Uma voz longe de um corpo
Corpo:
não me habites
eu ainda não estou pronta
para a densa seriedade que tu exiges.
A voz.
Ondjaki
Raices
Ayer descubrí esta pintura de David Tineo y me fascinaron sus colores, la expresividad y fuerza de los rostros, espero que os guste...


Dos (des) cuentos para no tan niños...
Peluso llegó al atardecer al país de Siap, allí donde todas las plantas crecen al revés. El sol se ocultaba entre cientos de raices polvorientas, que extendían sus brazos desnudos y retorcidos hacia el cielo. Esperanzado al no descubrir entre lo que el creía ramas, un solo brote verde, Peluso se durmió junto a un pequeño arroyo.
A la mañana siguiente le despertó un crujido, abrió un ojo, lo cerró, después abrió ambos de par en par.
- ¿Quién eres? - preguntó asombrado.
- Soy Yala, ¿Y tú? - contestó una pequeña ardilla que olfateaba sin descanso las puntas de todas las raices.
- Yo soy Peluso, soy un golondrino que...
- ¡Ajá! Aquí está, ¡Te encontré! - gritó Yala batiendo palmas.
- ¿Qué has encontrado? - preguntó Peluso, asustado ante el extraño comportamiento de la ardilla.
- El avellano, ¡Menos mal!, porque ya empezaba a tener hambre.
Peluso miró sorprendido, primero a las raices vacías y después a Yala, preguntándose donde conseguía ver un avellano. Yala dió tres vueltas a la raiz, dos volteretas en el aire, cinco palmas y gritando muy fuerte missangaaaaa desapareció baja la tierra sin dejar rastro.
El golondrino Peluso no podía creer lo que acababa de ver. "¿Pero a qué extraño país he llegado?, se preguntó, y gritó con el pico pegado al suelo:
- Yalaaaaaaa, ¿Dónde estás?
Un eco profundo le llegó al cabo de unos segundos.
- Estoy aquí Peluso, baja a comer avellanas conmigo, sólo tienes que repetir la ceremonia secreta, recuerda: tres vueltas, dos volteretas en el aire, cinco palmas y grita con todas tus fuerzas missangaaaaaaaa, no olvides esta última parte.
Peluso dio tres vueltas a la raiz, dos volteretas voladas en el aire e intentó cinco torpes batidas de plumas. En el mismo instante en que el eco de la missanga aún penduraba, el suelo se abrió y Peluso entro en la profunda oscuridad. Durante unos instantes cayó, cayó y cayó, sin poder reemprender el vuelo, hasta que a lo lejos comenzó a divisar una suave luz verde...
(Cont.)

A la mañana siguiente le despertó un crujido, abrió un ojo, lo cerró, después abrió ambos de par en par.
- ¿Quién eres? - preguntó asombrado.
- Soy Yala, ¿Y tú? - contestó una pequeña ardilla que olfateaba sin descanso las puntas de todas las raices.
- Yo soy Peluso, soy un golondrino que...
- ¡Ajá! Aquí está, ¡Te encontré! - gritó Yala batiendo palmas.
- ¿Qué has encontrado? - preguntó Peluso, asustado ante el extraño comportamiento de la ardilla.
- El avellano, ¡Menos mal!, porque ya empezaba a tener hambre.
Peluso miró sorprendido, primero a las raices vacías y después a Yala, preguntándose donde conseguía ver un avellano. Yala dió tres vueltas a la raiz, dos volteretas en el aire, cinco palmas y gritando muy fuerte missangaaaaa desapareció baja la tierra sin dejar rastro.
El golondrino Peluso no podía creer lo que acababa de ver. "¿Pero a qué extraño país he llegado?, se preguntó, y gritó con el pico pegado al suelo:
- Yalaaaaaaa, ¿Dónde estás?
Un eco profundo le llegó al cabo de unos segundos.
- Estoy aquí Peluso, baja a comer avellanas conmigo, sólo tienes que repetir la ceremonia secreta, recuerda: tres vueltas, dos volteretas en el aire, cinco palmas y grita con todas tus fuerzas missangaaaaaaaa, no olvides esta última parte.
