El ascensor de Emilia.
Ella vive en un bonito, espacioso y luminoso edificio céntrico de Barcelona donde al entrar en el vestibulo desaparece el bullicio de la ciudad feroz.
Podria parecer la antesala de algún templo antiguo silencioso.
Al fondo de este vestíbulo se divisa el ascensor.
Es de madera noble, antiguo, restaurado con dedicación.

Aquí no valen las prisas, hay que dejarlas colgadas en la puerta.
Es el mundo del silencio, casi acuatico.
Cuando se llama este vestigio solo queda la resignación y verlo llegar a su ritmo, fragil, como si amenazara con desplomarse.
Me hace pensar en una enormo placa de marmol que insinua que podria aplastarme.
Incluso cuando ha llegado el “click” que indica que se puede abrir la puerta se hace esperar, desear.
Abres la primera puerta, de hierro forjado, luego otra de madera , y las cierras una por una, midiendo tu fuerza porque parecen tan fragiles que podrian desintegrarse.
Al entrar, uno se pregunta por que hay tan poco espacio para estar de pie.
La respuesta viene sola al apretar el boton del piso donde quieres llegar.
Parece que no funciona, no hay reacción. La duda te asalta, vuelves a oprimirlo y de repente, cuando ya no lo esperabas se inicia una ascension casi biblica, a velocidad de camara lenta.
El asiento de madera se vuelve muy atrayente.Otra respuesta llega: constatas que no es tan mala idea tener un sitio amplio para sentarse.
Al hacerlo tienes tiempo de observar el acabado y los detalles de botones, artilugios de bronce y de madera, y tu reflejo en el espejo.
Habré cambiado al llegar? Mi piel acusará el envejecimiento?
El ascensor de Emilia es un viaje a mi futuro, a velocidad del pasado.
Al llegar, mismo ritual, esperar el “click” que no llega nunca, abrir y cerrar las puertas. Se que detrás de esa puerta fria y monolitica veré su sonrisa, tan repetida y forjada por los años que conserva frescura y sinceridad.
Vengo a darle clases de informatica. Es valiente, se ha comprado un ordenador, un mac para ser más preciso.
Cuando compré mi primer pc tenia veinticuatro años y estaba atemorizado. Aprender es muy laborioso.
Yo doy clases, y ella sin saberlo me da clases de vida, me impregno y aprendo de sus vivencias, inquietudes, recuerdos, esperanzas y desilusiones del pasado.
Es muy enriquecedor y gratificante.
Emilia es pintora de renombre, y a cada visita también descubro la evolución de sus cuadros. Ella no necesita tener o usar la informatica, pero tiene pasion por aprender, por superarse.
Ya con cierta edad, tiene mucho merito tener esos apetitos.
Su mente es avida y quiere nutrirse.
Quizás el Elixir de la juventud consiste en eso.
Ella escribe sus cartas a mano, con un estilo impecable, de este tipo de letras que tu ojo agradece ver. Belleza y elegancia sobre papel.
Su firma es igual de compleja e impactante que su personalidad.
Escribir a mano se está perdiendo pero cuando uno ve esta dedicación desea que la tecnologia se paralize y vuelvan la pluma y el tintero.

Podria parecer la antesala de algún templo antiguo silencioso.
Al fondo de este vestíbulo se divisa el ascensor.
Es de madera noble, antiguo, restaurado con dedicación.

Aquí no valen las prisas, hay que dejarlas colgadas en la puerta.
Es el mundo del silencio, casi acuatico.
Cuando se llama este vestigio solo queda la resignación y verlo llegar a su ritmo, fragil, como si amenazara con desplomarse.
Me hace pensar en una enormo placa de marmol que insinua que podria aplastarme.
Incluso cuando ha llegado el “click” que indica que se puede abrir la puerta se hace esperar, desear.
Abres la primera puerta, de hierro forjado, luego otra de madera , y las cierras una por una, midiendo tu fuerza porque parecen tan fragiles que podrian desintegrarse.
Al entrar, uno se pregunta por que hay tan poco espacio para estar de pie.
La respuesta viene sola al apretar el boton del piso donde quieres llegar.
Parece que no funciona, no hay reacción. La duda te asalta, vuelves a oprimirlo y de repente, cuando ya no lo esperabas se inicia una ascension casi biblica, a velocidad de camara lenta.
El asiento de madera se vuelve muy atrayente.Otra respuesta llega: constatas que no es tan mala idea tener un sitio amplio para sentarse.
Al hacerlo tienes tiempo de observar el acabado y los detalles de botones, artilugios de bronce y de madera, y tu reflejo en el espejo.
Habré cambiado al llegar? Mi piel acusará el envejecimiento?
El ascensor de Emilia es un viaje a mi futuro, a velocidad del pasado.
Al llegar, mismo ritual, esperar el “click” que no llega nunca, abrir y cerrar las puertas. Se que detrás de esa puerta fria y monolitica veré su sonrisa, tan repetida y forjada por los años que conserva frescura y sinceridad.
Vengo a darle clases de informatica. Es valiente, se ha comprado un ordenador, un mac para ser más preciso.
Cuando compré mi primer pc tenia veinticuatro años y estaba atemorizado. Aprender es muy laborioso.
Yo doy clases, y ella sin saberlo me da clases de vida, me impregno y aprendo de sus vivencias, inquietudes, recuerdos, esperanzas y desilusiones del pasado.
Es muy enriquecedor y gratificante.
Emilia es pintora de renombre, y a cada visita también descubro la evolución de sus cuadros. Ella no necesita tener o usar la informatica, pero tiene pasion por aprender, por superarse.
Ya con cierta edad, tiene mucho merito tener esos apetitos.
Su mente es avida y quiere nutrirse.
Quizás el Elixir de la juventud consiste en eso.
Ella escribe sus cartas a mano, con un estilo impecable, de este tipo de letras que tu ojo agradece ver. Belleza y elegancia sobre papel.
Su firma es igual de compleja e impactante que su personalidad.
Escribir a mano se está perdiendo pero cuando uno ve esta dedicación desea que la tecnologia se paralize y vuelvan la pluma y el tintero.

Comentario:
CARIÑO,
ESTÁS MUY POETICO... QUE PÁSA ?
SIN BROMA... ESTOY ENCANTADA CON TU PALABRAS.
TE MANDO UN BESO MUY GRANDE
DEA
ESTÁS MUY POETICO... QUE PÁSA ?
SIN BROMA... ESTOY ENCANTADA CON TU PALABRAS.
TE MANDO UN BESO MUY GRANDE
DEA
Comentario:
ESCRIBES MUY BIEN...ESTOY DEAMBULANDO POR LOS BLOGS DE LA GENTE...Y YA ME HE QUEDADO SIN COMENTARIOS :)