logotipo

img_google
Crónicas de desamor


Uno siempre duerme solo. Todo lo más, uno se duerme y se despierta en compañía
Acerca de

Soy Acuario y como tal, soy sincera, altruista, libre y activa. Intuitiva, fantasiosa, crítica, a veces divertida y agradable, siempre repleta de intereses y de ideas creativas. Simpatica, charlatana, aunque algo tímida, curiosa y moderna. Me gusta la cultura y viajar. Siempre estoy dispuesta a ayudar a los demás, lo que hace meterme en más de un lio. Defecto, uno entre demasiados: soy exageradamente libre.

Mi hombre ideal debe ser inteligente, tolerante, divertido, sincero y, básicamente, amigo.

Y siento adoración por los gatos, aunque creo que ya se nota.

Geo Visitors Map
 
Retales
Calenturas telefónicas

El otro día me llamó M, mi supuesta amiga, secretaria de mi ex jefe, su presumible amante. Era por un tema de trabajo, pero estuvimos conversando un buen rato, ya que yo le interrogaba sobre si había llegado a tener “tema” con él. La respuesta, evidentemente, era que no. Al poco tiempo se oyó una voz,
- ¿Con quien hablas tanto tiempo?.
- Con BdG –dijo ella– ¿quieres decirlo algo?.
Él cogió el auricular y riendo me soltó:
- ¿Por qué entretienes a mi secretaria?.
- Es ella que quiere contarme cosas –le dije maliciosamente.
- Seguro, acabo de agarrar el teléfono y el auricular está caliente –rió, y le pasó de nuevo el teléfono a M.

Al hablar con ella le dije:
- Anda, ¿no va y me dice que el teléfono está caliente?, aquí el único que está caliente es él.

De repente se oye un silencio, seguido de unas risas.
- Yo de ti me callaría, pues al pasarme el teléfono ha presionado el manos libres.

De repente, el calor subió a mis mejillas. Acababa de decir en público, en un despacho lleno de gente, que el Director General iba caliente. Quise morirme, pero sólo por un momento, pues después de todo se lo tiene bien merecido.


Más calenturas telefónicas

La última vez que mi admirador secreto había llamado, fue a mediados de Febrero. El domingo pasado volvió a hacerlo. Me llamó de madrugada, y no le seguí demasiado el rollo, me llamaba ricura, preciosidad y cosas de este tipo, que para nada son mi estilo, así que le dí poca cancha y le colgué.

Esta madrugada ha vuelto a llamar. Eran casi las 5 de la madrugada, por lo visto el muchacho había tenido pensamientos “húmedos” –él dice que conmigo, quien sabe- pero ahora le apetecía contármelo. Lo que pasa es que ya se repite mucho, y siempre me dice lo mismo, así que ya aburre un poco, y le dije que no me llamara más a estas horas, o mejor, que no me llamara más.

- ¿Tú crees que algún día podré hacer realidad mi sueño? –me dijo cuando ya le iba a colgar.
- Naturalmente que no, y mucho menos mientras sigas siendo “secreto” y no sepa quién eres.
- ¿A quién te gustaría que me pareciera?. Porque me parezco a alguien con quien tengo algo en común: una misión imposible.

Yo me he reído y he colgado. Lástima que Tom Cruise haya perdido tanto últimamente.


Recuerdos en la distancia

Con Marcos seguimos hablando. Es él quien insiste en hacerlo, pero debo confesar que yo también quiero. Ya no hablamos de un futuro juntos, pero no hablamos tampoco de un abandono final. El otro día me mandó una canción de Jerry Rivera:

"Ese, el que dices que tu amor no se merece,
el que intentas ocultarlo y ya no puedes,
el que piensas que te engaña y que te miente...
(...)
Pero algo debe haber en su interior,
será por eso que te conquistó,
será algo bueno al fin y al cabo.
Tú sigues enamorada de
ese que te enrolla y que te envuelve
(...)
Y aunque no lo comprendas
siempre vuelves con él.

Ese soy yo”.


¡Cuánta razón tiene y cuánto le echo de menos!.
 
Ya tocaba
Como siempre, tengo un fin de semana como ejemplar madre de familia, separada y con dos hijos, y otro un poco más de asueto, alguno de estos últimos me dedico a no hacer nada, pero algún que otro, a hacer lo que se pueda. Este fin de semana ha sido de éstos.