Peluso dio tres vueltas a la raiz, dos volteretas voladas en el aire e intentó cinco torpes batidas de plumas. En el mismo instante en que el eco de la missanga aún penduraba, el suelo se abrió y Peluso entro en la profunda oscuridad. Durante unos instantes cayó, cayó y cayó, sin poder reemprender el vuelo, hasta que a lo lejos comenzó a divisar una suave luz verde...
(Cont.)
Un (des)cuento para no tan niños...
Peluso era un golondrino rebelde, él solito quería hacer la Primavera. Un día se despertó cuando él sol aún dormía en este lado del mundo. Iba a comenzar un largo viaje y debía prepararse para todos los peligros que le aguardaban en el camino. Viajaria siempre hacia el Norte, allá donde los hielos aún cubren la tierra, volaría en el viento frío y polar para conseguir llegar antes que los verdes brotes nacieran en los árboles. Llegaría cansado por el esfuerzo, las plumas alborotadas, el pico dormido de tanto cortar el aire, pero llegaría siendo el héroe que trae consigo la Primavera.
Peluso se miró al espejo de una gota de rocío, coqueto, porque uno nunca sabe en que rincón le espera una bella golondrina. Comió los restos de la noche anterior, que áun daba los últimos coletazos en el rayar del día y mirando al horizonte alzó el vuelo. Cuando extendía las alas y planeaba, dejándose arrastrar por la corriente, su cuerpo tomaba la forma de un corazón negro. Los animales aferrados a la tierra lo observaban con una mezcla de desdén y envidia: "mirad, allá va de nuevo el cabezota de Peluso".
Y Peluso no escuchaba sus voces, porque desde el cielo se dejaba embargar por la belleza de la tierra lejana, de los ríos dibujándose entre los bosques aún vacíos, era su parte favorita del volar.
- Peluso, ¿Qué haces tan temprano por aquí? - preguntó la tortuga Marcelina, que hacía años y años vivía junto al arroyo.
- Marcelina, ¿Lo has visto? por favor, dime si ya lo has visto...
- Ah, el brote... - Sí, Peluso, nació ayer, allí justo a la esquina del primer almendro - contestó la vieja tortuga con una cierta tristeza agarrada a la voz.
- Entonces he llegado tarde... - pero sin perder el valor. - Debo continuar mi viaje...
- ¿Hacia dónde vas Peluso?
- Al Norte, siempre hacia el Norte... - contestó el joven y rebelde golondrino, extendiendo de nuevo sus alas y perdiéndose entre la segunda nube a la derecha.
(cont.)

Peluso se miró al espejo de una gota de rocío, coqueto, porque uno nunca sabe en que rincón le espera una bella golondrina. Comió los restos de la noche anterior, que áun daba los últimos coletazos en el rayar del día y mirando al horizonte alzó el vuelo. Cuando extendía las alas y planeaba, dejándose arrastrar por la corriente, su cuerpo tomaba la forma de un corazón negro. Los animales aferrados a la tierra lo observaban con una mezcla de desdén y envidia: "mirad, allá va de nuevo el cabezota de Peluso".
Y Peluso no escuchaba sus voces, porque desde el cielo se dejaba embargar por la belleza de la tierra lejana, de los ríos dibujándose entre los bosques aún vacíos, era su parte favorita del volar.
- Peluso, ¿Qué haces tan temprano por aquí? - preguntó la tortuga Marcelina, que hacía años y años vivía junto al arroyo.
- Marcelina, ¿Lo has visto? por favor, dime si ya lo has visto...
- Ah, el brote... - Sí, Peluso, nació ayer, allí justo a la esquina del primer almendro - contestó la vieja tortuga con una cierta tristeza agarrada a la voz.
- Entonces he llegado tarde... - pero sin perder el valor. - Debo continuar mi viaje...
- ¿Hacia dónde vas Peluso?
- Al Norte, siempre hacia el Norte... - contestó el joven y rebelde golondrino, extendiendo de nuevo sus alas y perdiéndose entre la segunda nube a la derecha.
(cont.)

