<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><feed version="0.3" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns="http://purl.org/atom/ns#"><title><![CDATA[Mesala on the rocks]]></title><link rel="" type="" href="" title=""/><link rel="http://blogs.ya.com/borgho/atom.xml" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/borgho/atom.xml" title="Mesala on the rocks"/><id><![CDATA[ID]]></id><tagline><![CDATA[&#32;]]></tagline><generator><![CDATA[http://www.ya.com]]></generator><entry><title><![CDATA[-------OOOOO-------]]></title><link rel="Mesala on the rocks" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/borgho/atom.xml" title="Mesala on the rocks"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200502]]></issued><modified><![CDATA[200502]]></modified><created><![CDATA[200502]]></created><summary><![CDATA[-------OOOOO-------]]></summary><author><name><![CDATA[Mesala]]></name></author><dc:subject><![CDATA[-------OOOOO-------]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/borgho/c_33.htm"><![CDATA[El otro día salí de casa con la ciudad cubierta de blanco. Limpia y lista para ensuciarse de nuevo. El camino de todos los días a la parada de autobús se convirtió en una experiencia nueva. Era como si mi barrio se hubiera convertido de la noche a la mañana en un suburbio de cualquier ciudad nórdica. Copenhague, quizá Estocolmo. La nieve trajo a mi memoria a Petter, me lo imaginé en su fábrica de deshidratación de leche -o algo así comprendí yo mientras me explicaba cómo ganaba algo de dinero para ir tirando- disfutando de la sauna que tenían para los trabajadores mientras fuera la ventisca hacía la vida imposible sin una botella de vodka en la mano... <br/>Ya en la parada, los mismos de siempre éramos distintos. La nieve hizo que nuestros movimientos fueran más lentos, menos seguros, que nuestras miradas se dirigiesen hacia otros lugares. Hacia los árboles sin hojas que relucían como esculturas de hielo, a los coches protegidos por una capa de nieve mullida y a los copos que nos envolvían cayendo sin hacer ningún ruido. Quizá sea éso lo que más me gusta de la nieve. Es discreta, puede caer la nevada del siglo y no se oye nada, pero si te descuidas te enreda y te envuelve casi sin notarlo.<br/>Mientras esperábamos sin prisa el bus, un viejo borracho se reía de nosotros desde la acera de enfrente.<br/>- ¿A qué esperáis todos juntos?- gritó mientras meaba el alcohol entre dos coches <br/>Mi acera le ignoró, apartando la vista de aquel viejo que meaba en la calle mientras los copos de nieve le envolvían y difuminaban. <br/>- Menudo cabrón -pensé yo- sólo faltaba que se rían de ti cuando y porque vas a trabajar.  <br/>-¿Es que vaís a una fiesta todos juntos?- bramaba mientras emitía un sonido desagradable que debía ser una carcajada en su mundo alcohólico.<br/>En ese momento yo pensé que el viejo tenía razón. Debía ser una estampa patética ver a diez personas esperando un autobús retrasado en medio de una nevada. Me vi a mí mismo a través de sus ojos: me encontré un ser completamente estúpido al permitir que las ciscunstancias me obligen a ir apretujado en el metro junto a un enjambre de desconocidos (en ocasiones malolientes) o a esperar un cuarto de hora un autobús mientras la nieve me rodeaba y se me helaban las orejas. ¿Qué es lo que me lleva a aceptar estas situaciones?]]></content></entry><entry><title><![CDATA[Incendio edificio Windsor]]></title><link rel="Mesala on the rocks" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/borgho/atom.xml" title="Mesala on the rocks"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200502]]></issued><modified><![CDATA[200502]]></modified><created><![CDATA[200502]]></created><summary><![CDATA[Incendio edificio Windsor]]></summary><author><name><![CDATA[Mesala]]></name></author><dc:subject><![CDATA[Incendio edificio Windsor]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/borgho/c_32.htm"><![CDATA[Sólo un incendio de estas características