El jueves salí con A. Vino a casa, como siempre, cuando cerró el restaurante, y yo estaba ya prácticamente dormida. Esa noche no hubo vino, pues (abro inciso): ¡Estoy a dieta! (pero esta vez no la he empezado el lunes y terminado el martes, como las dos mil veces últimas, sino que llevo ya 10 días). Y además, ¡funciona, que es lo bueno!. Y para complementarlo, después de leerme una de esas revistas para darnos ideas (aunque a mí me da más envidia que nada), me fui de compras a una perfumería. Quería comprarme una crema tensora para los brazos, y la encontré, con manguitos incluidos, aunque me costó un pastón. Y ya puestos, pedí información sobre una crema para las tetas (que no es que las tenga mal, pero ya se sabe que con el tiempo todo va hacia abajo). Naturalmente también tenían esa crema, claro, pero sólo si la comprabas con otra que era para la celulitis. Y yo caí, por supuesto, ya que iba a ponerme “divina de la muerte”, ¿qué más da estarme media hora embadurnándome de la cabeza a los pies?, y lo peor de todo, ¿qué más da dejar mi VISA al cero, porque evidentemente, costaba otro pastón. Eso sí, me regalaron una camiseta que ponía: TOP MODEL. Bueno, tal vez cuando acabe me la pueda poner, porque ahora… va a ser que va a provocar más risas que nada (cierro inciso).

Estábamos en que A estuvo en casa. A él le gusta el sexo con juguetitos, y ya tengo mi “caja de herramientas”, que dice él. Sacamos unas bolas chinas, que yo utilizaba los sábados por la mañana, cuando estaba casada, para limpiar el piso. Así, cuando él llegaba de trabajar, yo estaba más contenta que unas pascuas, y claro, siempre había que hacer la siesta. Bueno, pues desde entonces que no las había usado más, pero esta vez él me las introdujo.
- Es que si no hay movimiento no tienen gracia –le dije.
- Tranquila, que lo habrá.
Y ni corto ni perezoso después de las bolas lo que metió es lo que hay que meter normalmente. Así que movimiento, si que hubo, y así las disfrutamos los dos, ¡vaya invento!. Lo malo fue al terminar.
- ¿Qué me has quitado las bolas? –le dije al ver que no asomaba el cordón.
- Pues no lo recuerdo, ¿por qué?.
- ¿Pero dónde coño están? (y nunca mejor dicho), las habrás empujado hasta el fondo.
Lo decía mientras metía mis dedos intentando encontrarlas, pero ni rastro.
- No te preocupes, ya bajarán.
Pero… ¡si ni siquiera las estaba tocando!. Seguí metiendo los dedos hasta donde me llegaban, hasta que alcancé a rozarlas.
- Aquí están, pero se me escurren…
- Tranquila, que ya irán bajando.
- Pero ¿cómo voy a llevar esto dentro si casi me llega a las amígdalas, por Dios?.
Al final, con la punta de los dedos les fui dando vueltas hasta que alcancé a tocar el cordón, y así pude tirarlas hacia abajo. O sea, que la conclusión fue que otra vez no le ponga tanta pasión, que al final me pueden llegar a salir por la boca.

Y el sábado salí con I. Aquí no hay mucho que contar pues sucedió lo de siempre. Grrrrrrr.
- Habrá que mirar de buscar un sitio neutral para hacerlo –le dije.
- Es que esto no suele pasarme –murmuraba.
- Pues es la casa o soy yo, porque…
- ¿Cómo vas a ser tu, mujer?.
La cuestión es que había desinfectado la casa, como siempre, sábanas limpias, fuera mantas y almohadas, los gatos encerrados en el salón (él ni verlos), parecía que había pasado la Brigada Antifumigación, pero…

A los otros dos no los he visto. A Ax hace días que no le veo ni sé nada de él, de hecho desde que escribí la última vez. Tampoco estoy muy segura de querer tener esa “semirelación” que él me pide.

