¿Por qué serán tan caros si casi siempre están dispuestos?

No soy de las que cuando dice no es sí, o al revés.
Las cosas han de ser claras. Pero esa noche, no lo tenía yo tan claro. El chico estaba para mojar pan, moreno, ojos verdes, buen cuerpo, divertido, simpático, inteligente. ... Me había dado su nombre (bueno, los dos, el de guerra y el verdadero), se llamaba R....., pero no sé si ese era el de verdad o no, aunque eso ahora no importa.
Una vez en casa se dirigió a mi cuarto y encima de la cama vio un gato.
- Soy alérgico a los gatos –soltó (vaya, ya empezaban los problemas).
Nos fuimos al salón, yo seguía sin saber qué hacer. Tenía miedo de que después de todos los arrumacos y demás, me soltara un: “son 900 euros”, que ahora sé que es lo que me hubiera costado una hora de su servicio. Bueno, 150.000 pelillas de las de entonces.
Supongo que empezó a impacientarse un poco porque al final me agarró, me tiró sobre el sofá, de espaldas, sin apenas casi desnudarse, y zas.... la metió por allí donde aún no había entrado nunca nada ni nadie :S. Siempre he pensado que fue una semiviolación consentida, ya que aunque le estaba diciendo que no, en realidad lo estaba deseando. Y que entrara por ahí sin ningún tipo de lubricante, sin dolerme, y que encima me gustara, supongo que algo de excitación había por mi parte :).
Se levantó, se recompuso la ropa y se dirigió a la puerta.
- Te llamaré –dijo (y se fue estornudando, por eso de la alergia a los gatos).
Y suerte que no soltó lo de “son 900 euros”, porque a ver quien tiene 900 euros en el cajón de su casa (difícilmente los tengo yo en el Banco), y además .... ¿aceptarán tarjetas?.
A la boda fui sola. Me volví a sentar en una mesa con 4 parejas más. Y encima, los novios, después de una extraña danza, vinieron a mi mesa a dejarme a mí el ramo. ¡Más vergüenza todavía!. Lo curioso es que al año siguiente me casé yo.
Un día, estando en casa, volvió a sonar el teléfono:
- Hola, soy R...., ¿te acuerdas de mí?.
- ¡Cómo olvidarte!
- He pensado mucho en ti todo ese tiempo... pero he estado fuera del país durante una buena temporada ...
Bueno, mucho no debería haber pensado si tardó dos años en volverme a llamar. Le conté que me había casado y que acababa de tener un niño, así que todo quedó en eso, en una anécdota de una noche. Pero ahora sé que si quiero pasar una hora con alguno de ellos, debo ahorrar durante meses, y ... ¡ya no hablemos de la tarifa por día completo !!!.
¿CUÁNTO COSTARÁ UN GIGOLÓ?
Pocas veces he sido de relaciones duraderas, así que cuando llegó la época en que mis amigas se casaran, ya estaba algo cansada de tener que presentarme siempre sola a la boda, ser la única chica sola de la mesa entre varias parejas y el tener que oír: “con lo mona que eres y no tienes novio...”. Así que cuando se casó mi mejor amiga decidí que en esa boda no iba a ir sola, pero por otro lado tampoco tenía a ningún amigo especial al que me gustara llevar ese día, y se me ocurrió la idea de un gigoló.
Me pareció una idea divertida ir acompañada de alguien atractivo que se desviviera por mis huesos (aunque fuera todo ficticio). Son caros, pero ya me lo haría entrar en los gastos que supone asistir a la boda de tu mejor amiga. El problema estaba en que no tenía ni idea de donde conseguirlo, y por esos tiempos aún no utilizábamos Internet (cuando escribo esto, si alguien me lee, debe pensar que soy Matusalén; para nada, lo que sucede es que hace pocos años estábamos muy atrasados, aunque no nos lo parezca).
Había muchas revistas donde, en la sección de contactos, estaba el chico busca chica, chica busca chico, chica busca amigo, ..., varios. Ahí fue donde le encontré, en “varios”. No había ni teléfono en ese tipo de anuncios, sólo cartas que mandar a unos apartados de correos, así que me animé y le escribí una a un chico que se ofrecía como acompañante. Le conté lo de la boda, le dije que ni idea de cómo funcionaba esto ni de lo que me podría costar, pero que me dijera un poco de cómo iba el tema. Luego, aprovechando que estaba puesta en materia de escribir, le mandé otra a un chico que buscaba chica con la que salir a tomar algo.
