De Madrid al cielo
Con toda la pereza del mundo me he levantado para llegar a Barajas. Después de reunirme con S encontramos el stand de facturación a la primera. Menos mal, porque llegamos en el último minuto para facturar el equipaje. S se muestra incrédulo.
- No puede ser. No es tan tarde. Este aviso debe estar mal.
- ¿Que no es tan tarde? Faltan 40 minutos para que salga el avión.
- Bueno, ¿y qué? Es bastante.
- S, las maletas tienen que acabar en el avión, que debe estar a cuarto de hora de aquí.
- Ahh, bueno pero les da tiempo. No entiendo las prisas.
S, que debía haber dormido un par de horas esa noche, al final me da la razón de que la culpa de las prisas la hemos tenido nosotros por no llegar con los sesenta minutos de adelanto. Un poco agobiados por el tiempo dejamos que nos cacheen, nos quiten los cinturones, móviles, llaves y demás elementos metálicos y llegamos a la puerta de embarque. Un montón de gente que espera. Cuando ya deberíamos haber embarcado me levanto y le pregunto a una señorita que habla animadamente con otra señorita que qué pasa.
- Señor, hay un retraso en el vuelo estimado en 45 minutos.
- Ahhh. ¿Por qué?
- Una revisión técnica.
- Vale, gracias.
Jó, que mal rollo. No me mola nada que revisen mi avión cuando ya debería estar arrancando los motores. En la espera aparece un chico atractivo. Uno de los que me gustan a mí, un básico, como yo los denomino. Barba de tres días, pantalones de pana, una camiseta y dos bolsas debajo de los ojos como de 'me acabo de levantar y no puedo con mi vida'. Aburrido, le convierto en mi pasatiempo. Le miro, me mira. ¿Me mira porque le he mirado yo primero o porque quiere? Me da igual. Sigo con mi juego de ‘que te pillao mirándome’ hasta que nos dicen que podemos embarcar. Ya en el avión se sienta en la misma fila que nosotros. Le sigo mirando, él me devuelve la mirada levantando la vista del libro que lee. Ahora la situación es más clara. Tanto él como yo tenemos que girar la cabeza para vernos. Como tú no te lances yo no pienso tirarme a la piscina encerrado en un avión, pienso para mis adentros. En mi pensamiento también entra una tórrida escena en los baños y en la cabina del piloto con mi amigo el básico. Al final él se duerme. Pues vaya. Vuelvo a mirar por la ventanilla. Veo la ciudad de las artes y de las ciencias de Valencia y sigo con la vista la línea de la costa más allá de la Albufera intentando averiguar dónde está Denia. A mi izquierda aparecen Ibiza y Formentera. Parecen pequeñas. Todavía se ve la costa de Valencia y avisan de que ya que empieza la maniobra de aterrizaje. El contorno de Mallorca empieza a dibujarse. Calas de aguas turquesa, el Puig Maior nevado, molinos de viento, palmeras y cipreses. Me gusta. Aterrizamos. El básico se levanta y ni me mira. Me lo encuentro fuera del aeropuerto y pasa de mí. La siesta le debe haber sentado mal.
Al final aparece O, que ha ido a buscarnos. Salimos al exterior y luce un sol de primavera. De los que calientan. Nos quedamos en manga corta. Parece mentira que estemos a seis de enero. Después de llegar a casa, nos lanzamos a la calle. Nos tomamos unas cañas en el puerto con vistas a la Catedral. Preciosa. Después de buscar sitios donde nos pusieran una paella a las cuatro de la tarde acabamos comiendo en un fast food mallorquín. Comemos de tapas, todas con una base de 'pa amb olí', un pan seco y oscuro con aceite mallorquín que no hay que confundir con el pan tumaca catalán porque a los mallorquines les sienta mal. Luego nos tomamos un café en una terraza al lado de la playa que tenía un rollito parecido al de Caños de Meca. Como está oscureciendo ya hace fresco y la chaqueta no sobra. Nos vamos a casa y nos preparamos para salir. No recuerdo si cenamos.
