logotipo

img_google
Buenas Noches Querido Vacio
Archivos
Sindicación
 
Buenas noches, querido vacío...
No deja de ser muy curioso que en la época del gran auge de las comunicaciones los hombres cada vez se sientan más solos. No es un slogan o una leyenda urbana a todos nos ha pasado alguna vez. Puede ser por la mañana, por la tarde o en la hora de las brujas… Puede ocurrirnos viendo la televisión, trabajando o haciendo unas compras, pero de repente y sin venir a cuento algo nos invade. Es un sentimiento que crece en nuestro interior como un alud imparable que paso a paso va haciéndose más grande hasta incluso impedirnos respirar. No es una sensación agradable la que nos asalta, todo lo contrario. Es un pensamiento que nos hace sentir miserables, abandonados y poca cosa. Una bomba contra nuestra autoestima que nos impele a buscar soluciones en cualquier medio que encontremos. Nos apuntamos a una actividad de grupo, enviamos miles de mensajes cortos, llamamos a una línea telefónica o el recurso más utilizado la siempre presente red de redes. Y es extraño porque en ese universo enorme, que es Internet, nuestra soledad navega pérdida, sin un mapa ni un gps que la guíen, rozando levemente las soledades de los demás hasta que encuentra un Chat o un foro donde agarrarse. Y ahí comienza a hacerse más pequeña. Ante cada nuevo mensaje que recibimos de otra persona una parte de nuestra miseria escapa, huye asustada y nos sentimos bien, acompañados y comprendidos. Y compartimos con ese desconocido, hechos, pensamientos y sentimientos que a nadie de nuestro entorno comunicaríamos. Esa persona difusa, poco perfilada e ignota descubre más cosas de nosotros mismo que los seres que comparten nuestra vida. Esos seres a los que adoramos, acariciamos y saludamos con una sonrisa cada día, aquellos que por azar han sido destinados a compartir nuestro universo personal quedan relegados de nuestras confidencias por las prisas, el estrés o por nuestra ineptitud hacia la comunicación abierta y en un terreno personal. Nos es más fácil confesarnos a alguien por escrito que cara a cara obviando de ese modo la grata sensación que producen unos ojos atentos, una mano que se posa en la nuestra o una leve sonrisa dedicada exclusivamente para nosotros. Y así seguimos, recortando el tiempo que dedicamos a nuestra familia por charlar con esa soledad que un día chocó con la nuestra abriendo todo un mundo nuevo de posibilidades pero, a veces, en medio de toda esa vorágine de confidencias descubrimos en lo más profundo de nuestro interior una pequeña desazón que socava poco a poco ese sentimiento de bienestar que lográbamos con nuestros mensajes. Y una vez más, descubrimos con tristeza que seguimos sintiéndonos solos. Que Internet no es suficiente, y quedamos con nuestro desconocido atrayéndolo a nuestro círculo más íntimo, aquel en el que existe contacto físico, aquel que no nos fue suficiente cuando nos volcamos en la red. Y así de nuevo volvemos a empezar. Conocemos, queremos a alguien más, alguien que se preocupa por nosotros, nos observa y nos pone la mano sobre el hombro si lo necesitamos, alguien que con el tiempo nos reclamará más horas porque una oscura tarde de invierno, en la que no pudo estar a nuestro lado, nos sentimos solos y buscamos la solución más fácil. Pero de esa solución cómoda, de ese vacío virtual surgió una vez una amistad que nos llenó de orgullo, un amor que curó nuestras heridas, o unas palabras suaves que calmaron nuestro llanto… Ese vacío frío lleno de bits, descargas y virus nos brindó la oportunidad única de que nuestra soledad chocara con otra soledad así que… Buenas noches querido vacío… ¿Hay alguien ahí?
Etiquetas: