Mi vecina china (parte siguiente)
Hay costumbres que se adquieren con la edad, otras vienen de nacimiento y no se corrigen. La china habla con la boca llena. No sería grave si tuviera una de esas voces sensuales que te susurran mientras te tienen mordida la oreja. No sería grave si tuviera una de esas bocas a las que se les perdona todo, todo y todo. No sería grave si no tuviera una boca como la del puto Mao Tse. Era asqueroso, verla chapurrear en un castellano de "palabra a palabra te hago una frase, quede como quede", mientras le rebosaba la comida, casi siempre arroz tres delicias.
Algunas veces hemos hablado de las costumbres. La tía maneja los palillos con mucha facilidad, y me ha enseñado a usarlos con habilidad. La tía no tiene ni puta idea de lo que es un sombrero tradicional chino, como los que salen en los chinos de los sobres de flan; ella cree que el gorro tradicional chino es la gorra de la revolución, con la estrella en medio. Su padre había sido profesor de la Universidad de Pekín, el famoso Beijing que yo no conocía. Con la revolución cultural lo amenazaron en toda regla, y lo torturaron hasta que olvidó todo lo que había aprendido. La puta de su hija no sabe nada de su historia antigua, solo el idioma y poca cosa. La guarra viste a lo occidental. Me ha hecho encender la calefacción en pleno marzo por que tenía frío la cabrona. Y yo que me la miro de arriba abajo y le digo:
- Bonita, en tu casa se podrá ir descalzo por que el suelo será de madera y la madera abriga, pero aquí gastamos terrazo, y con eso se coge frío y, si además hicieras algún deporte, se te iría con más rapidez.
Total, que tiene más vicios que una polla de goma. El mes que llegó coincidió con las fiestas mayores de la ciudad. Convoqué a unos amigos para ir juntos a las barracas, a tomar algo, para que la tía se integrara y tal, pero nada, la muy perra les dio la espalda a todos y se cerraba en banda cada vez que alguien se le acercaba hablando en castellano. Al cabo de una hora, yo con dos cubatas y ella sin ni un triste red bull, me dijo con cara de boba que se iba al piso, que se estaba aburriendo. Jodida por culo, pensaba yo, !!vosotros los japos, si no hay dragones y fuegos artificiales, no sabéis pasarlo bien, coño¡¡
Al dia siguiente, y ya con el otro colega de piso, nos dispusimos a cenar. Yo me hice mi papeo, Josep el suyo, y ella estaba a medio hacérselo cuando nos sentamos los dos machos a la mesa. Ella se acercó, se nos quedó mirando y balbuceo, medio llorando:
- Ai fil bet.
Se me cortó el hambre. Pensé que la cabrona estaba empezando a marcar terreno, sin tener ninguna necesidad. El otro colega ni se coscó, siguió comiendo como si nada. Y yo pensaba: la tonta esta se ha pensado que me voy a dedicar a esperarla para comer cada vez que tenga hambre. Y una pollaaaaaa!!!!!
Esto fue solo el principio
(Continuará)
ai joup
Algunas veces hemos hablado de las costumbres. La tía maneja los palillos con mucha facilidad, y me ha enseñado a usarlos con habilidad. La tía no tiene ni puta idea de lo que es un sombrero tradicional chino, como los que salen en los chinos de los sobres de flan; ella cree que el gorro tradicional chino es la gorra de la revolución, con la estrella en medio. Su padre había sido profesor de la Universidad de Pekín, el famoso Beijing que yo no conocía. Con la revolución cultural lo amenazaron en toda regla, y lo torturaron hasta que olvidó todo lo que había aprendido. La puta de su hija no sabe nada de su historia antigua, solo el idioma y poca cosa. La guarra viste a lo occidental. Me ha hecho encender la calefacción en pleno marzo por que tenía frío la cabrona. Y yo que me la miro de arriba abajo y le digo:
- Bonita, en tu casa se podrá ir descalzo por que el suelo será de madera y la madera abriga, pero aquí gastamos terrazo, y con eso se coge frío y, si además hicieras algún deporte, se te iría con más rapidez.
Total, que tiene más vicios que una polla de goma. El mes que llegó coincidió con las fiestas mayores de la ciudad. Convoqué a unos amigos para ir juntos a las barracas, a tomar algo, para que la tía se integrara y tal, pero nada, la muy perra les dio la espalda a todos y se cerraba en banda cada vez que alguien se le acercaba hablando en castellano. Al cabo de una hora, yo con dos cubatas y ella sin ni un triste red bull, me dijo con cara de boba que se iba al piso, que se estaba aburriendo. Jodida por culo, pensaba yo, !!vosotros los japos, si no hay dragones y fuegos artificiales, no sabéis pasarlo bien, coño¡¡
Al dia siguiente, y ya con el otro colega de piso, nos dispusimos a cenar. Yo me hice mi papeo, Josep el suyo, y ella estaba a medio hacérselo cuando nos sentamos los dos machos a la mesa. Ella se acercó, se nos quedó mirando y balbuceo, medio llorando:
- Ai fil bet.
Se me cortó el hambre. Pensé que la cabrona estaba empezando a marcar terreno, sin tener ninguna necesidad. El otro colega ni se coscó, siguió comiendo como si nada. Y yo pensaba: la tonta esta se ha pensado que me voy a dedicar a esperarla para comer cada vez que tenga hambre. Y una pollaaaaaa!!!!!
Esto fue solo el principio
(Continuará)
ai joup