<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><feed version="0.3" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns="http://purl.org/atom/ns#"><title><![CDATA[La debilidad de las cosas saladas]]></title><link rel="" type="" href="" title=""/><link rel="http://blogs.ya.com/bohemiachampain/atom.xml" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/bohemiachampain/atom.xml" title="La debilidad de las cosas saladas"/><id><![CDATA[ID]]></id><tagline><![CDATA[Pensamientos, viñetas y escritos breves]]></tagline><generator><![CDATA[http://www.ya.com]]></generator><entry><title><![CDATA[bailar un tango en tu cocina]]></title><link rel="La debilidad de las cosas saladas" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/bohemiachampain/atom.xml" title="La debilidad de las cosas saladas"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200701]]></issued><modified><![CDATA[200701]]></modified><created><![CDATA[200701]]></created><summary><![CDATA[bailar un tango en tu cocina]]></summary><author><name><![CDATA[Marcel·lí Bayer]]></name></author><dc:subject><![CDATA[bailar un tango en tu cocina]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/bohemiachampain/c_177.htm"><![CDATA[<a href="http://www.pix8.net/pro/pic.php?u=17436RdTB7&i=1004115"><img src="http://www.pix8.net/pro/pic.php?u=17436RdTB7&i=1004115" border="0"></a><br/><br/>tu cocina,<br/>tu habitación, el aseo,<br/>las puertas que se abren, las puertas que nos cerramos; <br/>el balcón a tanta altura que desafía mi vértigo constante <br/>y <br/>tú y yo, solos los dos, en tu piso de estudiante.<br/><br/>los demás se han marchado ya, parece que pronto serán las once de la mañana.<br/><br/>no tengo ni idea de si hoy hace sol o de si, por el contrario, vuelve a llover.<br/><br/>y el refugio son tus manos, tus brazos que me abrazan, los míos que te toman<br/>y<br/>ese viejo transistor que emite, sin dejar de agonizar entre estas cuatro paredes pequeñas, una colección de tangos de Gardel.<br/><br/><b> (Foto: Elliott Erwitt) </b>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[Los cuidados de unidades intensas]]></title><link rel="La debilidad de las cosas saladas" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/bohemiachampain/atom.xml" title="La debilidad de las cosas saladas"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200701]]></issued><modified><![CDATA[200701]]></modified><created><![CDATA[200701]]></created><summary><![CDATA[Los cuidados de unidades intensas]]></summary><author><name><![CDATA[Marcel·lí Bayer]]></name></author><dc:subject><![CDATA[Los cuidados de unidades intensas]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/bohemiachampain/c_176.htm"><![CDATA[<a href="http://www.pix8.net/pro/pic.php?u=17436RdTB7&i=996670"><img src="http://www.pix8.net/pro/pic.php?u=17436RdTB7&i=996670" border="0"></a><br/><br/>Inaugurar el año nuevo en una unidad de cuidados intensivos no es tarea fácil.<br/><br/>Es más bien algo absurdo, una burla del destino que nos atrapa, a veces; nos centrifuga los pulmones y arroja lo que queda por los acantilados repletos de ambulancias, bolsas con suero, cánulas y desgaste mental por doquier.<br/><br/>Inaugurar el año nuevo en sí ya no es tarea fácil, nadie dijo que lo iba a ser.<br/><br/>Las unidades de cuidados intensivos son pequeñas, frías y poco personales. Doce compartimentos para hacerte sentir claustrofobia. La ventana de la unidad da al pasillo, repleto de carritos con gasas y material esterilizado en plásticos blandos.<br/>En una U.C.I. eres como una máquina, como un coche. Tus órganos son bujías y tus manos un volante. Te arreglan el carburador o te cambian el aceite, y tu cerebro resulta ser de embrague.<br/><br/>Cuando llego allí, a sentirte cada día y entro por la puerta (cuando sus horarios me lo autorizan), me vienen dos ideas a la cabeza:<br/><br/>Que las paredes deberían ser de color naranja.