Dibujos
Heme aquí después de varias semanas en las que usaba este espacio como excusa para poner algunas de las canciones más personales para alguna de las tres personas que esto escriben. Y no es que no me haya sucedido algo qué contar. Lo que pasa es que simplemente me tomaba tiempo escribirlo, pues suelo hacerlo con varios días de retraso.
No soy feliz y no me interesa serlo. Me interesa permanecer estable y ser compatible, y acaso la felicidad venga después (como en el matrimonio, por poner un ejemplo) Ser feliz por el simple hecho de querer estarlo es una tremenda estupidez y me ha llevado casi toda la adolescencia darme cuenta de ello. Sin embargo eso no ha impedido que me ocurran cosas muy bonitas, siempre relacionado con lo que me gusta hacer.
Motivos: mientras caminaba a la casa del bueno de Jesús pensaba en todo esto y en cómo escribirlo aquí. Vengo dibujando cosas desde que tengo uso de razón pero empecé a conservar todos esos papeles desde los trece años y un escáner en casa (cortesía de mi hermano Dennis) ayuda mucho. Ahora que estudio Diseño Gráfico puedo ayudarme a pintar lo que no podría de tener a la mano sólo una cajita de colores, porque (felizmente) no soy un genio. Lo que trato es de no exagerar, porque nada puede reemplazar a lo que es natural. Lo que nace de sí mismo es mil veces mejor y es lo único que merece ser conervado, recordarse. Ya sean unas palabras simples y directas, una caricia, o dibujos, que es a lo que quiero referirme ahora (pues las cuentas finales de siempre me dicen que con lo otro no me ha ido tan bien como hubiese querido)
Cuando ya cuento tres fólderes llenos de garabatos especiales para mí (y espero especiales para alguien más, cuando decida juntarme para toda la vida), uno de los principales problemas para mostrarlos es que cada uno debe estar acompañado por algún texto. El que sea, siempre y cuando tengan algún tipo de relación, si bien no en su totalidad por lo menos una palabra (la secreta, tal vez) Lo que me alegra al publicar aquí es que hay ocasiones en las que texto y dibujo no nacen a la vez. Es más, hay un par de casos en los que hay mucho tiempo de diferencia. A veces ojeo los dibujos y me acuerdo de algo que escribí o escribo algo y veo que el dibujo le queda. Publicación asegurada entonces.
- ¿Por eso no lo haces tan seguido?
- Sí. No es algo deliberado y sería fácil echarle la culpa al sueño que siento casi todo el tiempo.
- ¿Y si escribieras algo para aquellos dibujos en los que sólo pones la letra de una canción?
- Hay cosas que debo callar, y no por ser malas, sino porque no tengo a quién contárselas. Este blog es parte de mi vida, no es mi vida completa. Eso se comparte sólo con otra persona más, no con todos los que leen esto ahora.
- Fíjate por dónde caminas...!!!
Si no fuera por Sebastián, ya me hubiesen atropellado.
Lunes, 09 de Mayo de 2005, 12:55: am
Instrucciones para leer una carta
Se empieza por abrirla con la misma despreocupación con la que se puede abrir cualquier paquete de dulces, habiéndose convencido de que se hace por pleno derecho a autosatisfacerse. Lo ideal es leerla de noche sobre la cama y recrear el momento en la cual fue concebida para ti, como si te la obsequiara inmediatamente después de haber sido escrita. O sentado el individuo con la colcha sobre las rodillas frías por el clima de un invierno felizmente triste y conocido, leyendo a luz apagada (¡indispensable poseer una linterna!) el único contacto físico que en ese momento establezco sobre ti. El riesgo está en qué tanto dejes que te afecte lo leído en ella. Como comer pan o torta de chocolate, las miguitas de frases podrían esparcirse por tu cama y alguna quedará por ahí, por más que sacudas el cabello y las sábanas, y se colará en tus sueños, quizá impacientándote el pensamiento y cumpliendo así la misión que le he asignado.