A los pocos días, ya de noche, recibí una llamada.
- Hola, me mandaste una carta para quedar un día...
- Ah, sí, ¿qué tal?.
Y así empezamos a hablar y hablar, y viendo que había feeling en la conversación, él me dijo de quedar a tomar algo esa misma noche, que pasaba a recogerme enseguida, aunque añadió:
- Soy mulato, ¿te importa?.
- No, para nada, en media hora estoy lista.
Pasó a recogerme y era un chico super atractivo, mulato, pero mezcla de hindú con egipcio ..., vestido con traje, gafitas, pelo engominado, alto, delgado.... Nos fuimos a tomar unas copas, y sentados en la barra de un bar desde donde se divisaba toda la ciudad, seguíamos charlando animadamente hasta que dijo:
- Me encantó tu carta, la encontré muy divertida. ¿Así que tienes una boda?.
¿Una boda? ¡yo sólo le había contado lo de la boda al gigoló!. Mecagüen la mar, estaba con el gigoló y yo tan normal creyendo que había quedado con el otro chico. ¡Qué vergüenza!, porque una cosa es alquilarlo y la otra tenerlo allí por sorpresa y hablando de majaderías. Al poco rato salimos de allí y me acompañó hasta casa. En la puerta se acercó a besarme (¿y si me cobraba?, ¡a lo mejor él creía que ya lo había contratado, aunque todavía no habíamos hablado de precios!), yo lo encontraba un chico genial, pero ... ¿aquello estaba dentro o fuera de contrato?.
- ¿No me vas a invitar a subir?
Aquello era una lucha conmigo misma. Además, no estaba dispuesta a pagar a un chico por una noche cualquiera, aunque estuviera tan bueno y fuera tan agradable. Pero subió, la cosa se fue calentando, y mi cabeza pasaba del sí al no, del no al sí. Al final fue sí, claro. No voy a entrar en detalles hoy, sólo diré que no me cobró (por suerte).
Me pareció una idea divertida ir acompañada de alguien atractivo que se desviviera por mis huesos (aunque fuera todo ficticio). Son caros, pero ya me lo haría entrar en los gastos que supone asistir a la boda de tu mejor amiga. El problema estaba en que no tenía ni idea de donde conseguirlo, y por esos tiempos aún no utilizábamos Internet (cuando escribo esto, si alguien me lee, debe pensar que soy Matusalén; para nada, lo que sucede es que hace pocos años estábamos muy atrasados, aunque no nos lo parezca).Había muchas revistas donde, en la sección de contactos, estaba el chico busca chica, chica busca chico, chica busca amigo, ..., varios. Ahí fue donde le encontré, en “varios”. No había ni teléfono en ese tipo de anuncios, sólo cartas que mandar a unos apartados de correos, así que me animé y le escribí una a un chico que se ofrecía como acompañante. Le conté lo de la boda, le dije que ni idea de cómo funcionaba esto ni de lo que me podría costar, pero que me dijera un poco de cómo iba el tema. Luego, aprovechando que estaba puesta en materia de escribir, le mandé otra a un chico que buscaba chica con la que salir a tomar algo.
A los pocos días, ya de noche, recibí una llamada.
- Hola, me mandaste una carta para quedar un día...
- Ah, sí, ¿qué tal?.
Y así empezamos a hablar y hablar, y viendo que había feeling en la conversación, él me dijo de quedar a tomar algo esa misma noche, que pasaba a recogerme enseguida, aunque añadió:
- Soy mulato, ¿te importa?.
- No, para nada, en media hora estoy lista.
Pasó a recogerme y era un chico super atractivo, mulato, pero mezcla de hindú con egipcio ..., vestido con traje, gafitas, pelo engominado, alto, delgado.... Nos fuimos a tomar unas copas, y sentados en la barra de un bar desde donde se divisaba toda la ciudad, seguíamos charlando animadamente hasta que dijo:
- Me encantó tu carta, la encontré muy divertida. ¿Así que tienes una boda?.
