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Crónicas de desamor


Uno siempre duerme solo. Todo lo más, uno se duerme y se despierta en compañía
Acerca de

Soy Acuario y como tal, soy sincera, altruista, libre y activa. Intuitiva, fantasiosa, crítica, a veces divertida y agradable, siempre repleta de intereses y de ideas creativas. Simpatica, charlatana, aunque algo tímida, curiosa y moderna. Me gusta la cultura y viajar. Siempre estoy dispuesta a ayudar a los demás, lo que hace meterme en más de un lio. Defecto, uno entre demasiados: soy exageradamente libre.

Mi hombre ideal debe ser inteligente, tolerante, divertido, sincero y, básicamente, amigo.

Y siento adoración por los gatos, aunque creo que ya se nota.

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Ese loco que te mira
Un sms como el tuyo no merece ni respuesta, por eso no te la voy a hacer llegar, pero eso no quita que no tenga necesidad de sacarla de dentro de mí.

No me considero tonta, pero en realidad, ahora soy incapaz de entender cuál era el juego.

Carta para no ser enviada:

“Te conocí en noviembre, un sábado por la noche, en un chat internacional, pero resultó que vivías a 11 km de mi ciudad. Esa noche hablamos desde las 12.15 hasta las 3 de la madrugada. Hablamos de los dos, de nuestros trabajos, amigos, y demás; y yo te dije que no te preguntaba si tenías novia, pues quien está un sábado por la noche chateando, se supone que no la tiene, o como mínimo, que no vive con ella. Esa misma noche me invitaste a salir cualquier día.
- Si quieres un día te invito al cine y, como mucho, a un bocata, no me llega para más –me dijiste.
Pero no fue la única vez esa misma noche, insististe, y te conté mi situación. Te dije que tenía a varios amigos con los que salía a veces, pero con los niños tampoco disponía de demasiado tiempo libre. Tú siempre me llamabas Bella.

Al día siguiente, domingo, te conectaste a las 6 de la tarde y estuvimos hablando hasta las 9. Me estuviste diciendo lo mucho que te gustaba, incluso me dijiste que era una bella persona, por dentro y por fuera. Seguiste insistiendo en vernos, y me diste tu número de móvil. Después de cenar , volviste a conectarte, eran las 11 de la noche, y acabamos acostándonos a las 12.30 (cada uno en su casa, claro). Hablamos de fidelidades e infidelidades. Te conté que yo era fiel cuando tenía pareja estable, pero justamente por eso ahora no quería tenerla. Seguiste insistiendo en quedar conmigo y que te mandara una foto, aunque nos estábamos viendo por webcam. Tú me hablabas de lo solo que te sentías.

Volvimos a vernos el martes y me contaste que el lunes me habías estado esperando. Me dijiste que había una casa rural en la agencia de pisos donde trabajabas, que estaba por vender, y que me invitabas a pasar un fin de semana en ella.
- No, como voy a ir si no te conozco de nada? –te dije.
- Bueno por eso no te preocupes, tenemos todo un fin de semana por delante.

No acepté, pero seguiste insistiendo. Al día siguiente volvimos a hablar, y lo mismo. Y al otro, otra vez.
- Es que pasan los días y creo que estoy mas solo que la una.

Seguimos hablando, y una vez más se nos hicieron las 12 de la madrugada. Y así otro día y otro. Había días que venías desanimado, y empezábamos a hablar, y se nos pasaba el rato; me decías que te gustaba hablar conmigo porque siempre te subía la moral. Incluso un día me mandaste un e-mail de agradecimiento.

Así terminamos el mes de noviembre y pasó el mes de diciembre.
Llegó enero y volviste a invitarme a salir.
- ¿Puedo decirte una cosa, Bella? me gustaría hacer el amor contigo –me soltaste- Yo te deseo.
- Para mí eso es un cumplido.
- Para mi un sueño.

A partir de ahí las conversaciones alcanzaron otro tono. Hasta ahora todo había sido amigable, y aunque querías conocerme, y siempre tenías palabras amables para mí, todo tomaba otro cariz. Ahora tu insistencia era mayor, y siempre enfocada en lo mucho que me deseabas. Me dijiste que querías estar conmigo, incluso pasar toda una noche entera.

Un día me dijiste que el sábado por la noche habías estado esperando mi llamada para encontrarnos. Te había dicho que tal vez algún día lo haría, pero para conocernos en persona, e intentar continuar la amistad que parecía que habíamos empezado.

