De gays, besos y ensaimadas
Al día siguiente, S y yo nos pasamos toda la tarde paseando por Palma. Y hablamos, hablamos y hablamos... Descubrimos un café genial en la Carrer San Miquel que está en el patio de un palacio renacentista. Creo que se llama Capuccino San Miquel. Tras una hora sentados allí nos fuimos a casa para cenar y salir más tarde. Después de que estuvieran tomando copas (botellas) en casa nos largamos casi a las tres de la mañana hacia Pachá. No me hacía mucho ir allí pero bueno, soy transigente. Al llegar pagamos y entramos en el local que hoy sí que estaba lleno de gente muy variopinta. Si el Pachá de Madrid es pijo, exclusivo y excluyente, el de Palma es todo lo contrario. Hay gente en deportivas, arreglados, con camisas, guiris, nacionales, gays, heteros... todos en una convivencia armónica. Muchas fefas de Madrid no se mezclarían con las VaneSSas que hay allí en la vida, no se yo si está tolerancia funcionaria en la capital. La música no era muy buena, con la excepción de dos tíos que tocan los bongos y el saxo en directo, pero aguantamos allí hasta que cerraron a las siete de la mañana. Otro rapado me quita el sentido y me paso tres horas babeando ¿qué me pasa a mí con los rapados últimamente? Ni siquiera intento el cruce de miradas con él, llevaba el coche y con sólo tres cervezas cenando me funcionaban perfectamente los mecanismos inhibidores. Me he fijado en que los gays aquí no se besan ¿? ¿Los gays sólo se besan en Madrid? ¿En la noche del sábado ocho de enero de 2005 ningún chico besó a otro chico en Palma? Me acabo de dar cuenta y perplejo me quedo. Vivir en Madrid da otra perspectiva a las cosas, pero supongo que Palma es una ciudad pequeña y que los chicos no besan a otros chicos en locales donde está media población metida.
El domingo dormimos hasta las tres de la tarde. Hicimos las maletas y al aeropuerto. Allí me vuelvo a encontrar con el básico de las bolsas en los ojos. Se ha afeitado y ya no me gusta. Ha perdido todo. Nos miramos con indiferencia y cada loco con su tema. Hoy he dormido poco y mal y no necesito entretenimiento. Ya en el avión, a mi lado se sentó un chico jovencito. Ni siquiera nos dirigió la palabra para decirnos que él iba en el asiento de la ventanilla. Simplemente señaló con el dedo y yo me aparté para dejarle pasar. Cuando ya despegábamos le dio la vena habladora y comenzó a darme conversación. Dónde vivís, a qué habéis venido y rollos por el estilo. A mi no me apetecía hablar pero como S pasó de él, me tocó darle tema hasta que pude finjirme dormido. S y yo llevábamos un par de ensaimadas en las manos, y cuando nos bajamos del avión y nos metimos en el autobús que nos acercaba a la terminal, el chaval me dice que él trabaja en el horno donde las hemos comprado, que acaban de abrir uno en Madrid y que me va a dar su teléfono por si nos gustan las ensaimadas y queremos comprar otras. Flipado veo como me escribe su fijo y su móvil en el cartón de la ensaimada. Miro a S que se está descojonando. Dios qué resuelta es la gente, te pasan el teléfono hasta en las ensaimadas... Cuando estábamos esperando las maletas me aborda otra vez. Me estoy cansando, si hay algo que no soporto es que me intenten convencer de que haga algo que no quiero.
- ¿Cómo vas a ir a casa?
- Pues no lo sé, en taxi supongo.
- Yo también voy a coger un taxi, vivo por el norte, si quieres os podéis venir conmigo.
Dios, qué pesado. Que no me voy a ir a tu casa contigo, chavalín.
- No es que vivimos por el sur...
- Ah, vale. Por cierto, me llamo Pedro. Si necesitas otra ensaimada pues ahí tienes mi teléfono.
- Vale, muchas gracias. Hasta luego.
Y ahora tengo una ensaimada con el teléfono de un tal Pedro.
El domingo dormimos hasta las tres de la tarde. Hicimos las maletas y al aeropuerto. Allí me vuelvo a encontrar con el básico de las bolsas en los ojos. Se ha afeitado y ya no me gusta. Ha perdido todo. Nos miramos con indiferencia y cada loco con su tema. Hoy he dormido poco y mal y no necesito entretenimiento. Ya en el avión, a mi lado se sentó un chico jovencito. Ni siquiera nos dirigió la palabra para decirnos que él iba en el asiento de la ventanilla. Simplemente señaló con el dedo y yo me aparté para dejarle pasar. Cuando ya despegábamos le dio la vena habladora y comenzó a darme conversación. Dónde vivís, a qué habéis venido y rollos por el estilo. A mi no me apetecía hablar pero como S pasó de él, me tocó darle tema hasta que pude finjirme dormido. S y yo llevábamos un par de ensaimadas en las manos, y cuando nos bajamos del avión y nos metimos en el autobús que nos acercaba a la terminal, el chaval me dice que él trabaja en el horno donde las hemos comprado, que acaban de abrir uno en Madrid y que me va a dar su teléfono por si nos gustan las ensaimadas y queremos comprar otras. Flipado veo como me escribe su fijo y su móvil en el cartón de la ensaimada. Miro a S que se está descojonando. Dios qué resuelta es la gente, te pasan el teléfono hasta en las ensaimadas... Cuando estábamos esperando las maletas me aborda otra vez. Me estoy cansando, si hay algo que no soporto es que me intenten convencer de que haga algo que no quiero.
- ¿Cómo vas a ir a casa?
- Pues no lo sé, en taxi supongo.
- Yo también voy a coger un taxi, vivo por el norte, si quieres os podéis venir conmigo.
Dios, qué pesado. Que no me voy a ir a tu casa contigo, chavalín.
- No es que vivimos por el sur...
- Ah, vale. Por cierto, me llamo Pedro. Si necesitas otra ensaimada pues ahí tienes mi teléfono.
- Vale, muchas gracias. Hasta luego.
Y ahora tengo una ensaimada con el teléfono de un tal Pedro.
Comentario:
Ay ay ay... Qué envidia me provoca el leer tus descripciones de paisajes. Yo no soy capaz de distinguir entre un limonero y una acacia. Y a la hora de describir un paisaje no urbano, me las veo y me las deseo para darle forma a la cosa. Vas a tener que darme clases, jeje. Así que Pedro el de las ensaimadas, eh? Bueno, estas cosas levantan el ánimo. Besiños
Comentario:
A mi no me importa besarme con mi chico en la calle siempre que no implique exhibicionismo. Pero claro Madrid es Madrid
Comentario:
Jajaajaja, si es que al final has triunfado con un hornero, quién te lo iba a decir? Lo de los besos es curioso, nunca me había parado a pensarlo, será que vivo en una gran ciudad y cerca de un paraíso gay como torremolinos, pero me sorprende que todavía tengas que ser un personaje anónimo en un sitio enorme como Madrid para poder besar a un tío. A ver si para cuando yo vaya a las islas ya están más deshinibidos (más bien por ellos, que a mí me da igual, que yo besaré a quien haga falta, jeje).
Me ha encantao leer tu viaje.
Un abrazo.
Me ha encantao leer tu viaje.
Un abrazo.