Primera parada un horror de sitio en el marítimo. Con cuatro viejas del norte de Europa que babean por el relaciones públicas. No es para menos. Un chulo morenazo de esos que saben que es guapo y que tiene ensayada hasta la forma en que coge el cigarro. Nos vamos de allí y entramos en un tal Moon. Debe de ser un sitio de ambiente, pero del cutre. Lo comento con estos.
-Este sitio es de ambiente.
-No, qué va.
-¿Bromeas? –respondo- ¿Has visto las alas de ángel con plumas que hay colgadas por todos lados?
-Ahh, pues no me había dado cuenta –comenta S.
-Pues yo debo tener un radar porque lo he visto antes de entrar –pienso.
Música de triunfitos bailada por tíos que van como Bisbal, pantalones blancos y camisas negras o camisas blancas y pantalones negros. Algún que otro fashion victim cutre. ¿Dios qué pasa aquí? ¿Dónde están los hombres normales que parecen hombres? Cambiamos de sitio y nos metemos en uno llamado Garito. Por fin un lugar potable. Chicos normales que llevan camisetas y no camisas blancas. Me entra la euforia cuando oigo que la música es buena, una especie de house flojito que te deja charlar con el que tienes al lado. No es un lugar gay pero el público sí que lo es mayoritariamente. Ficho a unos cuantos, pero me vuelve loco un chaval delgadito y rapado que se está despidiendo de todo el bar al tiempo que hace fotos. Se va de la isla. Eso, que se venga a la Península. Le devoro con los ojos pero él ni me mira. Está demasiado ocupado dando besos y abrazos. Cuando mejor estoy me arrancan de allí y me meten en Pachá, que está vacia, persiguiendo a unas guiris que entraban en ese momento. Salimos de allí y, cuando yo creía que nos íbamos a casa, la borrachera que estos llevan encima nos arrastra a un bar de putas. No me lo puedo creer. Me meto con ellos porque no sé llegar solo a casa y me da miedo quedarme en esa calle sin salida. Un lugar sacado de un submundo oscuro, con bares de putas en las dos aceras y porteros rusos en las puertas. Nada más entrar un enjambre de putas semidesnudas nos rodea. Empiezan a tocarnos y nos preguntan que qué queremos beber. Yo me pido una coca cola intentando aparentar normalidad, como si estuviera pidiendo un café en el bar de abajo. Estoy nervioso, me encuentro fuera de lugar en ese sitio de paredes rojas y olor a ambientador barato. Una negra morruda se lanza y me soba el paquete. Me dan ganas de darle un manotazo pero no creo que sea lo más acertado. Al fin y al cabo, es su trabajo, estoy en un puticlub y a mi me van a cobrar la coca cola a precio de Cardhu. Me da pena, pero la pena se torna en asco cuando empieza a gesticular como si estuviera mamando una polla y cuando se coge el tacón y lo masturba. Me pide un euro para seguir magreándome. Le digo que ni de blas, que no tengo. No le sienta bien, me coge la nariz con los dedos y me la retuerce. Casi vomito, pienso en las pollas que habrá tocado con esas manos y el asco se convierte en repelús. Estos siguen a lo suyo, riéndose de S, que se ha empalmado con el magreo que otra de ellas le ha dedicado, Mientras, una pobre puta delgadísima intenta ponernos cachondos contorneánose en una barra. Abriéndose de piernas y frotándose con el metal. Conmigo va lista. Después de pagar una cantidad astronómica por las copas salimos de allí y nos largamos a casa. El balance de la noche no ha sido malo del todo. Por lo menos me he reído.
- No puede ser. No es tan tarde. Este aviso debe estar mal.
- ¿Que no es tan tarde? Faltan 40 minutos para que salga el avión.
- Bueno, ¿y qué? Es bastante.
- S, las maletas tienen que acabar en el avión, que debe estar a cuarto de hora de aquí.
- Ahh, bueno pero les da tiempo. No entiendo las prisas.
