Si estás triste no lo leas
Eran las cinco de la mañana, era aún de noche, salí de mi camareta y se
oían voces en la otra camareta de en frente. Me quedé mirando. Era
extraño. Allí estaba el coronel y el teniente coronel, los dos mandos
con más rango del cuartel. Era muy extraño. Ellos dos allí con el
capitán de guardia. Me resultaba tan extraño que estuvieran escudriñando
en la taquilla de alguien de aquella camareta.
-¡Encima es un ladrón, aquí hay dos boquillas de corneta!-
Dijo el coronel con aquellas dos piezas metálicas en su mano.
-¿Qué coño habrá echo el Sevilla? ¡Me caguen la puta!-
Me pregunté yo mismo. Joder, si ayer, después de estar arrestado casi 4
meses sin poder salir del cuartel, estaba muy alegre porque por fin
pisaba la calle.
-Venga pípol, vente conmigo, que vamos a quemar Melilla-
Me dijo con aquella enorme sonrisa en sus labios y aquel brillo especial
en sus ojos negros. Era todo felicidad.
-No salgo Sevilla, ya sabes que a mí no me apetece salir de aquí. De
todas formas píllame un billete de grifa y luego te lo pago-
Regresó sobre las cinco. Me buscó en mi camareta. Me venía un poco
ciego, colocado de porros y algo bebido con ese puntito maravilloso de
risas y buena camarería. Me dio mi piedra de costo. Se hizo un buen
canuto y comenzamos a fumar. Allí era normal el fumarse a cualquier hora
del día un canuto. Coño, pero si estábamos en el cuartel de La Legión,
Tercio Gran Capitán 1º de La Legión. Allí los suboficiales, los cabos
primeros hasta los sargentos, daban vidilla a las compañías después de
un día duro de maniobras y hacían vista gorda, dejando que los lejías,
se pudieran hacer tantos canutos quisieran en los momentos de descanso.
Los suboficiales eran legionarios, habían sudado sangre para conseguir
el chapiri y así convertirse en los legendarios Novios de la muerte.
Pero los oficiales jóvenes eran otra cosa. Eran de academia, no de la
antigua academia militar legionaria, si no de la de Zaragoza y luego
pedían ser trasladados a La Legión. Llegaban ya con el Chapiri puesto,
sin habérselo ganado y sin saber lo que era sudar sangre, lo que era dar
vidilla, lo que era el grito de, ¡A mí La Legión! Llegaban algo locos
por intentar inventar La Legión, cuando aquello ya llevaba todo
inventado, exactamente 75 años inventado por Millán Astray. Pero luego
no sabían ni dar vidilla. A mi una vez me pilló un Capitán de los
chungos en la cocina fumando canutos con seis personas más. Nos quedamos
helados al verlo. Nos pilló a todos con las manos en la masa, con una
niebla espesa y concentrada en una habitación.
-Bueno. Aquí me vais a dar vuestra palabra que no vais a fumar más
canutos. Ahora bien, como os vuelva a pillar os mato-
Así que fue pasando uno a uno, mientras se escuchaba las promesas de no
volver a fumar más. Cuando me tocó a mí me quedé en silencio. No me
atrevía a prometer algo que no podía cumplir.
-¡Pero a ti que cojones te pasa!-
Me dijo gritando a dos centímetros de mi cara.
-¡¡Yo quiero que me de Legión mi capitán!!-
Le dije sin mirarle fijamente a los ojos.
-Así que tú quieres que te de legión, pistolo de mierda, si ni siquiera
eres legionario-
Me dijo mientras se arremangaba el brazo de la chaquetilla
-¡¡Sí mi capitán, quiero un buen bimbazo en el pecho mi capitán!!-
Le contesté como si fuera el mayor de mis deseos.
-Ahora te voy a atender con gusto. Te voy a matar de una hostia, hijo de
puta.-
Y continuó arrancando promesas de no volver a fumar porros a chavales
que no iban a poder cumplir aquella promesa y que se arriesgaban a algo
peor. A mí me dejo el último. Hizo que todos se marcharan de allí y me
vino como un toro hacia mí. Miedo era poco lo que tenía. Me quedé
rígido, tenso, esperando aquel puñetazo en el pecho, no era la primera
vez que me daban caña, pero aquel animal era demasiado. Cuando ya
preparaba el brazo y yo me temía lo peor se detuvo.