¿Una boda? ¡yo sólo le había contado lo de la boda al gigoló!. Mecagüen la mar, estaba con el gigoló y yo tan normal creyendo que había quedado con el otro chico. ¡Qué vergüenza!, porque una cosa es alquilarlo y la otra tenerlo allí por sorpresa y hablando de majaderías. Al poco rato salimos de allí y me acompañó hasta casa. En la puerta se acercó a besarme (¿y si me cobraba?, ¡a lo mejor él creía que ya lo había contratado, aunque todavía no habíamos hablado de precios!), yo lo encontraba un chico genial, pero ... ¿aquello estaba dentro o fuera de contrato?.
- ¿No me vas a invitar a subir?
Aquello era una lucha conmigo misma. Además, no estaba dispuesta a pagar a un chico por una noche cualquiera, aunque estuviera tan bueno y fuera tan agradable. Pero subió, la cosa se fue calentando, y mi cabeza pasaba del sí al no, del no al sí. Al final fue sí, claro. No voy a entrar en detalles hoy, sólo diré que no me cobró (por suerte).
Fiona a las 7.30 h versus Fiona a las 23.00 h.
Son las 7.30 de la mañana. Ha sonado el despertador. Evidentemente tengo sueño, pero no me queda más remedio que levantarme. Hago el recorrido diario: enciendo la luz del cuarto de los niños, bajo a abrir la puerta para que el perro salga, me persiguen los cuatro gatos pidiéndome comida, vuelvo a subir, me meto en el baño y me miro en el espejo.A esas horas de la mañana me veo bien. El pelo revuelto (pero en realidad lo llevo así todo el día), no se me ven las bolsas de los ojos (desde que me hice la micropigmentación mis ojos tienen mejor aspecto), mi piel se ve lisa, sin imperfecciones. Llevo la camiseta y la ropa interior y miro mi estómago. Se ve liso, no me veo gorda; me doy la vuelta, y aunque tengo un culo considerable, creo que se ve bastante bien. Me siento con energía y ánimo para empezar la maratón de lo que va a ser el día. Soy como la Fiona del principio de Shrek.
A partir de ahí es como si me dieran el pistoletazo de salida. Limpieza de dientes, ducha, vestirme, ver como andan los niños, dar de comer a los gatos, la pastilla diaria del perro y su comida especial para perros con problemas de corazón, recoger los platos de la cena, preparar los desayunos, llamar mil veces a los niños para que bajen a desayunar, prepararles las mochilas, acompañarlos hasta la puerta, coger el casco, la moto y salir disparada hacia el trabajo.
Entro en la oficina, el teléfono ya está sonando, la mesa llena de papeles, mil cosas por hacer, sigue sonando el teléfono, que a veces más que una secretaria de dirección parezco el teléfono de la esperanza. Uff, se me ha pasado la hora del desayuno, me cojo una pasta de la máquina (que aunque voy a buscar los palitos integrales, acabo saliendo con el bizcocho de chocolate). Mas teléfono, más papeles, más faxes…. Es la hora de comer, tengo una hora, pero en media hora estoy de vuelta en la oficina, y más de lo mismo.
Es la hora, salgo corriendo. De camino paso por el supermercado, voy apresurada entre los pasillos viendo como la gente se detiene con parsimonia ante los productos, yo tengo prisa, voy cogiendo y metiéndolo en la cesta, no sea que después no pueda cargar con todo. Otra vez he cogido demasiado, casi no puedo con las bolsas hasta casa. Llego, abro la puerta, me salen los perros, los gatos, los niños. Lo dejo todo y les digo que tengo que volver a salir, tengo que ir al hospital (tengo un familiar a quien debo dar la cena). Les digo a los niños que regreso en cuanto termine. Cojo el coche, 20 km hasta el hospital, llego allí, intento parecer tranquila y relajada, pero la verdad es que por la cabeza no dejan de pasarme las mil cosas que aun tengo por hacer). Traen la cena, se la doy lo más buenamente que sé y le digo que debo irme pues los niños se han quedado solos en casa.
