformados, mutilados, con el rostro congelado en medio de una agonía que no termina.
Rab montó a su mula, la cual, sintiendo el horror que le rodeaba, echó a correr desbocada en medio de aquel asalto de ultratumba. Decenas de manos, brazos y garras desgarraban en pedazos la ropa del pobre Rab, que huía montaña adentro, perdiéndose en la noche, huyendo de aquel ejército de la muerte.
Las ramas de los árboles, similares a garras monstruosas, se avecinaban amenazantes sobre la humanidad del fugitivo, quien escapaba a todo galope entre peñas y valles.
Por fin, luego de varios minutos de huida, Rab pudo detenerse. Estaba perdido. No sabía en dónde se encontraba, pero por lo menos estaba seguro...
Y empezó a reconocer su entorno. Aquellos árboles... aquel camino oscuro y tortuoso que se perdía en la montaña... aquella enorme piedra blanca en medio del camino... el Camino de los Pinos...
El alma de Rab dio un vuelco de nuevo. Clavó las espuelas en los costados de su mula. Debía regresar pronto a Brill. Aquellos seres... ¿le habrían seguido? Y Kat... Si los zombis llegaban a Brill...
Su corazón tomó valor de nuevo. Debía llegar cuanto antes a la casona de la vieja MacReady. Debía advertirle a todo el pueblo. Debía llegar lo más pronto posible.
Decidió aligerar el peso, y con sumo pesar, lanzó los sacos repletos de grano al suelo. Uno de ellos se abrió, derramando su contenido sobre la tierra... y entonces, Rab pudo ver como la tierra misma se ennegrecía, volviéndose un limo verdoso que expedía un nauseabundo olor al aire.
- El grano... - se dijo, y su rostro se iluminó aterrorizado - ...¡EL GRANO!
Se volvió intempestivamente. Un ruido había llamado su atención. Se dio vuelta. Allí, a tan solo unos pasos de él, había una mujer. Vestía blancos vestidos, y una especie de aura azulada, fátua y lúgubre, rodeaba su silueta. Estaba pálida, como si toda su sangre hubiese sido vaciada sobre el suelo.
Y Rab recordó la leyenda de la novia despechada... Sacó su daga y se encomendó a la Luz, en la cual había dejado de creer hasta esa noche.
La mujer levantó los ojos, los ojos vacíos de la muerte, y se lanzó sobre Rab...
Cuando el granjero volvió en sí, lo primero que vio fue su mano, empuñando una daga con la hoja empapada de sangre. Frente a él, un cuerpo inerte, decapitado...
No podía perder más tiempo. Cabalgó cual rayo entre las llanuras y las montañas. Y por fin, allá adelante, se veía la granja de la vieja MacReady. Le volvieron las fuerzas, le volvió el alma al cuerpo, pero su sonrisa se fue esfumando poco a poco...
Toda la granja estaba a oscuras, salvo una pequeña fogata que ardía en las afueras... La tierra que rodeaba la propiedad... estaba negra, y el mismo limo verdoso se elevaba hacia el cielo como si fuera una profanación... Y entonces, se acordó de la mujer del camino... y se acordó de Kat.
Y no solo esa granja destilaba muerte, sino la siguiente... y la siguiente... y la siguiente... Todo Brill había sucumbido esa noche, la noche en que Rab Korsaff había muerto dos veces, porque en el preciso instante en que Rab caía de rodillas poseído por la locura y el dolor, cientos de los que alguna vez fueron hombres, mujeres, ancianos y niños, le rodearon, como si fuese una profecía...
* * *
- ¿Cuál es tu nombre? - preguntó la elfa, mientras sus ojos negros se perdían en lo que fueron los azules ojos de su nuevo aliado.
- Rab Korsaff - respondió el no-muerto, después de dudarlo un poco. - Mi hermana, Kat... ¿dónde está?
- No sé nada de esa hermana. Solamente que eres uno de los pocos que logramos despertar del hechizo. Ahora. estás a mi servicio. El Rey Lich ya no te controla. Yo soy Sylvannas, La Dama Oscura de los Forsaken, y de ahora en adelante, serás Rab Darkspell. ¿Sabes cuál es nuestra misión, Rab?
- Venganza - respondió secamente, y ambos, la banshee y el no-muerto, sonrieron.
