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Crónicas de desamor


Uno siempre duerme solo. Todo lo más, uno se duerme y se despierta en compañía
Acerca de

Soy Acuario y como tal, soy sincera, altruista, libre y activa. Intuitiva, fantasiosa, crítica, a veces divertida y agradable, siempre repleta de intereses y de ideas creativas. Simpatica, charlatana, aunque algo tímida, curiosa y moderna. Me gusta la cultura y viajar. Siempre estoy dispuesta a ayudar a los demás, lo que hace meterme en más de un lio. Defecto, uno entre demasiados: soy exageradamente libre.

Mi hombre ideal debe ser inteligente, tolerante, divertido, sincero y, básicamente, amigo.

Y siento adoración por los gatos, aunque creo que ya se nota.

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Confusa..., pero acostumbrada
Ya sé que cada vez que un chico me interesa, la cosa sale mal. Lo llevo diciendo desde siempre, y el tiempo me sigue dando la razón.

He estado días sin escribir porque no me apetecía volver a empezar a hablar del interés que podía sentir por alguien, y que al cabo de un par de posts, como mucho, dijera que todo había terminado, que ya no sentía ninguna emoción –como hasta ahora ha venido siendo-.

Después de aquel domingo con Fk se puede decir que esta semana y media ha sido dferente para mí, porque he estado interesada por alguien, he sentido ese cosquilleo que tenía más que abandonado, y porque he tenido ganas de ver a alguien especialmente. Pero... ¿por qué me enamora?, ¿por qué un chico hecho en serie como todos, se convierte en algo absoluto y el único concebible?. Quizá porque es tímido, dulce, agradable, apacible... Lo cierto es que cuando uno está enamorado interesado, cuando se siente medio correspondido, no se pregunta sobre el sentido de lo que está haciendo.

A la mañana siguiente de aquel domingo, cuando volvimos a coincidir por la noche en el Messenger, me dijo que había estado a punto de pasar por mi casa saliendo del trabajo. En cualquier otra ocasión, mi grito de espanto se hubiera oído cruzar toda la península, ¿a quién se le ocurre aparecer por mi casa sin avisar? ¿quién ha dicho que tengo ganas de volver a ver a alguien dos días seguidos?, pero en esa ocasión tuve que reconocer que me hubiera encantado abrir la puerta y encontrarlo allí con su media sonrisa diciéndome “pasaba por aquí”, cuando en realidad su trabajo está a 31 km de mi ciudad, y el vive en un pueblo intermedio, a 25 km de mi.
- ¿Y por qué ibas a hacer eso? –le dije.
- Porque aún estoy en una nube.

Las demás noches conversando fueron iguales. Todo eran palabras agradables hacia mí, pero al mismo tiempo, él me llamaba mucho la atención, por su timidez, ingenuidad, sencillez... Aquel domingo por la tarde, al saber él mi edad, miraba al techo y decía:
- Joder Bone, es que 17 años de diferencia son muchos.
- Tú me buscaste –le contesté.
- Tú me diste tu correo.

Pero ahora, cuando hablaba yo de eso, él me decía que olvidara el tema, que él tenía ganas de verme y que pensaba en mí. Me gustaba cuando me llamaba por teléfono y me decía “Hola, soy yo”, como si yo no hubiera visto su nombre en el móvil, pero cada vez que lo hacía, se me debía poner cara de gilipollas mientras me aferraba al teléfono.

No sabía yo qué tipo de relación estaba teniendo con él. Por primera vez, no fui capaz de contarle lo que normalmente yo hacía (todo eso de salir con los demás), pero sí que es cierto que tomé la decisión de dejarlo de hacer. No creo que él lo hubiera aceptado, pero realmente, tampoco me apetecía seguir con ello. Así que todos estos días, en los que estoy de vacaciones, he ido rechazando posibles citas, esperando solamente hablar o verme con él.

