Rebajas y recuerdos
Ayer por la tarde tocó darse un vuelta por las rebajas con Ce. No sé por qué fui porque no me gustan nada las rebajas, mejor dicho, no me gusta la cantidad de gente que rodea a las rebajas. Después de entrar en el Zara de Preciados, el Often de Carretas y un piso de esos que venden vaqueros en un ambiente casi clandestino me reafirmé que en que no sé comprar de rebajas. Prefiero ir antes y pagar un poco más. No sirvo para rebuscar vaqueros de la talla 29 entre un montón de pantalones que, normalmente, suelen ser de la 34, y si encuentro alguno, es de un modelo que no me gusta. Después de la marabunta de Sol nos fuimos a Fuencarral. Más de lo mismo y más caro todavía. A este paso creo que si quiero unos vaqueros nuevos los voy a tener que comprar en alguna tienda de internet porque hasta que no se diluya el efecto rebajas yo no aparezco de nuevo de compras por el centro.
Derrengados, nos sentamos a tomarnos dos jarritas de cerveza. Ce está depresivo con su trabajo. Gana poco, le explotan mucho y, lo peor, no tiene ningúna proyección de futuro en su empresa. Bendito periodismo. Yo estoy depresivo porque no le encuentro ningún sentido a mi vida. En este ambiente de depresión mutua, nos tomamos una tras otra hasta que la conversación alcanzó un tinte filosófico inaguantable y nos largamos a casa (cada uno a la suya) antes de que Ce me intentara vender uno de sus libros de autoayuda.
Ce y yo nos conocimos gracias al bendito periodismo. Trabajábamos en la misma cutrerevista e hicimos buenas migas desde el principio. Empezamos a salir con los compañeros del trabajo y durante una temporada nos convertimos en los crápulas más crápulas de la redacción. Salíamos todas las noches y llegábamos por las mañanas como si nos hubieran dado una paliza. Empezó a correr el rumor de que estábamos liados. Ja, ja. Al principio me sentó mal, pero luego me sentí genial. Eramos las notas discordantes en aquel nido de serpientes del Opus Dei. En realidad, no estábamos liados pero había un rollito raro entre nosotros, una química especial que era muy evidente en aquella habitación de ambiente y mentalidad enrarecida en la que currábamos. Nosotros, chulos que somos, en de vez de intentar acallar los rumores, los fomentamos mucho más. Aquéllos flipaban con nosotros cuando, a Ce casi siempre, se nos escapaba a posta una caricia en la oreja cuando pasábamos por la mesa del otro o alguna conversación que sólo podía ser fruto de la intimidad. Por aquel entonces, Ce salía a escondidas con una compañera que llegó a mosquearse cuando nos íbamos de farra solos. No le culpo por ello. Tenía razones.
Una noche que estábamos los tres en un antro de la plaza de Chueca (no recuerdo su nombre. Sí, era el Soho) ella se fue al baño y los dos nos lanzamos a la boca del otro como leones hambrientos, besando con la urgencia y la violencia de los que saben que sólo tienen unos minutos.
- Pinchas, aféitate - dijo Ce cuando nos separamos la primera vez
- Cállate y sigue.
Y allí estuvimos ganándole tiempo al tiempo hasta que la pobre chica salió del baño y notó que algo raro había pasado.
- O dejáis ya las mariconadas o yo me largo - dijo con cara de pocos amigos.
Ninguno de los dos contestó.
(Acabo de recordar que esa misma noche ella y yo también nos habíamos besado, pero delante de Ce. Y que Ce me había besado a mí delante de ella. Jugueteando como idiotas y dando la nota en la cervecería Santa Bárbara. Claro, así empezó todo)
Después acabamos en el Why not? donde encontramos a más gente, El tonteo entre los dos y la tensión en el grupo se incrementó. Ce me dió la mano y tiró de mí hacia el baño. Y yo no me opuse. Después de cruzar el callejón atestado que es el Why not llegamos al baño. Palizón del diez (suspiro) Y ahí acabó todo porque esa noche quien se fue solo a dormir y con dolor de huevos fui yo. Ella me ganó la mano.
Y luego todo se normalizó. Y así seguimos, siendo amigos, con derecho a todo menos a roce.
Derrengados, nos sentamos a tomarnos dos jarritas de cerveza. Ce está depresivo con su trabajo. Gana poco, le explotan mucho y, lo peor, no tiene ningúna proyección de futuro en su empresa. Bendito periodismo. Yo estoy depresivo porque no le encuentro ningún sentido a mi vida. En este ambiente de depresión mutua, nos tomamos una tras otra hasta que la conversación alcanzó un tinte filosófico inaguantable y nos largamos a casa (cada uno a la suya) antes de que Ce me intentara vender uno de sus libros de autoayuda.
Ce y yo nos conocimos gracias al bendito periodismo. Trabajábamos en la misma cutrerevista e hicimos buenas migas desde el principio. Empezamos a salir con los compañeros del trabajo y durante una temporada nos convertimos en los crápulas más crápulas de la redacción. Salíamos todas las noches y llegábamos por las mañanas como si nos hubieran dado una paliza. Empezó a correr el rumor de que estábamos liados. Ja, ja. Al principio me sentó mal, pero luego me sentí genial. Eramos las notas discordantes en aquel nido de serpientes del Opus Dei. En realidad, no estábamos liados pero había un rollito raro entre nosotros, una química especial que era muy evidente en aquella habitación de ambiente y mentalidad enrarecida en la que currábamos. Nosotros, chulos que somos, en de vez de intentar acallar los rumores, los fomentamos mucho más. Aquéllos flipaban con nosotros cuando, a Ce casi siempre, se nos escapaba a posta una caricia en la oreja cuando pasábamos por la mesa del otro o alguna conversación que sólo podía ser fruto de la intimidad. Por aquel entonces, Ce salía a escondidas con una compañera que llegó a mosquearse cuando nos íbamos de farra solos. No le culpo por ello. Tenía razones.