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By Roderich (de wow-esp.com), basado en mi personaje de rol Rab Darkspell.
Nota: Para los que no entiendan el final, Sylvannas es la lider de los no-muertos 'buenos', que se deshicieron del hechizo de control mental que el Rey Lich (lider de los no-muertos 'malos') mantenia sobre todos ellos.
PD: Dedicado a Lady of Bodom... mas conocida como Lety Filth :P
Mi generacion
El objeto de esta misiva es la de reivindicar a una generación, la mía, la de todos aquellos que nacimos en los 80 (año arriba, año abajo, aunque más exactamente entre los 80 y el 86, ya que el 87 cumple esto sólo a medias). La de los que estamos currando de algo que nuestros padres ni podían soñar,la que vemos que el piso que compraron nuestros padres ahoravale 20 o 30 veces más.
La generación de los que estaremos pagando nuestra vivienda hasta los 50 años.Nosotros no estuvimos en la Guerra Civil, ni en mayo del 68, ni corrimos delante de los grises, no votamos la Constitución y nuestra memoria histórica comienza con las olimpiadas de 92.
Aunque no nacimos en una dictadura, siempre hemos tenido una conciencia democrática y la serie Cuéntame nos parece que es una mierda y que hace apología del franquismo.
Por no vivir activamente la Transición se nos dice que no tenemos ideales y sabemos de política más que nuestros padres y de lo que nunca sabrán nuestros hermanos pequeños y descendientes.
Somos la última generación que hemos aprendido a jugar en la calle a las chapas, la peonza, las canicas, la comba, la goma o el rescate .Y a la vez, somos la primera que hemos jugado a videojuegos, hemos ido a parques de atracciones o visto dibujos animados en color.
Los Reyes Magos no siempre nos traían lo que pedíamos, pero oíamos (y seguimos oyendo) que lo hemos tenido todo, a pesar de que los que vinieron después de nosotros sí lo tienen realmente y nadie se lo dice.
Se nos ha etiquetado de generación X y tuvimos que tragarnos bodrios como Historias del Kronen o Reality Bites, Melose place o Sensación de vivir ( te gustaron en su momento, vuélvelas a ver, verás que chasco). Lloramos con la muerte de Chanquete, con la puta madre de Marco que no aparecía, con las putadas de la Señorita Rottenmayer..
Nuestra primera canción del verano fue "Los Pajaritos" (1981). Somos una generación que hemos visto a Maradona hacer campaña contra la droga, que nos reímos de un anuncio que decía que si el Madrid era otra vez campeón de Europa, que durante un tiempo tuvimos al baloncesto como el primero de los deportes.
Hemos vestido vaqueros de campana, de pitillo, de pata de elefante y con la costura torcida; nuestro primer chándal era azul marino con franjas blancas en la manga y nuestras primeras zapatillas de marca las tuvimos pasados los 10 años.
Entramos al colegio cuando el 1 de noviembre era el día de Todos los Santos y no Halloween, cuando todavía se podía repetir curso, los ultimos en hacer bup y cou, los pioneros de la E.S.O. Somos los primeros en incorporarnos a trabajar a través de una ETT y los que no les cuesta un duro echarnos del curro.
Siempre nos recuerdan acontecimientos de antes que naciéramos, como si hubiéramos vivido nada histórico. Nosotros hemos oido lo que era el terrorismo contando chistes de Irene Villa, vimos caer el muro de Berlín y a Boris Yelsin borracho tocarle el culo a una secretaria; los de nuestra generación fueron a la guerra Bosnia,etc.) Cosa que nuestros padres no hicieron; Gritamos OTAN no bases fuera, sin saber muy bien qué significaba y nos enteramos de golpe un 11 de septiembre.
Aprendimos a programar el video antes que nadie, jugamos con el Spectrum,odiamos a Bill Gates, vimos a Perico Delgado anunciar los primeros móviles y creímos que Internet sería un mundo libre.
Somos la generación de Espinete, Don Pimpón y Chema, el panadero farlopero. Quién diría entonces que años más tarde,con España integrada en la UE, aquella niña morena habría de enseñar sus vergüenzas (Ruth Gabriel).