Me ha hecho gracia hablar con él estos días, mientras me contaba cosas tan sencillas como la cesta de Navidad que le habían dado en el trabajo, y se iba levantando continuamente para traerme cosas desde la cocina y mostrármelas por cámara, o los vinilos que se había comprado, que también me fue mostrando uno por uno.
- Me crees un crío, ¿no? –el me decía.
- Claro que no.
- Sí, lo crees, y te irás a ligar con otro.
Pues no, por una vez en la vida no quiero ir a ligar con otro. Quería verlo a él, y quedar con él.

Así que el día de Navidad, cuando ya era por la noche y volvimos a hablar, me insistió en que quería verme. Le dije que tenía a los niños, pero aún así me decía que quería venir, que sólo dormiría conmigo y se iría antes de que ellos despertaran. En casi tres años que llevo separada, nunca ha venido nadie a casa cuando mis hijos están, salvo C que había venido alguna vez, pero que nos habíamos quedado en el sofá, y después se había ido.

Después de varias llamadas y más mensajes, decidió venir. Estuvimos en el comedor, charlando y poca cosa más, pues el hecho de que estuvieran los niños en su cuarto, le cortaba bastante.

Fue a partir de ese día que las cosas cambiaron. Habíamos quedado para el jueves, salir a cenar, a tomar algo, y luego se quedaría en casa hasta el día siguiente, pues los dos teníamos fiesta. Y ojo al dato, que por primera vez digo que me alegraba de que se quedara a dormir alguien conmigo.

El día anterior a jueves estaba raro, y él mismo me dijo que no le hiciera caso, que estaba gilipollas. Yo le contesté que ya hablaríamos en otro momento, y apagué justo a tiempo de ver una ventanita que decía: “Espera...”. Pero no esperé, y me fui. Pasé todo el jueves pensando que no querría salir más conmigo, y que, una vez más, cuando alguien me interesaba mínimamente, yo había dejado de interesarle.

Por la noche se conectó. Al principio estuvo bien, me preguntó si tenía fiesta al día siguiente, y empezó a echar indirectas para ver si quedábamos.
- Disculpa que ayer estuviera tan gilipollas.
- ¿Quieres que nos veamos? –al final pregunté.
- No sé.
- Si no sabes, es que no quieres.
- Joder, no me digas eso. Ahora iré a cenar, luego hablamos.

¿A cenar?, ¿pero no era conmigo con quien tenía que cenar?. Bueno, yo soy de las que piensan que si las cosas tienen solución, ¿para qué preocuparse?, y si no la tienen... entonces, ¿para qué preocuparse?. Cuando volví a conectarme, él ya no me habló ni yo tampoco lo intenté. Y al poco rato desconecté. Por mí, yo pasaba página. Si hay algo que no soporto es un hombre vacilante, debatiéndose entre miles de dudas: "¿Quiero verla?, ¿no quiero verla?, ¿voy a casa a dormir?, ¿duermo en casa de ella?, ¿cómo se lo digo a mi madre?..."

A las 11, cuando me iba a acostar, un sms. Al ver aparecer su nombre en mi móvil, mi corazón dio un vuelco.
Fk: Bone, ¿estás? ¿qué haces?.
BdG: Nada, mirar la tele.
Fk: ¿Quieres que hagamos algo?.
BdG: Sí. Y tú, ¿qué es lo que quieres?.

Silencio.
Media hora después un nuevo sms:
Fk: No estoy bien. Mañana te llamo y hablamos. Lo siento. Un beso enorme, guapa.

Ojalá no hubiera recibido ningún sms aquella noche. Al menos entonces sabría lo que tenía que hacer.

 
Otra vez en activo
Ya que llegaba mi fin de semana libre, me apetecía salir un poco. Y ahora, ante las comilonas de las fiestas de Navidad, lo mejor es ponerse un poco a dieta. Mi preferida: la dieta del cucurucho. Esa de comer poco y ...