Relato de una mañana
En el mirador de "Nossa Senhora da Graça" los pájaros hoy cantaban escondidos entre los pinos. Una paloma, macho, perseguía a otra paloma, hembra, a lo largo de una rama cortada. Su sorpresa ha sido mayúscula cuando, pensando que la tenía acorralada, la presa ha volado planeando sobre la ciudad que se extendía bajo sus alas. En ese preciso momento la iglesia daba doce campanadas, 1,2,3,4,5,6,7,8,9,10,11,12...y el eco del último sonido se ha quedado pairando en el aire. Bajo el pórtico de la Iglesia unos vagabundos se despertaban, encendían la radio y charlaban sobre: "Ahhh...el mundo...el mundo parece que cada vez está más loco".
Los turistas, pocos pero suficientes, llegaban al mirador, hacia una foto, miraban y se iban. Como si la ciudad pudiera entenderse con una simple mirada, como si una fotografía apresurada "corre, que aquí hace mucho frío..." pudiera explicar las casas, calles, balcones y vidas que se observan desde aquí.
Una mujer escribía sentada en una mesa del café, a veces levantaba la vista, miraba una ventana, un pedazo azul de río, escuchaba este pájaro o aquel y después volvía a su mundo de letras y sueños. A su lado un hombre con sombrero y cabellos grises leía el diario.
Yo, simplemente miraba...
Los turistas, pocos pero suficientes, llegaban al mirador, hacia una foto, miraban y se iban. Como si la ciudad pudiera entenderse con una simple mirada, como si una fotografía apresurada "corre, que aquí hace mucho frío..." pudiera explicar las casas, calles, balcones y vidas que se observan desde aquí.
Una mujer escribía sentada en una mesa del café, a veces levantaba la vista, miraba una ventana, un pedazo azul de río, escuchaba este pájaro o aquel y después volvía a su mundo de letras y sueños. A su lado un hombre con sombrero y cabellos grises leía el diario.
Yo, simplemente miraba...
Kuaf Werken (Mensajeros del viento...)
Hoy tengo un día de esos...de sillas, que me recuerdan el día en que no me senté en ellas. Oscilo entre el orgullo de no haber sucumbido y la inconsciencia en la que me pierdo, como si pretendiera medir mi vida por el inclinarse de una balanza, como si eso fuera subjetivamente posible...
Escucho la voz rota de Silvio, mientras la ciudad se envuelve en esa luz azul, tan característica en las tardes de este inverno suave. A veces necesito recordar todos los momentos en los que no dudé, en los que caminé sin mirar atrás, sin miedo y con verdad. A veces necesito recordar que sufrí para no olvidar todo lo que amé...
Otras veces, en cambio, lo que me gusta es enviar poemas "que le hagan bien al corazón", al mío y sobretodo al de los demás...
Historia de las sillas
En el borde del camino hay una silla
la rapiña merodea aquel lugar.
La casaca del amigo esta tendida
el amigo no se sienta a descansar.
Sus zapatos de gastados son espejos
que le queman la garganta con el sol
y a través de su cansancio pasa un viejo
que le seca con la sombra el sudor.
En la punta del amor viaja el amigo
en la punta más aguda que hay que ver.
Esa punta que lo mismo cava en tierra
que en las ruinas, que en un rastro de mujer.
Es por eso que es soldado y es amante
es por eso que es madera y es metal
es por eso que lo mismo siembra rosas
que razones de bandera y arsenal.
El que tenga una canción tendrá tormenta
el que tenga compañía, soledad.
El que siga un buen camino tendrá sillas
peligrosas que lo inviten a parar.
Pero vale la canción buena tormenta
y la compañía vale soledad
siempre vale la agonía de la prisa
aunque se llene de sillas la verdad.
Escucho la voz rota de Silvio, mientras la ciudad se envuelve en esa luz azul, tan característica en las tardes de este inverno suave. A veces necesito recordar todos los momentos en los que no dudé, en los que caminé sin mirar atrás, sin miedo y con verdad. A veces necesito recordar que sufrí para no olvidar todo lo que amé...
Otras veces, en cambio, lo que me gusta es enviar poemas "que le hagan bien al corazón", al mío y sobretodo al de los demás...
Historia de las sillas
En el borde del camino hay una silla
la rapiña merodea aquel lugar.
La casaca del amigo esta tendida
el amigo no se sienta a descansar.
