logotipo

img_google
Crónicas de desamor


Uno siempre duerme solo. Todo lo más, uno se duerme y se despierta en compañía
Acerca de

Soy Acuario y como tal, soy sincera, altruista, libre y activa. Intuitiva, fantasiosa, crítica, a veces divertida y agradable, siempre repleta de intereses y de ideas creativas. Simpatica, charlatana, aunque algo tímida, curiosa y moderna. Me gusta la cultura y viajar. Siempre estoy dispuesta a ayudar a los demás, lo que hace meterme en más de un lio. Defecto, uno entre demasiados: soy exageradamente libre.

Mi hombre ideal debe ser inteligente, tolerante, divertido, sincero y, básicamente, amigo.

Y siento adoración por los gatos, aunque creo que ya se nota.

Geo Visitors Map
 
DEJARSE LLEVAR

Me he acostumbrado a conseguir mis citas a través del chat. Es divertido, y cómodo. Puedes conocer mejor a una persona después de unas cuantas conversaciones por el Messenger y saber, de antemano, si es agradable, inteligente, divertido, sexy, atractivo, sincero(?)… todo antes de encontrarme con él –que en realidad son las características que me hacen aceptar o no aceptar una cita-.

Mi sexto sentido me hace acertar bastante en mis elecciones, pues aunque tal vez me hayan fallado después, al menos esa noche o algunas más, han estado a la altura de las circunstancias y han sido agradables, inteligentes, divertidos, sexys, atractivos, sinceros (?)…

El sábado pasado no tenía intención de salir, con este frío ahí fuera… Pero me conecté y acepté a alguien que se me quería agregar. Después de unos minutos charlando, pocos minutos, me dijo de encontrarnos.

- ¿Tan pronto? –le dije sorprendida
- Creo que tengo tanta competencia por delante, que si no espabilo…

Nunca hasta ahora he aceptado salir con alguien con quien aun no haya podido detectar esas características necesarias para poder parecerme interesante, pero esta vez lo hice, quizá porque no quería quedarme en casa, no sé. Quedamos en que en una hora pasaba a recogerme.

Mientras intentaba pensar qué ponerme, qué estilo utilizar… me preguntaba si estaba haciendo bien, tal vez iba a encontrarme con alguien a quien no le supiera ver ningún atractivo esa noche, y ¿cómo debía comportarme entonces?, estaba algo acojonada, casi por primera vez. Sólo había una cosa que me llamaba la atención y que era decisioria: era negro, y … ¡cuántas ganas tenía de acostarme con un chico de color!.

Cuando me subí al coche –¡qué coche!- y me encontré a ese chicarrón –vaya pedazo de negro- se me pasaron todas las dudas, estaba segura de que había acertado en mi elección.

- ¿Dónde quieres ir? –me dijo
- Me da igual, te dejo elegir.
- Eso es muy peligroso decírselo a un hombre. Luego no te quejes.

No me quejé, pero me quedé algo cortada cuando se dirigió directamente a un hotel. “Así, ¿sin ni una charla, sin ni una copa?” pensé yo. Pero me dejé llevar, me apetecía.

Cuando salió de la ducha, con ese cuerpo moreno (parecía un armario de cuatro puertas), envuelto en la pequeña toalla blanca… acabé de estar segura de lo que estaba haciendo. Habíamos hablado poco, pero habíamos dejado claro que no estábamos buscando compromisos, ninguno de los dos, así que cuando después de todo me miró y me dijo: “¿Quieres tener algo serio conmigo?”, me quedé a cuadros, y se me hubiera caído el tanga al suelo, de haberlo llevado puesto.

No sé si volveré a verlo o no, pero lo cierto, es que por primera vez en estos encuentros –salvo Marcos- he sentido un cosquilleo al pensar en él al día siguiente.
 
¡QUE HIVERNE TU PADRE!

Tengo una tortuga de agua que un día encontré abandonada en un parque; luego supe que la habían abandonado porque mordía a su compañera de estanque, y no sabían que hacer con ella.