ha podido espolearme para que vuelva a actualizar. Y es que después de todo el fin de semana en plan Coloso en llamas (donde el asesino de mujeres y amantes O.J. Simpson compartía cartel con Steve McQueen, William Holden y Paul Newman) ha llegado la mañana del lunes. No es que yo esperase que esta mañana fuese a funcionar bien el metro, ni mucho menos que lo hiciese correctamente la línea 10, pero vamos lo que ha pasado no tiene nombre. Los cartelitos luminosos del metro ya anunciaban "Incendio edificio Windsor", lo que quiere decir que Metro de Madrid (¿Vuela?) se lava las manos en plan Pilatos sobre lo que pueda haber pasado hoy en sus instalaciones. Y ha pasado mucho. Después de llegar costosamente a Tribunal (más de 40 minutos en un trayecto que hago en 20 normalmente) van y nos desalojan del tren y nos dicen que si queremos continuar a Gregorio Marañón que nos cambiemos de andén. Ole, ole y ole. Nos bajamos todos en plan oveja en periodo de trashumancia y, claro, la prístina mente que diseñó este operativo especial no calculó que toda la gente que cabe en un tren no cabe en un andén que está ya ocupado por la gente que se bajó del tren anterior. Y que si le sumamos las ovejitas de un tercer tren que llega ya se forma allí la de San Quintín. En fin, que después de estar 10 minutos parados en un andén superpoblado esperando a que las estrechas y escarpadas escaleras de Tribunal nos absorviesen a todos conseguimos llegar a un pasillo (también atestado) donde un gracioso operario de Metro decía:<br/>- Alonso (por Martínez, supongo) a la izquierda; Gregorio (por Marañón, es también un suponer) a la derecha. No se paren, no se paren. Ante todo no se paren.<br/>No te jode, allí me voy a parar yo, si te paras viene la marabunta y te aplasta. Pues nada que acato la orden de la autoridad y, sin pararme y dios mediante, elijo la opción de la derecha más que nada porque hacia allí me lleva la corriente. Llego a otro andén donde no quepo. Y allí me doy cuenta que el señor de metro que indicaba estaba metiendo el cuezo porque Alonso y Gregorio (qué confianzas, debían estudiar juntos los tres) están en la misma dirección.<br/>Me meto en otro vagón donde hay verdaderos problemas de aplastamiento que provocan dos conatos de pelea en plan verdulera total que amenizan la función. A mi lado un hombre no deja de moverse en plan Bisbal. Le miro raro. El se da cuenta.<br/>- Lo siento hijo, es que tengo claustrofobia.<br/>- No se preocupe, que ya llegamos.<br/>Sólo faltaba que a este le diese un ataque y empezase a tortas allí. Me pregunto qué le lleva a este hombre a meterse en el metro. No aguanta a que arranque el tren y, después de abrirse paso a codazo limpio, lo abandona. <br/>Más allá surge un corrillo que pide a Esperanza Aguirre que baje al Metro.<br/>- Que baje la Espe, que baje aquí. Que venga con el traje de chaqueta, a ver como llega al despacho, llena de arrugas -comenta una señora con pinta de espabilada.<br/>- Metro de Madrid, vuela. Metro de Madrid, vuela... Y una mierda -salta otro<br/>- Aquí los quería ver yo, con los trabajadores - faltaba la conciencia obrera que siempre surge en estos casos- sólo nos quieren como mano de obra. Para esprimirnos y luego tirarnos.<br/>La algarabía acaba con críticas a Zp, Aznar, sus familiares más cercanos y ataques de risa de unos cuantos provocados por la falta de oxígeno y el surrelismo.<br/>Indemne pero como si me hubiesen dado una paliza llego al curro.  Ahora cuando me pidan explicaciones de algo voy aser como Metro y voy a responder "Incendio edificio Windsor". Que no te cuadra el balance pues una nota a pie de página con "Incendio edificio Windsor" y todo se arregla. Que tu novio te pilla poniéndole los cuernos, pues nada, tú "Incencio edifcio Windsor" y listo.<br/>En fin, que a la hora de la comida no he podido resistirlo y, aunque veía el Windsor desde la ventana, me he unido en plan dominguero a la marabunta y me he ido a ver las ruinas humeantes. Acojonantes.    <br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[¿?]]></title><link rel="Mesala on the rocks" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/borgho/atom.xml" title="Mesala on the rocks"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200502]]></issued><modified><![CDATA[200502]]></modified><created><![CDATA[200502]]></created><summary><![CDATA[¿?]]></summary><author><name><![CDATA[Mesala]]></name></author><dc:subject><![CDATA[¿?]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/borgho/c_31.htm"><![CDATA[Actualizar, no actualizar. Es increíble cómo algo voluntario puede llegar a convertirse en una carga. No me ha apetecido escribir nada desde el sábado pasado. En parte porque he tenido mucho trabajo y en parte porque estoy un poco cansado del blog. Supongo que ha sido una combinación de ambas cosas y que cuando me asiente en mis nuevos cometidos laborales volveré a tener tiempo para hacer mi ruta diaria (y obligada) de visitas a los blogs amigos.<br/>Esta semana ha sido la más dura que he tenido en mi vida desde que cometí el error de meterme en el mundo trabajo y no dedicarme a ser un hippie fumado y vago de una comuna de cualquier isla del Mediterráneo. Durante toda la semana, la inseguridad ha hecho mella en mí y ha llegado a quitarme el sueño, algo que no me pasaba desde los exámenes en la facultad o aquella temporada en la que estuve dos meses engrosando las colas del INEM y sin nada más que hacer a lo largo del del día que desesperarme por estar en paro. Parece que después del desconocimiento de los dos primeros días, mi nuevo cometido se revela como algo no tan complicado y negro como me lo había pintado a mí mismo. Ahora no creo que necesite más de un mes para poder desenvolverme con seguridad en este nuevo puesto y arreglar los desaguisados que dejó mi predecesor. Lo que me jode es que voy a tener que olvidar por una temporada lo de salir a las seis en punto y pasaré a formar parte del club de los que trabajan desinteresadamente unas cuantas horillas de más cada semana. Pero claro, mi bolsillo se verá generosamente recompensado con lo que creo que egoístamente podré soportarlo.<br/>Hoy es una tarde de domingo de las que me gustan: lluviosa, gris y deprimente. Desde que ha empezado a caer agua no hago más que acercarme a la ventana y mirar cómo la lluvia escurre huidiza por las paredes del edificio de enfrente e intenta luchar contra la gruesa capa de mugre que soporta el coche abandonado desde hace un par de meses delante del portal. Con un poco de suerte, mañana, parecerá un poco menos destartalado y ganará un poco de tiempo antes de que algún vecino menos vago que yo llame al ayuntamiento para que lo retiren.  Supongo que después de la lluvia todos ganaremos algo más de tiempo.]]></content></entry><entry><title><![CDATA[Carambola astral]]></title><link rel="Mesala on the rocks" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/borgho/atom.xml" title="Mesala on the rocks"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200501]]></issued><modified><![CDATA[200501]]></modified><created><![CDATA[200501]]></created><summary><![CDATA[Carambola astral]]></summary><author><name><![CDATA[Mesala]]></name></author><dc:subject><![CDATA[Carambola astral]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/borgho/c_30.htm"><![CDATA[Aunque parece que la ola polar se había marchado, ayer por la noche casí muero congelado en los garitos de Malasaña. Quedada con un amigo al que me apetececía mucho ver y que no me defraudó en absoluto.  Venciendo todos los miedos que se supone que debía tener por lo extraño de la situación y los temores que estúpidamente nos infudimos a nosotros mismos, enfilé hacia Malasaña con una determinación difícil de imaginar para alguien que me conozca. La seguridad en mí mismo -ésa que me falta tan a menudo- se alió conmigo y me convirtió en una especie depredador letal que iba a por todas y que sabía que ningún tipo de prejuicio iba a joderle el plan ésa noche.