Y a C aún lo he visto menos. A mí es el que más me gusta, como suele suceder (al que menos veo es el que más me interesa). Cuando salgo con él, aunque no haya sexo (pero si lo hay, mucho mejor), me siento contenta y animada: es simpático, divertido, charlatán, atractivo, y … buen amante (a pesar de la enorme diferencia de edad). Hace un mes que no le veo, pero estoy pensando en hacerle una llamadita…
 
Fantaseando con la/s secretaria/s
El otro día fue mi Santo. Para mí no significa nada especial y, en teoría, no acostumbro a celebrarlo, y además, por no recibir, no recibí ningún regalo (que es lo bueno de las celebraciones, ¿no? ), pero me llamó mucha gente y también recibí bastantes e-mails, (lo cual es de agradecer, viendo que se acuerdan de una, y de que no he caído en el olvido) .

Digo que llamadas recibí muchas, incluso mi amiga se dignó a comer conmigo, y se interesó sobre mis amantes-amigos, lo cual ya es mucho teniendo en cuenta que sé que no le interesa en absoluto. Porque si yo tuviera amigas a quien contárselo y poder cotillear sobre ello ¿para que iba a desahogarme en un blog?, aunque debo confesar que escribir aquí me relaja más de lo que creí en un principio.


De mi primer trabajo me llamaron varias personas, hombres, la mayoría. Jefes, muchos de ellos. Tuve llamadas curiosas y sorprendentes. Pero la mejor de las llamadas fue la de mi ex jefe, J. Primero me llamó mientras estaba comiendo con mi amiga. Tenía yo el bolso apoyado entre mí y la silla, así que de repente noté que algo vibraba.
- Pensaba que ya no lo cogías –me dijo al responderle.
- Es que no lo he oído, pero de repente, he notado que algo me hacia vibrar el culo…
- Así que no ha sido mala idea el llamarte, si quieres cuelgo y vuelvo a llamar, a ver si vuelves a tener esa sensación…
- Ja, ja, sí, buena idea.
- ¿Y cuando me invitarás a tomar un café?.
- Perdona, pero yo ya he tirado la toalla, me has dado demasiados plantones.



J, de quien he descubierto que lo que le pasa es que es un morboso empedernido, que disfruta más de las ocasiones imaginándolas que llevándolas a cabo, tuvo un conato de ”rollete” conmigo; digo conato porque aparte de besitos, algún arrumaco y bastantes calentones, la cosa no pasó de ahí. Todos tenemos fantasías, pero él vive de eso, de fantasías, diálogos morbosos e historias eróticas que se le puedan contar, pero en el momento de llevarlas a la práctica, parece que le hace perder el interés.

Mi ex compañera, pseudo-amiga, M, por lo que vi, no tuvo bastante con quedarse con mi trabajo cual ave de rapiña, que también hizo todo lo posible por camelarlo a él; y parece que lo ha conseguido. Pero después de un año, siguen con los tonteos, arrumacos, besos y demás, pero nunca sin llegar a nada. La última vez habían quedado para encontrarse en un hotel, y a última hora él la llamó para que lo anulara, sin darle ni tan siquiera una explicación. Pero eso sí, en el despacho le sigue metiendo mano y la lengua hasta el fondo.

Yo había dado la conversación por terminada con J cuando colgué el teléfono, pero en la noche me encontré un mensaje en el móvil. Cuál no sería mi sorpresa que veo que es de él. Lo abro impaciente y:
Mensaje:¿Me invitas o no a tomar un café?.
Mensaje de respuesta: ¿Desde cuándo tengo que invitarte a algo?.
Nuevo mensaje : Por los aniversarios y demás, suele hacerse.
Respuesta : ¿Y a que viene tanta valentía hoy?
Nuevo mensaje : Pues lo dejamos para otro día, buenas noches.

Ya está, ya me ha cortado el rollo, como siempre. Parece que sólo él tenga el derecho al jugueteo, ¿por qué tiene tan poca correa?, ¿por qué es tan susceptible?, él me ha dejado más de una vez con un palmo de narices. Además, si está liado con mi amiga-su secretaria, ¿por qué quiere algo conmigo?, ¿todavía se acuerda de mí? (bueno, yo suelo dejar huella, jeje) ¿le gusto más yo que ella?, ¿ella le gusta más?, ¿quiere comparar?, ¿ella lo sabe y espera a ver que hago o digo?, mil preguntas me pasan por la cabeza.

