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Doravante Borboleta
Sentir la brisa cálida del viento gritando libertad
Acerca de
Soy apenas una campanilla que tintinea al paso constante del viento, una sonrisa que procura el instante exacto, una borboleta que un dia decidió mirar a la libertad cara a cara, y volar...doravante...siempre doravante. No soy la misma que era hace un segundo, porque hay algo que siempre cambia en mí, no soy esta ni aquella, no soy la que conocisteis ni la que quizás un dia conocereis. No soy una porque soy todos los reflejos al mismo tiempo... O quizás no pueda decir quien soy...
Sindicación
 
Pequeña muerte
No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su
viaje,
a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto,
nos
arranca gemidos y quejidos, voces de dolor, aunque sea
jubiloso
dolor, lo que pensándolo bien nada tiene de raro, porque
nacer
es una alegría que duele. Pequeña muerte, llaman en
Francia a la
culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y
perdiéndonos
nos encuentra y acabándonos nos empieza. Pequeña
muerte, la llaman;
pero grande , muy grande ha de ser, si matándonos nos
nace.


Eduardo Galeano




El abrazo. Maria Clara Rossi
http://www.chasque.net/carlos/index.html
 
Carta a la Soledad
Querida Soledad,



Hace tiempo que no hablamos en el alfeizar de mi ventana. Recuerdo como llegabas en el momento más inesperado, a veces colgada del rabo de una nube, y golpeabas con tus dedos de viento en el cristal. Me contabas historias de otros amores, de otras almas más felices y yo comprendía que estaba sola, mirando a la vida siempre desde este lado del mundo, rincón en penumbra, silencioso e inadvertido. Tú revoloteabas con tu sonrisa de pequeña campanilla y me obligabas a recordar instantes de suprema alegría, para luego susurrarme al oído que nunca más volverían.
Un día decidí cambiar, emprendí un nuevo camino sin destino, con la esperanza de dejarte encerrada en el pasado, en el pasado de una ciudad gris y apagada. Cerré todas las ventanas que te acercaban a mí, rehice mi maleta y emprendí el vuelo, en busca de una patria soñada y de una compañía anhelada que me hicieran olvidar mi necesidad de ti, Soledad.
Con el paso de las horas, y de los días que vinieron atrás de ellas, dejé de sentirme y estar sola, mis pasos que guiaban hacia una vida que prometía ser siempre la cura de todas mis tristezas. Al principio caminaba solitaria por calles revisitadas, observaba el río desde celestes miradores, y sentía en el viento el aroma mezclado de sal y libertad. Era simplemente sola.
El tiempo me acercó a sentimientos insospechados y mis horas se completaron de besos, caricias y comprensión. La ciudad se desdobló en una nueva descubierta y los rincones conocidos y asumidos volvieron a ser palomas blancas recién nacidas, porque eran otras las manos que me guiaban.
Hoy a veces te echo de menos, mi querida Soledad escogida, sobre todo cuando llegabas colgada del rabo de una nube y bailabas para mí en el alfeizar de una ventana ya lejana. De noche abro los cristales de par en par, porque así, si alguna vez en tu viaje pasas por aquí, no tendrás la duda de que siempre podrás entrar en mi casa abierta, para jamás volver a sentirte sola. Mientras te espero cierro los ojos y sueño, en los brazos de mi amor, con el eco de sus palabras perfectas, resonando, aún, en mi alma.

 
Florbela Espanca
Florbela Espanca nació en Vila Viçosa (Portugal) en 1894, frecuentó el Liceo de Evora y se matriculó en el curso de derecho de la Universidad de Lisboa, siendo así una de las primeras mujeres en acceder a la universidad. Se casó tres veces pero nunca fue feliz, ella misma decía que no creía en el matrimonio, solamente en el amor. Es por tanto el amor el tema fundamental de su poesía; amor sublime, inocente, y en muchas ocasiones amor por ella misma. Una gran tragedia familiar, la muerte de su hermano en un accidente de aviación, la marcaría profundamente. En 1930, en el mismo dia de su nacimiento, decidió poner fin a su vida en Matosinhos. Escribió numerosos libros de poesía, aunque la mayor parte de ellos fueron publicados después de su muerte.



Os meus versos


Rasga esses versos que eu te fiz, Amor!
Deita-os ao nada, ao pó, ao esquecimento,
Que a cinza os cubra, que os arraste o vento,
Que a tempestade os leve aonde for!

Rasga-os na mente, se os souberes de cor,
Que volte ao nada o nada de um momento!
Julguei-me grande pelo sentimento,
E pelo orgulho ainda sou maior!...

Tanto verso já disse o que eu sonhei!
Tantos penaram já o que eu penei!
Asas que passam, todo o mundo as sente...

Rasgas os meus versos... Pobre endoidecida!
Como se um grande amor cá nesta vida
Não fosse o mesmo amor de toda a gente!...


Florbela Espanca
 
Primeiro dia



Hoy es un día gris, en el aire hay anuncio de tormenta, y casi parece, desde este lado de la ventana, que ha llegado de nuevo el invierno. Es triste levantarse así y estar aún lejos de casa, aunque sea un hogar que parece ajeno. Pero los días opacos también tienen reflejos inesperados y un pequeño detalle puede pintar el cielo oscuro de azul. Mi querida amiga Laura me ha enviado dos poemas de Octavio Paz, hermosos por cada una de sus palabras, pero más aún porque vienen cargados de sentimientos que anhelan ser compartidos, que saben ser escuchados. Y entre tanto gris se dibuja una estela blanca, una esperanza que guardo en una cajita de cartón junto a dos poemas y una voz que me recuerda, ¡Quien sabe! Hoy puede ser el primer día de tu vida...



SILENCIO

Así como del fondo de la música
brota una nota
que mientras vibra crece y se adelgaza
hasta que en otra música enmudece,
brota del fondo del silencio
otro silencio, aguda torre, espada,
y sube y crece y nos suspende
y mientras sube caen
recuerdos, esperanzas,
las pequeñas mentiras y las grandes,
y queremos gritar y en la garganta
se desvanece el grito:
desembocamos al silencio
en donde los silencios enmudecen.


LA CALLE

Es una calle larga y silenciosa.
Ando en tinieblas y tropiezo y caigo
y me levanto y piso con pies ciegos
las piedras mudas y las hojas secas
y alguien detrás de mí también las pisa:
si me detengo, se detiene;
si corro, corre. Vuelvo el rostro: nadie.
Todo está oscuro y sin salida,
y doy vueltas y vueltas en esquinas
que dan siempre a la calle
donde nadie me espera ni me sigue,
donde yo sigo a un hombre que tropieza
y se levanta y dice al verme: nadie.

 
Velero cosido de sueños



Intensidad,
apenas un instante que se nos vuelve
vida completa.
Una mirada
que no podría ser más perfecta,
casi felicidad.
Anhelos,
tantos sueños dorados que nos viven
un segundo.
Este presente,
compañero perpetuo engalanado,
de esperanzas.
Si llega la nada,
pre-muerte de los momentos que no llegarán,
abrazo mis recuerdos
de noches pasadas.
Navego con veleros
cosidos de sueños.
Y espero...
...de nuevo...
...por ti...
...breve intensidad.
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