Para despistar enemigos en la calle, en caso se esté, la lees de izquierda a derecha, siendo común y corriente (descuida, ambos sabemos que no lo eres), y cogiendo el papel delicadamente con las yemas de los dedos medio y pulgar en ambas manos, dejando al aire juguetonamente libres ambos índices, ayudantes sincronizados de bromas obscenas en momentos como ese, por si apareciera alguien dispuesto a burlarse de nosotros.
Cerrando los ojos después de cada uno o dos párrafos por un momento, imaginando mi voz leyendo, con algunos gallos madrugadores, frente a ti las palabras que por momentos me golpean en defensa propia debido a mi maldad de querer hacer con ellas cosas muy difíciles y hasta agotadoras, por saber que vas a leerme, sin importar que me consideren anacrónico por seguir escribiéndolas en estos tiempos cuando todos las teclean, porque yo prefiero llamarme atemporal, además de ser una de mis tantas formas de decir: "te quiero".
2003
Caminando

Salir a buscar. ¿Pero qué? Si regreso con un chocolate entonces puedo decir que eso era lo que buscaba, pero es tan complicado saberlo desde antes. Si ahora dejo de escribir esto y salgo. ¿Para qué lo hago? Caminar observando sólo cuando estoy conciente de eso, pero a veces me he dado cuenta que de tanto hacerlo ya lo hago sin una premeditación. Me sorprendo mirando hacia arriba para sentir que no me golpeo al caminar, y es muy bello y dura tanto como mi voluntad lo permita. Salidas fáciles. Bastaría ser sincero conmigo mismo y buscarla. Pero soy... ¿qué soy? Tengo veintidós años y no me he afeitado desde el martes, no estudio nada, sólo me dedico a leer de tanto en tanto, siempre escucho música y a veces estoy como bastante triste frente a una computadora y más cuando no lo estoy. No tengo trabajo y ocupo mi tiempo también en dejarme vivir con cierta pena. Anhelando que todo adquiera un sentido (falso) en alguien, quizá en esa casa donde ella no está más y dónde estará ahora. Una feria, un colegio azul y un parque bastante cómodo para mirar. Salir buscando qué. Si estoy solo puedo pensar más tranquilamente. Si estoy con alguien más (Luis, digamos) no sé de dónde adquiero un aire cómo petulante y simulo caminar como si fuera el centro de todo y me doy asco, porque siento que ya dejo de ser del todo y actúo como si alguien escribiera que me estoy rascando, que aspiro el cigarrillo, que doblo la esquina. ¿Quién lo escribirá? A veces soy yo mismo, cuando hay asco. Pero a veces es como si otra persona lo hiciera. Sería una chica, tal vez.
Lunes, 09 de Mayo de 2005, 12:55 am
Sobre la cama...
..., tarde en la noche, en mi cuarto oscuro, echado escribiendo con el lapicero que ella me regaló y así empezar otra vez, creo que estoy perdiendo un momento. Y es que, aunque soy escritor nocturno, no puedo dejar en el papel lo que realmente quisiera que sepan de mí.
¿Qué podría hacer mientras lo pienso? No necesito sentirme físicamente débil y torpemente complacido así que no recurriré a esas cosas que no hago desde hace ya bastantes meses. De nada sirve tampoco que, desde donde estoy estirado, proyecte dibujos o figuras imaginarias en el techo. O mirar atentamente la luz azul hermoso que emana ya débilmente, por el uso prolongado, un lapicero divisible en tres que ella me regaló sin decírmelo siquiera. Pensar en el día que lo hizo, en las lágrimas que le siguieron. Hacer sombras simultáneamente inocentes y aterradoras delante de mí. Lo mejor en estos casos sería seguir escribiendo y seguir gastando papel, tinta, (o electricidad, porque hay veces que uso la computadora) y esperar que resulte algo interesante gracias al azar al que me abandono, no sin sentir mucha vergüenza por tener que recurrir a ella. Porque si te enteras, a medida que vas escribiendo, que no eres realmente alguien genial hilvanando palabras, sólo deseas poder estar tranquilo con las posibilidades escapistas de la literatura y cultivar una sensibilidad no sé hasta qué punto forzada. Sigues esperando aquella luz en la mente que alumbre alguna parte de tus nostalgias y te impulse a querer volver a ser el que nunca fuiste antes de ser el que ahora eres, si es que eres algo ahora. Y en ese viaje mental descubrir aquella historia que quieres compartir con alguien más, a manera de cuento; o contigo mismo, a manera de poesía.