Los que recordamos a Enrique del Pozo cantando con ana (abuelito dime tu...) Los del incomparable "Planeador abajo" de Mazinger Z, los de Ulises 31, Los Caballeros del Zodiaco y Comando G (que nunca acabó de gustar a nadie).
Somos la generación que fuimos al cine a ver las películas de Parchís, que durante años creímos que el de rojo (como quien dice el de en medio de los Chichos ) era Enrique Búmbury. Los que crecieron escuchando a Europe y a ese grupete de imitadores que les salió, unos tal Bon Jovi.
Los de la explosión del Challenger, la cantada de Arkonada,Los mundos de Yupi y las pesetas rubias. Nos emocionamos con Superman, ET o En busca del Arca Perdida. Comiamos Phosquitos y los Tigretones eran lo mejor aunque aquello que empezaba (algo llamado Bollycao)no estaba del todo mal.
Somos la generación del Bocata, La Bola de Cristal (solo no puedes, con amigos sí), el Follow Me, "El coche fantastico", "Oliver y Benjí", "la abeja maya", "El hipnótico Planeta Imaginario", Los Toreros Muertos, La Orquesta Mondragón, el abrazafarolas del Butano y el Misissipi de Pepe Navarro con su inimitable Pepelu.
La generación de la quinta del buitre, de HugoSánchez, de Biriukov, Del Corral, Corbalán, Romay y que nos traumatizamos con las muertes de Fernando Martín y Petrovic (quién coño juega hoy en el Madrid de baloncesto?).
El 600 era el utilitario normal,el 124 un coche familiar y el 131 un berlina de lujo.El 23F nos parecio un buen dia por que no hubo clase y ponían películas por la tele.
Nuestro grito de guerra fue "Tigres, Leones, todos quieren ser los campeones" "como estan ustedes" y descubrimos a las mujeres gracias a los tirantes de una tal Miriam DiazAroca.La generacion que se cansó de la de ver las mamachichos. La generación a la que le entra la risa floja cada vez que tratan de vendernos que España es favorita para un mundial. La última generacion que veia a su padre poner la baca del coche hasta el culo de aletas para ir de vacaciones. La última generación de las litronas y los porros, y qué coño, la última generación cuerda que ha habido.
La verdad es que no sé cómo hemos podido sobrevivir a nuestra infancia!!!! Mirando atrás es difícil creer que estemos vivos en la España de antes:
Nosotros viajábamos en coches sin cinturones de seguridad traseros, sin sillitas especiales y sin air-bag, hacíamos viajes de 10-12h con cinco personas en un 600 o en un Renault 4 y no sufríamos el síndrome de la clase turista. No tuvimos puertas con protecciones, armarios o frascos de medicinas con tapa a prueba de niños.
Andábamos en bicicleta sin casco, ni protectores para rodillas ni codos. Los columpios eran de metal y con esquinas en pico, y jugábamos a "lo que hace la madre lo hacen los hijos", esto es a ver quien era el mas bestia. Pasábamos horas construyendo nuestros "vehículos" con trozos de rodamientos para bajar por las cuestas y sólo entonces descubríamos que nos habíamos olvidado de los frenos. Después de chocar con algún árbol, aprendimos a resolver el problema.
Jugábamos a "churro va" y al pañuelo y nadie sufrió hernias ni dislocaciones vertebrales. Salíamos por la mañana y volviamos cuando se encendían las luces de la calle. Nadie podía localizarnos. Eso si nos buscábamos maderas en los contenedores o donde fuera y hacíamos una caseta para pasar alli el rato.
No había móviles. Nos rompíamos los huesos y los dientes y no había ninguna ley para castigar a los culpables. Nos abríamos la cabeza jugando a guerra de piedras y no pasaba nada, eran cosas de niños y se curaban con mercromina (roja) y unos puntos y al día siguiente todos contentos. La mitad de los compañeros de clase tenía la barbilla rota o algún diente mellado, o alguna pedrada en la cabeza...
Tuvimos peleas y nos partíamos la cara unos a otros y aprendimos superarlo. Íbamos a clase cargados de libros y cuadernos, todo metido en una mochila que, rara vez, tenía refuerzo para los hombros y, mucho menos, ruedas!!! Comíamos dulces y bebíamos refrescos, pero no éramos obesos, si acaso alguno era gordo y punto. Compartimos botellas de refrescos y nadie se contagio de nada sólo nos contagiábamos los piojos en el cole, cosa que nuestras madres arreglaban lavándonos la cabeza con vinagre caliente).