¿Ofertas?, las de siempre, pero que acaban aburriendo. H me mandó un sms para ver si quería ir al cine. No me apetece más salir con él, pero no sé cómo decírselo. La última vez que salimos, también fuimos al cine, y aunque –cosa extraña- pagó él, me incomodaba cómo se comía las palomitas, cómo se reía por las cosas que a mí no me hacían ni gota de gracia, y después me acabó incomodando que se quedara a dormir en casa. Señal inequívoca de que no me interesa ya para nada.

P ya había llamado hacía quince días, en mi último fin de semana libre. No sé porque me tomo la molestia de seguirle la corriente en las conversaciones. Ese fin de semana ya me dijo que tal vez estaría en mi ciudad, y si quería verlo. Le dije lo de siempre, que dependía para lo que viniera.
- ¿Tengo que decirte que te quiero y todas esas cosas? –me dijo.
- Pues no, no espero nada de todo esto, pero entre decirme cosas que no sientes y venir “a por todas”, hay un punto intermedio.
O sea, que al final, ese día no vino, naturalmente.

Estos días volvió a llamar, a las 5 de la mañana, para no perder la costumbre. Sólo para decirme si quería verlo este fin de semana. Si a mi, en el fondo, me da igual verlo que no verlo, y si hubo una época en la que la historia me daba cierto morbo, la verdad es que ya me ha aburrido.

Incluso X me dijo que había tenido tentaciones de llamarme.
También tenía, o creía que tenía, la posibilidad de salir con Se-W, quien, a la vez, ya no me interesa lo que me interesaba hace dos posts. Lamentablemente, esto es lo que me duran a mi las ilusiones.

Con quien al final salí el sábado por la tarde, fue con A. Estuvo bien, como siempre. Nos tomamos una botella de cava entre los dos en una habitación de piedra, con una antigua cama de barrotes –que por cierto, nos sugirieron muy buenas ideas- entre almohadones y risas.

Cuando regresé a casa me encontré un correo de I quien me había anulado la cita la semana anterior. Se deshacía en mil excusas y me proponía vernos después de las fiestas. Me pareció bien, siempre es agradable encontrar alguien con quien charlar a gusto.

Tengo que confesar que me apunté a un nuevo portal para conocer gente. Porque si en realidad, me cansa lo que tengo y necesito nuevos aires, ¿dónde los voy a encontrar si no es por Internet, cuando resulta que mi vida social es de lo más aburrida?. Pero esta vez, me dejé de portales donde te prometen el oro y el moro, o sea la pareja de tu vida, donde el slogan es “el amor es más fuerte”, o “mucho más que contactos”, y al final resulta que mientan más que hablan escriben. Me apunté a un portal más sencillo, donde, simplemente, te ofrecen la posibilidad de contactar con gente.

Así que el sábado, cuando ya me iba a dormir, entré un momento a ver si había algún nuevo mensaje. Había uno: ”¿Te apetece hablar?”. Pues sí, la verdad es que sí que me apetecía. Sábado por la noche, nada de bueno en la tele, la casa en silencio, tranquilidad absoluta… pues sí, tenía ganas de hablar un poco con alguien.

Conocí a Fk.
A los pocos minutos me decía si quería salir a tomar una copa.
- ¿Así de sopetón? –le dije asombrada.
- Claro, ¿Por qué no?.
La verdad es que a mi eso ya no me apetecía tanto. Yo sólo quería charlar, es lo único que buscaba. Quería conocerlo más. Tan sólo nos habíamos visto en una foto, y además, necesitaba cogerle confianza.
- ¿Qué buscas exactamente? –le dije riendo.
- Amor.
- ¿Por qué los hombres dicen amor cuando quieren decir sexo?.
- ¡Qué cabrona! –dijo.
Pero la conversación fue divertida y distendida. Hablamos hasta bien tarde, pero nadie salió de su casa.

