Conocí el miedo
Conocí el miedo, el miedo de verdad. En muchos lugares y en muchos momentos.
Uno de mis miedos fue el del paso a la inconsciencia, antes de entrar al quirofano. Imagine la impotencia del 'corredor de la muerte'.
Había entrado otras veces y el saber me hizo más temerosa. Al punto de entrar recuerdo que el personal sanitario hablaba de Camarón, había muerto. Visualicé un árbol frondoso y fuerte, un gran roble, y me abracé a él. Volví sosegada.
Quedé atrapada dentro de este cuerpo, sólo poco tiempo. Sentí lo que sienten los cuerpos que no tienen dueño. Recordé un libro, la niña piensa en su madre muerta.
Más conoces, más reparos y más miedos.
Temí a la noche, andar por la calle. Dejé encuentros que se dieran de noche por evitar riesgos. Me encerré en mi espacio.
Una vez me cogieron entre dos, las diez de la noche. Un grito instintivo salió de mi boca. Ellos se dijeron, -ésta no se deja, y marcharon. Una mujer que me viera vino hacia mí y me dijo que nada se veia, que le parecía que con ellos iba. En ese momento la gente delante y yo me sentía desamparada. Era muy joven. Y mucho tiempo sentí en la espalda sensación que me hacía girar y mirar a uno y otro lado.
Se me fueron yendo muchas osadias, muchas valentias.
Bloqueo mi vida el miedo instintivo que se te coloca cuando sabes que la fuerza se merma y no tendrías respuesta para escaparte, salir huyendo.
A puro de ver y sentir violencias te vas achicando y es el momento en que te conviertes en más abordable. Un perro te ladra, un gato te araña.
Agarofobia puede ser la consecuencia de estos miedos no superados.
Yo no era una niña miedosa, más bien tenía el impulso que me llevaba a la exploración. Los bandazos de la vida hicieron flaquear mis fuerzas. Me enfrenté a ello, me daba cuenta. Salí a la calle en momentos que me preocupaba su oscuridad y soledad. Hice frente a momentos y no fracasé en ello. No sucedió nada que entorpeciera el proceso.
Una escena violenta, no dirigida a mí, en diferentes casos me hizo sentir angustia. Hablo de violencia desnuda, en la que las palabras de quienes buscan concordia no pueden nada.
La última en el metro, de un hombre joven a una chica, otra chica amiga intentó contenerlo y no podía, al final lo hizo salir del metro. En la calle situación similar. Observo los rasgos de esa persona, su rostro líbido. Si hay golpe este puede matar. Muchas veces las fuerzas en juego quedan en distancia y se golpean objetos y se golpea el sujeto.
He visto y mis ojos recogieron signos que me aterrorizan. Se habla de violencia de género.
¿Qué se puede hacer?, todas las tecnicas cognitivas y punitivas que se barajan nada estan consiguiendo.
¿Cómo controlar el impulso destructivo?.
Me pierdo.
De que 'el paisaje me trae el lenguaje' y una historia, un pequeño cuento para contar.
De vuelta a casa escribo este texto sobre una hoja de papel cuadriculado con el lápiz (porta minas) que siempre me acompaña.

TESTAMENTO ESPECTRAL
Él buscó y rebuscó. Abría y cerraba cajones.
Miró su reloj y con precipitación, al fin, salió de la casa.
Cerró la puerta tras de sí, a su espalda dejó la casa.
Se oyó una primera campanada, del reloj de la iglesia. Era noche cerrada, la luna apenas si se intuía, un suave cerco indicaba su presencia, lugar en ese cielo cerrado. La calle desierta. Él se encoge y recoge su cuerpo bajo su capa. Dos, tres, cuatro campanadas, -son los cuartos- piensa. Com mayor impetu se oyen las doce, con otro ritmo, pausadamente y como dolientes. se oye un ladrido que hiela la sangre, pues parece aullido o lamento, chirrido del viento.
Él se conduce entre las sombras cómo si temiera que alguien lo viera, recogido en su capa y muy pegado, casi adheriendose, a las paredes de las otras casas.
Se detiene ante una casucha lóbraga. Llama a la puerta mientras vigila que nadie le vea. Tres golpes con los nudillos de su mano izquierda, la derecha recoge el rebozo que le hace su capa.
