Crónica de montaña (Es un poco largo de leer)
Bló,6/6/2005;
Los tres picos del Infierno
Franky, Vallés, Coke y Bonifasi se van para la montaña...
Teníamos el coche lleno. Es curioso. Siempre es lo mismo. El sábado madrugar a las seis de la mañana, viaje de cinco horas hasta llegar a mediodía a los Pirineos, andar de dos a tres horas hasta llegar por la tarde a un refugio, madrugar el domingo muy de mañanita, andar de dos o tres horas hasta coronar el pico de un 3000, bajar de dos a cuatro horas hasta el coche y después del palizón, conducir cinco horas más hasta llegar a la noche a casa todos destrozados con el cansancio de tantas y tantas horas conduciendo y andando por la montaña.
Lo sé, estamos muy locos. Esto te tiene que gustar mucho.
Franky, el conductor, el de las Ray-Ban de pera, el repartidor de luckys.
Vallés, el copiloto, el tonto a las tres, el que no se pierde ni una.
Coke, mi ex compañero de piso, atento a todo con su oreja buena.
Bonifasi, el de los jueves universitarios, el que le pesa siempre el culo.
Vallés nos contaba su viaje de esta semana santa a Marruecos. Nos relataba la vida de los nómadas que vivían en el desierto, los bereber. Nos recordaba lo hospitalarios que eran, como las mujeres y los niños no habían visto nunca un pueblo. Nos explicaba como la vida allí estaba tres marchas más lenta que la que vivimos nosotros en nuestra tierra.
Allí una semana nuestra son dos días.
-Amigo, tranquilo, las prisas matan-
Les decían los marroquíes cuando veían que los españolitos estaban un poco tontos con sus prisas.
Tras una hora de viaje, paramos en un bareto de Flix y allí cayó un bocata y un par de tapas. También compramos, en el super de al lado, algo de fruta, pan, embutido, choleck, napolitanas de crema, y ya con todo el papeo del sábado y del domingo, volvimos a la carretera.
Ya habían pasado las cinco horas de siempre. Cuando nos dimos cuenta que ya estábamos al sitio. Sacamos las mochilas del coche, nos cambiamos de ropa, nos ponemos las botas de montaña, nos repartimos el papeo, un poco de cremita para el sol, hacemos estiramientos para las piernas, nos colgamos las mochilas en la espalda y a subir las primeras cuestas empinadas que nos harán dejar este valle, cruzando por un collado, hasta llegar a una altitud de más de 2000 metros.
El sol está presente todo el camino, con fuerza, majestuoso, no parpadea, no hace guiños, no hay tregua, no hay nubes. La montaña está toda atigrada por la nieve, hay muchos neveros posados por sus lomas, blanco que se funde poco a poco, sin prisas, aquí arriba, nace la vida. No para de escucharse, en todo el camino que hacemos, el murmullo del agua que va brotando ladera abajo hasta llegar a los lagos, no para de oírse el murmullo del deshielo, la montaña habla, no hay silencio.
Buscamos la senda que nos conduzca al refugio, buscamos los jitos, las fitas, las montañitas de piedras que señalan los caminos; buscamos las marcas de los GRG, las autopistas de las montañas, los dos brochazos de rojo y blanco en las rocas que nos conducirán hasta nuestro destino. Tenemos que cruzar riachuelos crecidos por el deshielo, bordear un valle entero con un lago gigantesco en su centro y después de tres horas llegamos al refugio.
Es muy pequeño. Este no tiene guarda. Solo caben nueve personas. No hay nadie. No hay literas, no hay colchones, no hay nada, solo el techo y la puerta y nos toca dormir en el suelo, con la esterilla, con el saco de dormir. Dejamos las mochilas, nos cambiamos la ropa, estiramos las piernas un rato, más cremita para la cara para poder tomar el sol fuera y contemplar las vistas impresionantes.
Vemos, desde aquí, en la lejanía, otros montañeros que siguen los GRG para llegar a otros refugios que estarán en otros valles o quizás vayan a coronar algún pico de aquí cerca, quien sabe, ellos son puntitos que se mueven lentos en la lejanía.
Sacamos el pan, navaja en mano, el paté, dos bocados y para adentro.
Hemos visto una marmota por el camino.
Hemos visto dos cabras muy pequeñas corriendo a toda velocidad.
Hemos visto un cuervo muy negro con algo muy amarillo en su pico.
Hemos visto un águila planeando a cinco metros de nuestras cabezas.
Hemos visto que aquí no hay un árbol a tanta altura.