A la mañana siguiente, antes de comer, apareció conectado de nuevo Fk.
- ¿Quieres comer conmigo? –dijo.
- ¿Lo dices en serio?.
- Y si no… traigo una película y la vemos en tu casa.
- Bueno, sí, hagamos eso –le dije
Y sí, vino, pero no vimos la película, la verdad es que hablamos casi dos horas. Si nos hubiéramos puesto a ver la película tampoco nos hubiéramos conocido, que es lo que a mí realmente me interesaba.
Y sí, también hubo amor, digo sexo, porque en el momento en que se decidió, ya nada lo podía parar (tampoco es que quisiera hacerlo, el pararlo, digo).
- Si que llevabas rato conteniéndote –le dije cuando al final pude respirar.
Aunque lo mejor de todo fue cuando él me dijo:
- Se nota que también llevabas días sin hacerlo.
Ummmm… criatura.

Por la noche, después de casi una semana sin saber nada, apareció Se-W.
- A ver…. Date una vuelta.
Pero… que es esto ¿un desfile de modelos?.
- Nunca te había visto con tejanos. ¿A ver por detrás?. Como me gustas….
- Ya.
- De verdad que me encantas.
- Si.
- ¿Y cuando nos veremos en real?.
- Este sábado es cuando tenía libre (y tú que lo sabías, y lo habíamos hablado, ni te molestaste en decirme nada, ni tan siquiera para ponerme una excusa…).
- Tenía un cumpleaños.
- Ah, ya.
-¿Nos vemos después un rato?.
- Ya veremos.
Y no, no aparecí después un rato. Ya se sabe que quien va a Sevilla, pierde su silla.



 
No me gusta
No me gusta tener que hablar siempre de los desamores.

Al final no salí con I ese viernes pasado. Lo peor fue el proceso de limpieza al que había sometido mi casa para que no hubiera ningún pelo de gato sobrevolando el ambiente. De Se-W pocas noticias, sólo un sms diciéndome que estaba cenando con un amigo y más tarde se conectaría (aunque yo no esperé despierta), y al día siguiente otro comentando que estaba tomando algo, pero que no me olvidaba. Total, que como siempre, nada digno de mención.

Pero ya digo, no me gusta andar hablando siempre de lo mismo. Tampoco me gusta, por ahora, la situación en la que ando en mi trabajo.
La principal causa por la que se abandona un puesto de trabajo es el jefe” según una encuesta del Instituto Gallup, sobre un millón de empleados de todo el mundo. Y si no fuera porque se supone que mi jefa se irá de un momento a otro, veo que me encontraría en ese caso.

En poco tiempo he tenido varios jefes. Con el antepenúltimo no duré ni un año, porque no podía soportar que fuera un engreído, un fatuo, un necio y mil adjetivos negativos más. Hasta hace cuatro meses tenía una jefa histérica, que andaba siempre gritando de un lado para otro, y que la palabra más cariñosa que dirigía al personal era la de llamarte subnormal. No me gusta la gente que se cree superior a los demás.

De un día a otro me encontré sin jefa mientras yo estaba de vacaciones. Cuando regresé, ya había otra ocupando su lugar. La relación fue algo distante, pero al menos era lineal, no tenía las subidas y bajadas de humor de la anterior, pero tampoco había la cordialidad que, normalmente, había compartido. Supongo que a esa Directora no le gusté, y a medida que han ido pasando los días, esa idea se ha ido corroborando. Ella entra en el despacho, saluda, eso sí, y se encierra (puerta bien cerrada). Apenas me dirige la palabra si no es para llamarme la atención por algo. Más que una secretaria me siento como una portera, por eso de estar sentada en la puerta del despacho, y ¿por qué no? también porque de las noticias me entero por los demás, como en radio-patio, ya que ella no me dice absolutamente nada. No me gusta que me ignoren. Ya se dice, no hay mayor desprecio que no hacer aprecio.