-Pistolo, tienes cojones, anda, lárgate.-
Al final no me ocurrió nada. Aquello era dar legión en vez de arrestos.
Allí estábamos el Sevilla y yo, riéndonos, en mi camareta, sin
preocupaciones, sabíamos que si venía algún mando seríamos avisados por
el cuartelero.
-¡Agua, agua, agua!-
Se gritaba en voz baja cuando veían desde el rellano de la escalera como
subía un mando a la primera planta donde estábamos y teníamos tiempo de
esconder el costo y abrir las ventanas para que se ventilara todo.
Allí estábamos El Sevilla y yo, como casi siempre. Él y yo hicimos muy
buenas migas, coincidimos en la cocina un par de meses hasta que por
falta de legionarios en la banda de música y gracias a que en su ficha
ponía que sabía tocar la corneta, le dieron el uniforme de lejía, con el
chapiri incluido y se largaba a ensayar con la trompeta con aquella
banda.
-El único pistolo-legionario de toda historia de La Legión-
Le solía decir yo cuando le veía vestido de legionario.
Nos hicimos muy buenos amigos. Me contó como había perdido a su madre
por culpa del cáncer. Me contó como curraba y ahorraba para poder ayudar
a su hermana en los estudios el día de mañana. Me contó que en Sevilla
están las mujeres más guapas del mundo.
-Verás pípol, cuando vengas verás que niñas más guapas tenemos. Las feas
no salen de casa.-
Me decía con aquel maravilloso acento andaluz. Pero de repente irrumpió
el Teniente Salas en la camareta. El nervioso, el que seguro que se
comía tres gramos de cocaína al día. Entró con la mandíbula desencajada,
me pegó un puñetazo al pecho que me tumbó, le metió otro al Sevilla que
acabó golpeándose contra las taquillas.
-¿Dónde está?-
Y se hizo un silencio. ¿Cómo coño no habremos escuchado el agua? Me
preguntaba. De todas formas yo estaba tranquilo por mí, porque solía
esconderme mi costo en un chivato de plástico dentro de los calzoncillos
y allí no te solían registrar.
-¡Me cagüen tu puta madre!-
Me gritó mientras me volvía a pegar un pechazo que me tumbaba de nuevo
en el suelo. Me volví a levantar corriendo y me cuadraba de nuevo como
si no pasara nada. Como si tuviera ganas de que me volviera a reventar
el pecho. El Sevilla no hacía buena cara. Se le acercó y le comenzó a
registrar.
-¿Y esto que es?-
Le decía orgulloso con una penca de unos 25 gramos. Mientras veías como
el Sevilla se quedaba blanco.
-Por mis cojones que tú te vas a quedar aquí dos meses más que todos tus
compañeros-
Sentenció amenazante mientras se marchaba en busca de las escaleras.
Sevilla se quedó callado y no dijo nada. Luego se puso el uniforme,
aquella noche le tocaba Guardia en Rio Nano, un trozo de la frontera con
Marruecos que ahora vigila la guardia civil...
-¡Encima es un ladrón, aquí hay dos boquillas de corneta!-
Dijo el coronel con aquellas dos piezas metálicas en su mano.
Me largué para la cocina a empezar a montar el comedor para los
desayunos y entonces lo escuché.
-¿Sabes que uno se ha pegado un tiro en Rio Nano?-
Dios mío. Se me doblaron las rodillas y me quedé un rato en el suelo con
las manos en la cabeza, ausente a todo. Después por la cocina se podía
oír el cachondeo de que un pistolo de mierda se había pegado un tiro.
Que no pasaba nada, que era una boca menos que alimentar. Por la tarde
quedamos todos los soldados, todos los pistolos de mierda que vivían con
los legionarios en el cuartel de la Legión, pistolos, camareros,
chispas, fontaneros, cocineros, chóferes... Todos fuimos a rendirle
nuestro último homenaje en la arriada de bandera en el cuerpo de
guardia. Comenzamos a cruzar el patio de armas.