Desde la estancia, una mujer adormecida sobre una mesa pequeña y vieja, sin mantel, de las de cocina de pobre, se oyen los golpes que contrastan con sordo silencio. Ella se levanta, en un respingo, y abre la puerta, tras de sí la mesa y su silla y un plato con sobras de cena de pobre con trozo de pan y vaso de vino, cuchillo y cuchara con muy poca lumbre. La mayor parte de la estancia está en penumbra y aunque hay pocos muebles son poco visibles a simple vista. Una pobre bombilla de poca luminosidad, con un casquillo de aquellos que también llevan para un enchufe, cae sobre la mesa a la que ilumina. Con más atención se vislumbran cocina y hornillo, cesta con leña y un gato que duerme al calor de la lumbre. El gato levanta las orejas pero pierde interés y vuelve a su sueño enroscando aún más su cuerpo. Un armario pintado en verde de puertas en bajos y cristales arriba. Tras esos cristales se ven pocos objetos, los imprescindibles. Entre los dos cuerpos de armario hay un espacio abierto dónde pueden verse cacharros diversos. Sobre la cocina de leña hay un puchero con algo que hierve.
-¿Lo encontraste?
-No, no sé dónde lo pusimos.
-Tiene que estar en tu casa,
¿no recuerdas que quedamos en que tú lo guardarías?

Él la mira y levanta los hombros y abatido se sienta en la silla.
Ella coge otra silla y la coloca al otro lado de la mesa. Se mueve de un lado para otro. Con cierto nerviosismo va recogiendo lo que hay sobre la mesa y coloca dos tazas que saca de la parte alta del armario de la cocina, una a cada lado de la mesa. Coge una torta y corta unos trozos que coloca en un plato blanco de porcelana sobre la mesa.
-¿Quieres tomar algo?, interpela al hombre.
Él no contesta.
Ella echa a la olla café y luego lo pasa por una manguera a una cafetera bollada, grande y vieja, de las de aluminio.
Vierte el café humeante en cada una de las tazas, y coloca delante del hombre una de las tazas.
-Toma, bebé, dice suavemente.
Ella se sienta al otro lado y queda con la taza en la mano. Esperando le mira y mueve la cabeza en un gesto de equiescencia.
Él, mecanicamente, bebe.
El silencio es tal que pudiera cortarse con cuchillo.
Beben con cuidado, soplando sobre el líquido humeante. No comen los trozos de torta que e el plato están. El gato ronronea.
Al cabo de un rato se miran y ella se levanta recogiendo las cosas de la mesa y ordenado la estancia de múltiples usos. Se abriga con mantón de lana que otro tiempo fuera negro, ahora descolorido y raido.
Salen a la calle, ella tras él que en un respingo se le adelanta.
Fría noche sin luna. Dos solitarias sombras. Pisadas apagadas. Ladrar lejano.
Ya en la calle ella se arrebuja en su pobre manto, tiembla y se estremece por el silencio que oye. Él la recoge en suave abrazo bajo sus hombros, es mucho más alto y ella es menuda cual ligera pluma, ni joven ni vieja de edad incierta. Se oye un ladrido, otro que responde. Parecen quejidos a oidos suyos. Apresuran el paso. Llegan a la casa y entran, no sin antes mirar a un lado y a otro no fuera que alguien se percatara de ello. Todo está revuelto y tirado por el suelo. Él le señala a uno y otro lado y a todos los rincones. Ella coge un libro que en el suelo está y en ese momento algo cae que a los dos cambia el gesto, se miran y una leve sonrisa amanece en su semblante.
-Lo encontraste.
Es un sobre con lacre.
Rompen el lacre y sacan su contenido. A la luz de una vela los dos siguen en silencio el contenido. Murmuran en un ronroneo la lectura que estan haciendo los dos en silencio, moviendo los labios en suave siseo.
Perplejos, se miran. Una sombra cruza ante ellos y toma forma.
Sin saberlo han roto las contenciones que bajo ese sobre cerrado, lacrado, contenían ese espectro que ahora ocupa la estancia.
Rompe los cristales y en fuerte aullido que rompe el silencio de la calle sale dejando un aliendo pudente y helado.
Ese hombre y esa mujer quedan aterrorizados.