De eso hace tres años. La tengo en una caja con agua, y cuando ha llegado el invierno se ha enterrado en el jardín y de allí no ha salido hasta que ha llegado la primavera. Bueno, eso ha sido estos dos últimos años.

Hace unos días la saqué del agua y la dejé suelta para que ella misma escogiera donde hivernar. Mi sorpresa fue grande cuando, al llegar a casa, la encontré caminando tranquilamente por el salón. ¿Por donde había entrado?. Así estuvimos tres días: yo sacándola al jardín, y encontrándola después dentro de casa.

El otro día oi un ruido, fui a ver, y me encontré a la tortuga con el caparazón hacia abajo, intentando volverse a colocar en su posición. Había entrado por la gatera, que tiene una buena altura, y la pobre, casi se rompe el cuello. Así que, compadecida por el esfuerzo que cada día le estaba obligando a hacer, la he dejado dentro de casa.

Hoy he puesto la cama donde duerme el perro. La tenía guardada hasta que llegara el frío, pues la perra durante el verano prefiere pegar la barriga en el suelo. Cual no sería mi sopresa cuando me he encontrado a la perra durmiendo, y a su lado... la tortuga.

Está claro que este año la tortuga ha pensado: ¡enterrada en el jardín que hiverne tu padre!.
 
SI EL AMOR TE DA LA ESPALDA, TOCALE EL CULO
Eso es lo que pone la camiseta que me acabo de comprar y, definitivamente, me encanta.

Aunque yo no me atreveria tocarle el culo a un amor que justo acaba de darme la espalda, porque yo soy de aquellas a las que no les gusta molestar, y si algo se acaba, pues nada, a asumirlo.

Yo llevo bien eso de los abandonos, pues si no busco ningún compromiso, entonces tampoco tengo que pretender que alguien dure mucho tiempo a mi lado. Y como dijo un amigo el otro día: todo son ciclos. Si un hombre se va, viene otro, así que tampoco hay que dramatizar. Además, las primeras citas, los primeros besos, el volver a contar tu vida a alguien, el escuchar nuevas situaciones y nuevas experiencias.... pues todo eso entretiene.

Lo que dice Sabina es mi leiv motiv: (....) yo no quiero contigo ni sin ti, yo lo que quiero, corazon cobarde, es que mueras por mi.

Asi que, la proxima vez, intentare tocarle el culo.
 
CON GANAS DE DARLE OTRO AIRE A MI VIDA

Después de 10 años de fidelidad y después de una reciente separación decidí que tenía que desempolvar un poco el juego de la seducción y el redescubrir lo que era empezar un flirteo y todo lo que de ello se desprende.

Mis contactos los hacía a través de Internet, demasiado tiempo fuera de circulación me habían desacostumbrado a salir por ahí.

Un día me encontré con Marcos en la red. Nuestro primer encuentro virtual no fue demasiado bueno, se desprendía de su conversación que era alguien rebelde, inconformista con todo, con la sociedad, la familia, en general, con la vida.

Me contó que no tenía pareja porque se cansaba de todo. Nuestra conversación fue deteriorando hasta el punto que le dije que seguramente no tenía pareja porque nadie le podría aguantar, y corté la comunicación, creyendo que nunca más volvería a ponerme en contacto con él.

Al día siguiente me mandó un correo, una larga carta y llena de sentimiento, donde se disculpaba por su actitud el día anterior, y donde, aparte de un poema me decía:

“Fui torpe y me di aires de importante, cuando lo único importante para mí eres tú. Espero que no se acabe esto que justo acababa de empezar, pues he presentido que puede ser algo intenso”.

¿Qué debió pasar por mi cabeza, que sentimientos pasaron por mi corazón para volver a dejarlo entrar?. No lo sé, no lo sabía entonces, ni lo sé ahora, pasados dos años, cuando aún sus palabras me siguen emocionando.

Su carácter sigue siendo retraído, igual de rebelde, igual de solitario, muchas veces incapaz de describir sus emociones, sólo me dice que me quiere cuando me escribe. La última vez, después de hacer el amor sonó un mensaje en mi móvil. Era él: “sólo quería decirte que te quiero mucho”.