Pero para mí (ahora) es difícil hacer aquello. Veintiún años y algo no es todo lo que quisiera haber vivido para poder narrarte algo. Puedo incluso padecer de egocentrismo adolescente, tan común en los escritores de mi edad y todavía en los mayores que yo. Y eso hace aún más difícil esta labor que no sé en qué momento adquirí como propia y de la que ahora no puedo desentenderme ni mucho menos renegar. Porque, después de todo, me proporciona algunas felicidades como la de saber que me estás leyendo o la posibilidad de que, repentinamente, alguna vivencia emerja hasta aquí y cambie el rumbo cíclico de estas líneas, probablemente gracias al acogedor clima que estoy viviendo ahora sobre la cama, tarde en la noche, echado escribiendo esto con el lapicero que ella me regaló y así empezar otra vez,...

31 de mayo de 2004
El loco de la calle
Desde hace algunos años que me gusta un grupo llamado El Último De La Fila.
Es ahora cuando comprendo el por qué del nombre.
Lunes, 7 Marzo de 2005, 01:15 pm
Invitación

jueves, 3 de Marzo de 2005
Antes de dormir
No sé si tenga razón, pero salir de aquella discoteca tan tarde me hizo recordar cuando trabajaba de amanecida: el cuerpo cansado, movimientos desganados, imaginarios besos y abrazos, soledad infinita. Quién ahora se atreverá a renegar de esto que siento ahora correr entre las calles, mientras esquivo maricones, putas y borrachos, pensando en alguien que aún no existe pero sabes que está ahí, descansando. El cielo golpea el rostro y el aire aprovecha cualquier recoveco en la ropa para mordernos mientras camino tratando de no oír las bromas sin sentido de mis amigos. Ellos están tras mío riéndose y está bien para ellos. Yo ahora pienso, sólo eso. Si no me animo ¿quién lo hará? Yo no, definitivamente, así que debo hablarle, o al menos entregarle esto. Hoy te estuve mirando mucho y lo más probable es que haya quedado como un tonto por incomodarte (si es así, te pido que me disculpes). ¿Será por eso que te escribo?
Para sentirme más feliz establezco una tácita amistad con el aire que respiro y acepto una hamburguesa. Y es igual a cuando trabajaba toda la noche, cansado y solo, sin alguien que esté ahí para recibir la cabeza que quería recostar y contestar un ¿cómo te fue? Y yo, no muy bien, gracias, ahora tengo sueño. Pero elegía dormir con la cara pegada al lado de la ventana, quizá sin saber que un delgadísimo hilo de baba salía de mi boca (¡qué vergüenza!) o, cuando no olvidaba el walkman, oír uno de los cassettes que me regalé a mí mismo por no tener a quién regalárselos. Lo había dicho Cortázar: "la música es el alimento de quienes vivimos de amor". Y pensar que la banda se fue al diablo... Pero al menos me queda la escritura y no sé qué cuento escribir, o en si ahora, de una vez por todas, dejaría de ser tan Felipito, y empezaría a dar forma de novela a la hermosa idea que tuve tiempo atrás.

Y ya estoy recostado en la cama, redactando esto para que lo leas, porque acabo de decidir que te lo entregaré la próxima vez. Echado en mi cama mientras allá afuera el cielo duda entre el violáceo y el gris, y no hay música, ni luz prendida, ni mis viejos despiertos. Sólo estoy yo y mi cama y lo que pienso escribir y tus ojos llegan y tropiezan con este desorden de ideas y los atrapo entre mis brazos y les sonrío y me siento cansado, triste, pero alegre a la vez, como no me sentía en mucho tiempo, y el sueño está venciéndome, no importa que aún no me haya desvestido, y que el collar de púas deje sus agudezas en mi cuello. Yo sólo quiero dormir ahora, porque tu rostro entero ya cobró fuerza y así, mirando el techo, el gris celebrando su victoria, con mi diario personal al lado, desordeno la cama y cierro los ojos sonriendo, soñando que no es un sueño, y esperar levantarme feliz después, y ojalá te haya ido bien.
