Mentiras
Reconozco que Fernando Sánchez-Dragó no es santo de mi devoción aunque, salvando las extravagancias, es un buen comunicador. A veces, sus posturas rozan el integrismo informativo. Por ejemplo, cuando se niega a ofrecer información deportiva en su programa nocturno de Telemadrid. ¿Qué culpan tendrán los aficionados al deporte que estén obligados a ver su informativo porque se pasan trabajando todo el día y llegan tarde a casa?
Pues eso. Pero el otro día, sin embargo, me sorprendió gratamente. Estaba yo informándome a última hora cuando, muy oportunamente, Sánchez-Dragó rescató una pieza del año pasado, en la que el ministro de Defensa, José Antonio Alonso, aseguraba ante el Congreso que los soldados que se iban a enviar al Líbano contarían con la mejor tecnología para su seguridad.
Ahí Sánchez-Dragó sí que estuvo fino y, en ese estilo mitad información mitad opinión al que se presta su informativo, pidió la dimisión de Alonso, algo que es muy razonable ya que, los que vimos las imágenes, también pudimos ver cómo el ministro Alonso mentía sin pudor ante los representantes de todos los españoles.
Ahora, seis de esos soldados que iban a ir con “la mejor tecnología al Líbano” están muertos. Probablemente, de haber contado su vehículo con inhibidores de frecuencia, que esa si que es buena tecnología, la historia sería distinta. Por eso, me sumo a la causa de Sánchez-Dragó, aunque sea por una vez, y le pido al Sr. Alonso que no tenga tanta cara y se marche, por muy amigo que sea del presidente Zapatero.
Pues eso. Pero el otro día, sin embargo, me sorprendió gratamente. Estaba yo informándome a última hora cuando, muy oportunamente, Sánchez-Dragó rescató una pieza del año pasado, en la que el ministro de Defensa, José Antonio Alonso, aseguraba ante el Congreso que los soldados que se iban a enviar al Líbano contarían con la mejor tecnología para su seguridad.
Ahí Sánchez-Dragó sí que estuvo fino y, en ese estilo mitad información mitad opinión al que se presta su informativo, pidió la dimisión de Alonso, algo que es muy razonable ya que, los que vimos las imágenes, también pudimos ver cómo el ministro Alonso mentía sin pudor ante los representantes de todos los españoles.
Ahora, seis de esos soldados que iban a ir con “la mejor tecnología al Líbano” están muertos. Probablemente, de haber contado su vehículo con inhibidores de frecuencia, que esa si que es buena tecnología, la historia sería distinta. Por eso, me sumo a la causa de Sánchez-Dragó, aunque sea por una vez, y le pido al Sr. Alonso que no tenga tanta cara y se marche, por muy amigo que sea del presidente Zapatero.
Resaca
Hace casi una semana que terminaron las elecciones y aún seguimos con resaca. Bueno, es de suponer que unos más que otros, y si no, que se lo digan a Sebastián, cuyos dolores de cabeza no los deben quitar ni las aspirinas esas para caballo que vendían en las farmacias del ejército.
Para justificar el descalabro, José Blanco decía esta semana que lo del PSOE es un problema estructural, que es lo que se suele decir cuando uno no tiene ni idea del problema en cuestión y de paso, quiere tirar balones fuera. ¿O es que vosotros no le habéis dicho nunca a vuestro jefe?…¡mire usted, los clientes no pagan porque tienen un problema estructural ! Pues claro, esas cosas se dicen todos los días…
En realidad, por mucho que Blanco se empeñe en lavar el cerebro a todos sus votantes, la masa electoral sabía, antes de acudir a las urnas, que Sebastián no era el caballo ganador que creía Zapatero. Y encima, se pasó de listo y trató de implicar a Gallardón en negocios oscuros, cuando la prensa le estaba machacando con el caso Intermoney y los manejos de la Oficina Económica que dirigió, por no hablar de las multas y los tributos que tenía atrasados.
Y ahora que ha dimitido ¿qué pasa con los cientos de miles de votantes que le dieron su confianza? A ver si Blanco nos lo aclara, por favor.
Tiene miga, esto de la resaca electoral. Algunos compañeros de profesión, periodistas afines a la izquierda por obligación o por devoción, también debieron sufrirla en sus carnes. Cuando la derrota del PSOE era un hecho consumado, el domingo por la noche, resultaba inquietante escuchar las justificaciones que daba Ernesto Ekáizer en la televisión pública. Era como negar la mayor. Sin duda, debía ser la resaca.
Pero más preocupante fue escuchar a Maria Antonia Iglesias el martes en Telemadrid, quien más o menos vino a decir que el PSOE saldría reforzado gracias a las artes negociadoras de Zapatero, a su experiencia, a su talante. O al menos eso es lo que yo entendí, Maria Antonia.
Igual que fue triste ver en Antena 3 cómo el director de La Razón aprovechaba para dar un mitin en toda regla, en vez de informar a los millones de españoles que seguían la noche electoral. Y resultó muy patético, incluso de mal gusto, ver en la misma cadena cómo Gloria Lomana, la directora de informativos, ninguneaba al ex ministro Bono.
Es que el periodismo y la política, como el agua y el aceite…
Para justificar el descalabro, José Blanco decía esta semana que lo del PSOE es un problema estructural, que es lo que se suele decir cuando uno no tiene ni idea del problema en cuestión y de paso, quiere tirar balones fuera. ¿O es que vosotros no le habéis dicho nunca a vuestro jefe?…¡mire usted, los clientes no pagan porque tienen un problema estructural ! Pues claro, esas cosas se dicen todos los días…
En realidad, por mucho que Blanco se empeñe en lavar el cerebro a todos sus votantes, la masa electoral sabía, antes de acudir a las urnas, que Sebastián no era el caballo ganador que creía Zapatero. Y encima, se pasó de listo y trató de implicar a Gallardón en negocios oscuros, cuando la prensa le estaba machacando con el caso Intermoney y los manejos de la Oficina Económica que dirigió, por no hablar de las multas y los tributos que tenía atrasados.
Y ahora que ha dimitido ¿qué pasa con los cientos de miles de votantes que le dieron su confianza? A ver si Blanco nos lo aclara, por favor.
Tiene miga, esto de la resaca electoral. Algunos compañeros de profesión, periodistas afines a la izquierda por obligación o por devoción, también debieron sufrirla en sus carnes. Cuando la derrota del PSOE era un hecho consumado, el domingo por la noche, resultaba inquietante escuchar las justificaciones que daba Ernesto Ekáizer en la televisión pública. Era como negar la mayor. Sin duda, debía ser la resaca.
Pero más preocupante fue escuchar a Maria Antonia Iglesias el martes en Telemadrid, quien más o menos vino a decir que el PSOE saldría reforzado gracias a las artes negociadoras de Zapatero, a su experiencia, a su talante. O al menos eso es lo que yo entendí, Maria Antonia.
Igual que fue triste ver en Antena 3 cómo el director de La Razón aprovechaba para dar un mitin en toda regla, en vez de informar a los millones de españoles que seguían la noche electoral. Y resultó muy patético, incluso de mal gusto, ver en la misma cadena cómo Gloria Lomana, la directora de informativos, ninguneaba al ex ministro Bono.
Es que el periodismo y la política, como el agua y el aceite…