La última vez que conversamos, mientras hablábamos tranquilamente me cortaste la comunicación. Creí que te habías caído, pero nunca más supe de ti.

Ayer sábado estaba en casa y pensé en llamarte. Soy muy sincera, y además, me gusta cumplir lo que digo, así que te mandé un sms.
- Sólo tienes que decirme dónde y cuándo –me respondiste
Te di la dirección de un bar de mi ciudad.
- No tengo el coche, tendrías que venir tú a la mía.
- Parece que se nos complica el tema, si acaso lo dejamos para otro día.
- Conéctate, te espero
–dijiste.

Nos conectamos una vez más y te disculpaste por haberme cortado la conversación la última vez.
- Hola Bella. Me gustas demasiado y me molestaba no poder tenerte.
- ¿Pero crees que era así como tenías que hacerlo?, supongo que esas cosas deberían hablarse, ¿no? –te dije.
- ¿Quieres que coja un taxi?, por ti haría cualquier cosa.
- Si quieres te recojo yo.
- Para mí sería un honor. A las 12.00 en la esquina C.

Cogí el coche y me recorrí los 11 km hasta la esquina C. Fui puntual. También tú. A les 12.02 sonó un sms.
- Bella, lo siento, mi mujer no me deja. Ahora soy yo quien no puede, jeje. Lo siento, hasta siempre. Soy casado. Chao.

Esbocé una sonrisa. Tanto mundo recorrido y aún me encuentro con elementos de este tipo. Aun me sonrío a mí misma cada vez que lo recuerdo. Cuando creo que ya nada me va a sorprender, me maravillo de lo complicado y rebuscado de la condición humana. Si sólo se trataba de un juego, creo que era suficiente con decirlo en el momento en que acepté quedar contigo. Llegar hasta el final de esa forma, me parece ruin, mezquino y de alguien enfermizo. Ahora, eso sí, como actor mereces un 10, pues estuviste manteniendo tus mentiras hasta el último momento.

¿Sabes?, no me creo que estés casado, aunque eso es lo que menos me importa ahora. Creo que sólo es una venganza porque he tardado 4 meses en aceptar salir contigo. No he entendido tu juego. ya que nunca te prometí nada, y fui lo sincera que tú no has sido. He tenido amistades que se han disuelto en el tiempo, pero nadie ha tenido la necesidad de llegar hasta un punto como éste al que has llegado tú. No creo haber hecho nada que mereciera tu actitud, y tampoco veo lo bueno que eso te haya podido aportar. Pero yo tampoco quiero verte, porque básicamente me interesan las buenas personas, y está claro que tú no lo eres. Ahora sí, chao”.


 
¿La gracia del carnaval?
"Odio el puto carnaval. No me gustan los disfraces ni las madres que empujan para poder hacer fotografías a sus niños en la rúa, con música de samba mientras nos helamos de frío y, sobre todo, me ponen nerviosa los adultos que tienen el humor de disfrazarse y que, además, aprovechan para hacer alguna reivindicación social o política con el disfraz (...) Detesto que el grupo de animación pretenda que los “papás y las mamás” también participen en los bailes.

Extraído del libro 39+1 – Silvia Soler"


Nunca me ha gustado el carnaval, ya de pequeña no soportaba disfrazarme, y ahora, no me gusta disfrazar a mis hijos. Pero al llegar a estas fechas, es inevitable que en el colegio empiecen a preparar los disfraces hechos por ellos mismos.

Si ellos se divierten y entretienen, hasta ahí todo muy bien, el problema es cuando toca involucrar a los padres. Sé que hay padres muy predispuestos a todo. (Incluso el año que se decidió suspender la rúa -todos los niños paseando por el barrio dentro de sus trajecitos hechos de bolsa de basura- porque había padres que no iban a verlos y eso parecía que les hacía sentir mal, hubo madres que se instalaron en la puerta de la escuela, vestidas con bolsas de basura -tamaño cubo comunidad- reclamando el regreso de la rúa). Por Dios, yo antes muerta que de esa guisa.

No desviemos. Estábamos en que hay padres encantados de colaborar en ese tipo de cosas, pero yo, que tengo el tiempo un poco limitado ya, como hablé en otro post, Fiona versus Fiona, sólo falta que lleguen a casa mis hijos con una notita en la cual el colegio agradece la colaboración de los padres para terminar sus disfraces.