No tuvimos Playstations, Nintendo 64, vídeo juegos, 99 canales de televisión, sonido surround, móviles, ordenadores e Internet, pero nos lo pasábamos de lo lindo tirándonos globos llenos de agua y arrastrandonos por los suelos destrozando la ropa.
Nosotros si tuvimos amigos. Quedábamos con ellos y salíamos.O ni siquiera quedábamos, salíamos a la calle y allí nos encontrábamos y jugábamos a las chapas, a la peonza, cambiabamos cromos, a las canicas, a la lima, al rescate...,en fin tecnología punta...
Íbamos en bici o andando hasta su casa y llamábamos a la puerta.Imagínate!, sin pedir permiso a los padres, y nosotros solos, allá fuera, en el mundo cruel! Sin ningún responsable! ¿Cómo lo conseguimos?
Hicimos juegos con palos, botellas y balones de fútbol improvisados, y comimos pipas y, aunque nos dijeron que pasaría, nunca nos crecieron en la tripa ni tuvieron que operarnos para sacarlas.
Bebíamos agua directamente del grifo de las fuentes de los parques, agua sin embotellar, donde chupaban los perros!!! Íbamos a cazar lagartijas y pájaros con la ,escopeta de perdigones o con el tirawebos, antes de ser mayores de edad y sin adultos, DIOS MÍO!!
En los juegos de la escuela, no todos participaban en los equipos. Los que no lo hacían, tuvieron que aprender a lidiar con la decepción. Algunos estudiantes no eran tan inteligentes como otros y repitieron curso. ¡Que horror, no inventaban exámenes extra! Y ligábamos con las chicas persiguiéndolas para tocarlas el culo y jugando a beso, verdad y atrevimiento, no en un chat diciendo :) :D :P
Éramos responsables de nuestras acciones y arreábamos con las consecuencias. No había nadie para resolver eso. La idea de un padre protegiéndonos, si trasgredíamos alguna ley, era inadmisible, si acaso nos soltaban un guantazo o un zapatillazo y te callabas. Tuvimos libertad, fracaso, éxito y responsabilidad, y aprendimos a crecer con todo ello.
PD: Extraido de un mail, autor desconocido. Respecto a lectores y lectoras que sean de generaciones posteriores, no ofenderos, se que el texto generaliza bastante... Aun asi, razon no le falta.
PD2: Fuimos los ultimos en crecer como niños... Un brindis por nosotros, niños de los 80.
La generación de los que estaremos pagando nuestra vivienda hasta los 50 años.Nosotros no estuvimos en la Guerra Civil, ni en mayo del 68, ni corrimos delante de los grises, no votamos la Constitución y nuestra memoria histórica comienza con las olimpiadas de 92.
Aunque no nacimos en una dictadura, siempre hemos tenido una conciencia democrática y la serie Cuéntame nos parece que es una mierda y que hace apología del franquismo.
Por no vivir activamente la Transición se nos dice que no tenemos ideales y sabemos de política más que nuestros padres y de lo que nunca sabrán nuestros hermanos pequeños y descendientes.
Somos la última generación que hemos aprendido a jugar en la calle a las chapas, la peonza, las canicas, la comba, la goma o el rescate .Y a la vez, somos la primera que hemos jugado a videojuegos, hemos ido a parques de atracciones o visto dibujos animados en color.
Los Reyes Magos no siempre nos traían lo que pedíamos, pero oíamos (y seguimos oyendo) que lo hemos tenido todo, a pesar de que los que vinieron después de nosotros sí lo tienen realmente y nadie se lo dice.
Se nos ha etiquetado de generación X y tuvimos que tragarnos bodrios como Historias del Kronen o Reality Bites, Melose place o Sensación de vivir ( te gustaron en su momento, vuélvelas a ver, verás que chasco). Lloramos con la muerte de Chanquete, con la puta madre de Marco que no aparecía, con las putadas de la Señorita Rottenmayer..
Nuestra primera canción del verano fue "Los Pajaritos" (1981). Somos una generación que hemos visto a Maradona hacer campaña contra la droga, que nos reímos de un anuncio que decía que si el Madrid era otra vez campeón de Europa, que durante un tiempo tuvimos al baloncesto como el primero de los deportes.