<br/><br/>Y que en todas las unidades de cuidados intensivos del planeta, fuera año nuevo o fuera cualquier otro día, debería de sonar música de Bach.<br/><br/><b> (Foto: Adriana Lestido) </b>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[un pequeño pozo hedonista-radical]]></title><link rel="La debilidad de las cosas saladas" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/bohemiachampain/atom.xml" title="La debilidad de las cosas saladas"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200612]]></issued><modified><![CDATA[200612]]></modified><created><![CDATA[200612]]></created><summary><![CDATA[un pequeño pozo hedonista-radical]]></summary><author><name><![CDATA[Marcel·lí Bayer]]></name></author><dc:subject><![CDATA[un pequeño pozo hedonista-radical]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/bohemiachampain/c_175.htm"><![CDATA[<a href="http://www.pix8.net/pro/pic.php?u=8212WBOa3&i=994155"><img src="http://www.pix8.net/pro/pic.php?u=8212WBOa3&i=994155" border="0"></a><br/><br/>soy un varón sin cabeza ni manos ni juicio ni tela para ponerlo en.<br/><br/>formamos, entre todos los varones sin cabeza ni manos ni juicio ni tela para ponerlo en, un obstáculo gigante para quienes piensan que no pensar es la solución a los problemas que no existen.<br/><br/>los problemas quizá no existan pero de si algo estoy seguro es de que hoy vuelve a hacer sol y de que mañana tú te marcharás y de que pasado quizá ya sólo me queden fuerzas para dormir e hibernarme un poco más. <br/><br/>en este pequeño pozo hedonista-radical en el que se ha convertido mi existencia.<br/><br/><b> (Foto: Madhu Reddy) </b>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[La pasta]]></title><link rel="La debilidad de las cosas saladas" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/bohemiachampain/atom.xml" title="La debilidad de las cosas saladas"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200612]]></issued><modified><![CDATA[200612]]></modified><created><![CDATA[200612]]></created><summary><![CDATA[La pasta]]></summary><author><name><![CDATA[Marcel·lí Bayer]]></name></author><dc:subject><![CDATA[La pasta]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/bohemiachampain/c_174.htm"><![CDATA[<a href="http://www.pix8.net/pro/pic.php?u=8212WBOa3&i=988180"><img src="http://www.pix8.net/pro/pic.php?u=8212WBOa3&i=988180" border="0"></a><br/><br/>Leo en el periódico que una anciana, viuda, murió sola en su piso, situado a unos doscientros metros de mi habitación, y que dejó una herencia increíble de doce-millones-de-euros.<br/><br/>Dicha anciana no tenía ni televisor, ni aspirador, ni lavavajillas, ni horno y su asistenta limpiaba a mano, fregaba a mano, cocinaba a mano, funcionaba a mano.<br/><br/>La anciana ofrecía sopitas de ajo a sus visitas y los domingos repartía tres lotes de veinticinco-pesetas (quince-céntimos-de-euro) a tres mendigos que mendigaban a la puerta de la iglesia.<br/><br/>La anciana tenía una fortuna enorme, pero nadie lo sabía. <br/>Pisos, edificios, acciones de bolsa, todo el fruto de la acción de ahorrar de manera compulsiva a lo largo de toda su vida.<br/><br/>Murió y nadie reclamó la herencia. Sólo un sobrino suyo hizo el intento pero murió al cabo de poco tiempo; era demasiado mayor para vivir bien, parece ser.<br/><br/>Lo que más me ha emocionado, sin embargo, es su manera de celebrar la navidad.<br/>Una vez viuda, sola, se sentaba en la mesa de su comedor el día señalado y compartía la fecha con sus muñecas de la infancia.<br/><br/>¡Con sus muñecas de la infancia!<br/><br/><br/>Con sus muñecas,<br/><br/><br/>de la infancia...