-¡¡¡Una boca menos que alimetar!!!-
-¡¡¡A ver si nos hacéis un favor y os pegáis todos un tiro!!!-
-¡¡¡Pistolos de mierda!!!-
-¡¡¡¿Dónde Vais mariconas?!!!-
En mi vida había sentido tanto dolor. Tardamos minutos en cruzar el
patio de armas hasta llegar al cuerpo de guardia. En mi vida había
estado en una romería tan llena de rabia, dolor, resignación y odio.
Luego formamos en frente del mástil. Maldita puta bandera que nos trajo
hasta allí. Sonaba el cornetín mientras hacían descender aquella bandera
de mierda que llegué a odiar tanto. Antes de acabar nos saltamos el
protocolo y comenzamos a gritar, no entiendo porque, salió instantáneo,
teníamos tanta mierda acumulada que la sacamos gritando su nombre una y
otra vez.
-¡¡Me cagüen vuestras putas madres. No me toquéis los cojones y esperaos
a que acabé la airrada!!-
Nos gritó el capitán que estaba de guardia. Luego el cornetín tocó
romper filas y gritamos, gritamos y gritamos su nombre una y otra vez
hasta que rompimos todos a llorar...
Se hizo de noche. Los legionarios de la banda de música, sus compañeros,
quisieron rendirle su pequeño homenaje. Siempre había un turuta de
guardia que se encargaba todo el día de pegar vueltas por el cuartel
tocando con la corneta todas las ordenes del día hasta llegar a la noche
que acababa con toque de silencio...
Al tocar silencio, los tres legionarios con sus cornetas, nudos en la
garganta, recuerdos que escocían mis ojos, nudos en la garganta en cada
nota que sonaba. Al tocar silencio, las notas metálicas volaban hasta
nuestras ventanas, tanto silencio, tanto silencio. Al tocar silencio, El
Sevilla se marchó para siempre de allí.
PD. El cabo Salvatierra no me dejó ir a la misa, donde acudió su padre.
No pude darle el pésame. Me amenazó que no me dejaría irme de permiso y
yo estaba muy quemado y resignado no pude ir. Más tarde me contaron que
a su padre le habían dicho que se había pegado el tiro por culpa de un
problema con las drogas. Pero nadie le contó la amenaza del teniente
Salas, eso nadie se lo contó. Pasó lo que pasó y ya está, pero me
prometí que nunca lo olvidaría. Aún días como hoy me veo sentado en el
suelo, con las manos en la cabeza y sufriendo pensando cuanta tristeza
le arrastró para que se pegara un tiro en la oscuridad de la noche,
cuanta, cuanta tristeza.
oían voces en la otra camareta de en frente. Me quedé mirando. Era
extraño. Allí estaba el coronel y el teniente coronel, los dos mandos
con más rango del cuartel. Era muy extraño. Ellos dos allí con el
capitán de guardia. Me resultaba tan extraño que estuvieran escudriñando
en la taquilla de alguien de aquella camareta.
-¡Encima es un ladrón, aquí hay dos boquillas de corneta!-
Dijo el coronel con aquellas dos piezas metálicas en su mano.
-¿Qué coño habrá echo el Sevilla? ¡Me caguen la puta!-
Me pregunté yo mismo. Joder, si ayer, después de estar arrestado casi 4
meses sin poder salir del cuartel, estaba muy alegre porque por fin
pisaba la calle.
-Venga pípol, vente conmigo, que vamos a quemar Melilla-
Me dijo con aquella enorme sonrisa en sus labios y aquel brillo especial
en sus ojos negros. Era todo felicidad.
-No salgo Sevilla, ya sabes que a mí no me apetece salir de aquí. De
todas formas píllame un billete de grifa y luego te lo pago-
Regresó sobre las cinco. Me buscó en mi camareta. Me venía un poco
ciego, colocado de porros y algo bebido con ese puntito maravilloso de
risas y buena camarería. Me dio mi piedra de costo. Se hizo un buen
canuto y comenzamos a fumar. Allí era normal el fumarse a cualquier hora
del día un canuto. Coño, pero si estábamos en el cuartel de La Legión,
Tercio Gran Capitán 1º de La Legión. Allí los suboficiales, los cabos
primeros hasta los sargentos, daban vidilla a las compañías después de
un día duro de maniobras y hacían vista gorda, dejando que los lejías,
se pudieran hacer tantos canutos quisieran en los momentos de descanso.
