El viento
El viento es en ocasiones el peor de los enemigos, viene de lejos y de su viaje trae consigo sonidos, voces del pasado, información que ya no me interesa, información que, aún interesándome, preferiría no conocer. El viento, en otros momentos, sopla suave, cerquita, como una caricia y me habla bajito, muy bajito, diciéndome cosas que no me interesan, contándome cosas que, aunque ciertas y aunque me interesan, no quiero llegar a saber.
Y el huracán, que viene de tan lejos que cuando llega a mí es ya sólo una pequeña perturbación del aire que me rodea, es en realidad minúsculo comparado con esa brisa que me habla de ti, esa brisa de tus ojos fijos en los mío cualquier noche, la brisa que habla de tu boca, esa boca que no puedo dejar de mirar, esa brisa que dice que tú eres lo que más deseo en este momento, que ella no es más que una excusa, una forma de derivar energía e intenciones hacia otro lugar, un intento de despistarme, de encajar en algún lugar todo ese deseo, toda la fantasía que despiertas en mí. Y, en realidad, no me molesta en absoluto la idea de ir "con vos" al concierto esta noche, porque, en realidad, aunque yo no quiera verlo, el viento dice que nada me hace más feliz que pasar el rato contigo (o pasarla con vos, como prefieras).
y... por qué hago esto?
Pues no lo sé. Sostenía que escribo para mi y, por tanto, no necesito (y no soporto la idea) ser leida por cualquiera...
Esta mañana escribí algo para alguien. No puedo mandárselo. No puedo decírselo. ¿Qué hago con ese borrador en mi mail?
Y de pronto, una idea empieza a rondar por la cabeza... intento escribir ese maldito texto y no hay manera, la idea empieza a tomar forma, a cobrar fuerza: ¿y qué tal si tuviera yo también un blog de esos? ¿y si no le digo a nadie que lo tengo? De esa forma... cabría la posibilidad de que alguien me lea, pero no alguien conocido, o al menos no sabrán que soy yo.
Así que aquí estoy, inaugurando blog... a estas alturas en que todo internauta que se precie tiene uno. Allá vamos.
Esta mañana escribí algo para alguien. No puedo mandárselo. No puedo decírselo. ¿Qué hago con ese borrador en mi mail?
Y de pronto, una idea empieza a rondar por la cabeza... intento escribir ese maldito texto y no hay manera, la idea empieza a tomar forma, a cobrar fuerza: ¿y qué tal si tuviera yo también un blog de esos? ¿y si no le digo a nadie que lo tengo? De esa forma... cabría la posibilidad de que alguien me lea, pero no alguien conocido, o al menos no sabrán que soy yo.
Así que aquí estoy, inaugurando blog... a estas alturas en que todo internauta que se precie tiene uno. Allá vamos.