Una de las últimas veces que hablé con él en persona, en una cena, más exactamente mi despedida, él se acercó y me susurró al oído:
- Supongo que te sentarás a mi lado.
- ¿Ahora vienes a mi?
Me miró con cara de desprecio y luego no quiso sentarse conmigo. Lo dicho: es muy susceptible, y creo que con poca confianza en sí mismo. Después de hacer ver toda la noche que yo no le interesaba, me mandó un mensaje al móvil desde el hotel, quería verme. No fui.

Ahora, después de los mensajes de ese día, hablé con M. Ella sabía que él me había llamado, pero por lo visto, nada de los mensajes, ni lo nombró, y por supuesto, yo tampoco. Me contó que él le había sugerido el cenar juntos un día los tres.
- Deberíamos aceptar, ponerlo calentón y luego irnos, a ver que le parece –le dije, (pero en broma, eh!..)

La cuestión es esa. A mí me daba morbo en su momento, porque él parecía modosito y serio, y el hecho de que se sintiera atraído por mí, me hacía sentir especial. En el despacho nos embarcábamos en sutiles juegos de seducción: coqueteos, miradas y conversaciones con doble sentido. Pero si resulta que es habitual en él acechar a la secretaria de turno, pues va a ser que ya no me da morbo, porque, de hecho, no es mi tipo para nada. Y si además de corretear detrás de la actual, me sigue echando los tejos, todavía peor.

En fin, que fíate tú del modosito que parece no haber roto un plato, porque a lo mejor es un voyeur que se calienta imaginando a su secretaria follando con otro, y eso le excita más que hacerlo él mismo. ¡Vaya pena!.



 
¡Al ladrón!
El jueves pasado robaron de mi oficina, más exactamente, en mi despacho, y ya por aquello de precisar más, en mi cajón.

Mi jefa tenía que salir de viaje ayer sábado, y el jueves, después de que yo regresara de comer, B me entregó un sobre con un recibo.
- Aquí tienes 2.000, se lo das a tu jefa y que lo firme.
Yo lo cogí, y directamente lo puse en mi cajón, por no dejarlo por encima de la mesa allí pululando, aunque por la tarde apenas trabaja nadie.

Había sido un día movido, pues corrían rumores de que la iban a despedir, a mi jefa, claro, y tampoco se sabía si habría viaje o no (bueno, si la despedían estaba claro que no). La Subdirectora y yo nos quedamos en el despacho para esperar noticias. Cuando ella llegó, se acomodó en el sofá que hay frente a mi mesa, y donde ya estaba sentada la Subdirectora.
- Bueno, no hay viaje –fue lo primero que dijo.

Nos quedamos en silencio y nadie se atrevía a decir nada hasta que sonó el teléfono. Era una llamada para ella para saber si eran ciertos los rumores que ya empezaban a correr respecto a su despido. Ella la atendió, y cuando se volvió a sentar tenía los ojos humedecidos.
- Es que me queda tanto por hacer...

Entonces estalló en llanto, la Subdirectora la acompañó en las lágrimas, y yo me sentía fatal, porque aunque no era la jefa ideal, ahora me sabía mal esa situación, y más que hubiera sido de un día para otro, ya que el día anterior todo eran bromas sobre el viaje que las dos tenían que hacer.

Al poco rato llegaron un par de personas más que también se sentaron en el sofá, aquello parecía más un velatorio que nada, todos con su Kleenex en la mano. Yo, mientras tanto, anulé el viaje con la Agencia, y dejé un correo a la persona que tenía que ponerse en contacto con los miembros de la Embajada que la tenían que recibir en el país. Pedí para salir antes y me fui a casa, sabiendo que el día siguiente aún sería más movido. Para nada volví a acordarme del dinero que estaba en mi cajón. Nunca cierro el cajón de mi mesa pues no guardo nada de valor en él, así que apagué el ordenador y me marché.

Al día siguiente igual, la mañana fue desastrosa, todo eran reuniones para acabar de perfilar las “últimas voluntades”, llamadas de gente interesada en saber si era cierto, incluso hubo un par preguntándose por mi futuro, ya que un nuevo Director podía venir con secretaria acoplada, aunque por el momento no era mi mayor preocupación. El cajón no lo abrí en toda la mañana, ni B me lo reclamó para nada, aunque supiera que el viaje había sido anulado. Fue cuando fui a coger un lápiz que lo ví allí dentro: el recibo con su sobre. Lo cogí y se lo iba a alcanzar a la Subdirectora que en ese momento pasaba por mi despacho, y cuando estaba diciendo:
- Toma, devuelve esto antes de que se pierda...
Noté que el sobre no pesaba nada, lo puse a contraluz y.... ¡estaba vacío!. Me puse lívida de golpe.
- Nos han robado los 2.000 dólares.
- Será una broma.
- No, no es una broma, nos han robado los 2.000 dólares.
Yo quería morirme, ¿cómo podía haber sido tan descuidada?, claro que con todo el movimiento de la tarde anterior, ¿quién había pensado en ese sobre?.