S, que debía haber dormido un par de horas esa noche, al final me da la razón de que la culpa de las prisas la hemos tenido nosotros por no llegar con los sesenta minutos de adelanto. Un poco agobiados por el tiempo dejamos que nos cacheen, nos quiten los cinturones, móviles, llaves y demás elementos metálicos y llegamos a la puerta de embarque. Un montón de gente que espera. Cuando ya deberíamos haber embarcado me levanto y le pregunto a una señorita que habla animadamente con otra señorita que qué pasa.
- Señor, hay un retraso en el vuelo estimado en 45 minutos.
- Ahhh. ¿Por qué?
- Una revisión técnica.
- Vale, gracias.
Jó, que mal rollo. No me mola nada que revisen mi avión cuando ya debería estar arrancando los motores. En la espera aparece un chico atractivo. Uno de los que me gustan a mí, un básico, como yo los denomino. Barba de tres días, pantalones de pana, una camiseta y dos bolsas debajo de los ojos como de 'me acabo de levantar y no puedo con mi vida'. Aburrido, le convierto en mi pasatiempo. Le miro, me mira. ¿Me mira porque le he mirado yo primero o porque quiere? Me da igual. Sigo con mi juego de ‘que te pillao mirándome’ hasta que nos dicen que podemos embarcar. Ya en el avión se sienta en la misma fila que nosotros. Le sigo mirando, él me devuelve la mirada levantando la vista del libro que lee. Ahora la situación es más clara. Tanto él como yo tenemos que girar la cabeza para vernos. Como tú no te lances yo no pienso tirarme a la piscina encerrado en un avión, pienso para mis adentros. En mi pensamiento también entra una tórrida escena en los baños y en la cabina del piloto con mi amigo el básico. Al final él se duerme. Pues vaya. Vuelvo a mirar por la ventanilla. Veo la ciudad de las artes y de las ciencias de Valencia y sigo con la vista la línea de la costa más allá de la Albufera intentando averiguar dónde está Denia. A mi izquierda aparecen Ibiza y Formentera. Parecen pequeñas. Todavía se ve la costa de Valencia y avisan de que ya que empieza la maniobra de aterrizaje. El contorno de Mallorca empieza a dibujarse. Calas de aguas turquesa, el Puig Maior nevado, molinos de viento, palmeras y cipreses. Me gusta. Aterrizamos. El básico se levanta y ni me mira. Me lo encuentro fuera del aeropuerto y pasa de mí. La siesta le debe haber sentado mal.
Al final aparece O, que ha ido a buscarnos. Salimos al exterior y luce un sol de primavera. De los que calientan. Nos quedamos en manga corta. Parece mentira que estemos a seis de enero. Después de llegar a casa, nos lanzamos a la calle. Nos tomamos unas cañas en el puerto con vistas a la Catedral. Preciosa. Después de buscar sitios donde nos pusieran una paella a las cuatro de la tarde acabamos comiendo en un fast food mallorquín. Comemos de tapas, todas con una base de 'pa amb olí', un pan seco y oscuro con aceite mallorquín que no hay que confundir con el pan tumaca catalán porque a los mallorquines les sienta mal. Luego nos tomamos un café en una terraza al lado de la playa que tenía un rollito parecido al de Caños de Meca. Como está oscureciendo ya hace fresco y la chaqueta no sobra. Nos vamos a casa y nos preparamos para salir. No recuerdo si cenamos.
Primera parada un horror de sitio en el marítimo. Con cuatro viejas del norte de Europa que babean por el relaciones públicas. No es para menos. Un chulo morenazo de esos que saben que es guapo y que tiene ensayada hasta la forma en que coge el cigarro. Nos vamos de allí y entramos en un tal Moon. Debe de ser un sitio de ambiente, pero del cutre. Lo comento con estos.
-Este sitio es de ambiente.
-No, qué va.
-¿Bromeas? –respondo- ¿Has visto las alas de ángel con plumas que hay colgadas por todos lados?
-Ahh, pues no me había dado cuenta –comenta S.