Hemos visto, lo hemos visto, lo hemos visto todos.
Llega un vasco, aquí a los Pirineos todos son vascos, catalanes o maños, dice que ellos son cinco y que ahora vienen los otros. Le preguntamos si sabe cuales son los tres picos del infierno y sin dudar nos los señala y nos indica la ruta a seguir. Llegan sus colegas, se apalancan a su rollo, nosotros al nuestro.
Han pasado un par de horas o más. No sé que hora es, pero ya se ha ido el sol y hace frío fuera de las paredes de la caseta. Nos metemos en el refugio, dentro de los sacos y vamos buscando la postura óptima para poder descansar.
Bueno, chicos, yo me voy a dormir...
Suena la alarma del móbil del Sr. Coke. Son las seis de la mañana. Creo que tengo un hombro dislocado de una mala postura. Me levanto. Me pongo la ropa que toca. Recojo el saco, la esterilla, me salgo del refugio. No hace mucho frío. Aún no ha salido el sol por todo el valle, solo se asoma tímido detrás de las crestas del infierno, justo por allí tenemos que ir.
Me curo con mimo una llaguita que me ha salido en el talón del pie.
Los marmotos ya se van levantado, los vascos están durmiendo.
La misma liturgia de siempre; vestirse, cremita, estiramientos, preparar la mochila, almuerzo suave y comienza la fiesta de verdad.
Llevamos una hora de caminata y hemos parado. Hemos cogido bastante altura. Aquí hay mucha nieve y aún está dura, es peligroso, es casi hielo. Nos ponemos lo crampones en los botas, esas suelas de pinchos metálicos para no resbalar con el hielo y con el piolet en la mano, esa especie de pico pequeño, comenzamos a remontar la nieve dura, con paso firme, algo lentos, pero el paso es firme, no hay marcha atrás.
Ya se acabó la nieve, estamos en el collado, aquí comienza la cresta que nos llevará al primer pico del Infierno. Hacemos una parada rápida, nos quitamos la mochila, una barrita energética, dos sorbitos de agua, nos quitamos los crampones, miramos alucinados las vistas que ya se ven desde aquí, solo tenemos ganas de llegar arriba y poder ver todo lo que hay alrededor de esta montaña.
Dos bocanadas de aire y a tirar para arriba.
Rocas, pedruscos, piedras sueltas, pasos un poco jodidos, desfiladeros con vertientes que dan vértigo, pasos que se trepan con los pies y con las manos, las mochilas pesadas en la espalda, con cuidado, la montaña no perdona, no da segundas oportunidades, los torpes que se queden en casa.
Ya queda poco, primero Vallés, segundo Coke, tercero mi tío franky y el último yo.
Abrazotes, sonrisas, silencio... no haces más que sonreír de felicidad, después de tanto sufrimiento, las piernas destrozadas, el corazón acelerado, los pulmones recogiendo como puede el poco y fino oxigeno que va quedando a tanta altura... después de todo ha valido la pena... quietud, sol, silencio... vistas... tú estás encima de todo, tu vista alcanza a ver más de treinta picos, crestitas que pinchan el cielo, tú de pie admirando la quietud y el silencio de la cumbre... hace un día precioso, el mejor de todos los que he tenido en un pico en mi vida, no hay nubes, no mueve aire, no se escucha el murmullo de los riachuelos... solo hay silencio...
Lo dejamos y continuamos por una cresta que nos llevará al segundo que está al lado, ese piquito es otro 3000 y solo hay que andar diez minutos, que guapo. Aquí montamos el garito, nos quitamos las mochilas, comemos algo, nos sacamos fotos y continuamos flipando con el tiempo, con las vistas, con el silencio... a mi me gusta compartir el silencio con mis colegas en la montaña...
Vallés y yo coronamos el tercer 3000 que también estaba a diez minutos. Luego es como lo de siempre, o no. Bajamos por una lengua de nieve de unos 200 metros de caída con unos 45 grados de inclinación, peazo bajada quillo, con los crampones montados, con el piolet en la mano. Bordeamos un valle tope tocho, hasta llegar al collado que nos hace descender más de mil metros hasta llevarnos hasta el coche. En total, desde que salimos del refugio hasta el coche, han pasado nueve horas y apenas hemos perdimos tiempo en las paradas. Una verdadera lokura. Hola ricura. Luego vino las cinco horas de viaje con el coche y a las diez y media de la noche llegamos a casa.
¡Qué viva los locos!
¡Hip, Hip, hurra!