Ella corrió hacia B.
- Han robado los dólares.
- ¿Qué dólares? –dijo ella olvidándose también.
- Los que eran para gastos del viaje.
- Eran euros.

Por un momento pensé que esa podía ser mi coartada, yo era la última persona que los había visto “con vida”, aunque realmente ni lo había abierto, y desde el primer momento estuve hablando de dólares cuando, en realidad, eran euros lo que había dentro. A parte de lo mal que me sentía por haber dejado tanto dinero en un cajón, me preocupaba que alguien pensara que podía haber sido yo quien lo hubiera cogido.

Llamaron a la Policía. Nos dijeron que teníamos que ir a la comisaría a presentar la denuncia. B y yo nos metimos en un taxi, y le indicamos la dirección. A los pocos minutos le sonó el móvil.
- Cambio de planes, hay que ir a otra comisaría, pues ha sido un robo sin forcejeo.
El taxista dio media vuelta y se metió por el túnel, cuando volvió a sonar el móvil.
- Nos dicen que regresemos, la Policía vendrá al despacho.
- Volvamos a donde nos ha recogido –le dije al taxista.
- ¿No os estarán persiguiendo, verdad? –dijo sorprendido-, porque una vez me pasó algo parecido y es que al hombre le perseguía la Policía.
- No, jaja, nosotras, somos las que íbamos a la Policía.
- ¿No será una cámara oculta? –dijo ya preocupado.
Cuando ya se quedó más tranquilo nos dejó en la puerta añadiendo: Otro día podemos repetirlo, pero nos podemos parar a desayunar. ¡Vaya, encima, ligábamos!. Corrimos al despacho y enseguida llegaron dos Policías.
- Si no ha habido forcejeo no se puede hacer nada –dijeron.
- Hombre, el clip del sobre ha sido tocado para sacar el dinero y dejarlo todo igual, allí debe haber huellas, aparte de las de B y las mías.
- Veis muchas películas, aquí la científica no vendrá, aunque hayan sido 2.000 euros, o incluso si hubieran sido más.
- Así no nos vais a traer a Grishom ni a Warrick? –soltó B.
- Habría que cotejar las huellas con todo el personal, y eso no es posible. Tendréis que ir a presentar la denuncia en la comisaría.

¿Otra vez?, B y yo nos miramos.
- Y os advertimos que hay una media de dos horas de espera.

Otra vez otro taxi.
- Ya no son 2.000 euros perdidos, son 2.020 dijo B.
- Sí, con tanto paseo, y un viernes por la tarde (mi única tarde libre)...

Al llegar allí, lo mismo: que debíamos esperar. Les avisamos que los Policías nos habían dicho que se adelantaban a nosotros para informar de que nos colaran, pero allí no había llegado nadie.
- Tendréis que esperar 2 horas.
¿Cómo era posible?, no había casi nadie en la sala de espera. ¿Cómo se tenía que esperar tanto tiempo para presentar una simple denuncia?. Ya nos íbamos, para regresar el lunes, cuando entraron los dos Policías.
- A esas las dejáis pasar ahora.
¿Esas?.

Nos sentamos delante de una Policía. El texto de la denuncia era: “Se ha sustraido la cantidad de 2.000 euros de un sobre (yo me hubiera llevado el sobre, más cómodo, ¿no? eso no lo decía) que estaba en un cajón. Se desconoce al autor de los hechos”.

Antes de imprimir este texto, pulso el clic del mousse unas 50 veces y pasó como 10 pantallas. Cuando se levantó a recogerlo, B y yo nos miramos, y riendo, al unísono, dijimos:
- ¡Claro que se tarda tanto en presentar una denuncia!.

