La debilidad de las cosas saladas
Pensamientos, viñetas y escritos breves...


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“La vida es una trampa y nos empujaron a ella”
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Me veo rodeado de seres que caminan sin rumbo fijo.
De hecho, ni yo mismo sé qué ruta sigo.

Me veo interrogado y juzgado por personas inseguras, por tristes figuras de porcelana.
Nunca me gustó demasiado la porcelana excepto cuando la encuentro en forma de plato, junto a los cubiertos de plata, en alguna cena de categoría.

(Foto: Henri Cartier-Bresson)
 
Espontáneos


Somos espontáneos y surgimos por arte de magia de entre los cabellos de las personas.
Algunos dicen que somos partículas de un perfume de Carolina Herrera aunque yo creo que sólo somos ilusiones que volamos sentadas en pequeños cohetes de plexiglás.

Somos una suma de oportunidades que reclaman con voz alta un corazón que las acoja.

Somos una ruta a seguir. De hecho, hay muchas personas que se inspiran en nosotros y nosotras para escribir sus textos.

Somos también unos apellidos que no están reflejados en ningún documento de identidad. Quizá porque nuestra identidad es lo de menos.

Sólo nos importa el sabor de los labios de las personas que amamos.

Sólo deseamos encerrarnos todos juntos en una habitación sin aire y besarnos hasta morir de placer.

Y es que el oxígeno nos estorba y hace tiempo que nos dimos cuenta de que en el mundo quizá no haya las suficientes piedras para cubrir todas las vías de tren…

(Foto: Philip Greenspun)
 
Todo es cuestión de abrir los prados (y es que eres como una fortaleza)


Abriré los prados con una llave cualquiera.
Me diste la receta para cargarme todas las puertas de tu alma y, una vez dentro, me di cuenta de que estaba completamente a oscuras.

Abriré los prados con una llave de papel.
Como las que los niños fabrican, con un poco de imaginación, embuchados en esas tristes batas a cuadros que llevan en los colegios.

¿Te fijaste alguna vez que sólo los colegios y las cárceles tienen rejas a su alrededor?

Presiento que a partir de ahora no me funcionará ningún truco para entrar en ti. Ni ninguna llave ni martillo. Y es que eres como una fortaleza.

Y me sabe mal, puesto que dentro de ti es el único sitio donde quiero estar…

(Foto: Kim Hwayong)
 
Acidez y tempestad


Te escondiste y no quisiste salir más.
Como aquellas hormigas asustadas que encontrábamos en los cuartos de baño de las pensiones baratas...

Te escondiste y no me dejaste ni tu nuevo número de teléfono. De todos tampoco pensaba llamarte; me cansé de ir detrás de ti así como tú también te cansaste de mí.

Hoy miro hacia atrás (es algo que me gusta hacer cada cierto tiempo) y me doy cuenta de que los cambios siempre son para mejor. En principio puede que no lo parezca, pero siempre son para mejor…

¿Qué habría sido de nosotros de haber seguido con nuestro contacto absurdo?
La verdad es que importa poco. Porque a lo que no ha sido tampoco hay que darle demasiado valor, ¿no?
 
Trastienda cerrada por fuga de su propietario


Me comentaste hace unas semanas que la trastienda de tu vida estaba llena de recuerdos, de personas y de sugerencias frustradas.

Me comentaste que te gustaría poder tener pequeñas alas distribuidas por todo el cuerpo para poder racionar así tu vuelo auténtico, no sólo ese tipo de vuelo espiritual que te mantiene en las nubes la mayor parte del tiempo.

También me planteaste una situación absurda, más cercana a nuestro ideal (y eso lo sabes tú bien) que a la realidad que compramos en bolsas de un kilo en el colmado de la esquina.

Creo que no me abrazaré esta vez a ninguna de tus raras fantasías.

Creo que esta vez sólo me abrazaré a la primera farola que encuentre encendida el siguiente día de lluvia esperando que mis lágrimas se confundan con el agua.

(Foto: Roy DeCarava)
 
La importancia que tú le das


Me gustan los detalles, siempre he pensado que en ellos reside la diferencia entre lo bueno y lo mejor, lo difícil y lo fácil, etc.

