Yo soy del gremio
Bló, 17-7-2001;
Yo soy del gremio
Comencé a los doce años, detrás de la barra del bar de mis tíos y preguntando cien veces al personal, cuánto costaba una tapita de callos.
Hice de barman en un pub de Benicarló, se llamaba Factoría, y al gintónic se le pone limón exprimido.
En Alcocebre serví arroz negro y paellas, en aquella Semana Santa del 91 y casi me fichan para el verano siguiente.
En Las Atalayas de Peñiscola acabé con toda esta historia, cortándome la coleta, tras casi siete años sirviendo con honor a la causa.
La bandeja era una extensión de mi cuerpo y todas las bebidas viajaban con máxima urgencia a sus destinos correspondientes.
Cada quince días, entraban nuevos clientes con ganas de paladear en grandes cantidades la típica sangría española.
Los idiomas se iban entrecruzando por todas las mesas que rodeaban la piscina, holandés, alemán, francés; Al cabo de los años hasta entendía todo lo que me decían aquellos hijos de la gran europa.
Cada uno de cada mes, un sobre repleto de billetes me decían lo bueno que era en este oficio de verano.
Conocí a mi Ana sirviendo carajillos en la noche del show flamenco.
Descubrí a gente alucinante que viven más allá de los Pirineos.
Me compré un coche que lo flipas y sufrí como un cabrón, tres veranos de mi vida, para poder cumplir, cada uno de cada mes, al mismo banco vampiro de siempre.
Me lo pasé de puta madre, con otros romanos de camisa blanca y pantalón negro, en aquellas deliciosas Atalayas de Peñiscola...
La media luna se iba acercando, bailando al son de la orquesta que tocaba aquella noche en la piscina. El barril de cerveza lo cambiamos dos veces y nunca me llegaré a explicar dónde coño podían meterse todos aquellos litros de birra en el cuerpo. Las mesas eran pistas de baile de un montón de vasos vacíos de cristal. Dos cubitos naufragaban en un cubalibre de ron añejo y la cocina cerraba por defunción todos los días, a las once de la noche.
Después de recogerlo todo y hacer la caja, nos dirigíamos a “L´estany” y con un buen trozo de vaca a la brasa, dejábamos que la madrugada y el vino hicieran el resto. Y a carcajadas, me iba despidiendo de mis colegas los camatas hasta el día siguiente.
Buenas noches,
¿qué quieren tomar?
Yo soy del gremio
Comencé a los doce años, detrás de la barra del bar de mis tíos y preguntando cien veces al personal, cuánto costaba una tapita de callos.
Hice de barman en un pub de Benicarló, se llamaba Factoría, y al gintónic se le pone limón exprimido.
En Alcocebre serví arroz negro y paellas, en aquella Semana Santa del 91 y casi me fichan para el verano siguiente.
En Las Atalayas de Peñiscola acabé con toda esta historia, cortándome la coleta, tras casi siete años sirviendo con honor a la causa.
La bandeja era una extensión de mi cuerpo y todas las bebidas viajaban con máxima urgencia a sus destinos correspondientes.
Cada quince días, entraban nuevos clientes con ganas de paladear en grandes cantidades la típica sangría española.
Los idiomas se iban entrecruzando por todas las mesas que rodeaban la piscina, holandés, alemán, francés; Al cabo de los años hasta entendía todo lo que me decían aquellos hijos de la gran europa.
Cada uno de cada mes, un sobre repleto de billetes me decían lo bueno que era en este oficio de verano.
Conocí a mi Ana sirviendo carajillos en la noche del show flamenco.
Descubrí a gente alucinante que viven más allá de los Pirineos.
Me compré un coche que lo flipas y sufrí como un cabrón, tres veranos de mi vida, para poder cumplir, cada uno de cada mes, al mismo banco vampiro de siempre.
Me lo pasé de puta madre, con otros romanos de camisa blanca y pantalón negro, en aquellas deliciosas Atalayas de Peñiscola...
La media luna se iba acercando, bailando al son de la orquesta que tocaba aquella noche en la piscina. El barril de cerveza lo cambiamos dos veces y nunca me llegaré a explicar dónde coño podían meterse todos aquellos litros de birra en el cuerpo. Las mesas eran pistas de baile de un montón de vasos vacíos de cristal. Dos cubitos naufragaban en un cubalibre de ron añejo y la cocina cerraba por defunción todos los días, a las once de la noche.
Después de recogerlo todo y hacer la caja, nos dirigíamos a “L´estany” y con un buen trozo de vaca a la brasa, dejábamos que la madrugada y el vino hicieran el resto. Y a carcajadas, me iba despidiendo de mis colegas los camatas hasta el día siguiente.
Buenas noches,
¿qué quieren tomar?
Comentario:
De todo se aprende, las experiencias que se viven en los trabajos de verano son irremplazables. Se conoce gente nueva, se hacen amigos, se divierte uno...
Maravilloso post!
Maravilloso post!
Comentario:
Poledra; te recomiendo unas birras y unas bolsas de papas.
Nimue; ¿también eres del gremio? ¡Que guapo!
Corazón; van dos de tequila con limón.
Brisa; otra birra para ti.
A vosotras de este chaval que curraba de camata en verano, un besazo con hielo para todas.
Nimue; ¿también eres del gremio? ¡Que guapo!
Corazón; van dos de tequila con limón.
Brisa; otra birra para ti.
A vosotras de este chaval que curraba de camata en verano, un besazo con hielo para todas.
Comentario:
mmm..... voy a pensarlo despacito.. pq no es cuestión de desaprovechar la ocasión :)
Pero como dice Poledra, mejor nos lo tomamos juntos :)
Besito!
Pero como dice Poledra, mejor nos lo tomamos juntos :)
Besito!
Comentario:
Jejeje, Bonifasi, tienes tequila?
Un tequila por favor :)) con puro limón :)
Por lo que leo, ha sido una buena experiencia que es lo mejor!
Un besote!
;o)
Un tequila por favor :)) con puro limón :)
Por lo que leo, ha sido una buena experiencia que es lo mejor!
Un besote!
;o)
Comentario:
Solo he trabajado un verano de camarera, el pasado. Y me lo pasaba genial, asi que espero repetir este verano, lo cierto es que lo echo de menos, un besito ;)
Comentario:
Señor camarero, yo no me tomo nada si no se saca otro para usted. Qué me recomienda?
Un abrazo!
Un abrazo!