Cuando llegué a casa me encontré al técnico que venía a repararme la secadora. Después de casi media hora me dijo que no tenía más remedio que cambiar una pieza que me iba a costar 200 euros.
- Déjelo, ya me lo pensaré (¡pero si yo no tengo ni un duro!).
Aún así tuve que pagarle el desplazamiento y el tiempo que perdió. Le dí 30 euros de los 90 que tenía reservados para el dentista de mi hijo.
Pensando en cómo podría hacer para reunir de nuevo esos 30, me fui hasta casa, lamentando que, encima, tuviera que resultar sospechosa.

 
Este hombre promete...
“Este hombre promete... ¡ya era hora!”. Así se titula el libro que estoy leyendo ahora, y que muy bien podría aplicar a Ax. Ayer salí con él: inteligente, atento, cariñoso, soltero, con un buen trabajo, 17 años menor que yo, piso propio, muebles de diseño, televisor de plasma, moto grande, vive cerca de mi casa, y.... además, bien “dotado”. ¿Qué más se puede pedir?, pero a mí, como siempre, no me llama la atención más que cualquier otro.

- Quisiera no ser sólo el chico Marzo, me gustaría que esto durara por mucho más tiempo –me decía ayer.
- ¿Qué quieres decirme con esto?, además no ha habido chico Abril, y dudo que haya chico Mayo.
- Que no quiero ser sólo con quien pegas dos polvos cada 15 días, sino que me gustaría que pasáramos más tiempo juntos, hiciéramos cosas juntos, lo normal... me gusta todo de ti.

Yo no sabía que decir, bueno sí, dije que me parecía bien, pero que no me pidiera exclusividad, ya que tenía muy claro que no buscaba ni compromisos ni fidelidades.

- Pero... ¿tienes más amigos como yo?.
- Sí, alguno (de hecho tres más ahora: A, I, i C), aunque tampoco los veo demasiado a menudo, pero ahí están, y también me gusta salir con ellos.
- Pero a mi me gustaría que las cosas las hiciéramos juntos tú y yo...

No es mal plan, pero no me llena el estómago de mariposas, que es lo que yo quisiera sentir para poder ofrecer exclusividad a alguien.

Estuve en su casa, lo primero: sexo. El es muy morboso y tiene muchas fantasías que quiere compartir
- Ven muy sexy.
- No tengo nada especialmente sexy.
- Pues da igual... te lo quitaré todo...
Estuvimos divirtiéndonos un buen rato, jugamos a que me ataba las manos por detrás de mi espalda. Yo apenas podía moverme.
- No importa, lo haré todo yo.

Cuando se dejó caer sobre mi pecho, escuchando su agitada respiración, nos quedamos los dos sonriendo, y él murmuró: “¡Qué bien lo haces, cabrona!”.

Fuimos al videoclub de la esquina a buscar una película. Ya otra vez en su casa, preparó la cena, que me sirvió en una bandejita en el amplio sofá de su claro salón. Allí pasamos el resto del tiempo, viendo la película, y después hablando sin cesar. Hablamos de trabajo, de las ofertas (muy tentadoras) que le habían hecho; hablamos de celos, de porqué me había separado yo; y hablamos de sexo, de que quería ser mi amante por mucho tiempo.

- Justo eso es lo que están esperando millones de mujeres –me ha dicho mi amiga– y tú no le das ningún valor.

Es cierto, estuve muy bien con él, todo estuvo muy bien, pero hubiera estado igual de bien con cualquier otro de mis amigos. Y yo me pregunto, si alguien como él quiere salir conmigo, ¿por qué no lo sé apreciar?.

 
El porqué de todo esto
No quería hablar más de Marcos, pero algunos de los que me leéis y me habéis dejado comentarios (gracias a todos, me hace mucha ilusión encontrarlos), me habéis preguntado el porqué tiene que acabar todo esto cuando parece una bonita historia de amor. Lo es, pero por una vez en la vida me predomina más la razón que el corazón (y os aseguro que és la única vez en mi vida).

He dicho ya muchas veces que me cuesta mucho enamorarme, lo máximo a que llego es a encariñarme un poco, pero no sé si, voluntaria o involuntariamente, he cerrado mi corazón y lo he convertido en un pedazo de hielo (de ahí mi nick), pero debo reconocer que desde que me separé ha sido el único por el que he llegado a sentir algo, y tal vez, incluso antes de separarme. A él le dediqué mi primer post el día que inauguré mi blog en noviembre pasado: Con ganas de darle otro aire a mi vida, y es el único al que he nombrado con todas las letras de su nombre, porque es el único que ha hecho por merecer.