Los suboficiales eran legionarios, habían sudado sangre para conseguir
el chapiri y así convertirse en los legendarios Novios de la muerte.
Pero los oficiales jóvenes eran otra cosa. Eran de academia, no de la
antigua academia militar legionaria, si no de la de Zaragoza y luego
pedían ser trasladados a La Legión. Llegaban ya con el Chapiri puesto,
sin habérselo ganado y sin saber lo que era sudar sangre, lo que era dar
vidilla, lo que era el grito de, ¡A mí La Legión! Llegaban algo locos
por intentar inventar La Legión, cuando aquello ya llevaba todo
inventado, exactamente 75 años inventado por Millán Astray. Pero luego
no sabían ni dar vidilla. A mi una vez me pilló un Capitán de los
chungos en la cocina fumando canutos con seis personas más. Nos quedamos
helados al verlo. Nos pilló a todos con las manos en la masa, con una
niebla espesa y concentrada en una habitación.
-Bueno. Aquí me vais a dar vuestra palabra que no vais a fumar más
canutos. Ahora bien, como os vuelva a pillar os mato-
Así que fue pasando uno a uno, mientras se escuchaba las promesas de no
volver a fumar más. Cuando me tocó a mí me quedé en silencio. No me
atrevía a prometer algo que no podía cumplir.
-¡Pero a ti que cojones te pasa!-
Me dijo gritando a dos centímetros de mi cara.
-¡¡Yo quiero que me de Legión mi capitán!!-
Le dije sin mirarle fijamente a los ojos.
-Así que tú quieres que te de legión, pistolo de mierda, si ni siquiera
eres legionario-
Me dijo mientras se arremangaba el brazo de la chaquetilla
-¡¡Sí mi capitán, quiero un buen bimbazo en el pecho mi capitán!!-
Le contesté como si fuera el mayor de mis deseos.
-Ahora te voy a atender con gusto. Te voy a matar de una hostia, hijo de
puta.-
Y continuó arrancando promesas de no volver a fumar porros a chavales
que no iban a poder cumplir aquella promesa y que se arriesgaban a algo
peor. A mí me dejo el último. Hizo que todos se marcharan de allí y me
vino como un toro hacia mí. Miedo era poco lo que tenía. Me quedé
rígido, tenso, esperando aquel puñetazo en el pecho, no era la primera
vez que me daban caña, pero aquel animal era demasiado. Cuando ya
preparaba el brazo y yo me temía lo peor se detuvo.
-Pistolo, tienes cojones, anda, lárgate.-
Al final no me ocurrió nada. Aquello era dar legión en vez de arrestos.
Allí estábamos el Sevilla y yo, riéndonos, en mi camareta, sin
preocupaciones, sabíamos que si venía algún mando seríamos avisados por
el cuartelero.
-¡Agua, agua, agua!-
Se gritaba en voz baja cuando veían desde el rellano de la escalera como
subía un mando a la primera planta donde estábamos y teníamos tiempo de
esconder el costo y abrir las ventanas para que se ventilara todo.
Allí estábamos El Sevilla y yo, como casi siempre. Él y yo hicimos muy
buenas migas, coincidimos en la cocina un par de meses hasta que por
falta de legionarios en la banda de música y gracias a que en su ficha
ponía que sabía tocar la corneta, le dieron el uniforme de lejía, con el
chapiri incluido y se largaba a ensayar con la trompeta con aquella
banda.
-El único pistolo-legionario de toda historia de La Legión-
Le solía decir yo cuando le veía vestido de legionario.
Nos hicimos muy buenos amigos. Me contó como había perdido a su madre
por culpa del cáncer. Me contó como curraba y ahorraba para poder ayudar
a su hermana en los estudios el día de mañana. Me contó que en Sevilla
están las mujeres más guapas del mundo.