Me fui al cuarto de la lavadora, deshice la mochila, puse cada cosa en su sitio y me quité la ropa.
Desnudo me fui al cuarto de aseo... me afeité la barbota que llevaba de una semana... me duché sin prisas... el agua caía por todo mi cuerpo... caía el agua... calmando el cansancio de mis piernas... del rojo intenso de mi cara... de mi cuello... de mis brazos... el sol nos había castigado... el agua calmaba mis penas...
Luego cené un poco, comenté la jugada a mi madre que flipaba de lo tontos que estamos de hacer esas barbaridades, pero aún así, yo lo único que pienso, es que ya tengo ganas, otra vez, de volver con los montañeros a subir un piquito, de hacer un 3000.
PD. Para mi tío James, mi tío Franky y mi tío Coke:
Sois los mejores, sois fantásticos, sois inolvidables...
¡Qué os den por culo a todos, la próxima vez os empujo!
Un abrazote
Los tres picos del Infierno
Franky, Vallés, Coke y Bonifasi se van para la montaña...
Teníamos el coche lleno. Es curioso. Siempre es lo mismo. El sábado madrugar a las seis de la mañana, viaje de cinco horas hasta llegar a mediodía a los Pirineos, andar de dos a tres horas hasta llegar por la tarde a un refugio, madrugar el domingo muy de mañanita, andar de dos o tres horas hasta coronar el pico de un 3000, bajar de dos a cuatro horas hasta el coche y después del palizón, conducir cinco horas más hasta llegar a la noche a casa todos destrozados con el cansancio de tantas y tantas horas conduciendo y andando por la montaña.
Lo sé, estamos muy locos. Esto te tiene que gustar mucho.
Franky, el conductor, el de las Ray-Ban de pera, el repartidor de luckys.
Vallés, el copiloto, el tonto a las tres, el que no se pierde ni una.
Coke, mi ex compañero de piso, atento a todo con su oreja buena.
Bonifasi, el de los jueves universitarios, el que le pesa siempre el culo.
Vallés nos contaba su viaje de esta semana santa a Marruecos. Nos relataba la vida de los nómadas que vivían en el desierto, los bereber. Nos recordaba lo hospitalarios que eran, como las mujeres y los niños no habían visto nunca un pueblo. Nos explicaba como la vida allí estaba tres marchas más lenta que la que vivimos nosotros en nuestra tierra.
Allí una semana nuestra son dos días.
-Amigo, tranquilo, las prisas matan-
Les decían los marroquíes cuando veían que los españolitos estaban un poco tontos con sus prisas.
Tras una hora de viaje, paramos en un bareto de Flix y allí cayó un bocata y un par de tapas. También compramos, en el super de al lado, algo de fruta, pan, embutido, choleck, napolitanas de crema, y ya con todo el papeo del sábado y del domingo, volvimos a la carretera.
Ya habían pasado las cinco horas de siempre. Cuando nos dimos cuenta que ya estábamos al sitio. Sacamos las mochilas del coche, nos cambiamos de ropa, nos ponemos las botas de montaña, nos repartimos el papeo, un poco de cremita para el sol, hacemos estiramientos para las piernas, nos colgamos las mochilas en la espalda y a subir las primeras cuestas empinadas que nos harán dejar este valle, cruzando por un collado, hasta llegar a una altitud de más de 2000 metros.
El sol está presente todo el camino, con fuerza, majestuoso, no parpadea, no hace guiños, no hay tregua, no hay nubes. La montaña está toda atigrada por la nieve, hay muchos neveros posados por sus lomas, blanco que se funde poco a poco, sin prisas, aquí arriba, nace la vida. No para de escucharse, en todo el camino que hacemos, el murmullo del agua que va brotando ladera abajo hasta llegar a los lagos, no para de oírse el murmullo del deshielo, la montaña habla, no hay silencio.
Buscamos la senda que nos conduzca al refugio, buscamos los jitos, las fitas, las montañitas de piedras que señalan los caminos; buscamos las marcas de los GRG, las autopistas de las montañas, los dos brochazos de rojo y blanco en las rocas que nos conducirán hasta nuestro destino. Tenemos que cruzar riachuelos crecidos por el deshielo, bordear un valle entero con un lago gigantesco en su centro y después de tres horas llegamos al refugio.
Es muy pequeño. Este no tiene guarda. Solo caben nueve personas. No hay nadie. No hay literas, no hay colchones, no hay nada, solo el techo y la puerta y nos toca dormir en el suelo, con la esterilla, con el saco de dormir. Dejamos las mochilas, nos cambiamos la ropa, estiramos las piernas un rato, más cremita para la cara para poder tomar el sol fuera y contemplar las vistas impresionantes.
