Un (des)cuento para no tan niños...
Peluso era un golondrino rebelde, él solito quería hacer la Primavera. Un día se despertó cuando él sol aún dormía en este lado del mundo. Iba a comenzar un largo viaje y debía prepararse para todos los peligros que le aguardaban en el camino. Viajaria siempre hacia el Norte, allá donde los hielos aún cubren la tierra, volaría en el viento frío y polar para conseguir llegar antes que los verdes brotes nacieran en los árboles. Llegaría cansado por el esfuerzo, las plumas alborotadas, el pico dormido de tanto cortar el aire, pero llegaría siendo el héroe que trae consigo la Primavera.
Peluso se miró al espejo de una gota de rocío, coqueto, porque uno nunca sabe en que rincón le espera una bella golondrina. Comió los restos de la noche anterior, que áun daba los últimos coletazos en el rayar del día y mirando al horizonte alzó el vuelo. Cuando extendía las alas y planeaba, dejándose arrastrar por la corriente, su cuerpo tomaba la forma de un corazón negro. Los animales aferrados a la tierra lo observaban con una mezcla de desdén y envidia: "mirad, allá va de nuevo el cabezota de Peluso".
Y Peluso no escuchaba sus voces, porque desde el cielo se dejaba embargar por la belleza de la tierra lejana, de los ríos dibujándose entre los bosques aún vacíos, era su parte favorita del volar.
- Peluso, ¿Qué haces tan temprano por aquí? - preguntó la tortuga Marcelina, que hacía años y años vivía junto al arroyo.
- Marcelina, ¿Lo has visto? por favor, dime si ya lo has visto...
- Ah, el brote... - Sí, Peluso, nació ayer, allí justo a la esquina del primer almendro - contestó la vieja tortuga con una cierta tristeza agarrada a la voz.
- Entonces he llegado tarde... - pero sin perder el valor. - Debo continuar mi viaje...
- ¿Hacia dónde vas Peluso?
- Al Norte, siempre hacia el Norte... - contestó el joven y rebelde golondrino, extendiendo de nuevo sus alas y perdiéndose entre la segunda nube a la derecha.
(cont.)

Peluso se miró al espejo de una gota de rocío, coqueto, porque uno nunca sabe en que rincón le espera una bella golondrina. Comió los restos de la noche anterior, que áun daba los últimos coletazos en el rayar del día y mirando al horizonte alzó el vuelo. Cuando extendía las alas y planeaba, dejándose arrastrar por la corriente, su cuerpo tomaba la forma de un corazón negro. Los animales aferrados a la tierra lo observaban con una mezcla de desdén y envidia: "mirad, allá va de nuevo el cabezota de Peluso".
Y Peluso no escuchaba sus voces, porque desde el cielo se dejaba embargar por la belleza de la tierra lejana, de los ríos dibujándose entre los bosques aún vacíos, era su parte favorita del volar.
- Peluso, ¿Qué haces tan temprano por aquí? - preguntó la tortuga Marcelina, que hacía años y años vivía junto al arroyo.
- Marcelina, ¿Lo has visto? por favor, dime si ya lo has visto...
- Ah, el brote... - Sí, Peluso, nació ayer, allí justo a la esquina del primer almendro - contestó la vieja tortuga con una cierta tristeza agarrada a la voz.
- Entonces he llegado tarde... - pero sin perder el valor. - Debo continuar mi viaje...
- ¿Hacia dónde vas Peluso?
- Al Norte, siempre hacia el Norte... - contestó el joven y rebelde golondrino, extendiendo de nuevo sus alas y perdiéndose entre la segunda nube a la derecha.
(cont.)

Comentario:
Has pensado en cómo ilustrar tu historia? Espero con impaciencia la siguiente parte...
Un abrazo.
Un abrazo.
Comentario:
Dios mío! Es precioso Maria, es lo más hermoso, tierno, dulce e intenso que te he leído nunca. Bravo!
Este Peluso me recuerda a un tal Juan Salvador Gaviota por lo testarudo y tenaz.
De verdad que me dejas sin palabras.
Muchos besitos.
PD.- disfruta del fado con los señores M. y bebe una copa de vino a mi salud, que estaré pensando en vosotros.
Este Peluso me recuerda a un tal Juan Salvador Gaviota por lo testarudo y tenaz.
De verdad que me dejas sin palabras.
Muchos besitos.
PD.- disfruta del fado con los señores M. y bebe una copa de vino a mi salud, que estaré pensando en vosotros.