Este año mi hijo pequeño va de paella. Afortunadamente sólo me ha tocado hacerle un gorrito de cartulina donde pegaremos ese plato de paella que él ha hecho con arroz y plastilina (que le pesará un montón, al pobre niño), y que le durará menos que un caramelo en la puerta de un colegio. Lo de mi hijo mayor ha sido peor. A él le toca ir de macedonia.

El ya traía el gorrito de cartulina hecho, pero había que hacer la macedonia para pegar encima. El profesor había sugerido hacer frutas con papel arrugado, dibujarlas y recortarlas… pero mi hijo, que de imaginación tiene mucha, aunque de ganas tiene menos, dijo de hacerlo con papel maché. Pero claro, ¿quién iba a hacerlo? pues la menda lerenda. Así que ya me veis toda una tarde haciendo frutas con papel maché.
- Esta no te ha quedado muy bien, esa fresa está deformada.
- Ya lo sé, pero si van a ir dentro de un bol, no se verá.
- La naranja no me gusta, quedaría mejor un gajo de mandarina.
- Ya lo sé, pero es más fácil hacerlo de naranja.
- El kiwi no se pone con piel.
- Ya, lo sé, pero así se ve que es un kiwi, además, si hiciéramos macedonia bastaría con poner cuadraditos de frutas, pero así no parecería una macedonia…
- El kiwi es de un verde más claro.
- Ya lo sé, pero no tengo pintura de ese coloooooor!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Y mientras tanto cagándome en los disfraces de los niños y en las ideas de la colaboración de los padres.

- Podría forrar el bol con una cenefa hecha de frutas.
- Eso sí que es buena idea, ¿y quién lo hará? ¿tú o yo?.
- Es que yo tengo muchos deberes….

Y otra la vez la moi, hasta la 1 de la madrugada, dibujando unas frutas de colores, pintándolas, pegándolas en el bol… -que me ha quedado bastante logrado, todo sea dicho de paso- para que esta mañana, yo esperando encontrarme su cara de alegría y sorpresa, me encuentro con un chasco tal como éste:

- Esto no es una macedonia, son sólo mitad de frutas, y el plátano lo has puesto con piel, y las uvas las has puesto en racimo……
- Pues mira, ¿sabes que te digo? que cogemos tu macedonia, la tiramos a la basura, y mañana, en media hora, haces tu propio gorrito, y te espabilas, que no soy yo quien tiene que matarse haciendo tu disfraz…

El pobre se ha quedado desilusionado con sus piezas de fruta de papel maché en la mano. El otro, mirando su traje-bolsa basura de color naranja (que más bien parecía la bombona de butano con la paella encima), y yo desgañitándome los sesos pensando en ¿dónde está la gracia de este dichoso carnaval?.

Y a todo esto… el padre. Bien, gracias.

 
Admirador secreto
Sí, yo tengo uno

Hace dos años, cuando todavía estaba casada, una tarde que estaba sola en casa, sonó el teléfono.
- Hola (en un susurro).
- Hola, ¿quién eres?.
- Tu admirador secreto.

Después de un largo silencio y una risa por mi parte,
- Anda, no me vengas con esas.
- Mi deseo es hacerlo contigo.

Colgué.
A los pocos minutos volvió a sonar.
- No me cuelgues, sólo quiero hablar contigo.
- ¿Tú me conoces?.
- Claro, te vengo observando siempre, y no dejo de pensar en ti. Me gusta tu pelo, tus ojos, tu cuerpo...

Me tumbé en el sofá, y escuché. Escuché durante casi una hora. El hablaba bajito, en susurros, y a veces me costaba entenderle, aún así, seguí con la conversación. No quiso decirme de donde había sacado mi teléfono (no era el móvil, que lo tiene bastante gente), pero me conocía, sabía cómo era yo, dónde vivía y que coche tengo.

A ratos me hablaba de sexo, pero no era desagradable, ni vulgar, incluso era divertido.

Cuando lo conté al día siguiente en la oficina, algunos me dijeron que estaba loca por haberle seguido la conversación, otros querían saber qué me había dicho y cómo, y los más decididos, llegaron a preguntarme si me había excitado. No, no me excitó, pero reconozco que me halagó, aunque pudiera ser un juego peligroso.

Nunca más volvió a llamar.

