Su casilla estaba llena
Ya desde hace tiempo que venía con ganas de escribirte, y ahora me siento en plena madrugada tirado sobre la cama en un lado del cuarto oscuro y con la ventana cerrada y me llega el silencio que hay del otro lado. Hay azul aquí saliendo de este lapicero que ilumina las letras que coloco una al lado de la otra y deseo que papá no despierte. Iluminar toda la habitación acabaría con un momento y tendría que dejar esto para otro día, lo cual sería una pena porque, realmente, aún no he escrito nada.
Desde aquí debería empezar a preguntar cómo estás pero supongo que ya lo sé. Para que hayas aclarado, en ese último mail tuyo, que quien entró al Messenger aquella vez no eras tú sino tu enamorado debes estar contenta y bien en cada aspecto. Y eso me alegra en forma extraña. Si yo pudiera estar así como tú. Pero tener que seguir dejándome vivir entre saludos, conversaciones tontas y contemplaciones a la luna, el no tener en quién recostar la cabeza luego de un día aburrido hasta la punta de la nariz y acabar por arreglar este desorden con un solo beso, no arreglando nada finalmente, es mi guión diario desde hace ya casi dos meses. Pasan y pasan tan largos los días y su recuerdo es tan corto, que mi única salida es dibujar, como no lo hacía desde que era niño; leer, para tener mucho que ofrecer; caminar, buscando tal vez algo que me negué una vez a encontrar; y sobre todo escribir, que es lo que en verdad me justifica aquí echado en la cama, y pienso que ambos tenemos razón al decir que soy demasiado lento.
Ahora que menciono lo del Messenger y tu enamorado, ¿recuerdas que yo dije que te llamaría un domingo como a las ocho de la noche? ¡En verdad no pude! Y es que había olvidado que todos los domingos yo trabajo en cabina (justamente aquel domingo empezaba) y al entrar y encontrarte en el Messenger pues quise aclarar esto. Quien me contestó dijo que no eras tú (obvio, je je je) sino una amiga tuya del trabajo. Así que ya no pude explicar las cosas, y han pasado ya varios días. Inepto para esto, nunca te escribí hasta ahora.
Lo del vino a lo mejor tú lo decías en broma, pero yo no, está en casa desde hace tiempo, incluso desde antes de que yo te lo mencionara, pensé que tomarlo sería una buena forma de acabar con la tentación de secarlo yo mismo, cosa que ya antes he hecho. Pero igual sigue guardado. A quien si no guardo es a la luna ¡imagínate! ¿Cómo voy a guardarla? ¿Sabes cuántas personas adoran la luna? Yo conozco pocas, poquísimas (incluyéndote, desde luego), pero siempre supe que hay más. Algo tan hermoso no puede ser apreciado por pocas personas, y yo no me considero egoísta. La luna siempre está allá arriba, mirando todo, con su cutis de los mil demonios, contenta de ser utilizada para las sonrisas de un cielo que de tan azul se observa negro, acompañando a quienes quieran verla juntos. O, como yo, desde mi escalera a solas en pleno inicio de la mañana, tratando de copiar en papel algo de su belleza. ¡Hace tanto que no dibujo! Y mis marcianos andan también por ahí, y por ratos debo esconderme. No es bueno que la gente esté sola, por eso me alegra que tengas a alguien ahí. Las cosas que acabo de mencionar tampoco están solas. El cielo, la luna, los marcianos, todo juntos en las noches en las que nadie me acompaña a caminar por ahí para ver lo aburrido que puedo ser (y por eso elegí la escritura)

De lo que no sé nada, en cambio, es de ti. ¿Cómo te va en el trabajo? ¿Con él? ¿En general cómo estás en todo? Al principio de este mail yo supuse que bien, y tendré que seguir así esperando hasta que respondas este mail haciéndome saber un gran pedacito tuyo. He descuidado a mis amigos y a nadie le gusta repetir los errores que comete. También te escribo, además de esto y de gustarme hacerlo, porque recuerdo que me dijiste que te gustaba leerme. ¡Eso me alegra bastante! ¡En serio! Me hace feliz siquiera por un instante y me pongo a pensar que a lo mejor no hago tan mal las cosas, o por lo menos no esto. Pero dijiste también que te sentías identificada con lo que escribía. Eso no debe ser. Los textos que antes te había enviado son muy tristes y eso es lo último que yo quisiera para ti. Si bien yo me siento así ahora a veces, pues son por cosas que yo hago, por no saber elegir bien, o simplemente por no elegir. ¡Pero tú cómo podrías estar triste teniendo alguien ahí para ti, teniendo un empleo y riéndote como lo haces en el mail, soltando más de una broma! Así que nada de sentirse mal, si es que acaso mis suposiciones son incorrectas. No es algo que merezcas.
En lo que pienso mucho también es en un par de mentiras que dijiste tenías. ¿Era cierto o nomás me estabas vacilando? Si es así, no entiendo por qué dijiste que te siguiera la corriente. Al menos ya tenemos algunas cosas más en común, porque yo también tengo un par (je je je)
Y la verdad ya no tengo más que escribir hasta ahora. No me gusta ser demasiado obvio (me dicen que es un error, pero yo no o tomo así) ni en lo que escribo ni en lo que hablo. Sólo espero una respuesta de tu parte. Al menos un "hola cabezón".
Nos estamos leyendo, señorita.
Cuídese muchísimo
allan
Pd: Ese mail-cadena de "tener sexo y hacer el amor" me hizo sonrojar. ¡Mira que enviárselo justamente a un cero kilómetros!
Sábado, 6 Noviembre de 2004, 05:00 pm