<br/>Estaba sentado en un café. Esperando. Yo llegaba tarde porque había calculado mal las distancias y el tráfico que colapsaba el centro no ayudó en absoluto. Mi primera imagen de él fue fugaz, una estatua que permanecía quieta mientras yo avanzaba a grandes pasos dejando a mi izquierda los ventanales del local buscando una puerta que me permitiése llegar a su mesa sin parecer el patoso despistado que soy. <br/>A él los nervios le traicionaban, no dejaba de moverse, contorsionándose, revolviéndose en la silla de aquel frío café como si estuviera bailando una tarantella. Estaba muy gracioso y daban ganas de abrazarle para que dejase de entrar y salir de mi campo visual con el trajín que se tenía. Yo seguía inmerso en la misma calma irreal que tenía cuando salí de casa, pero por dentro me intentaba autoconvencer de que él era demasiado atractivo e interesante para que quisiera algo más que unas vervezas conmigo. <br/>Después de casi cinco horas -¿fue tanto tiempo en realidad?- de conversación amena, natural, muchas miradas a los ojos, cuatro o cinco tercios y dos o tres locales, los astros jugaron a mi favor y nos dimos un beso corto que fue el primero de una larga serie que todavía hoy me tiene en las nubes.<br/>Poco después, abrazados, satisfechos, le dije que hacía mucho tiempo que no me encontraba tan bién con nadie. Y aunque éramos ya una maraña inseparable de brazos y piernas, yo, que soy el bloque de hielo que soy, me moría por tenerle más cerca todavía.]]></content></entry><entry><title><![CDATA[Nieva en Madrid]]></title><link rel="Mesala on the rocks" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/borgho/atom.xml" title="Mesala on the rocks"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200501]]></issued><modified><![CDATA[200501]]></modified><created><![CDATA[200501]]></created><summary><![CDATA[Nieva en Madrid]]></summary><author><name><![CDATA[Mesala]]></name></author><dc:subject><![CDATA[Nieva en Madrid]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/borgho/c_29.htm"><![CDATA[Hoy me siento más joven. La nevada que ha caído esta mañana en Madrid y que ha pintado de blanco los tejados de mi barrio me ha devuelto a la infancia. Me veo en una foto que guardo en casa, un yo de 1.30 con un jersey de lana gorda tejido por mi madre, unos pantalones de pana azules arremetidos dentro de unas botas de agua varias tallas más grandes que la mía y una bola de nieve en la mano. Seguro que mi madre me gritaba desde el balcón que me pusiera la chaqueta, parece que la veo desgañitándose y amenazándome con cualquier funesto castigo si no le hacía caso. <br/>En la foto estaba en la parte de atrás de mi casa, jugando con la nieve en un día como hoy, de esos que te sorprenden a mitad del invierno casi siempre en día laborable. Ahora me doy cuenta de que lo que tenía en las manos era nieve sucia y escasa, casi embarrada porque era el objeto de deseo del día y había que repartirlo con los demás chavales del barrio. Pero en aquel momento era más que nieve sucia, era ilusión que se podía tocar y arrojar. <br/>Es extraño, pero creo que la nieve es el fenómeno metereológico más democrático de todos. Es el único que tiene la capacidad de convertir un descampado en un bello lugar, el único que puede embellecer los brutales arrabales de la ciudad en la que vivo. El único que pinta de blanco paisajes industriales difíciles de soportar de otra manera. También tiene cosas negativas, pero yo hoy soy de nuevo un niño y no pienso en ellas.<br/>Mientras escribo ésto (las 15:57) veo que fuera sigue nevando y me siento como si estuviera en mi clase de 2º de EGB esperando a que suene la campana para salir al patio. Sólo me faltaría una hora.]]