Han pasado dos años, y hace un par de meses que lo ha vuelto a hacer. La primera vez eran las 6 de la mañana. Yo había tenido una nochecita movidita con Adrián y me había acostado muy tarde, así que aunque le reconocí enseguida, le dije que estaba muy cansada y tenía sueño. Le colgué y no insistió.

Pero desde entonces ha llamado varias veces. Nuestras conversaciones, hasta ahora, habían sido muy cortitas, pues siempre me había pillado ocupada con otras cosas, pero se conformaba cuando le decía que tenía que colgar. Me seguía hablando en susurros y me contaba lo mucho que le gustaba, qué sueños tenía conmigo y cómo desearía conocerme. Me preguntaba si me molestaba que me contara eso.
- La imaginación es libre, y los sueños también –le decía yo.

Ayer sábado estaba sola en casa. Eran más de las doce de la noche y andaba aburrida, no había nadie conectado en el messenger, cuando sonó el teléfono. ¿Quién sería a estas horas?. Aunque parezca increíble, pensé en él.

- Hola –otra vez entre susurros– llevaba días pensando en ti.
- Hola –le dije tumbándome en la cama.
- ¿Conoces el bar “B”?
- No, ¿por qué?, ¿dónde está?.
Y me dijo el barrio donde estaba, que es donde yo trabajo.
- ¿Y por qué me lo dices?
Se rió.
- Porque desayuno allí todos los días.
- Y lo dices porque sabes que trabajo por ahí, ¿no? –le dije yo.
- Sí, te he visto entrar en el edificio donde trabajas.
- Tú me conoces más de lo que dices: sabes dónde vivo, cómo me llamo (si no, no sabrías mi teléfono), dónde trabajo, que estoy separada (si no, no me llamarías a estas horas), sabes qué coche tengo...
- Sí, muy bonito tu coche. Ese color azul es precioso.

Supongo que cualquier otra persona se asustaría, quizá estaba hablando con un loco, con un psicópata, pero a mí no me daba esa impresión. Estuvimos más de una hora conversando, aunque me costaba entenderlo pues hablaba en voz baja.
- Me hablas así porque no quieres que te reconozca –le decía yo.
- Soy tu admirador secreto.

El reía, y seguía contándome cosas, pero ya no sólo de sexo, sino de pensamientos y sentimientos. De repente, la conversación se cortó.

A los pocos minutos volvió a llamar, era ya 1.30 de la madrugada.
- Disculpa, me había quedado sin batería y no quería que creyeras que me iba sin despedirme.
Siguió contándome cosas, me habló de libros clásicos, de sentimientos... y ya no hablaba en susurros. Me gustaba su voz.
- ¿Te has dado cuenta de que no me susurras?, y lo peor de todo es que no te reconozco, no sé quién eres.
- Antes te hablaba en susurros porque estaba excitado, siempre lo estoy cuando te pienso, pero ahora no lo estoy, estoy contento de haber hablado contigo como lo hemos hecho, y me siento feliz. Te dejo descansar, y ... te quiero.

Colgué con una sonrisa en los labios. Estuve a punto de decirle: “¿nos vemos?”.


 
Quisiera enamorarme, ¿o no?, pues no lo sé
14 de febrero, día de los enamorados. ¿Y quien me ha felicitado? pues poca gente: Marcos –aunque ya lo esperaba- y D –vaya sorpresón-.

- ¿Me quieres? –me ha dicho.
Después de un largo silencio, le digo:
- A mí me cuesta mucho enamorarme, de hecho no suelo hacerlo.
- Pues yo te quiero
(Teniendo en cuenta que sólo nos hemos visto 4 veces, es todo un record).

La última vez que me enamoré fue de mi ex marido, y de eso ya hace 14 años. Y tampoco fue de quien más enamorada estuve.
- Tú querías más a E –siempre me decía.
E fue el último novio que tuve antes que él. El día que terminé con uno, empecé con el otro.

Con E lo habíamos hecho esa misma tarde en el baño de la oficina. A mí me encantaba estar a solas con él, era encantador, apasionado, generoso… pero cuando estábamos con otra gente cambiaba por completo: le gustaba ser el centro de atención de todos -un fantasma, que se llama- siempre presumiendo, vacilando… Era el mejor amante que había tenido hasta entonces, y aunque quería enamorarme de otra persona, siempre regresaba a él.