<br/><br/><b> (Foto: Adriana Lestido) </b>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[La bala]]></title><link rel="La debilidad de las cosas saladas" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/bohemiachampain/atom.xml" title="La debilidad de las cosas saladas"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200611]]></issued><modified><![CDATA[200611]]></modified><created><![CDATA[200611]]></created><summary><![CDATA[La bala]]></summary><author><name><![CDATA[Marcel·lí Bayer]]></name></author><dc:subject><![CDATA[La bala]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/bohemiachampain/c_173.htm"><![CDATA[<a href="http://www.pix8.net/pro/pic.php?u=8212WBOa3&i=981426"><img src="http://www.pix8.net/pro/pic.php?u=8212WBOa3&i=981426" border="0"></a><br/><br/>G. es como una bala.<br/>Se comporta peor que una bala. Es rápido, ágil, voraz.<br/><br/>Siempre tiene hambre.<br/>Y trepa por las paredes si no encuentra (una sola) explicación (uniforme) a (todas) sus dudas.<br/><br/>G. es algo más que un disparo que nos atraviesa y nos alimenta.<br/>Viene a ser como la suma sincera de nuestros miedos al fracaso, nuestras horas de sueño acumuladas y nuestras ganas de volar.<br/><br/>G. es como una colección de huevos, como un pedazo de esparadrapo que se suelta de un dedo herido.<br/><br/>G. es mi bala favorita.<br/>Y su pólvora, mi respuesta (definitiva) a (todas) mis preguntas constantes pero carentes de consistencia.<br/><br/><b> (Foto: Flo Fox) </b>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[Algún resultado de revista]]></title><link rel="La debilidad de las cosas saladas" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/bohemiachampain/atom.xml" title="La debilidad de las cosas saladas"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200611]]></issued><modified><![CDATA[200611]]></modified><created><![CDATA[200611]]></created><summary><![CDATA[Algún resultado de revista]]></summary><author><name><![CDATA[Marcel·lí Bayer]]></name></author><dc:subject><![CDATA[Algún resultado de revista]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/bohemiachampain/c_172.htm"><![CDATA[<a href="http://www.pix8.net/pro/pic.php?u=17436RdTB7&i=975033"><img src="http://www.pix8.net/pro/pic.php?u=17436RdTB7&i=975033" border="0"></a><br/><br/>De los balcones de las calles que cruzan con la de mi casa, la gente arroja velas a la acera.<br/>Cera caliente como símbolo de las lágrimas que vierten cada noche, en sus lechos, al encontrarse con los hechos en los que han convertido su vida.<br/><br/>Un abrazo sin pasión, un par de anillos que se repiten en cada par de manos, unos cuadros sin significado y demasiado descoloridos, unas palabras vacías, unos hijos que cada día regresan más de noche a casa.<br/><br/>De los balcones de las calles que cruzan con las de mi casa, la gente sólo arroja lo único que les queda por arrojar. <br/>Cera caliente, como la de sus oídos que cada día pierden más capacidad y se llenan con más pelos blancos; cera caliente como las que ellas usan al depilarse sus piernas, desesperanzadas porque parecen ya no tener función.<br/><br/>Y es que los abrazos sin pasión serán lo peor que existe pero las historias de alcobas felices son el engaño máximo al cual sólo el mínimo de uniones sobreviven.<br/><br/>Seremos siempre un desastre si nos vendemos solamente a la tradición.<br/><br/><b> (Foto: Adriana Lestido) </b>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[Piernas]]></title><link rel="La debilidad de las cosas saladas" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/bohemiachampain/atom.xml" title="La debilidad de las cosas saladas"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200610]]></issued><modified><![CDATA[200610]]></modified><created><![CDATA[200610]]></created><summary><![CDATA[Piernas]]></summary><author><name><![CDATA[Marcel·lí Bayer]]></name></author><dc:subject><![CDATA[Piernas]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/bohemiachampain/c_171.htm"><![CDATA[<a href="http://www.pix8.net/pro/pic.php?u=8212WBOa3&i=969498"><img src="http://www.pix8.net/pro/pic.php?u=8212WBOa3&i=969498" border="0"></a><br/><br/>Aprendí a observarte al cruzar la calle sentado en los peldaños de un banco de crédito de nuestra ciudad.