></content></entry><entry><title><![CDATA[Lunes]]></title><link rel="Mesala on the rocks" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/borgho/atom.xml" title="Mesala on the rocks"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200501]]></issued><modified><![CDATA[200501]]></modified><created><![CDATA[200501]]></created><summary><![CDATA[Lunes]]></summary><author><name><![CDATA[Mesala]]></name></author><dc:subject><![CDATA[Lunes]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/borgho/c_28.htm"><![CDATA[Lunes inactivo. Sigo esperando a que me cambien de puesto, mientras tanto me dedico a pasar el tiempo y que no se me note mucho que no estoy haciendo nada de nada. Escribo estas líneas en la ventana de mi Lotus Notes como si estuviera dando forma a un importante correo para enviar a algún gerifalte rosadito que mora allende los mares. El ambiente en la oficina está muy revuelto. Despachos que se abren, despachos que se cierran. Reuniones clandestinas. '¿Te has enterado ya?' es la frase más repetida a este lado de la Castellana desde hace mucho tiempo. Se supone que hoy van a hacer efectivo el despido de una persona que es la única de toda la planta que no sabe que le van a dar una patada en el culo. La tengo detrás y me da tanta vergüenza mirarla a los ojos que la evito como hace el resto del mundo. Se lo tiene que oler, pero la verdad es que si sabe algo lo disimula muy bien. Este va a ser el segundo despido en menos de un mes. A mí me han hecho una oferta muy buena para quedarme en su puesto y no he dicho que no. Total, éso no iba a cambiar nada, a ella la iban a largar de todas maneras. Más responsabilidad y más sueldo, parezco el del anuncio del Renault Laguna, ése que controla todo menos tus emociones.  <br/>A las seis menos cinco huyo como una liebre porque no quiero estar delante cuando se lo digan, supongo que van a elegir la última hora de la tarde para que no forme un espectáculo con demasiados testigos. Porque ésta formará una escena de las de desgarro y pasión para dar pena y que no la echen, estoy seguro. Es de ese tipo de personas que no me gustan. Complacientes hasta decir basta, hipócritas hasta la náusea, con una permanente sonrisa estúpida para caer bien a costa de lo que sea... De las que saludan al presidente con 'Buenos días señor fulano, ¿qué tal ha pasado el fin de semana?'. Imbécil, de qué poco te ha servido lamer culos. Y dejo de escribir de ella porque estoy siendo demasiado duro. Además me da mucha pena porque tiene un hijo pequeño y con sus escasas luces lo va a tener difícil si no tiene otro enchufe. <br/>]]></content></entry><entry><title><![CDATA[Pereza vs Lujuria]]></title><link rel="Mesala on the rocks" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/borgho/atom.xml" title="Mesala on the rocks"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200501]]></issued><modified><![CDATA[200501]]></modified><created><![CDATA[200501]]></created><summary><![CDATA[Pereza vs Lujuria]]></summary><author><name><![CDATA[Mesala]]></name></author><dc:subject><![CDATA[Pereza vs Lujuria]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/borgho/c_27.htm"><![CDATA[Esta pereza crónica en la que vivo me ha hecho dejar de lado la escritura durante unos días. Soy perezoso, no puedo evitarlo, y en mi ránking de los siete pecados capitales éste es el que triunfa actualmente superando con creces a la lujuria, que está de vacas flacas precisamente por mi pereza. <br/>La músiquilla de U2 que me anima a huir vuelve a sonar en mi cabeza. Y eso que E. está fuera de Madrid y sólo intenta comunicarse conmigo mediantes sms. Ya sé que él no es lo que busco pero no sé si E. lo tiene tan claro. Cada vez que recibo un mensaje suyo me reviento la cabeza pensando en qué tipo de sms debo enviarle por respuesta. Intento escribir algo aséptico, que no denote ningún tipo de interés más allá de la amistad, pero no me sale. Encuentro siempre un posible doble sentido en todas las palabras que se iluminan en la pantalla que le aliente a buscar algo más que no existe ni existirá. Joder, me meto en jardines de los que luego no sé salir. Ahora mismo estoy atrapado en el centro de un laberinto y no voy a encontrar la senda de salida hasta que no deje las cosas claras. <br/>Enésimo día de cielos azules en Madrid. Quiero que llueva, que el agua se lleve la mierda que flota encima de la ciudad y que la convierte en una jaula bullente de virus listos para atacar. Y de paso que me limpie a mí, que se lleve mi pereza y me devuelva la lujuria. Soy más divertido y me divierto más cuando soy lujurioso.