… hasta esa noche que le cambié por el que luego sería mi marido, antes de que pasara un año. Pero es cierto que nunca le quise tanto como había querido a E.

Han pasado 14 años y no he vuelto a enamorarme. Sé que amor suele ser igual a dolor. Había llorado mucho por amor, pero a veces echo de menos eso. Cuando veo películas románticas me da rabia, eso no existe, me digo, y me paso la película llorando … de emoción, de angustia .. de envidia cochina…

Eso de sentir mariposas en el estómago, ese no vivir esperando una llamada, una cita… hace mucho que no lo siento, y a veces me pregunto si quisiera volver a sentirlo. Alguna vez me ha parecido sentir un atisbo de enamoramiento –Marcos, O…- que desaparecen al poco tiempo, sin saber ni porqué. Si me preguntan si soy feliz, la verdad es que sí, me siento bien sin novio ni ataduras ni compromisos, pero … ¿por qué no enamorarme, aunque sólo fuera un poquito?.
 
JEFES, JEFECILLOS Y CAGAMANDURRIAS ....
Nunca deseé ser la secretaria de nadie, prefería cuando estaba en el montón, con las demás, hablando entre papeles, tomándome un café tranquilamente... pero hete aquí que me ascendieron, y desde entonces he ido teniendo un jefe tras otro...

El baboso


Su aspecto me parecía repugnante. Siempre repeinado, sus dientes oscurecidos por el tabaco, su ropa del año de la Maricastaña (encima presumía de que gastaba poco en ropa, jooo, ¡no tenía que jurarlo!), y encima olía a meado de gato –y de eso yo sé un rato– aunque luego resultó ser su colonia.

El típico que cuando ibas un poco mona, con falda y demás, te hacía entrar en el despacho para “dictarte”; sólo le venía la inspiración del dictado en esos días. Una vez, se me queda mirando y me suelta:
- Cuando veo a alguna con el pelo rojo como tú, luego le veo el “otro” pelo, y me decepciono ...
Y yo que me le quedo mirando arqueando la ceja, y pensando: ¿y cuándo vas a ver tu “otro” pelo si no es el de tu mujer?, desgraciaooo !!!.

Cuando se marchó del trabajo, se hizo una cena de despedida. Él me esperaba en la puerta con un ramo de rosas -¡qué bochorno para mí!- luego se sentó a mi lado y no dejaba de meter su mano sobre mi pierna. Lo malo es que nunca hacía nada exagerado como para que yo pudiera llamarle la atención. Se acercó a mi oído y me susurró:
- Ahora que no voy a ser tu jefe, si no quieres algo conmigo tendrás que decírmelo a la cara.
- Pues mira, creo yo que va a ser que no.

El indeciso

Ya he hablado de él en otro post. Se puede decir que no era mi tipo, y si me fijé en él fue por el morbo que me daba que el se hubiera fijado en mí.

Vivía fuera de mi ciudad, así que cuando tenía que quedarse a algún acto por la noche, se quedaba en un hotel cerca de la oficina. Una noche tenía una reunión muy importante que terminaba con una cena.
- Me pasaré a tomar el café (a solas) –le dije en broma.
- A ver si es verdad (y nos sacamos esa espinita que ya más que espinita parece una estaca).
A la hora que me pareció más oportuna, le mandé un sms: “¿Y ese café?”.
No recibí respuesta. Más adelante supe que aún estaba en la reunión con el Ministro. Ya me imagino su cara al ver que le vibraba el móvil en medio de la reunión y leer mi mensaje.

Nunca tuvimos nada más que besitos, arrumacos y un poco mete-mano en el despacho, pero cuando era la hora de la verdad, siempre se echaba atrás. Creo que su imaginación volaba más que su determinación.

Cuando marché de allí se me preparó una cena de despedida. El y yo nos sentamos algo separados, pero mi amiga, que es como una arpía (de las que a mí me gustan) me decía que no hacia otra cosa que mirar. Al salir, nosotras nos fuimos a la discoteca y él se fue directamente al hotel. Al poco rato, un mensaje en el móvil: “¿Y ese café?”.

El engreído




Antipático, cretino, egoísta, ególatra, falso, fatuo, interesado, mentiroso, petulante, presumido, presuntuoso, vanidoso .... y encima FEO y MAL HECHO !!!!!!!!.