25 de julio de 2004
Su casilla estaba llena
Ya desde hace tiempo que venía con ganas de escribirte, y ahora me siento en plena madrugada tirado sobre la cama en un lado del cuarto oscuro y con la ventana cerrada y me llega el silencio que hay del otro lado. Hay azul aquí saliendo de este lapicero que ilumina las letras que coloco una al lado de la otra y deseo que papá no despierte. Iluminar toda la habitación acabaría con un momento y tendría que dejar esto para otro día, lo cual sería una pena porque, realmente, aún no he escrito nada.
Desde aquí debería empezar a preguntar cómo estás pero supongo que ya lo sé. Para que hayas aclarado, en ese último mail tuyo, que quien entró al Messenger aquella vez no eras tú sino tu enamorado debes estar contenta y bien en cada aspecto. Y eso me alegra en forma extraña. Si yo pudiera estar así como tú. Pero tener que seguir dejándome vivir entre saludos, conversaciones tontas y contemplaciones a la luna, el no tener en quién recostar la cabeza luego de un día aburrido hasta la punta de la nariz y acabar por arreglar este desorden con un solo beso, no arreglando nada finalmente, es mi guión diario desde hace ya casi dos meses. Pasan y pasan tan largos los días y su recuerdo es tan corto, que mi única salida es dibujar, como no lo hacía desde que era niño; leer, para tener mucho que ofrecer; caminar, buscando tal vez algo que me negué una vez a encontrar; y sobre todo escribir, que es lo que en verdad me justifica aquí echado en la cama, y pienso que ambos tenemos razón al decir que soy demasiado lento.
Ahora que menciono lo del Messenger y tu enamorado, ¿recuerdas que yo dije que te llamaría un domingo como a las ocho de la noche? ¡En verdad no pude! Y es que había olvidado que todos los domingos yo trabajo en cabina (justamente aquel domingo empezaba) y al entrar y encontrarte en el Messenger pues quise aclarar esto. Quien me contestó dijo que no eras tú (obvio, je je je) sino una amiga tuya del trabajo. Así que ya no pude explicar las cosas, y han pasado ya varios días. Inepto para esto, nunca te escribí hasta ahora.
Lo del vino a lo mejor tú lo decías en broma, pero yo no, está en casa desde hace tiempo, incluso desde antes de que yo te lo mencionara, pensé que tomarlo sería una buena forma de acabar con la tentación de secarlo yo mismo, cosa que ya antes he hecho. Pero igual sigue guardado. A quien si no guardo es a la luna ¡imagínate! ¿Cómo voy a guardarla? ¿Sabes cuántas personas adoran la luna? Yo conozco pocas, poquísimas (incluyéndote, desde luego), pero siempre supe que hay más. Algo tan hermoso no puede ser apreciado por pocas personas, y yo no me considero egoísta. La luna siempre está allá arriba, mirando todo, con su cutis de los mil demonios, contenta de ser utilizada para las sonrisas de un cielo que de tan azul se observa negro, acompañando a quienes quieran verla juntos. O, como yo, desde mi escalera a solas en pleno inicio de la mañana, tratando de copiar en papel algo de su belleza. ¡Hace tanto que no dibujo! Y mis marcianos andan también por ahí, y por ratos debo esconderme. No es bueno que la gente esté sola, por eso me alegra que tengas a alguien ahí. Las cosas que acabo de mencionar tampoco están solas. El cielo, la luna, los marcianos, todo juntos en las noches en las que nadie me acompaña a caminar por ahí para ver lo aburrido que puedo ser (y por eso elegí la escritura)

De lo que no sé nada, en cambio, es de ti. ¿Cómo te va en el trabajo? ¿Con él? ¿En general cómo estás en todo? Al principio de este mail yo supuse que bien, y tendré que seguir así esperando hasta que respondas este mail haciéndome saber un gran pedacito tuyo. He descuidado a mis amigos y a nadie le gusta repetir los errores que comete. También te escribo, además de esto y de gustarme hacerlo, porque recuerdo que me dijiste que te gustaba leerme. ¡Eso me alegra bastante! ¡En serio! Me hace feliz siquiera por un instante y me pongo a pensar que a lo mejor no hago tan mal las cosas, o por lo menos no esto. Pero dijiste también que te sentías identificada con lo que escribía. Eso no debe ser. Los textos que antes te había enviado son muy tristes y eso es lo último que yo quisiera para ti. Si bien yo me siento así ahora a veces, pues son por cosas que yo hago, por no saber elegir bien, o simplemente por no elegir. ¡Pero tú cómo podrías estar triste teniendo alguien ahí para ti, teniendo un empleo y riéndote como lo haces en el mail, soltando más de una broma! Así que nada de sentirse mal, si es que acaso mis suposiciones son incorrectas. No es algo que merezcas.