<br/>Descubrimiento ayer en el Ducados Café, un sitio que no me gusta demasiado pero en el que recalamos para tomar la última antes de marchar a casa. Nuevo camarero. No es guapo (tenía un cuerpazo, eso sí) pero su simpatía natural, de esas de chico de barrio, le hace uno de los tíos más atractivos que me haya encontrado últimamente. Un par de risas juntos y un 'nos vemos' de esos que quieres que se cumplan de verdad y yo me bajé para Cibeles con una sonrisa pintada en el rostro que me río yo de la de Jack Nicholson cuando hizo de Joker en Batman.]]></content></entry><entry><title><![CDATA[Todo lo que sube, baja]]></title><link rel="Mesala on the rocks" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/borgho/atom.xml" title="Mesala on the rocks"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200501]]></issued><modified><![CDATA[200501]]></modified><created><![CDATA[200501]]></created><summary><![CDATA[Todo lo que sube, baja]]></summary><author><name><![CDATA[Mesala]]></name></author><dc:subject><![CDATA[Todo lo que sube, baja]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/borgho/c_26.htm"><![CDATA[Después del subidón provocado por el reencuentro con E., mi vida ha vuelto a la rutina y a la calma chicha en la que floto normalmente. E. no deja de ser un pasatiempo, algo pasajero que le ponga un poco de sal a este guiso sin gusto y desaliñado que supone mi día a día. Una pastilla de avecrem que convierte el agua en un caldo al menos apetitoso. Parece que la banda sonora de mi vida la compuso U2, los acordes de 'But I still haven't found what I'm looking for' se repiten año tras año y me dejan la amarga duda de que haya algo o alguien que encontrar. Cuando parece que sí, llegan los irlandeses con su cancioncilla y me animan a salir corriendo sin mirar atrás porque no es eso lo que yo quiero. 'Maricón el último', parece que me grita Bono detrás de su gafas de The Fly. Supongo que soy demasiado exigente, que no me conformo con el hecho de tener a alguien a mi lado como hace la mayoría de la gente. O que soy demasiado egoísta para compartir mi intimidad con otra persona. Ayer le decía a alguien :) que mi vida amorosa era un erial tan ancho como Castilla, pero me quedaba corto. La estepa rusa o el desierto del Gobi se adaptan mejor a mi caso particular. El amor ha pasado a mi lado, pero siempre me logrado esquivar en el último momento con piruetas propias de funambulista del Circo del Sol. Dejándome compuesto, sin pareja y con cara de tontolhaba empanado de propina. Yo, mientras tanto, como Fangoria, miro la vida pasar...<br/>La mañana en el trabajo está siendo muy aburrida. No tengo nada que hacer y fingir que estoy haciendo algo me cansa más incluso que trabajar. Mi cambio de puesto, que es oficioso y parece que a este paso no se va a convertir en oficial, lo único que me ha traído es inactividad. Va, que tiene que enseñarme, está tan perdida como yo y hasta que no se encuentre no se ve capaz de cargar conmigo. Si lo sé ralentizo el proceso de curación de mi gripe y me pillo un par de días para levantarme tarde y descansar.]]></content></entry><entry><title><![CDATA[El té de las siete]]></title><link rel="Mesala on the rocks" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/borgho/atom.xml" title="Mesala on the rocks"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200501]]></issued><modified><![CDATA[200501]]></modified><created><![CDATA[200501]]></created><summary><![CDATA[El té de las siete]]></summary><author><name><![CDATA[Mesala]]></name></author><dc:subject><![CDATA[El té de las siete]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/borgho/c_25.htm"><![CDATA[Tengo que ir, tengo que ir. Después de