En mi trabajo ya habitualmente tengo que hablar bastante por teléfono. A veces parezco más una voluntaria del teléfono de la esperanza que nada, pues la gente se desahoga contándome sus penas, y yo la escucho pacientemente. Dicen que les gusta mi voz y me dan las gracias por haberlas atendido aunque no pueda solucionar su problema. Pero últimamente estoy irritable pues mi jefa no quiere ponerse al teléfono y recibo yo todos los insultos que, en teoría, van destinados a ella. No, no va contigo, me dicen. Entonces, ¿si no va conmigo, por qué me dejan ya con mal cuerpo por todo el día?.
- No te gustaría estar en mi lugar –me dijo una el otro día.
- A Vd. sí que no le gustaría estar en el mío. ¿Sabe lo que es estar aquí escuchando como la gente, enfadada, con o sin razón, me echa la caballería por encima, cuando nada tiene que ver conmigo?.
Al final reconoció que tenía toda la razón del mundo, y me deseó Feliz Navidad. “Pero a tu jefa, no” añadió.

No me gusta ir a trabajar en esas condiciones.

No me gusta no llegar a fin de mes (ni a principio, pues el día 1 ya estoy en negativo) sólo porque mi ex marido administra tan mal su negocio que lleva meses sin pagarme.

No me gusta la Navidad, no me gusta el frío y no me gustan los anuncios ñoños de esta época del año.

No me gusta leer los periódicos, y encontrarme con que la gente llora delante del féretro de Pinochet, ni ver a los niños muertos por el ataque del ejército norteamericano en Iraq, ni ver como se puede envenenar impunemente para que altos cargos se salgan con la suya…

No me gusta no tener ganas de salir ni me gusta que no me guste nadie (para enamorarme, me refiero).

Hoy me gusta un poco menos, pero siempre me gusta vivir.

 
¿Nuevos horizontes?
Pensé que quería dejar de hibernar porque estando en casa aún me metía en más líos que saliendo de ella. Sólo lo pensé, pero parece como si hubiera puesto un anuncio publicitario promoviendo mis ganas de salir, ya que de repente, el móvil también resucitó.

Recibí mensajes de todos o casi todos los que están en plantilla, por decir algo. P y sus miles de mensajes volvieron a la carga. No le hice demasiado caso, ya que estoy cansada de que siempre inicie su coqueteo como animal en celo, para después dejar a su presa con las ganas (en este caso, a mí). Acabó llamando por teléfono.
- Vale, vale, lo entiendo, todo claro –dijo cuando exploté a decirle todo lo que pensaba de él. Colgamos.
A los pocos minutos volvió a llamar.
- Es que ya sabes que me gusta oir tu voz con ese acento que me pone tanto...

Pero al final nada, acabó diciéndome que estamos igual de lejos el uno que el otro. Si cree que voy a ser yo quien me desplace a Madrid lo lleva claro.

H me dejó un sms diciendo que si quería podía pasarse por mi casa a las 11.30 de la noche. Sí, hombre, claro, cuando a ti te apetezca. ¡Estaría bueno!. La verdad es que quiero dejar de verlo y no sé como decírselo.

Nos hemos encontrado en el super, uno en la caja al lado del otro. Yo con mis dos niños y mi sobrina, totalmente entregada a hacer de mamá. Sólo nos hemos saludado con una media sonrisa. Ya no tenemos nada que decirnos, si es que alguna vez lo hemos tenido, y lo único que nos une a mí ya no me interesa.

A también me dejó un mensaje preguntándome como lo tenía el miércoles por la noche, mi noche libre sin niños. Tampoco me apetecía, así que tampoco nada.

En mi subconsciente estaba la idea de que C, que también sabe de mis miércoles, se animara a aparecer por el Messenger, y entonces, como suele suceder, acabara en casa. Pero no, no apareció. A la mañana siguiente encontré un sms suyo, pero para decirme que se le había muerto el conejo y si sabía donde recogían animales muertos. En fin.

Incluso X, con el que aún no he salido nunca a pesar de que hace ya casi dos años que le conozco, se animó a decirme que tal vez pudiéramos encontrar un hueco para vernos. Aunque no creo que eso llegue a suceder por ahora. Porque en realidad, lo que yo quiero ahora, es borrón y cuenta nueva.

Ya dije que esta noche saldré con I. La verdad es que me apetece charlar un poco con alguien y salir a tomar algo por aquí cerquita. Tranquilidad y buenos alimentos.

