5 de enero
Me pasé toda la mañana buscando aquella agenda. Cuando salíamos de casa la escondí con sigilo bajo su almohada. Ella estaba triste, "extrañaba". Cenamos con amigos y como siempre, buscamos la forma de escaparnos para tomar la última copa. Poniéndoles excusas, poniéndonos aún excusas para no reconocer qué guiaba el deseo de estar a solas.
Llegamos a casa. Esperé a que encontrase el regalo y, aburrida, me fui a la cocina, pensando que tal vez no le habría gustado... Y, mientras preparaba un bocadillo, oí sus pasos. Me giré y ... me besó... Y aquel beso tan tonto, tan inocente, tan fronterizo... fue el mejor regalo que he recibido un 5 de enero.
Llegamos a casa. Esperé a que encontrase el regalo y, aburrida, me fui a la cocina, pensando que tal vez no le habría gustado... Y, mientras preparaba un bocadillo, oí sus pasos. Me giré y ... me besó... Y aquel beso tan tonto, tan inocente, tan fronterizo... fue el mejor regalo que he recibido un 5 de enero.