tomarme otro paracetamol de 1mg he conseguido que la cabeza se me asiente y que los teléfonos de la oficina no utilicen mi cráneo como caja de resonancia. Las seis. Menos mal, creía que me iba a dar algo. Mientras voy a Emilio Castelar a coger el metro, el aire de la Castellana me despierta y hace que las ideas se me aclaren. Claro que me apetece ir, no sé lo que voy a encontrar pero me apetece ir. <br/>Cuando cruzo la Castellana para pillar la línea 5 veo que al fondo, a la altura de Colón,  luces de policía y de ambulancias cortan la circulación. ¿Qué habrá pasado? Tiene que haber sido algo grave, la Castellana no se para así como así. Como todos lo que estábamos en el semáforo, me temo lo peor. Nos han metido el miedo en el cuerpo y ahora más de dos coches de policía y una ambulancia juntos siembran la duda. ¿Habrán hecho algo a las Torres de Colón?<br/>Con  la pasmosa facilidad con la que los habitantes de esta ciudad siguen su camino, aún cabiendo la posiblidad de que haya sido algo gordo, me meto en el metro con mis compañeros de semáforo. Salgo poco después y, cómo no, me equivoco de salida y me pierdo. Mierda de barrio de Salamanca, ni lo conozco bien ni lo quiero conocer mejor.  Llamo al telefonillo de E. aunque el portero me ha abierto la puerta. No quiero subir sin avisar.<br/>- Dónde va? - me pregunta educadamente el hombre, que no está más que haciendo su trabajo, pero que me toca los huevos con las preguntitas. <br/>- Al piso de tal - respondo con pocas ganas y mientras me examina de arriba abajo como si yo tuviera escrito en la frente 'lo mismo esta tarde follo y todo'. ¿Es que no me ha visto que he llamado y me han abierto? Joder.<br/>Cojo el ascensor y aterrizo en la puerta de E. que me abre y me da un abrazo en el recibidor. Se alegra de verdad de verme de nuevo. Y yo al él. Le encuentro más guapo, más atractivo, como si quitarse el traje le hubiera restado unos años. Esto pinta bien.<br/>Tiene la casa llena de cuadros y de libros, tan abigarrada como siempre. Nada más entrar me enseña unas acuarelas modernistas que acaba de ceder para una exposición. Me encapricho de una que tiene pinta de ser muy cara porque, conociéndole, seguro que es original. <br/>- Son dibujos para escenografías, originales. - esta última palabra pronunciada en tono explicativo. <br/>- Me flipa esta - le comentó yo con la nula esperanza de que me diga que me la lleve a modo de regalo de reyes tardío.<br/>- Sí, es la mejor. <br/>- Me puedes hacer una fotocopia en color? - suelto antes de pensarlo y de que él me mire como si le hubiera dicho que cogiera las tijeras del pescado de la cocina y la rajara en mil pedazos. Qué cutre que soy. No tengo arreglo, hablo antes de pensar y siempre la cago.<br/>- Bueno, casi déjalo. - me respondo a mí mismo avergonzado mientras E. sonríe divertido. Ha debido pensar que la iba a poner con chinchetas en el gotelé de mi cuarto. <br/>Nos sentamos en el sofá y empezamos a hablar. A gusto. Sin prisas. Dejo que me explique cómo ha logrado dejarlo todo y dedicarse a hacer lo que le da la gana. Y me da tanta envidia que me imagino a mí mismo en su papel de loco bohemio... Para rematarlo me saca unos poemas manuscritos de un poeta del 27 que ha encontrado en un desván de su familia junto con más tesoros literarios. Me quedo lívido al tener en mis manos las letras que pasaron directamente del cerebro del genio granadino a aquel papel. En la buhardilla de la mía lo mismo encuentro los libros de 8º de EGB, éso si no se los han comido las ratas o han sido usados de combustible. <br/>- Te apetece un té?<br/>- Sí, claro. -contesto mientras le sigo a la cocina. <br/>Él sigue charloteando mientras veo que coge el hervidor y sigue todo el ritual british de preparación del té. Se lo comento cuando vierte un poco de agua hirviendo en la tetera para calentarla y luego la tira. Me mira con asombro, como si no comprendiese cómo coño sabía yo la forma de preparar un té respetando la etiqueta británica. <br/>- Yo hiervo el agua en el microondas -me explico- pero sé cómo se hace de la forma correcta. Algo se me tenía que pegar.