-Pues yo debo tener un radar porque lo he visto antes de entrar –pienso.
Música de triunfitos bailada por tíos que van como Bisbal, pantalones blancos y camisas negras o camisas blancas y pantalones negros. Algún que otro fashion victim cutre. ¿Dios qué pasa aquí? ¿Dónde están los hombres normales que parecen hombres? Cambiamos de sitio y nos metemos en uno llamado Garito. Por fin un lugar potable. Chicos normales que llevan camisetas y no camisas blancas. Me entra la euforia cuando oigo que la música es buena, una especie de house flojito que te deja charlar con el que tienes al lado. No es un lugar gay pero el público sí que lo es mayoritariamente. Ficho a unos cuantos, pero me vuelve loco un chaval delgadito y rapado que se está despidiendo de todo el bar al tiempo que hace fotos. Se va de la isla. Eso, que se venga a la Península. Le devoro con los ojos pero él ni me mira. Está demasiado ocupado dando besos y abrazos. Cuando mejor estoy me arrancan de allí y me meten en Pachá, que está vacia, persiguiendo a unas guiris que entraban en ese momento. Salimos de allí y, cuando yo creía que nos íbamos a casa, la borrachera que estos llevan encima nos arrastra a un bar de putas. No me lo puedo creer. Me meto con ellos porque no sé llegar solo a casa y me da miedo quedarme en esa calle sin salida. Un lugar sacado de un submundo oscuro, con bares de putas en las dos aceras y porteros rusos en las puertas. Nada más entrar un enjambre de putas semidesnudas nos rodea. Empiezan a tocarnos y nos preguntan que qué queremos beber. Yo me pido una coca cola intentando aparentar normalidad, como si estuviera pidiendo un café en el bar de abajo. Estoy nervioso, me encuentro fuera de lugar en ese sitio de paredes rojas y olor a ambientador barato. Una negra morruda se lanza y me soba el paquete. Me dan ganas de darle un manotazo pero no creo que sea lo más acertado. Al fin y al cabo, es su trabajo, estoy en un puticlub y a mi me van a cobrar la coca cola a precio de Cardhu. Me da pena, pero la pena se torna en asco cuando empieza a gesticular como si estuviera mamando una polla y cuando se coge el tacón y lo masturba. Me pide un euro para seguir magreándome. Le digo que ni de blas, que no tengo. No le sienta bien, me coge la nariz con los dedos y me la retuerce. Casi vomito, pienso en las pollas que habrá tocado con esas manos y el asco se convierte en repelús. Estos siguen a lo suyo, riéndose de S, que se ha empalmado con el magreo que otra de ellas le ha dedicado, Mientras, una pobre puta delgadísima intenta ponernos cachondos contorneánose en una barra. Abriéndose de piernas y frotándose con el metal. Conmigo va lista. Después de pagar una cantidad astronómica por las copas salimos de allí y nos largamos a casa. El balance de la noche no ha sido malo del todo. Por lo menos me he reído.
Comentario:
Jo, es que últimamente llego tarde a todo, y este post lo leo a día de hoy cuando, ya es casi historia pasada. Estoy con Zapp en lo del asco que me dan estos sitios, y ya me han arrastrado a más de uno. Al menos te ríes, eso sí. Voy a seguir leyendo.
Comentario:
No se es que me da mucha cosa ese tipo de sitios. Tampoco me hagas demasiado caso, estoy un poco tontito con esto de Kike
Comentario:
Uy, perdón Zäpp. Lo mismo estaba yo un poco Bukowski cuando he escrito esto. El próximo será más poético. Cornelio tampoco me arrastraron, yo no quería entrar pero tampoco usaron la fuerza física. Pero ahora tengo claro que no me pillan en otra de estas.
Comentario:
He visto sitios así y peores... Un poco fuerte lo de tus amigos arrastrándote hacia allí.
Comentario:
Que horror, de verdad que tu historia me ha revuelto un monton las tripas. Y como es que os meteis en sitios de esos???