Sin embargo, no puedo estarme de contar que he conocido a alguien interesante. Me da miedo hablar de él, porque siempre he dicho que cuando empiezo a interesarme por alguien, todo sale mal. Los que no me interesan no paran de insistir, de mandar mensajes... ni siquiera les afecta que sólo salga con ellos cuando a mí me apetezca, pero cuando alguien empieza a llegarme un poco más adentro, todo se estropea, y dejo de parecerles interesante. Parece cierto aquello de que “cuando soy buena, soy buena, pero cuando soy mala, soy mejor”.

Ya no sé que nombre ponerle para identificarle, pues se llama igual que el chico que comenté de pasada el otro día, el que está en la India y que también, de repente, le han entrado las ganas de conocerme en persona. Les llamaremos Se-W y Se-L.

Ahora estoy hablando de Se-W. Le conocí la semana pasada, y desde el primer momento congeniamos. Había visto su foto y me llamó la atención. Al poco rato de hablar pusimos la cam (yo ya no me fío de nadie), aunque fue idea suya. Efectivamente era el mismo y hablamos hasta bastante tarde. Desde entonces, aparte de conectarnos todos los días, me llama por teléfono, me manda mensajes, y por ahora, hasta me encuentra preciosa (lo cual me sorprende y preocupa). Si alguna noche no nos encontramos, me manda un sms para que me conecte, y yo corro a hacerlo. Es de las pocas veces que me preocupa si alguien quiere o no hablar conmigo, y cuando oigo que tengo un mensaje en el móvil, lo que espero es que sea de él.

Sigo enfundada en mi capa de hielo no sea que alguien que no deba me rompa el corazón. Me ha salido algo cursi ¿será que estoy cambiando?.
 
Y colorín colorado....
Lo siento, pero el final de J lo tengo que contar, porque si no, exploto. La situación es tan surrealista, que no me puedo estar de compartirla.

Después del descubrimiento del verdadero dueño de esa sonrisa arrolladora, aún recibí un correo a la mañana siguiente, preguntándome qué es lo que había pasado que me había desconectado de esa forma.

Huelga decir que no contesté. Antes de comer, mientras estaba en la oficina conectada… También estoy pasando malos momentos en mi trabajo –que no vienen a cuenta ahora- y me paso más tiempo haciendo sudokus y mahyongs que trabajando, ya que parece que he pasado a ser transparente para mi jefa. Bueno, pues estando conectada sólo para ver si él tenía lo que hay que tener, me habla.
- ¿Qué pasó ayer?.
- Nada.
- ¿Entonces? ¿por qué te desconectaste? ¿fue porqué al final no pude mandarte la foto?.
- Mira, la foto ya no hace falta que me la mandes.
- ¿Y por qué no?.
- Porque ya la tengo. –Y en ese momento puse en mi ventanita del Messenger la foto de marras, que lucía igualita igualita que cuando la ponía él.

Naturalmente se produjo un silencio desgarrador. ¡Cómo me hubiera gustado verle la cara en ese momento!.
- Entonces… no vamos a hablar más –acertó a contestar el muy #&$#!! tan pancho...
- Pues va a ser que no.
E inmediatamente me desconecté.

Llego de comer de bastante mala leche, todo sea dicho, ya digo que acumulando tensiones del trabajo, y me veo un mensaje.




Para: BdG
De: J
Fecha: 30/11/2006 – 14:00
Asunto: -


Hola Bone,
Quisiera al menos decírtelo y contártelo en persona para pedirte disculpas. Por aquí ya ves que todo son mentiras; al menos conocerías a la persona con que has estado hablando (…).
La última semana del mes, si tú quisieras, me desplazaría a tu ciudad una tarde de las que no trabajas, y sólo te pediría que te desplazaras tú al aeropuerto, y en la misma cafetería tomarnos un café. Te pido dos horas como máximo, luego me regresaría a mi ciudad aquella misma tarde.
(…)
De ser así espero tu respuesta, y en caso de no recibirla nos eliminamos para siempre.