-Verás pípol, cuando vengas verás que niñas más guapas tenemos. Las feas
no salen de casa.-
Me decía con aquel maravilloso acento andaluz. Pero de repente irrumpió
el Teniente Salas en la camareta. El nervioso, el que seguro que se
comía tres gramos de cocaína al día. Entró con la mandíbula desencajada,
me pegó un puñetazo al pecho que me tumbó, le metió otro al Sevilla que
acabó golpeándose contra las taquillas.
-¿Dónde está?-
Y se hizo un silencio. ¿Cómo coño no habremos escuchado el agua? Me
preguntaba. De todas formas yo estaba tranquilo por mí, porque solía
esconderme mi costo en un chivato de plástico dentro de los calzoncillos
y allí no te solían registrar.
-¡Me cagüen tu puta madre!-
Me gritó mientras me volvía a pegar un pechazo que me tumbaba de nuevo
en el suelo. Me volví a levantar corriendo y me cuadraba de nuevo como
si no pasara nada. Como si tuviera ganas de que me volviera a reventar
el pecho. El Sevilla no hacía buena cara. Se le acercó y le comenzó a
registrar.
-¿Y esto que es?-
Le decía orgulloso con una penca de unos 25 gramos. Mientras veías como
el Sevilla se quedaba blanco.
-Por mis cojones que tú te vas a quedar aquí dos meses más que todos tus
compañeros-
Sentenció amenazante mientras se marchaba en busca de las escaleras.
Sevilla se quedó callado y no dijo nada. Luego se puso el uniforme,
aquella noche le tocaba Guardia en Rio Nano, un trozo de la frontera con
Marruecos que ahora vigila la guardia civil...
-¡Encima es un ladrón, aquí hay dos boquillas de corneta!-
Dijo el coronel con aquellas dos piezas metálicas en su mano.
Me largué para la cocina a empezar a montar el comedor para los
desayunos y entonces lo escuché.
-¿Sabes que uno se ha pegado un tiro en Rio Nano?-
Dios mío. Se me doblaron las rodillas y me quedé un rato en el suelo con
las manos en la cabeza, ausente a todo. Después por la cocina se podía
oír el cachondeo de que un pistolo de mierda se había pegado un tiro.
Que no pasaba nada, que era una boca menos que alimentar. Por la tarde
quedamos todos los soldados, todos los pistolos de mierda que vivían con
los legionarios en el cuartel de la Legión, pistolos, camareros,
chispas, fontaneros, cocineros, chóferes... Todos fuimos a rendirle
nuestro último homenaje en la arriada de bandera en el cuerpo de
guardia. Comenzamos a cruzar el patio de armas.
-¡¡¡Una boca menos que alimetar!!!-
-¡¡¡A ver si nos hacéis un favor y os pegáis todos un tiro!!!-
-¡¡¡Pistolos de mierda!!!-
-¡¡¡¿Dónde Vais mariconas?!!!-
En mi vida había sentido tanto dolor. Tardamos minutos en cruzar el
patio de armas hasta llegar al cuerpo de guardia. En mi vida había
estado en una romería tan llena de rabia, dolor, resignación y odio.
Luego formamos en frente del mástil. Maldita puta bandera que nos trajo
hasta allí. Sonaba el cornetín mientras hacían descender aquella bandera
de mierda que llegué a odiar tanto. Antes de acabar nos saltamos el
protocolo y comenzamos a gritar, no entiendo porque, salió instantáneo,
teníamos tanta mierda acumulada que la sacamos gritando su nombre una y
otra vez.
-¡¡Me cagüen vuestras putas madres. No me toquéis los cojones y esperaos
a que acabé la airrada!!-
Nos gritó el capitán que estaba de guardia. Luego el cornetín tocó
romper filas y gritamos, gritamos y gritamos su nombre una y otra vez
hasta que rompimos todos a llorar...
Se hizo de noche. Los legionarios de la banda de música, sus compañeros,
quisieron rendirle su pequeño homenaje. Siempre había un turuta de
guardia que se encargaba todo el día de pegar vueltas por el cuartel
tocando con la corneta todas las ordenes del día hasta llegar a la noche
que acababa con toque de silencio...
Al tocar silencio, los tres legionarios con sus cornetas, nudos en la
garganta, recuerdos que escocían mis ojos, nudos en la garganta en cada
nota que sonaba. Al tocar silencio, las notas metálicas volaban hasta
nuestras ventanas, tanto silencio, tanto silencio. Al tocar silencio, El
Sevilla se marchó para siempre de allí.