Me gusta también la sencillez y alguna palabra que de vez en cuando tenga algo que ver con lo que quiero oír (aunque no siempre es necesario, no temas).

También me gusta apreciar (al menos creo que estoy en una mínima disposición para ello) una conversación espontánea, relajada y pretendidamente trascendente.

Estas son las cosas que quizá tengan más importancia para mí en este momento, en el que Miles está descomponiendo el “head” de Stella by Starlight en mi cabeza…

No sé. No tengo la sensación de que todo esto tenga demasiada importancia para ti.
Y creo que por fin ha llegado el momento en el que me dé igual. ¿No crees?

(Foto: Jeff Sedlik)

 
Disculpe, ¿podría indicarme dónde reside la Firmeza, por favor?


El callejero de mi ciudad tiene aspecto triste: todas las calles parecen llevar hacia tu casa.
Tengo la sensación de que no por mucho andar voy a llegar más lejos.
También tengo la sensación de que tengo que cambiar de ciudad, como mínimo de “ciudad mental”.
Construir nuevas rutas, nuevos itinerarios, nuevos taxistas y nuevas catedrales góticas en otro nuevo imaginario.
Quizá ahora sí vaya bien encaminado.
El único (y pequeño) problema es que no sé muy bien dónde diablos guardé el manual de instrucciones para construir este nuevo mundo…

(Foto: Kim Hwayong)
 
Aglomeración


Antes era cauto, hoy ya me da igual.
Me miro en el cristal y aún me reconozco, no sé hasta cuándo.

No me importa demasiado que la calle esta esté tan inclinada hacia abajo.
La gravedad me atrae, la de la física y la de los hechos.

Suerte que aún me queda algo de aire para respirar.
Mientras esté a mi alcance (y me acuerde), seguiré cerrando mis ojos cada noche (o mañana) pensando en ti.

(Foto: Kim Hwayong)
 
Two and one goes


Hendrix tenía un tema llamado “two in one goes”.

algunas vidas se resumen realmente con la frase “two and one goes” o, como decían en aquella película de Garci (Asignatura Pendiente), “eran nones y no llegaban a 3”.

lo único detestable de la soledad es si llega cuando no estás preparado para ella o cuando no la deseas en absoluto.

en caso contrario, es seguramente el estado ideal de hoy, aquí.

(Ilustración: Mark Ryden)
 
La arteria principal


Noto el vacío existencial, la resaca poderosa de recuerdos y las ganas de que todo esto acabe para poder volver a perderme por ahí con tranquilidad y sin obsesiones ni manías persecutorias.

Siento también lo difícil que es escribirte una carta, no tengo ya casi nada que contarte.
No me quedan tampoco ganas de hacer otra suma de letras y palabras por la noche para tirarlas a la papelera al levantarme al día siguiente.

Quiero desconectar, apagar el interruptor que conecta mis voluntades y mis aspiraciones para quedar flotando en desidia y la apatía.

Quizá el nihilismo no sea mi única razón de ser pero sí que me ayuda a que todo lo que me rodea sea un poco más leve.

(Foto: Ruth Bernhard)
 
Parque sí


Te busco en este parque, sé que solías venir a pasear por aquí.
Miro entre los árboles, quizá tu bufanda aún cuelgue de alguna rama seca.
Sigo también las pisadas en el suelo esperando hallar algún rastro de tus sandalias de verano.
Algo me dice que andas cerca; quizá sólo sea un producto de mi maltrecha imaginación aunque prefiero pensar que es obra de un destino que todavía lleva tu nombre.

(Foto: Nick Ladd)
 
El último hábitat de la sonrisa


Esta mañana he terminado, por fin, de hacer la última de mis maletas.
Mis amigos dicen que sí, que ya estoy preparado.
Tengo en mis manos una brújula de hojalata y un mapa de plastilina y en mi mente un solo objetivo claro y concreto: descubrir el último hábitat de la sonrisa.

He llamado ya a un taxi de esos con cohetes adosados a los lados. Espero que mi intuición y la presumible colaboración del amable conductor del vehículo me ayuden a encontrar lo que busco…

(Foto: Andrzej Dragan)