En lo que pienso mucho también es en un par de mentiras que dijiste tenías. ¿Era cierto o nomás me estabas vacilando? Si es así, no entiendo por qué dijiste que te siguiera la corriente. Al menos ya tenemos algunas cosas más en común, porque yo también tengo un par (je je je)
Y la verdad ya no tengo más que escribir hasta ahora. No me gusta ser demasiado obvio (me dicen que es un error, pero yo no o tomo así) ni en lo que escribo ni en lo que hablo. Sólo espero una respuesta de tu parte. Al menos un "hola cabezón".
Nos estamos leyendo, señorita.
Cuídese muchísimo
allan
Pd: Ese mail-cadena de "tener sexo y hacer el amor" me hizo sonrojar. ¡Mira que enviárselo justamente a un cero kilómetros!
Sábado, 6 Noviembre de 2004, 05:00 pm
Sintiéndome cansado

Acabo de levantarme, cansadísimo y con un principio de gripe. Ya desde mucho antes de trepar la cama Lou había estado susurrando. No importa que no sea una mañana de domingo, sé que no miente cuando dice que siempre hay alguien detrás de mí que llamará y, aunque no es nada en absoluto, me hace seguir cayendo. Pero sé también que está acabando: hoy por ejemplo estuve bastante distraído durante el día. Como mamá no está sino en Chincha visitando a mi abuela, hoy tuve que limpiar parte de la casa, lavar los platos y "pasar revista" a las crías de mi gata y mi perra. Más que por ayudar (que siempre lo hago) lo hice por tener una vía de escape, otras cosas en las que pensar. Últimamente he estado así, retomando las tareas que hacía de niño, porque necesito encontrar cosas que he perdido. Me parecía interesante escribir sobre aquello pero, inepto también para esto, no le puedo dar un toque muy literario, ni literario siquiera y pienso que desde ya debería cambiar mi forma de escribir. Sería una nueva forma de empezar: desde querer buscar a quien le guste "un nuevo estilo" hasta terminar en la puerta de cada uno obsequiándoles mi primer trabajo.
Ahora la única luz en la habitación es la que emite el monitor. Antes de encenderlo estuve un rato observando la ventana: del otro lado tan violeta y aquí bastante negro por juntar azul con azul con azul con azul infinidad de veces. Se supone que debo estar bien, no alegre ni triste, sino bien, pero parece que ni eso puedo alcanzar por ahora. Pareciera que simplemente me dejo vivir entre los amigos y las horas de comida y sólo parezco darme cuenta de esto mientras escribo o mientras escucho música. No tengo la esperanza de que pueda cambiar en algo la situación, y no sé desde qué día empecé a sentirme así de cansado si cuando todo esto empezó me hallaba "bien" en términos generales.
En realidad hoy pensaba subir otro texto, muchísimo más logrado (espero) y bastante más largo. Me falta corregirlo y quitar ciertas palabras para que no todo en él resulte tan obvio, algo ya harto común en mi proceder. Lo que sí me parece sorprendente es el actuar de las feromonas desde que ahora soy sólo yo. Pero no tengo intenciones de escribir acerca de ello.
Viernes, 22 Octubre de 2004, 11:40 pm