PD. El cabo Salvatierra no me dejó ir a la misa, donde acudió su padre.
No pude darle el pésame. Me amenazó que no me dejaría irme de permiso y
yo estaba muy quemado y resignado no pude ir. Más tarde me contaron que
a su padre le habían dicho que se había pegado el tiro por culpa de un
problema con las drogas. Pero nadie le contó la amenaza del teniente
Salas, eso nadie se lo contó. Pasó lo que pasó y ya está, pero me
prometí que nunca lo olvidaría. Aún días como hoy me veo sentado en el
suelo, con las manos en la cabeza y sufriendo pensando cuanta tristeza
le arrastró para que se pegara un tiro en la oscuridad de la noche,
cuanta, cuanta tristeza.
Comentario:
NO tengo palabras.
Un beso para su memoria, y nunca te olvides de él.
Un beso para su memoria, y nunca te olvides de él.
Comentario:
Hola...
Cuándo pasan estas desgracias, nos planteamos mil y una pregunta, nadíe nos da la respuesta. No sé, sí el tiempo las responda, lo único que pienso y deseo es que él esté en el cielo, que su alma descanse en paz.
Lo siento amigo!
Un abrazo...
;o)
Cuándo pasan estas desgracias, nos planteamos mil y una pregunta, nadíe nos da la respuesta. No sé, sí el tiempo las responda, lo único que pienso y deseo es que él esté en el cielo, que su alma descanse en paz.
Lo siento amigo!
Un abrazo...
;o)
Comentario:
Melilla, 8-7-95;
Recuerdo del Sevilla
¿Por qué Sevilla, dime por qué?
Ahora nos has dejado un vacío difícil de llenar sin tu presencia.
¿Por qué Melilla tiene parte de culpa?
Tú, igual que todos, viniste preso desde la Península y juntos pasamos lo bueno y lo malo.
¿Por qué el preciado y exquisito tesoro de aquí?
Tan débiles nos sentíamos al amanecer, que caíamos una y otra vez.
¿Por qué tus risas y buen humor se contagiaban sin esfuerzo?
Ahora este largo y gris pasillo se ha vuelto más áspero que nunca.
¿Por qué después que pagaste con tu condena, ellos volvieron a hundirte en la nada?
Tan poco valemos para nuestra patria.
¿Por qué esta misma noche en la guardia de Río Nano, tú cargaste tu fusil con una bala?
Si ni siquiera estaba el Teniente Salas en el puto cuartel.
¿Tanto la echabas de menos, que te fuiste a reunirte con tu madre?
Nada de lo que digan podrá consolar ni a tu padre, ni a tu hermana.
¿Por qué apretaste el gatillo?
¿Por qué, Valentín, dime por qué?
PD. Seguro que estarás en el cielo, porque al infierno ya has estado.
Recuerdo del Sevilla
¿Por qué Sevilla, dime por qué?
Ahora nos has dejado un vacío difícil de llenar sin tu presencia.
¿Por qué Melilla tiene parte de culpa?
Tú, igual que todos, viniste preso desde la Península y juntos pasamos lo bueno y lo malo.
¿Por qué el preciado y exquisito tesoro de aquí?
Tan débiles nos sentíamos al amanecer, que caíamos una y otra vez.
¿Por qué tus risas y buen humor se contagiaban sin esfuerzo?
Ahora este largo y gris pasillo se ha vuelto más áspero que nunca.
¿Por qué después que pagaste con tu condena, ellos volvieron a hundirte en la nada?
Tan poco valemos para nuestra patria.
¿Por qué esta misma noche en la guardia de Río Nano, tú cargaste tu fusil con una bala?
Si ni siquiera estaba el Teniente Salas en el puto cuartel.
¿Tanto la echabas de menos, que te fuiste a reunirte con tu madre?
Nada de lo que digan podrá consolar ni a tu padre, ni a tu hermana.
¿Por qué apretaste el gatillo?
¿Por qué, Valentín, dime por qué?
PD. Seguro que estarás en el cielo, porque al infierno ya has estado.