La loba con piel de cordero

Ahora tengo a una mujer como jefa, así me ahorro los problemillas anteriores –por suerte, porque encima no me gusta, jeje-. Pero.... ¡qué malas pueden ser algunas mujeres!, ésta es de las que piensa que “EL JEFE SIEMPRE TIENE RAZÓN”, en este caso, “LA JEFA”. Parece una pava, superpava, pero a la que te das la vuelta, te ha destripado hasta el fondo sin dejarte una víscera dentro.

En fin, que la vida de la secretaria es muuuuuuuuuy dura. Ya lo decía Mocedades en mi juventud: “Secretaria, secretariaaaaaa, la que siempre sufre y callaaaaa....” jaja.

 
¡Y QUE CUMPLAS MUCHOS MAS!
Hoy es mi cumpleaños, pero me parece que no lo voy a celebrar, como que no. Mis amigas –todas con maridos, novios y demás- me han felicitado, y mis amigos de antes –todos con esposas, novias y demás- también. Pero los amigos-amantes con los que comparto mis últimas salidas no lo han hecho, pero simplemente porque no saben que hoy es mi cumpleaños. Porque… ¿cómo les digo que es mi cumpleaños y que cumplo los mismos que el año anterior?, porque yo hace ya algunos años que ya me he plantado.

Sea por lo que sea, estoy un poco desganada de todo este trajín. Creo que me tomaré un año sabático, bueno … espero que a un año no llegue, pero unas semanas sabáticas, eso sí.

Además estoy de liquidación. Con J tuvimos un pequeño malentendido que se saldó con el finiquito, pues me pareció demostrar poco interés por deshacer el problema que había surgido entre nosotros.

De D no me gusta su poca formalidad. Me manda sms o mensajes a mi correo diciendo las ganas que tiene de verme, y luego cuando quedamos en la posibilidad de vernos, ni me llama para anularlo. Así que también he decidido que lo mejor es prescindir de él.

También está I pero su currículum amatorio no es muy bueno que digamos. Yo me conformaría con ser simplemente amiga, pero el problema está en que él espera algo más, y la verdad … es bastante cansino el tema ya.

Me queda A, pero anda siempre tan ocupado, que ni he podido decirle que hoy es mi cumpleaños. Seguro que a él sí que se le hubiera ocurrido alguna brillante idea para celebrarlo.

Pues nada, que llevo ya tres semanitas sin nada de nada, y pocas ganas. Me quedaré en casa dándole al ordenador, que se está convirtiendo en mi vicio, y aunque no creo que se me lea mucho, me permite desahogarme y escribir lo que no tengo a quien contar, y después trasladarme de blog en blog como una posesa.

Sólo O y Marcos lo saben, pero están demasiado lejos los dos como para poder compartirlo conmigo, al menos en persona. Así que, ¡feliz cumpleaños y a seguir cumpliendo los mismos, que estás estupenda!.
 
Recuerdos de un amor

Dicen que tener un perro ayuda a vivir de forma más relajada; el hecho de preocuparse del cuidado de un perro, pasear con él, y acariciarlo, ayuda a relajarse. Tanto, que es posible que el ritmo cardíaco descienda, baje la presión arterial y se reduzca la sensación de estrés. También me dijeron que me sería fácil encontrar novio; siempre hay chicos con perro que se detienen ante una chica con perro. Y sí, parece que fue verdad, pues acabé casándome con el veterinario.

Betty era un encanto, todo el mundo quedaba prendado de ella, y ella que lo sabía, se te quedaba mirando con sus grandes ojos negros igual que hace el gato de Shrek. Mi madre nunca quiso tener perro, así que tuve que esperar a independizarme para poder tener uno. Todos los domingos iba a comer a su casa, y el primer día que aparecí con Betty caminando detrás de mí, con su cuerpo regordete y sus pelos al aire, quedó también enamorada de ella. Cuando íbamos en el coche, sacaba la cabeza por la ventanilla, con su melena al viento –la llamábamos Betty surfista– y le encantaba que la miraran desde los otros coches mientras ella iba altanera apoyada en el cristal.

Fue celosa de mi relación con su veterinario, y cada vez que nos sentábamos en el sofá y él se acercaba a besarme, ella saltaba entre nosotros dos y nos iba mirando como diciendo “¿y a mí?, ¿nadie me hace caso?”.