Vemos, desde aquí, en la lejanía, otros montañeros que siguen los GRG para llegar a otros refugios que estarán en otros valles o quizás vayan a coronar algún pico de aquí cerca, quien sabe, ellos son puntitos que se mueven lentos en la lejanía.
Sacamos el pan, navaja en mano, el paté, dos bocados y para adentro.
Hemos visto una marmota por el camino.
Hemos visto dos cabras muy pequeñas corriendo a toda velocidad.
Hemos visto un cuervo muy negro con algo muy amarillo en su pico.
Hemos visto un águila planeando a cinco metros de nuestras cabezas.
Hemos visto que aquí no hay un árbol a tanta altura.
Hemos visto, lo hemos visto, lo hemos visto todos.
Llega un vasco, aquí a los Pirineos todos son vascos, catalanes o maños, dice que ellos son cinco y que ahora vienen los otros. Le preguntamos si sabe cuales son los tres picos del infierno y sin dudar nos los señala y nos indica la ruta a seguir. Llegan sus colegas, se apalancan a su rollo, nosotros al nuestro.
Han pasado un par de horas o más. No sé que hora es, pero ya se ha ido el sol y hace frío fuera de las paredes de la caseta. Nos metemos en el refugio, dentro de los sacos y vamos buscando la postura óptima para poder descansar.
Bueno, chicos, yo me voy a dormir...
Suena la alarma del móbil del Sr. Coke. Son las seis de la mañana. Creo que tengo un hombro dislocado de una mala postura. Me levanto. Me pongo la ropa que toca. Recojo el saco, la esterilla, me salgo del refugio. No hace mucho frío. Aún no ha salido el sol por todo el valle, solo se asoma tímido detrás de las crestas del infierno, justo por allí tenemos que ir.
Me curo con mimo una llaguita que me ha salido en el talón del pie.
Los marmotos ya se van levantado, los vascos están durmiendo.
La misma liturgia de siempre; vestirse, cremita, estiramientos, preparar la mochila, almuerzo suave y comienza la fiesta de verdad.
Llevamos una hora de caminata y hemos parado. Hemos cogido bastante altura. Aquí hay mucha nieve y aún está dura, es peligroso, es casi hielo. Nos ponemos lo crampones en los botas, esas suelas de pinchos metálicos para no resbalar con el hielo y con el piolet en la mano, esa especie de pico pequeño, comenzamos a remontar la nieve dura, con paso firme, algo lentos, pero el paso es firme, no hay marcha atrás.
Ya se acabó la nieve, estamos en el collado, aquí comienza la cresta que nos llevará al primer pico del Infierno. Hacemos una parada rápida, nos quitamos la mochila, una barrita energética, dos sorbitos de agua, nos quitamos los crampones, miramos alucinados las vistas que ya se ven desde aquí, solo tenemos ganas de llegar arriba y poder ver todo lo que hay alrededor de esta montaña.
Dos bocanadas de aire y a tirar para arriba.
Rocas, pedruscos, piedras sueltas, pasos un poco jodidos, desfiladeros con vertientes que dan vértigo, pasos que se trepan con los pies y con las manos, las mochilas pesadas en la espalda, con cuidado, la montaña no perdona, no da segundas oportunidades, los torpes que se queden en casa.
Ya queda poco, primero Vallés, segundo Coke, tercero mi tío franky y el último yo.
Abrazotes, sonrisas, silencio... no haces más que sonreír de felicidad, después de tanto sufrimiento, las piernas destrozadas, el corazón acelerado, los pulmones recogiendo como puede el poco y fino oxigeno que va quedando a tanta altura... después de todo ha valido la pena... quietud, sol, silencio... vistas... tú estás encima de todo, tu vista alcanza a ver más de treinta picos, crestitas que pinchan el cielo, tú de pie admirando la quietud y el silencio de la cumbre... hace un día precioso, el mejor de todos los que he tenido en un pico en mi vida, no hay nubes, no mueve aire, no se escucha el murmullo de los riachuelos... solo hay silencio...
Lo dejamos y continuamos por una cresta que nos llevará al segundo que está al lado, ese piquito es otro 3000 y solo hay que andar diez minutos, que guapo. Aquí montamos el garito, nos quitamos las mochilas, comemos algo, nos sacamos fotos y continuamos flipando con el tiempo, con las vistas, con el silencio... a mi me gusta compartir el silencio con mis colegas en la montaña...