<br/>- Y seguro que usas bolsitas y te sale un brevaje en vez de un té.          <br/>La verdad es que tiene razón, el earl grey que sirve es el mejor que me he tomado en mucho tiempo. Mientras me explica no sé qué sobre un proyecto me planta la mano en el muslo y de ahí a lo otro no hay nada. Y acabamos donde acabamos. Bien, como siempre.<br/>- Sabes que estás guapísimo? -deja caer después de todo.<br/>- Qué dices tío¡ -me carcajeo avergonzado. <br/>No encajo bien los cumplidos, no sé cómo actuar, digo gracias y se me queda una cara de haba que metería bajo tierra si tuviera un agujero allí mismo. Aunque, qué coño, llevo unos días que hasta yo me encuentro guapo.<br/>Quedamos en vernos. En no perder el contacto durante tanto tiempo. La verdad es que es un tío inteligente, se puede hablar con él y, al fin y al cabo, mí me viene bien un buen té de vez en cuando.<br/><br/>PD.: Me asusto de lo que escribo aquí. Voy a tener que cortarme o utilizar un diario de papel. Sólo me falta dar mi nombre completo, dirección y número de teléfono.]]></content></entry><entry><title><![CDATA[E.]]></title><link rel="Mesala on the rocks" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/borgho/atom.xml" title="Mesala on the rocks"/><id><![CDATA[]]></id><issued><![CDATA[200501]]></issued><modified><![CDATA[200501]]></modified><created><![CDATA[200501]]></created><summary><![CDATA[E.]]></summary><author><name><![CDATA[Mesala]]></name></author><dc:subject><![CDATA[E.]]></dc:subject><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="sp" xml:base="http://blogs.ya.com/borgho/c_23.htm"><![CDATA[No sé si me voy a arrepentir o no, pero he quedado esta tarde con E., el falso bohemio, para tomar un café. Ahora mismo me apetece verle, que me cuente episodios de su vida surrealista, reírme un rato con él de la falsa bohemia en la que pasa sus días y de la gira cultural para la que parte dentro de unos días. Parece jovial por teléfono, siempre lo ha sido conmigo, tiene energía para parar un tren y me apetece que me contagie un poco de la suya. Que me aturulle con sus proyectos y sus historias.<br/>- ¿Qué tal estás? - me ha preguntado por teléfono<br/>- Bueno, no estoy mal, no tan alegre como tú, por supuesto. Ja, ja.<br/>- Non ci posso credere -pasa al italiano, lo que nos hizo conocernos- sei giú?<br/>No me hables en italiano, que sabes que me pierdo, que soy muy idiota y que el italiano me pone tonto. Que con tres frases me ganas.  <br/>- No, pero sabes que la felicidad completa no es mi estado habitual.<br/>- Bueno, bueno, bueno. Vente que nos reímos un rato.<br/>- Quieres que quedemos para tomar un café esta tarde?<br/>- Claro, me apetece verte antes de irme. Ya te lo había dicho. ¿Dónde estás ahora? <br/>- En el trabajo. Serrano con María de Molina.<br/>- Estamos al lado. Mira si quieres vente al casa y preparamos un café aquí, es que no se me ocurre un sitio chulo donde ir por la zona. No te lo digo por otra cosa.<br/>Ja, ja, permite que me ría, E. tú y yo sabemos por qué lo dices. Tu y yo sabemos que esta tarde vamos a acabar donde vamos a acabar y quieres ahorrar tiempo. Me hace gracia que a estas alturas me  vengas con éstas.<br/>- Vale, sigues viviendo donde siempre? - Joder qué facilón que soy...<br/>- Pues claro. Por cierto qué te pasa en la voz? Cuando te conocí ya habías pasado la adolescencia.<br/>- Serás tonto, estoy resfriado. <br/>- Ah, nene, es que creía que en un año te había cambiado la voz y que te habías convertido en un hombre. Ja, ja.<br/>- Venga que nos vemos luego.<br/>- Te espero.  <br/>Joder, no sé si ir o no. Sería volver al pasado. Ya no puedo llamarle para desquedar. Si es que las tres copas de vino de la comida con el paracetamol me han dejado tonto. Si es que yo con el vino tengo más peligro que una caja de bombas.  Si es que vamos a acabar donde yo me sé... <br/>  <br/>]]></content></entry></feed>
