(Bló, 15/7/2004;).....Afortunado con cartas
Cuando hice la mili, esa mili que tengo aún la sensación de que la hice la semana pasada: Melilla reemplazo del 95, época en la que no existían los móviles, ni los contratos de Vodafone ni de Amena, un teléfono para cuatro compañías y las cartas escritas desde el otro lado de la mar, eran lo único que nos unía a nuestra tierra y al recuerdo de nuestras gentes.
Como todos los días, en mi compañía, bajaba con el paso un poco acelerado. De dos en dos o de tres en tres, bajando escalones abajo, casi sin agarrar el pasamanos, todos los días con la misma rutina, con la ilusión en un puño y los nervios bailando en el fondo de mi tonto corazón.
Buscaba con ansiedad el nombre escrito en el tablón de anuncios de la compañía. Con la esperanza de que alguien sé acordara de mí, de mi eterno cautiverio, de los meses sin tregua, de las largas noches de África. Nosotros, todos nosotros, solos en la oscuridad de la noche, con los cetmes cargados en las garitas de las guardias y con los sueños efímeros que teníamos y que siempre volaban sin cumplirse hasta la otra orilla.
Como casi siempre, de pie en el tablón de anuncios, no vi mi nombre escrito, no tenía estrella esa tarde, no estaba en la lista del cartero, no era el tío más feliz del planeta tierra. Pero siempre había alguien que la recibía, aunque la envidia te corroyera por dentro y la cabeza te pedía que se la robaras y te la llevaras corriendo hacia tu litera.
Después de contenerme, me tenía que conformar mirándole como todo eran chiribitas de ilusión en sus ojos escalones arriba, sonrisas de esas sinceras que se le escapaban por el largo pasillo, él y solo él, era el más rico de todos los habitantes de las camaretas que iba dejando detrás de su andar, él era, aquel día, el afortunado con una carta llena de sentimientos y de recuerdos en sus manos.
Desde la litera, con el sobre abierto, con el corazón en un puño, se fugaba por unos minutos muy lejos del cuartel.
Él era, aquel día, el único afortunado de todos con una carta en sus manos.
Alguien se había acordado de él.
Comentario:
Seguro que alguna vez también fuiste ese afortunado y te envidiaron, ahora ya no hay mili, ya nadie pasa por esa situación...por obligación
besitos
besitos