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Doravante Borboleta
Sentir la brisa cálida del viento gritando libertad
Acerca de
Soy apenas una campanilla que tintinea al paso constante del viento, una sonrisa que procura el instante exacto, una borboleta que un dia decidió mirar a la libertad cara a cara, y volar...doravante...siempre doravante. No soy la misma que era hace un segundo, porque hay algo que siempre cambia en mí, no soy esta ni aquella, no soy la que conocisteis ni la que quizás un dia conocereis. No soy una porque soy todos los reflejos al mismo tiempo... O quizás no pueda decir quien soy...
Sindicación
 
Solidão perpetua


Soledades



Ellos tienen razón
esa felicidad
al menos con mayúscula
no existe

ah pero si existiera con minúscula
sería semejante a nuestra breve
presoledad

después de la alegría viene la soledad
después de la plenitud viene la soledad
después del amor viene la soledad

ya sé que es una pobre deformación
pero lo cierto es que en ese durable minuto
uno se siente
solo en el mundo

sin asideros
sin pretextos
sin abrazos
sin rencores
sin las cosas que unen o separan

y en esa sola manera de estar solo
ni siquiera uno se apiada de uno mismo

los datos objetivos son como sigue
hay diez centímetros de silencio
entre tus manos y mis manos

una frontera de palabras no dichas
entre tus labios y mis labios
y algo que brilla así de triste
entre tus ojos y mis ojos

claro que la soledad no viene sola

si se mira por sobre el hombro mustio
de nuestras soledades
se verá un largo y compacto imposible
un sencillo respeto por terceros o cuartos
ese percance de ser buena gente

después de la alegría
después de la plenitud
después del amor
viene la soledad

conforme
pero
qué vendrá después
de la soledad

a veces no me siento
tan solo

si imagino
mejor dicho si sé
que más allá de mi soledad
y de la tuya

otra vez estás vos
aunque sea preguntándote a solas
qué vendrá después
de la soledad.



Mario Benedetti
 
Fisolofía en el metro; la teoría de los equilibrios
A veces me sucede que cuando viajo en el metro mi mente se liberta y vuela solitaria de vagón en vagón. No consigo leer, me mareo, sobre todo si voy hacia atrás. Entonces comienzo a observar a las personas; la mujer que a duras penas se sostiene con las manos llenas de bolsas del supermercado, un bebé en los brazos de su padre, o una estudiante que repasa por última vez su cuaderno. Cada vida es un mundo y, a veces, el metro se asemeja al universo entero.

Todos tenemos prisa, todos nos observamos y nos convertimos en momentaneos compañeros de un viaje breve y cotidiano. La travesía de mi vida aún es corta, pero un día, en unos de esos instantes inmersos en el camino de un metro, pensé y asimilé una teoría que siempre me acompañará; la teoría de los equilibrios.

Todo se reduce al equilibrio...incluso nuestras más inamovibles certezas, es el secreto para la tranquilidad del alma. No deberíamos empeñarnos en la busqueda de los colores neutros, perfectos, cuando ante nuestros ojos se extiende una paleta colorida de mil posibilidades. Cómo podemos afirmar que esto es maravilloso y aquello una perdida de tiempo? Acaso nos detuvimos lo suficiente en cada orilla del rio para tener el derecho de escoger? No es más hermoso pairar exactamente en el medio, como una nave que extiende las velas y larga las escotas?. Conseguiríamos alcanzar la perspectiva mezclada de dos imágenes perfectamente ensambladas.

Miles de luchas se entablan cada día y exigen de nosotros que tomemos partido, a veces no nos dejan alternativa, debemos escoger y dar la espalda a la otra opción. Yo reinvindico nuestro derecho, quizás olvidado, de buscar el consenso, único medio para sentirnos bien con nosotros mismos y nuestro mundo. Porque el equilibrio se sustenta sobre un gran pilar que la envidia, el odio y el resentimiento intentan carcomer; no hay ningún secreto, es apenas el respeto...la mente abierta, para aprender siempre, para comprender lo imposible, para buscar, insisto, el punto medio.

Pero esto no es una lección de moralidad, o los pensamientos locos de quien quiere imponer una doctrina que considera como única y válida. Apenas es una filosofía de metro, un pensamiento que viene a posarse cuando los segundos son sólo nuestros, y la mente, sin amarras, paira en un mar de velas quietas e instantes suspensos.



 
Além do mar...
Desde aqui casi consigo aspirar el aroma del poderoso Océano Atlantico, me siento cercana al fin del mundo. En esta tarde ventosa el aire viene cargado con olores de cielo y mar, desde el lugar más occidental de la Europa continental, el legendario Cabo da Roca.
Lugar temido, casi mágico, donde el mundo para algunos acabava e para otros no era más que el comienzo. El oceáno se extiende ante nuestros ojos y el viento nos susurra secretos de antiguos naufragios. Sólo los más valientes se atreven a soñar con otros mundos...


Aqui...

Onde a terra se acaba

E o mar começa ... (Camões)











 
Añoranzas
La filosofía se sienta a mis pies con aire de tristeza, tiene los ojos grandes, repletos de inteligencia, casi parece que quiere hablarme. A veces se impacienta en la busqueda de una última caricia, quizás piensa que no la quiero lo suficiente como para quedarme un solo instante más. Es aún una niña que se enreda junto a mi cama para vigilar mi sueño y alejar los monótonos pensamientos, maquinales esfuerzos de errada vida.

La filosofía despierta mi deseo de amar, de apretarla entre mis brazos conteniendo el aire, con miedo de que nunca más regrese a mi puerta. Ella lo siente, ella lo sabe...es su poder, con el que juega a envolverme en deliciosas palabras perdidas.

Siento la paz recorriendo mi piel con pequeños y delicados pasos, que silenciosa viene y silenciosa va, dejando la huella de la inquietud constante, de la necesidad de correr contra el viento. Me despierto cada mañana con su sonrisa pegada al borde de mi oreja, y sólo ella cierra mis párpados en mitad de todas las noches.

La filosofia y mi paz se encuentran en medio del camino, junto a un corazón que aprendió a ser campanilla en las peores horas...
 
El comienzo


Mar Português


Ó mar salgado, quanto de teu sal
São lágrimas de Portugal!
Por te cruzarmos, quantas mães choraram,
Quantos filhos em vão rezaram!
Quantas noivas ficaram por casar
Para que fosses nosso, ó mar!

Valeu a pena? Tudo vale a pena
Se a alma não é pequena.
Quem quer passar além do Bojador
Tem que passar além da dor.
Deus ao mar o perigo e o abismo deu,
Mas nele é que espelhou o céu.


Fernando Pessoa, Mensagem.


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