Cariñosamente la llamábamos “tontilla”, pero no de tonta no tenía un pelo (y de pelos tenía muchos). Una vez se cayó del sofá torciéndose la pata, así que tuvo mimos y cuidados durante un buen tiempo. Desde entonces, cuando la regañábamos por algo, nos miraba con cara de pena y empezaba a cojear por todo el salón.

Estaba siempre tan regordeta que tuvimos que ponerla a dieta para que pudiera pasar por la gatera que le habíamos instalado en la puerta del salón para que pudiera correr a sus anchas por el patio. En verano se tumbaba rozando su barriga sobre el suelo y las cuatro patas extendidas como si de una alfombra se tratara.

Ahora era todo piel y huesos, al acariciarla se te quedaban sus cabellos lacios entre los dedos, apenas veía y hacía bastante que no tenía un solo diente. Padecía de artritis y no podía subirse al sofá para dar y recibir caricias. Hace ya un tiempo que su veterinario y yo nos habíamos separado, pero aún cuando lo veía, lo recibía entre efusiones y saltitos.

Hoy ha aparecido muerta en el salón. Confieso que no me ha sorprendido demasiado pues últimamente la veía desganada –a ella que le encantaba hurgar entre la basura para comer cualquier cosa–, esta mañana apenas podía caminar y la he tenido que acompañar hasta su colchón. Los niños me han llamado a la oficina en cuanto han llegado del colegio, la llamaban y ella no levantaba su cabecita –ni que fuera con dificultad como hacía últimamente–. Su padre ha venido a recogerla, yo la había envuelto en una toalla, he notado su cuerpo rígido y pesado –tan leve esta mañana–; y al verlo cruzar la puerta con ella en brazos me han entrado unas irresistibles ganas de llorar. El ha susurrado: "Pobre Betty, ¡qué recuerdos!
 
Peaje para circular por la calle
Una niña apadrinada en Guatemala, una donación mensual a Intermon, donante de sangre, socia de Progat (Asociación de ayuda a los gatos de calle), donaciones ocasionales a personas necesitadas ... ¡si hasta mis puntos “estrella” de La Caixa los cambio por donaciones a ONGs! No estoy aquí ahora para detallar mis ayudas desinteresadas a ciertas causas, porque si se hace es porque así se siente, pero.... no puedo soportar la extorsión de mendigos, indigentes, vagos, y demás.

Esta mañana iba por la calle cuando una chica joven me ha increpado:
- Dame 30 céntimos...
¿Encima hay tarifa estipulada?. Sé que 30 céntimos no es nada, una ridiculez, es cierto, pero no estoy obligada a ello, ¿o sí?, porque al final parece que el que haga mal es el que no da (o al menos no da en ese momento).

He seguido mi camino, cuando me ha gritado:
- Gracias por todo, gracias por tu conversación, gracias por ser tan amable y simpática... ojalá ....

¿Qué sabe ella de mí? ¿qué derecho tiene a criticarme? ¿Amable y simpática? yo a ella no le he dicho nada que le pudiera sentar mal ni la pudiera ofender, solo me he limitado a no darle los 30 céntimos, no he hecho ningún ademán de desprecio ni nada por estilo. ¿Es que se ha convertido en una obligación el tener que pagar peaje por andar por la calle?.

Porque ya he cambiado más de una vez mi ruta con el coche para evitar a los limpiacristales, afincados en ciertas calles, que por mucho que les dices que no, que tienes el cristal limpio, ellos se abalanzan sobre el coche y lo dejan peor que estaba, o no, sólo que no hacía falta limpiarlo. Y supongo que tenemos derecho a decdirlo, ¿no?. Incluso he llegado a ver que te acaban escupiendo si les rechazas.

Cerca de donde trabajaba yo antes, había una mujer muy mayor. Cada día, a las 8 de la mañana, ya estaba sentada en los peldaños de la plaza. Su pelo blanco peinado hacia atrás, su bata –tanto en invierno como en verano-, y un botecito en la mano. Ella no hablaba, se sentaba y esperaba. La gente se detenía, se sentaba a su lado en los peldaños y le hablaba, dejando después alguna moneda. A la hora del desayuno, cuando el barrio estaba en plena ebullición, ella seguía allí, y siempre se le acercaba alguien con un vaso calentito con un café con leche. Yo también le dejaba dinero de vez en cuando, y ella sonreía. Cada día me sonreía por las mañanas, le diera algo o no. No cuesta nada ser amable, tanto para dar como también para pedir.