Vuelta a coger el coche. 20 km más. Llego a casa, abro la puerta, de nuevo los perros, los gatos, los niños. Tienen hambre, me pongo a hacer la cena, ya ni pienso en todo lo que tendría que hacer, lo dejaré para mañana. Vacío las mochilas, toallas, el kimono de judo, el chándal de gimnasia, todo para lavar. Consigo que los niños se metan en la cama, recojo los platos, los juguetes, pongo un poco la casa más o menos en orden mientras intento no pisar a perros y gatos que se me cruzan entre las piernas. Apago las luces, subo por enésima vez las escaleras, aunque seguro que no será la última vez esta noche...
Son las 11.00 de la noche. Me empiezan a apretar los vaqueros y decido cambiarlos por pantalones elásticos de deporte. Me miro al espejo. Se me marca la ropa interior y más parezco el hombre michelín que nada. Mi pelo también aparece alborotado, pero aplastado por el casco y sucio. Me miro el estómago, lo tengo hinchado, si me pongo de perfil me aparece una barriguita como la que tenía cuando estaba embarazada de tres meses. Acerco mi cara al espejo, empiezan a salirme granitos (del estrés, imagino), si los toco, se me hinchan y enrojecen, debajo de los ojos hay una sombra oscura…. Creo que estoy convirtiéndome en Fiona cuando anochece. Todas las noches me convierto en Fiona y lo único que me apetece es meterme en la cama otra vez, a ver si cuando amanece vuelvo a ser la Fiona que andaba buscando a su príncipe azul.
SUBIDA DE MORAL
¡Que fácil es hacerme feliz!. Ya terminadas estas fiestas que tanta gente aborrece, sea por el motivo que sea, me he reencontrado con mis cosas cotidianas, el trabajo, los problemas de peso, las dificultades económicas, mis amigos de siempre…
Mis amigos me han llamado. D fue el primero (el chico de color de quien había hablado algún otro día), me mandó un mensaje al msn diciéndome que se sorprendía lo mucho que me echaba de menos, y añadía un TQM, que no porque crea que sea cierto, dejaba de aumentar mi moral.
A me mandó un sms diciéndome que le apetecía mucho que fuéramos juntos a donde le habían llevado estos días, para acabar añadiendo que a ver cuando podíamos vernos.
J también me mandó un sms. A la pregunta de “¿cómo estás?” y a la respuesta de “Tirandillo”, se quedó preocupado por si tenía algún problema y él podía hacer algo por solucionarlo.
La verdad, yo que en realidad soy bastante positiva, me di cuenta de que no sé a que vienen esos bajones absurdos de moral, cuando tengo poco de qué quejarme. Tengo buena salud, un trabajo que me gusta, dos hijos estupendos que me quieren un montón, buena relación con mi ex marido, un piso donde me siento muy cómoda, algunos problemillas económicos, eso sí, pero tampoco nada que no tenga un montón de gente con una hipoteca y dos hijos a su cargo, tengo amigos que me valoran y me aprecian, y lo mejor de todo es que tengo ganas de seguir teniéndolos.
El otro día leí que según la teoría de los instantes previos, siempre es mejor lo que está a punto de pasar que lo realmente acaba pasando. Y que el mejor momento de una relación de pareja es cuando aún no ha empezado. Así que esto es lo que me sucede con O. Quien, por cierto, también me dejó un sms.
Mis amigos me han llamado. D fue el primero (el chico de color de quien había hablado algún otro día), me mandó un mensaje al msn diciéndome que se sorprendía lo mucho que me echaba de menos, y añadía un TQM, que no porque crea que sea cierto, dejaba de aumentar mi moral.
A me mandó un sms diciéndome que le apetecía mucho que fuéramos juntos a donde le habían llevado estos días, para acabar añadiendo que a ver cuando podíamos vernos.
J también me mandó un sms. A la pregunta de “¿cómo estás?” y a la respuesta de “Tirandillo”, se quedó preocupado por si tenía algún problema y él podía hacer algo por solucionarlo.
La verdad, yo que en realidad soy bastante positiva, me di cuenta de que no sé a que vienen esos bajones absurdos de moral, cuando tengo poco de qué quejarme. Tengo buena salud, un trabajo que me gusta, dos hijos estupendos que me quieren un montón, buena relación con mi ex marido, un piso donde me siento muy cómoda, algunos problemillas económicos, eso sí, pero tampoco nada que no tenga un montón de gente con una hipoteca y dos hijos a su cargo, tengo amigos que me valoran y me aprecian, y lo mejor de todo es que tengo ganas de seguir teniéndolos.