Soy una persona decidida y no me corté un pelo el día que decidí proponerle de encontrarnos por primera vez. Mis amigas pusieron el grito en el cielo, pues decidí encontrarnos en terreno neutral, a medio camino. Le mandé 350 $ para que se comprara el billete de avión. ”¿Estás loca?, se va a quedar con el dinero y no aparecerá”. “Y si aparece… ¿cómo vas a estar una semana con él?, ¿y si no te gusta?”, “¿y si no os lleváis bien?....”. Supongo que tenían razón pero estaba yo en un muy mal momento de mi vida, le necesitaba, y confiaba en él. Y me arriesgué.

Llegué al aeropuerto, los dos aviones llegaban más o menos al mismo tiempo, y allí estaba él. Sí que 350 $ eran una cantidad muy jugosa para su menguada economía, pero “no podía dejar de conocerte” había dicho. Él me reconoció a mí antes que yo a él, pero cuando le vi acercarse con la mejor de sus sonrisas (aunque no suele prodigarlas demasiado) pensé que todo iba a salir bien. Y así fue.

Pasamos unos días de descanso: playa, sol, piscina, bar, paseos, cama... Una noche que habíamos bebido quizá demasiado (todo era gratis), cuando estábamos en la cama se echó a llorar y murmuró: ”nunca había sido tan feliz”. Se levantó, se vistió y salió a la calle, dejándome a mí con el corazón encogido.

La semana terminó, nos despedimos en el aeropuerto, cada uno cogiendo un avión distinto hacia un destino distinto. No sabíamos si volveríamos a vernos, pero lo que sí sabíamos era que algo bastante fuerte había sucedido.

Como se ha podido ver, la historia continuó y por tres veces he visitado su país. Hemos hablado todos los días desde la primera vez que lo hicimos, me ha hecho llorar, me ha hecho reír, me ha hecho sentir amada, me ha excitado con sus palabras, y hasta llegó a pedir que me casara con él. La primera vez le rechacé, igual que la segunda, pero a la tercera decidí aceptar, pese a la oposición de todas las personas que conozco y que sabían de la historia.

El y yo somos distintos, “agua y aceite" dice él. "Más que eso", pienso yo. De entrada, él tiene 20 años menos que yo (siempre ha salido con mujeres mayores, creo que por problemas en su infancia que ahora no vienen al caso), de culturas muy diferentes, de costumbres y gustos distintos, y también nuestro carácter no tiene nada que ver. El es serio, apenas sonríe, ”sólo tu me haces sonreír”, habla poco, es impaciente y a veces, incluso agresivo (aunque a mí siempre me ha tratado como a la princesa que dice que soy)…

Yo no quiero compromisos, me he equivocado dos veces en la vida, y además, tengo dos hijos. Sé que sería una relación condenada al fracaso, y que es mejor cortarla ahora que seguir engañándonos los dos. El ha puesto muchas esperanzas en mí, y creo que yo no debería alimentarlas más.

Después de este último viaje, aunque habíamos hablado de vernos el lunes siguiente, nos vimos mucho antes, ya que me dejó un mensaje en el msn. El primer día llegó destrozado, y sólo balbuceaba que era la última vez que hablábamos, que éste era nuestro adiós.

Ha decidido trasladarse a vivir a provincias, que dice él, la ciudad le trae demasiados recuerdos de nuestros paseos, “necesito estar solo, el martes me voy”. Creo que es una buena idea, quizá lo que necesite es desconectar un poco de todo y partir de cero, empezar una nueva vida. Muchos días viene a mí dicéndome que no quiere verme más, ni hablar conmigo, porque le duele hacerlo, pero por otra parte, también le gusta saber de mí.

- Hablar contigo sería recordar lo que pudo ser y no es.
- Sí, quizá será mejor no hablarnos más pues.
- Si por circunstancias de la vida y del destino, llegara a tener una hija, le pondría tu nombre, y así, viéndola a ella, siempre te veré a ti.
- Creo que nos estamos torturando demasiado, y deberíamos dejar pasar un tiempo.

Pero después, sin encontrar el momento de terminar, él siempre suele acabar la conversación con:
- ¿Te veré mañana?.