Hemos vestido vaqueros de campana, de pitillo, de pata de elefante y con la costura torcida; nuestro primer chándal era azul marino con franjas blancas en la manga y nuestras primeras zapatillas de marca las tuvimos pasados los 10 años.
Entramos al colegio cuando el 1 de noviembre era el día de Todos los Santos y no Halloween, cuando todavía se podía repetir curso, los ultimos en hacer bup y cou, los pioneros de la E.S.O. Somos los primeros en incorporarnos a trabajar a través de una ETT y los que no les cuesta un duro echarnos del curro.
Siempre nos recuerdan acontecimientos de antes que naciéramos, como si hubiéramos vivido nada histórico. Nosotros hemos oido lo que era el terrorismo contando chistes de Irene Villa, vimos caer el muro de Berlín y a Boris Yelsin borracho tocarle el culo a una secretaria; los de nuestra generación fueron a la guerra Bosnia,etc.) Cosa que nuestros padres no hicieron; Gritamos OTAN no bases fuera, sin saber muy bien qué significaba y nos enteramos de golpe un 11 de septiembre.
Aprendimos a programar el video antes que nadie, jugamos con el Spectrum,odiamos a Bill Gates, vimos a Perico Delgado anunciar los primeros móviles y creímos que Internet sería un mundo libre.
Somos la generación de Espinete, Don Pimpón y Chema, el panadero farlopero. Quién diría entonces que años más tarde,con España integrada en la UE, aquella niña morena habría de enseñar sus vergüenzas (Ruth Gabriel).
Los que recordamos a Enrique del Pozo cantando con ana (abuelito dime tu...) Los del incomparable "Planeador abajo" de Mazinger Z, los de Ulises 31, Los Caballeros del Zodiaco y Comando G (que nunca acabó de gustar a nadie).
Somos la generación que fuimos al cine a ver las películas de Parchís, que durante años creímos que el de rojo (como quien dice el de en medio de los Chichos ) era Enrique Búmbury. Los que crecieron escuchando a Europe y a ese grupete de imitadores que les salió, unos tal Bon Jovi.
Los de la explosión del Challenger, la cantada de Arkonada,Los mundos de Yupi y las pesetas rubias. Nos emocionamos con Superman, ET o En busca del Arca Perdida. Comiamos Phosquitos y los Tigretones eran lo mejor aunque aquello que empezaba (algo llamado Bollycao)no estaba del todo mal.
Somos la generación del Bocata, La Bola de Cristal (solo no puedes, con amigos sí), el Follow Me, "El coche fantastico", "Oliver y Benjí", "la abeja maya", "El hipnótico Planeta Imaginario", Los Toreros Muertos, La Orquesta Mondragón, el abrazafarolas del Butano y el Misissipi de Pepe Navarro con su inimitable Pepelu.
La generación de la quinta del buitre, de HugoSánchez, de Biriukov, Del Corral, Corbalán, Romay y que nos traumatizamos con las muertes de Fernando Martín y Petrovic (quién coño juega hoy en el Madrid de baloncesto?).
El 600 era el utilitario normal,el 124 un coche familiar y el 131 un berlina de lujo.El 23F nos parecio un buen dia por que no hubo clase y ponían películas por la tele.
Nuestro grito de guerra fue "Tigres, Leones, todos quieren ser los campeones" "como estan ustedes" y descubrimos a las mujeres gracias a los tirantes de una tal Miriam DiazAroca.La generacion que se cansó de la de ver las mamachichos. La generación a la que le entra la risa floja cada vez que tratan de vendernos que España es favorita para un mundial. La última generacion que veia a su padre poner la baca del coche hasta el culo de aletas para ir de vacaciones. La última generación de las litronas y los porros, y qué coño, la última generación cuerda que ha habido.
La verdad es que no sé cómo hemos podido sobrevivir a nuestra infancia!!!! Mirando atrás es difícil creer que estemos vivos en la España de antes:
Nosotros viajábamos en coches sin cinturones de seguridad traseros, sin sillitas especiales y sin air-bag, hacíamos viajes de 10-12h con cinco personas en un 600 o en un Renault 4 y no sufríamos el síndrome de la clase turista. No tuvimos puertas con protecciones, armarios o frascos de medicinas con tapa a prueba de niños.