El otro día leí que según la teoría de los instantes previos, siempre es mejor lo que está a punto de pasar que lo realmente acaba pasando. Y que el mejor momento de una relación de pareja es cuando aún no ha empezado. Así que esto es lo que me sucede con O. Quien, por cierto, también me dejó un sms.
NOVIEMBRE DULCE (la película)
Cuando vi esa película de Keanu Reeves, pensé en lo identificada que me sentía con la protagonista, y no porque vaya a morirme, por suerte gozo de muy buena salud (y toco madera), sino por la brillante idea de empezar cada mes una nueva relación, con todo lo bueno que ello implica.
No fue el propósito que me hice para el año 2005, ya que no suelo marcarme propósitos ese día, conociendo ya que nunca los voy a cumplir. No obstante, puede decirse que este año he emulado a Charlize Theron. Quizá no les he dedicado tanto tiempo como ella, pero tampoco he pretendido nunca que fueran tan sólo un revolcón.
Así empezaba el esbozo de post que intentaba escribir, pero a la hora de enumerar los meses, aunque realmente tenía nombre para darles, me di cuenta de que casi ninguno había cumplido mis expectativas. Utopía quizá. Creo que lo que busco es imposible de encontrar, así que no llegué a terminar mi post.
Enero Amargo. Hoy me siento algo triste. Realmente los Reyes Magos no me trajeron nada, y con nada no me estoy refiriendo a algo material, con valor económico, sino .... nada, de nada. Y me he dado cuenta de que no es que haya sido bastante buena este año pasado, sino que lo que he sido es bastante tonta, lo cual aún me cabrea más que no el hecho de no haber tenido ningún regalo.
Ayer estuve pensando en ello y me vinieron ganas de cerrar todos mis correos del messenger, porque es muy fácil escribir: “Fulanito dice: pase lo que pase siempre tendrás en mí un amigo”. Más fácil es no cumplirlo. He leído muchas frases en este año que ha pasado, pero ahora me doy cuenta de que todo esto no tiene mucho sentido. Y por la noche, en lugar se sentarme delante del ordenador a ver a quien encontraba, me fui directamente a los blogs, fui leyendo uno detrás de otro, enlazando con algunos que aún no había leído nunca, sus historias me enganchaban hasta tal punto que me leía los posts desde el inicio para poder seguir el hilo, algunos me hicieron reir, otros, incluso llorar, y muchos entretener, que de eso es de lo que se trata. Creo que me voy a viciar de eso ahora, que es bastante más sano y menos doloroso.
CARTA A LOS REYES MAGOS
Mis hijos llevaban días pidiéndome que escribiéramos la carta a los Reyes Magos, y la verdad, a estas alturas del día 3 de enero, creo que ya tocaba. Como que últimamente me estoy volviendo un poco perezosa, les he dicho que como somos tan modernos y los Reyes Magos también, este año la mandaremos por Internet.Una vez había pulsado el “enviar”, y un amable Rey con barba rojiza me decía que acababa de recibir nuestra carta y se disponía a leerla, me he encontrado con una nueva carta en blanco, y he decidido escribirles este año yo también.
Aparte de los consabidos deseos de salud, dinero y amor, en este orden, que no por consabidos ni típicos, dejan de ser importantes, les he pedido dos cosas. La primera, un pasaje de avión a León para conocer a O el próximo fin de semana. Pero me temo, que a estas alturas, ya como que no me lo van a traer.
Quizá es que los Reyes crean que no he sido muy buena, pero yo creo que no he sido tan mala.
Es cierto que he deseado que le pasara algún “incidente” a mi jefe. No muy grave, pero que le jodiera un poco, eso sí (bueno, esto lo pensé hasta que conseguí cambiar de trabajo). También se lo deseé a mi compañera, que aunque me había dicho que nada cambiaría aunque ahora ella estuviera sobre mí, al día siguiente ya había prohibido que yo viera cualquier documento antes que ella (pero si ella no tenía puñetera idea de lo que era un documento !).