La verdad, jopé, yo flipo en colores con ese tío. ¿Cuántas veces se ha despedido de mí ya? ¿cuántas veces ha dicho que me eliminará, que no me dirá nada más? Y ahí está erre que erre, y encima después de haber sido pillado de esa forma. No me lo explico.

Me conecto y allí sigue. Me suelta cosas como: ¿de verdad vamos a dejar de hablar? (…) ¿qué hacemos? ¿nos eliminamos? (…) por tercera y última vez te pido una oportunidad, no te volveré a fallar (…) estoy dispuesto a hacer todo lo que me digas con tal de verte (…).

¿Será posible?, me quedé a cuadros, estaba ahí tan campante como si estas tres semanas no hubieran existido y esos tres millones de mentiras tampoco.

- Mira, te voy a proponer una cosa -escribió- Quizá no estés en condiciones de aceptarla por ahora, pero te doy unos días. Te pago el billete de avión y la estancia en un hotel para el fin de semana. Yo te recojo en el aeropuerto, cenamos, hablamos, y después te vas a tu hotel. Prometo que no voy a intentar nada por mucho que lo desee. El domingo por la mañana haces lo que quieras, comemos juntos y te devuelvo al aeropuerto. Todo pagado. ¿Qué dices?.
Me quedé muda.
- Además –añadió- voy a ponerte las fotos reales, para que veas quien soy y con quien has hablado este tiempo.
Y empezó a poner una foto detrás de otra de un hombre normal, con sus 48 años (yo había entendido 58 la primera vez que me dijo). E incluso me dió un número de móvil (vaya usted a saber si cierto o no, pero que seguramente no comprobaré).
- Realmente –dije al final- no estoy en condiciones de contestar, porque estoy perpleja ante todo esto, pero yo creo que eso no va a ser posible.
- Todo gastos pagados, y puedes cambiar de aires. Es una manera de compensarte por todo lo que he hecho.
- Hay cosas que no se pueden comprar con dinero, y yo soy una de ellas. ¿Cómo vas a compensar todo eso?.
- Puedes decirme lo que quieras aunque no podré contestarte, ya que tienes toda la razón de mundo para estar así. Entiendo que quieres dejar de hablar conmigo. Si quieres... nos eliminamos.

Y colorín colorado, este cuento pesadilla se ha acabado (supongo).

Por otro lado, también tendré que decirle "colorín colorado" a la hibernación, porque hibernando en casa me meto en más líos que saliendo por ahí.

Ayer noche salí con P8, y a pesar de las buenas críticas que parece que recibe por aquí, me he dado cuenta de que no es lo que ando buscando. Sí, es un chico encantador, pero como se suele decir "ni siento ni padezco" cuando estoy con él, y no es esa la sensación que quiero.

Hablé con I uno de los más majetes de mis amigos –también hallado en Internet- lo cual me hace dar la razón a algunos que dicen que Internet sólo es un medio para conocer gente, lo único es que hay que saber elegir.

Le conté lo de mi hibernación.
- Vaya, yo que iba a pedirte que me buscaras un hueco en tu agenda. Pero mejor me callo.
- No, para ti aún puedo hacer una excepción.
- Es que el último día me lo pasé muuuuuy bien contigo. Me gustó que saliéramos a tomar unas copas por ahí, y lo de después también me gustó mucho [inciso: lo cual ya tiene mérito después de lo mal que lo pasa el muchacho con mis gatos]. Guárdate alguna de tus historias tan divertidas para contarme.
Con lo de J alucinará pepinillos, eso seguro. ¡Y quién no!.
Así que le he buscado un día dentro de ese fantástico puente, y ya se verá.

Y tengo futuros planes de encuentro con Se a quien sólo he nombrado alguna vez, pues pensaba que no llegaría a conocerlo. Ahora está en la India por tres meses, de meditación imagino, me manda correos y se comunica cuando puede, y... me está empezando a picar la curiosidad.

Y ya se dice que la curiosidad mató al gato.