Vallés y yo coronamos el tercer 3000 que también estaba a diez minutos. Luego es como lo de siempre, o no. Bajamos por una lengua de nieve de unos 200 metros de caída con unos 45 grados de inclinación, peazo bajada quillo, con los crampones montados, con el piolet en la mano. Bordeamos un valle tope tocho, hasta llegar al collado que nos hace descender más de mil metros hasta llevarnos hasta el coche. En total, desde que salimos del refugio hasta el coche, han pasado nueve horas y apenas hemos perdimos tiempo en las paradas. Una verdadera lokura. Hola ricura. Luego vino las cinco horas de viaje con el coche y a las diez y media de la noche llegamos a casa.
¡Qué viva los locos!
¡Hip, Hip, hurra!
Me fui al cuarto de la lavadora, deshice la mochila, puse cada cosa en su sitio y me quité la ropa.
Desnudo me fui al cuarto de aseo... me afeité la barbota que llevaba de una semana... me duché sin prisas... el agua caía por todo mi cuerpo... caía el agua... calmando el cansancio de mis piernas... del rojo intenso de mi cara... de mi cuello... de mis brazos... el sol nos había castigado... el agua calmaba mis penas...
Luego cené un poco, comenté la jugada a mi madre que flipaba de lo tontos que estamos de hacer esas barbaridades, pero aún así, yo lo único que pienso, es que ya tengo ganas, otra vez, de volver con los montañeros a subir un piquito, de hacer un 3000.
PD. Para mi tío James, mi tío Franky y mi tío Coke:
Sois los mejores, sois fantásticos, sois inolvidables...
¡Qué os den por culo a todos, la próxima vez os empujo!
Un abrazote
Comentario:
¿Que puedo decir con tanto cariño que me dais?
Solo puedo daros las gracias.
Solo puedo daros las gracias.
Comentario:
Vengo a despertarte a darte un besito en los ojos, para que empieces dulcemente el lunes. No tardes...que ya ha salido el sol.
Besos de lunes :) no olvides tus alas.
Besos de lunes :) no olvides tus alas.
Comentario:
Vengo a regarte, a echarle aguita a mi planta, a que des flor, como yo la doy con tus besos. A mil
Comentario:
toc toc... estás ahí?
(mi último comentario, lo prometo. estoy terminando un trabajo, me conecté un momento y vi el tuyo...pero no sé si será demasiado tarde....)
(mi último comentario, lo prometo. estoy terminando un trabajo, me conecté un momento y vi el tuyo...pero no sé si será demasiado tarde....)
Comentario:
Me voy a dormir en naranja :) Dulces sueños y un besitoooo grande, no, no muy muy GRANDE :)
Comentario:
Jajaj, me encanta tu post data. Anda que... Algo largo en palabras, pero se hace muy ameno de leer.
besos
besos
Comentario:
muack.....
te lo mereces por tus comentarios
te lo mereces por tus comentarios
Comentario:
Prisa mata creo que es lo primero que aprenden a decir en español. que envidia de la buena me das, besos mil
Comentario:
Holass, que alegría saludarte Boni ;)
Vaya, que he venido un poquito tarde a saber cómo te fue en ese paseo por la montaña :)) Ha sido genial eh? Me alegra, sabes? he disfrutado a tu lado, graciass por compartir :)
Besos y saludos muchos...
;o)
Vaya, que he venido un poquito tarde a saber cómo te fue en ese paseo por la montaña :)) Ha sido genial eh? Me alegra, sabes? he disfrutado a tu lado, graciass por compartir :)
Besos y saludos muchos...
;o)
Comentario:
:) Es muy tarde y tengo mucho sueñito... pero no me quería ir a dormir sin darte un besito en tu carita dormida y desearte dulces sueños...
El Pedraforca..es precioso, me encanta :) Me paso en otro momentito y te leo más tranquila.
Bo, gracias por ser mi ángel de la guarda :)
El Pedraforca..es precioso, me encanta :) Me paso en otro momentito y te leo más tranquila.
Bo, gracias por ser mi ángel de la guarda :)
Comentario:
eres un verdadero duende (aunque no lo dudaba)....
me encanta cuando hablas del murmullo del agua y la voz de la montaña...
me encanta cuando hablas del murmullo del agua y la voz de la montaña...
Comentario:
¿Para cuando el pico más alto de los Pirineos, el Aneto? Para Julio prepárate para subir el Pedraforca... Un beso.