Pero a parte de esto, he sido buena. Le he dado una buena cantidad de dinero a mi ex para que diera la entrada de su piso (Dios sabe los años que me quedan ahora para saldar eso con el banco). También le he prestado dinero para que se comprara los muebles del salón, sabiendo que no lo recuperaré nunca (así los niños aceptarán pasar tardes del sábado con él, no teniendo que ver la tele tumbados en un colchón en el suelo).
No he mentido a ninguno de mis amigos-amantes, bueno, sólo a uno, y una sola vez, pero fue para no lastimarlo (tampoco él es un dechado de virtudes).
Es cierto también que he tenido deseos y pensamientos impuros, pero eso no hace daño a nadie (al contrario, ha divertido a quien se los he contado).
Entonces, ¿por qué los Reyes no me traerán lo que les he pedido? ¿tal vez el mismo O les ha susurrado al oído que no lo hagan?. En fin, como no quería encontrarme con la desagradable sorpresa de levantarme la mañana de Reyes y encontrarme que junto al rótulo con mi nombre sólo había un saquito de carbón, me he pedido un segundo regalo: un tratamiento de micropigmentación para los ojos, sí, eso de que no tenga que hacerme más la raya... Sé que es mucho más banal, pero ya he dicho que me estoy volviendo muy perezosa.
Además, me han asegurado que me durará dos años al menos. Mucho más de lo que me duran los amores.
¿POR QUE TODO ES TAN DIFICIL?
La última vez que hablamos le dije que yo no solía enamorarme. El estaba deprimido, había estado toda la tarde tumbado en el sofá preguntándose por el sentido de la vida.
Yo también lo hago a veces, pero no suele durarme demasiado el bajón. El me decia que a veces echaba de menos a alguien que le diera un empujon para avanzar.
- ¿Qué haces tú con los sentimientos? -me decía.
- El problema es no tenerlos, eso es lo que me deprime a mí.
- Yo sería incapaz de no sentir.
Yo sí siento, no con la intensidad que desearía, pero también le dije que cuando me enamoro no soy yo, pierdo todo el encanto. El lo dudaba, pero yo estoy convencida de ello.
Hace veinte días que no sé nada de él. Sí, me ha mandado tres mensajes al móvil, uno de ellos deseándome feliz navidad, pero no hemos hablado nada.
Mentiría si dijera que no estoy interesada en O. ¿Es por eso que quizá he perdido el encanto ya para él?. No sé que cara tiene, sin embargo, estoy pendiente de tener noticias suyas, más que de cualquier otra persona.
- ¿Qué pasaría si te enamoraras de mí el día que me conocieras? -me dijo ese último día.
No sé porque tengo ganas de verlo, no sé porque siempre pienso en él, no sé porque estoy pendiente de si nos encontraremos, tal y como habíamos dicho. Quizá tengo un sentimiento nuevo. Pero también, quizá, como otras muchas veces, de poco me sirva, porque ya he dicho que cuando me enamoro, dejo de ser yo.
Yo también lo hago a veces, pero no suele durarme demasiado el bajón. El me decia que a veces echaba de menos a alguien que le diera un empujon para avanzar.
- ¿Qué haces tú con los sentimientos? -me decía.
- El problema es no tenerlos, eso es lo que me deprime a mí.
- Yo sería incapaz de no sentir.
Yo sí siento, no con la intensidad que desearía, pero también le dije que cuando me enamoro no soy yo, pierdo todo el encanto. El lo dudaba, pero yo estoy convencida de ello.
Hace veinte días que no sé nada de él. Sí, me ha mandado tres mensajes al móvil, uno de ellos deseándome feliz navidad, pero no hemos hablado nada.
Mentiría si dijera que no estoy interesada en O. ¿Es por eso que quizá he perdido el encanto ya para él?. No sé que cara tiene, sin embargo, estoy pendiente de tener noticias suyas, más que de cualquier otra persona.
- ¿Qué pasaría si te enamoraras de mí el día que me conocieras? -me dijo ese último día.
No sé porque tengo ganas de verlo, no sé porque siempre pienso en él, no sé porque estoy pendiente de si nos encontraremos, tal y como habíamos dicho. Quizá tengo un sentimiento nuevo. Pero también, quizá, como otras muchas veces, de poco me sirva, porque ya he dicho que cuando me enamoro, dejo de ser yo.