Una noche que estábamos los tres en un antro de la plaza de Chueca (no recuerdo su nombre. Sí, era el Soho) ella se fue al baño y los dos nos lanzamos a la boca del otro como leones hambrientos, besando con la urgencia y la violencia de los que saben que sólo tienen unos minutos.
- Pinchas, aféitate - dijo Ce cuando nos separamos la primera vez
- Cállate y sigue.
Y allí estuvimos ganándole tiempo al tiempo hasta que la pobre chica salió del baño y notó que algo raro había pasado.
- O dejáis ya las mariconadas o yo me largo - dijo con cara de pocos amigos.
Ninguno de los dos contestó.
(Acabo de recordar que esa misma noche ella y yo también nos habíamos besado, pero delante de Ce. Y que Ce me había besado a mí delante de ella. Jugueteando como idiotas y dando la nota en la cervecería Santa Bárbara. Claro, así empezó todo)
Después acabamos en el Why not? donde encontramos a más gente, El tonteo entre los dos y la tensión en el grupo se incrementó. Ce me dió la mano y tiró de mí hacia el baño. Y yo no me opuse. Después de cruzar el callejón atestado que es el Why not llegamos al baño. Palizón del diez (suspiro) Y ahí acabó todo porque esa noche quien se fue solo a dormir y con dolor de huevos fui yo. Ella me ganó la mano.
Y luego todo se normalizó. Y así seguimos, siendo amigos, con derecho a todo menos a roce.
Comentario:
Wenasss!!! jajaja joder despues de esas noches que te pasas, empiezo a pensar si es que las tuyas son muy locas... o las mias mu sosas!! Pero Ce es gay, bisexual, sigue cn la novia??? informa informa,q lo q has contao sobre vuestros escarceos en la redacción... han despertao mi vena cotilla!!! jajaja
Besotes ;-))))
Besotes ;-))))
Comentario:
Mesala me estas tirando los trastos??? uuuuhhhhh
Comentario:
Bueno, lo de las tallas a mí me marea mucho, que yo no sé cuál es la mía, lo hago a ojo, cojo el pantalón, lo veo y digo: pues quepo, pues no quepo. Y así voy tanteando hasta que doy con mi número, que luego entro en otra tienda y me quedan bien otra talla distinta ¿? Así que lo de las rebajas lo estoy evitando por no disponer de un probador libre en el que ir a probar suerte con el pantalón que he cogido.
Y la historia de Ce... jaja, se quedó ahí, como todas estas historias. Yo ya he tenido unas cuantas, y por mi parte siempre son heteros que quieren probar (con lo que me ponen a mí los heteros, será mi fiebre por lo imposible, no sé, lo de esconderse y todo eso). Supongo que no tenías un interés demasiado especial por Ce, y era cuestión de divertirse.
Oye, y tú? por qué estás depre? Veo mucha insatisfacción últimamente en las blogs (aunque si sigues rodeado de gente del Opus Dei lo entiendo).
Un besote, y por cierto, gracias por explicar mejor (en mi post) lo de esta bisexualidad rara que nadie entiende (a ver si un día la gente comprende que no hay nada que entender).
Otro beso.
Y la historia de Ce... jaja, se quedó ahí, como todas estas historias. Yo ya he tenido unas cuantas, y por mi parte siempre son heteros que quieren probar (con lo que me ponen a mí los heteros, será mi fiebre por lo imposible, no sé, lo de esconderse y todo eso). Supongo que no tenías un interés demasiado especial por Ce, y era cuestión de divertirse.
Oye, y tú? por qué estás depre? Veo mucha insatisfacción últimamente en las blogs (aunque si sigues rodeado de gente del Opus Dei lo entiendo).
Un besote, y por cierto, gracias por explicar mejor (en mi post) lo de esta bisexualidad rara que nadie entiende (a ver si un día la gente comprende que no hay nada que entender).
Otro beso.
Comentario:
Zäpp, nene, pero cómo vas a estar gordo. Ay, ay, ay...un gordo como tú para mí lo querría. Ja, ja.
Javier, me alegro de que te hayas reído.
Un beso
Javier, me alegro de que te hayas reído.
Un beso
Comentario:
jejeje, me ha gustado mucho la historia que has contado con Ce quien os vería ahí besandoos como leones hambrientos ejjejej es que me estoy todavia riendo de como lo has contado. saludos
Comentario:
TALLA 34????????? Pero tu que tienes el culo de grande como la cabeza de un alfiler???? Pero si esa talla es pequeñiiiisima. O lo que es peor!!! Yo estoy GORDOOOOOOO!!! abran paso señores que voy corriendo al baño!!! Necesito descargar mi primera vomitonaaaaaaaaaaaaaaa
PD: Muy buena la historia de te beso me besas pero que no se entere la prima
PD: Muy buena la historia de te beso me besas pero que no se entere la prima