<br/>Pasabas de noche, sobre las 24 horas. Cada día del mundo.<br/><br/>Yo dormía sobre cartones, cada noche (del mundo). Un par de periódicos hacían las veces de manta y una amable vecina me traía un vaso con aspirina para aguantar mis constantes dolores de cabeza. Mezclada con vino, la aspirina adquiría una dimensión nueva, divertida.<br/><br/>Una noche te paraste ante mí, me miraste mi barba pelirroja y me quitaste, con tus largas uñas, un par de migas de pan de los pelos de mi cara.<br/><br/>Me hablaste, convencida:<br/><br/>-Nene, tú eres así. Como una miga que se soltó de un pan enorme. Seca, podrida.<br/><br/>-Hm –dije –¿quizá eres tú algo mucho mejor?<br/><br/>-Sí, un enorme beso –y me lo diste, en los labios.<br/><br/>Sabías a Martini. Yo, a brik de vino.<br/><br/>-Sabes a Martini, nena.<br/><br/>-Puede. ¿Conoces un grupo que se llama Pink Martini?<br/><br/>-No.<br/><br/>-Tú sabes a vino, por cierto.<br/><br/>-Puede. ¿Conoces a Kartón de vino?<br/><br/>-Hm, no.<br/><br/><br/>Y el próximo beso ya nos lo dimos en tu cama. <br/><br/>Fue como un brindis extremo; mientras te comía tus sofisticadas piernas clase-alta me acabé de emborrachar de mis propios recuerdos clase-punk.<br/><br/><b> (Foto: Nils Jorgensen) </b><br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[mientras, hagamos girar el mundo hasta la semana que viene]]></title><link rel="La debilidad de las cosas saladas" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/bohemiachampain/atom.xml" title="La debilidad de las cosas saladas"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200610]]></issued><modified><![CDATA[200610]]></modified><created><![CDATA[200610]]></created><summary><![CDATA[mientras, hagamos girar el mundo hasta la semana que viene]]></summary><author><name><![CDATA[Marcel·lí Bayer]]></name></author><dc:subject><![CDATA[mientras, hagamos girar el mundo hasta la semana que viene]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/bohemiachampain/c_170.htm"><![CDATA[<a href="http://www.pix8.net/pro/pic.php?u=8212WBOa3&i=961819"><img src="http://www.pix8.net/pro/pic.php?u=8212WBOa3&i=961819" border="0"></a><br/><br/>Ella pone un guiso en el fuego, a fuego lento, y se pone a mirar por la ventana una vez la olla reposa sobre el gas.<br/><br/>Desde la ventana se ven vacas, pinos, abetos, una nube llena de lluvia y cuatro caseríos cubiertos de escarcha.<br/><br/>Alguien susurra su nombre en la habitación de al lado.<br/>Este alguien se acerca y aparece por la puerta de la cocina envuelto en un albornoz marrón.<br/>Y la abraza, y la besa. Y la mira y parece que va a decir algo pero calla en el instante preciso.<br/><br/>Huele a perejil y a pimienta.<br/><br/>Y a cebolla recién picada.<br/><br/>Parece que hará frío hoy, en Galicia.<br/><br/><b> (Foto: Matushka Medouz) </b>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[acerca de la lentitud]]></title><link rel="La debilidad de las cosas saladas" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/bohemiachampain/atom.xml" title="La debilidad de las cosas saladas"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200609]]></issued><modified><![CDATA[200609]]></modified><created><![CDATA[200609]]></created><summary><![CDATA[acerca de la lentitud]]></summary><author><name><![CDATA[Marcel·lí Bayer]]></name></author><dc:subject><![CDATA[acerca de la lentitud]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/bohemiachampain/c_169.htm"><![CDATA[<a href="http://www.pix8.net/pro/pic.php?u=17436RdTB7&i=956746"><img src="http://www.pix8.net/pro/pic.php?u=17436RdTB7&i=956746" border="0"></a><br/><br/>Mi amigo I. me cuenta que una vez, después de discutir con su novia, le estuvo pegando, a modo de terapia, a una farola de la calle hasta que un nudillo se hundió dentro de su mano izquierda maltrecha.