Andábamos en bicicleta sin casco, ni protectores para rodillas ni codos. Los columpios eran de metal y con esquinas en pico, y jugábamos a "lo que hace la madre lo hacen los hijos", esto es a ver quien era el mas bestia. Pasábamos horas construyendo nuestros "vehículos" con trozos de rodamientos para bajar por las cuestas y sólo entonces descubríamos que nos habíamos olvidado de los frenos. Después de chocar con algún árbol, aprendimos a resolver el problema.
Jugábamos a "churro va" y al pañuelo y nadie sufrió hernias ni dislocaciones vertebrales. Salíamos por la mañana y volviamos cuando se encendían las luces de la calle. Nadie podía localizarnos. Eso si nos buscábamos maderas en los contenedores o donde fuera y hacíamos una caseta para pasar alli el rato.
No había móviles. Nos rompíamos los huesos y los dientes y no había ninguna ley para castigar a los culpables. Nos abríamos la cabeza jugando a guerra de piedras y no pasaba nada, eran cosas de niños y se curaban con mercromina (roja) y unos puntos y al día siguiente todos contentos. La mitad de los compañeros de clase tenía la barbilla rota o algún diente mellado, o alguna pedrada en la cabeza...
Tuvimos peleas y nos partíamos la cara unos a otros y aprendimos superarlo. Íbamos a clase cargados de libros y cuadernos, todo metido en una mochila que, rara vez, tenía refuerzo para los hombros y, mucho menos, ruedas!!! Comíamos dulces y bebíamos refrescos, pero no éramos obesos, si acaso alguno era gordo y punto. Compartimos botellas de refrescos y nadie se contagio de nada sólo nos contagiábamos los piojos en el cole, cosa que nuestras madres arreglaban lavándonos la cabeza con vinagre caliente).
No tuvimos Playstations, Nintendo 64, vídeo juegos, 99 canales de televisión, sonido surround, móviles, ordenadores e Internet, pero nos lo pasábamos de lo lindo tirándonos globos llenos de agua y arrastrandonos por los suelos destrozando la ropa.
Nosotros si tuvimos amigos. Quedábamos con ellos y salíamos.O ni siquiera quedábamos, salíamos a la calle y allí nos encontrábamos y jugábamos a las chapas, a la peonza, cambiabamos cromos, a las canicas, a la lima, al rescate...,en fin tecnología punta...
Íbamos en bici o andando hasta su casa y llamábamos a la puerta.Imagínate!, sin pedir permiso a los padres, y nosotros solos, allá fuera, en el mundo cruel! Sin ningún responsable! ¿Cómo lo conseguimos?
Hicimos juegos con palos, botellas y balones de fútbol improvisados, y comimos pipas y, aunque nos dijeron que pasaría, nunca nos crecieron en la tripa ni tuvieron que operarnos para sacarlas.
Bebíamos agua directamente del grifo de las fuentes de los parques, agua sin embotellar, donde chupaban los perros!!! Íbamos a cazar lagartijas y pájaros con la ,escopeta de perdigones o con el tirawebos, antes de ser mayores de edad y sin adultos, DIOS MÍO!!
En los juegos de la escuela, no todos participaban en los equipos. Los que no lo hacían, tuvieron que aprender a lidiar con la decepción. Algunos estudiantes no eran tan inteligentes como otros y repitieron curso. ¡Que horror, no inventaban exámenes extra! Y ligábamos con las chicas persiguiéndolas para tocarlas el culo y jugando a beso, verdad y atrevimiento, no en un chat diciendo :) :D :P
Éramos responsables de nuestras acciones y arreábamos con las consecuencias. No había nadie para resolver eso. La idea de un padre protegiéndonos, si trasgredíamos alguna ley, era inadmisible, si acaso nos soltaban un guantazo o un zapatillazo y te callabas. Tuvimos libertad, fracaso, éxito y responsabilidad, y aprendimos a crecer con todo ello.
PD: Extraido de un mail, autor desconocido. Respecto a lectores y lectoras que sean de generaciones posteriores, no ofenderos, se que el texto generaliza bastante... Aun asi, razon no le falta.
PD2: Fuimos los ultimos en crecer como niños... Un brindis por nosotros, niños de los 80.