Sus zapatos de gastados son espejos
que le queman la garganta con el sol
y a través de su cansancio pasa un viejo
que le seca con la sombra el sudor.
En la punta del amor viaja el amigo
en la punta más aguda que hay que ver.
Esa punta que lo mismo cava en tierra
que en las ruinas, que en un rastro de mujer.
Es por eso que es soldado y es amante
es por eso que es madera y es metal
es por eso que lo mismo siembra rosas
que razones de bandera y arsenal.
El que tenga una canción tendrá tormenta
el que tenga compañía, soledad.
El que siga un buen camino tendrá sillas
peligrosas que lo inviten a parar.
Pero vale la canción buena tormenta
y la compañía vale soledad
siempre vale la agonía de la prisa
aunque se llene de sillas la verdad.
Amores felinos
Ha aparecido una gata hermosa entre la higuera y el laurel. Y el amor anda en el aire, todos los gatos que duermen sobre los tejados de zinc lloran al rozar la madrugada, intentando conquistar sus amores. Después adormecen con el primer rayo de sol, soñando con el manto suave y negro de su fémina linda. Los que antaño fueran amigos hoy se convierten en amantes celosos, luciendo sus ojos más brillantes con la esperanza de conquistar el amor vagabundo. Con la llegada de cada noche lloran aún más, temerosos de que ella se haya marchado para siempre. Casi puedo sentir el olor de su angustia, salado y lleno de lágrimas felinas, casi como que yo también tengo ganas de llorar, envuelta entre mis sabanas, en la madrugada solitaria.
Siempre creimos que el alma solo puede ser humana, que los animales carecían de ella, glorioso privilegio que nos era reservado a los "animales" de dos patas. Pero cuanto más y más escucho este llanto siento la luz de sus almas felinas temblando de amor entre la higuera y el laurel.
Siempre creimos que el alma solo puede ser humana, que los animales carecían de ella, glorioso privilegio que nos era reservado a los "animales" de dos patas. Pero cuanto más y más escucho este llanto siento la luz de sus almas felinas temblando de amor entre la higuera y el laurel.
He vuelto...
Siento mucho este silencio de días, es la técnica que a veces anda cojeando y me ha hecho desconectarme durante algun tiempo. Pero he vuelto...
Estos días ando leyendo a Pablo Neruda y hoy mientras venía dando saltos en el autobús (en esta ciudad no hacen falta parques de atracciones) me he encontrado con un poema que me apetece compartir con vosotros. Porque siempre me gusta volver acompañada...
XXIX
VIENES de la pobreza de las casas del Sur,
de las regiones duras con frío y terremoto
que cuando hasta sus dioses rodaron a la muerte
nos dieron la lección de la vida en la greda.
Eres un caballito de greda negra, un beso
de barro oscuro, amor, amapola de greda,
paloma del crepúsculo que voló en los caminos,
alcancía con lágrimas de nuestra pobre infancia.
Muchacha, has conservado tu corazón de pobre,
tus pies de pobre acostumbrados a las piedras,
tu boca que no siempre tuvo pan o delicia.
Eres del pobre Sur, de donde viene mi alma:
en su cielo tu madre sigue lavando ropa
con mi madre. Por eso te escogí, compañera.
Pablo Neruda
Estos días ando leyendo a Pablo Neruda y hoy mientras venía dando saltos en el autobús (en esta ciudad no hacen falta parques de atracciones) me he encontrado con un poema que me apetece compartir con vosotros. Porque siempre me gusta volver acompañada...
XXIX
VIENES de la pobreza de las casas del Sur,
de las regiones duras con frío y terremoto
que cuando hasta sus dioses rodaron a la muerte
nos dieron la lección de la vida en la greda.
Eres un caballito de greda negra, un beso
de barro oscuro, amor, amapola de greda,
paloma del crepúsculo que voló en los caminos,
alcancía con lágrimas de nuestra pobre infancia.
Muchacha, has conservado tu corazón de pobre,
tus pies de pobre acostumbrados a las piedras,
tu boca que no siempre tuvo pan o delicia.
Eres del pobre Sur, de donde viene mi alma:
en su cielo tu madre sigue lavando ropa
con mi madre. Por eso te escogí, compañera.
Pablo Neruda