<br/><br/>Mi amigo I. dice que otra vez, al cabo de una semana, cayó sobre el escenario de un concierto tras un concierto, dando una voltereta y rompiéndose su pierna derecha en el acto.<br/><br/>Mi amigo I. dice que en ese momento una chica desconocida se le acercó y le preguntó que si se encontraba bien. Y que lo acompañó al hospital al ver la situación.<br/>Y, una vez allí, los médicos no la dejaron entrar en urgencias y esperó tres horas fuera mientras mi amigo I. era atendido y su pierna enyesada.<br/>I. y la chica se fueron luego, a las once de la mañana, a casa de ella, en las afueras de la gran ciudad y mi amigo I. le hizo el amor apoyado sólo sobre su mano derecha y su pierna izquierda cuando le “tocaba” ponerse arriba.<br/><br/>Mi amigo I. me lo cuenta y me sonríe. Su mirada está perdida; por sus labios han pasado muchos otros y su estómago ha engullido quizá demasiada cerveza.<br/><br/>Su mente va más lenta de lo habitual y tengo la sensación de que me escupe sus pensamientos de uno en uno, sin reticencia pero con esfuerzo.<br/><br/>Y es que a veces, sólo a veces, la gente lenta es discriminada por los supuestos atletas de la rapidez intelectual, nosotros, ataviados con nuestros disfraces de grandes pensadores cuando en realidad lo que deseamos es poder unirnos la cola de personas que suspiran para llegar a vivir la mitad de lo que ha vivido mi amigo I.<br/><br/><b> (Foto: Marcel·lí Bayer) </b>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[Y-griega]]></title><link rel="La debilidad de las cosas saladas" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/bohemiachampain/atom.xml" title="La debilidad de las cosas saladas"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200609]]></issued><modified><![CDATA[200609]]></modified><created><![CDATA[200609]]></created><summary><![CDATA[Y-griega]]></summary><author><name><![CDATA[Marcel·lí Bayer]]></name></author><dc:subject><![CDATA[Y-griega]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/bohemiachampain/c_168.htm"><![CDATA[<a href="http://www.pix8.net/pro/pic.php?u=17436RdTB7&i=943099"><img src="http://www.pix8.net/pro/pic.php?u=17436RdTB7&i=943099" border="0"></a><br/><br/>Y-griega juega con las paradojas, me hace saltar de una en otra hasta hacerme creer que en verdad yo también soy una paradoja, una especie de holograma con pelo, camiseta, jeans y una cerveza de marca en la mano.<br/><br/>Los chistes absurdos los agotamos en cuestión de minutos y pronto nos damos cuenta de que lo único que nos queda es el olor a hierba de pueblo mojada de noche por la caída de temperaturas y un grupo interminable de farolas alienadas a lo largo de la carretera que nos conduce de vuelta a nuestra granja-escuela.<br/><br/>Y-griega me comenta una serie de conceptos sobre el ser humano; el contenido parece ser lo de menos puesto que mi cabeza, tímida ella, se pone a flotar entre la forma: entre sus giros idiomáticos argentinos, italianos, sus frases compuestas, expresiones, sintagmas, locuciones sin traducción, etc.<br/><br/>Y-griega insiste: tómatelo de quien viene, me dice.<br/><br/>Y yo sigo pensando en que la noche en esta ciudad es como un juego interminable y caprichoso. A la que te das la vuelta y miras el reloj de tu compañero de travesía te das cuenta de que vuelven a ser las seis de la mañana y que mañana toca madrugar otra vez.<br/><br/>Y encadeno así los días, en el norte de Europa, por espacio de una semana. Sin rumbo.<br/><br/>Enterrando mis problemas de salud en noches de dormir poco y en el pelo de muchachas de pelo largo. <br/><br/>Con sus camisetas, calcetines y cordones de zapatos a rayas y con una mirada que me encadena definitivamente a ellas y a su música; cada tango tocado se convertirá, progresivamente, en un nuevo eslabón de ropa blanda y cada palabra callada, en nuestra sentencia de cara al día en el que nos vengan a recoger definitivamente del lugar.<br/><br/><b> (Foto: Aleksandr Zhadan) </b><br/><br/><br/>]]></content></entry></feed>