Cuando ella les dijera que abrieran ese sobre a su muerte creyeron que se trataba de una herencia que les favorecía. No hay palabras, sólo lamentos. Se sienten perdidos frente a un abismo.
Texto publicado también en sirenasilente.
Va dando frutos este verano que para mi ya llega a su fin. Parece que estoy cogiendo el gusto a escribir sobre las cosas que visualizo.
Comienzo el proceso sin saberlo, una frase se impone en mi pensamiento y la retengo, la escribo y a partir de ella voy visualizando y siguiendo el 'hilo de ariadna' recorro el laberinto de la historia. Después me recreo en ella. La veo cómo guión literario de un corto. Me gustan los cortos y las narraciones cortas.

TESTAMENTO ESPECTRAL
Él buscó y rebuscó. Abría y cerraba cajones.
Miró su reloj y con precipitación, al fin, salió de la casa.
Cerró la puerta tras de sí, a su espalda dejó la casa.
Se oyó una primera campanada, del reloj de la iglesia. Era noche cerrada, la luna apenas si se intuía, un suave cerco indicaba su presencia, lugar en ese cielo cerrado. La calle desierta. Él se encoge y recoge su cuerpo bajo su capa. Dos, tres, cuatro campanadas, -son los cuartos- piensa. Com mayor impetu se oyen las doce, con otro ritmo, pausadamente y como dolientes. se oye un ladrido que hiela la sangre, pues parece aullido o lamento, chirrido del viento.
Él se conduce entre las sombras cómo si temiera que alguien lo viera, recogido en su capa y muy pegado, casi adheriendose, a las paredes de las otras casas.
Se detiene ante una casucha lóbraga. Llama a la puerta mientras vigila que nadie le vea. Tres golpes con los nudillos de su mano izquierda, la derecha recoge el rebozo que le hace su capa.
Desde la estancia, una mujer adormecida sobre una mesa pequeña y vieja, sin mantel, de las de cocina de pobre, se oyen los golpes que contrastan con sordo silencio. Ella se levanta, en un respingo, y abre la puerta, tras de sí la mesa y su silla y un plato con sobras de cena de pobre con trozo de pan y vaso de vino, cuchillo y cuchara con muy poca lumbre. La mayor parte de la estancia está en penumbra y aunque hay pocos muebles son poco visibles a simple vista. Una pobre bombilla de poca luminosidad, con un casquillo de aquellos que también llevan para un enchufe, cae sobre la mesa a la que ilumina. Con más atención se vislumbran cocina y hornillo, cesta con leña y un gato que duerme al calor de la lumbre. El gato levanta las orejas pero pierde interés y vuelve a su sueño enroscando aún más su cuerpo. Un armario pintado en verde de puertas en bajos y cristales arriba. Tras esos cristales se ven pocos objetos, los imprescindibles. Entre los dos cuerpos de armario hay un espacio abierto dónde pueden verse cacharros diversos. Sobre la cocina de leña hay un puchero con algo que hierve.
-¿Lo encontraste?
-No, no sé dónde lo pusimos.
-Tiene que estar en tu casa,
¿no recuerdas que quedamos en que tú lo guardarías?

Él la mira y levanta los hombros y abatido se sienta en la silla.
Ella coge otra silla y la coloca al otro lado de la mesa. Se mueve de un lado para otro. Con cierto nerviosismo va recogiendo lo que hay sobre la mesa y coloca dos tazas que saca de la parte alta del armario de la cocina, una a cada lado de la mesa. Coge una torta y corta unos trozos que coloca en un plato blanco de porcelana sobre la mesa.
-¿Quieres tomar algo?, interpela al hombre.
Él no contesta.
Ella echa a la olla café y luego lo pasa por una manguera a una cafetera bollada, grande y vieja, de las de aluminio.
Vierte el café humeante en cada una de las tazas, y coloca delante del hombre una de las tazas.
-Toma, bebé, dice suavemente.
Ella se sienta al otro lado y queda con la taza en la mano. Esperando le mira y mueve la cabeza en un gesto de equiescencia.
Él, mecanicamente, bebe.
El silencio es tal que pudiera cortarse con cuchillo.
Beben con cuidado, soplando sobre el líquido humeante. No comen los trozos de torta que e el plato están. El gato ronronea.
Al cabo de un rato se miran y ella se levanta recogiendo las cosas de la mesa y ordenado la estancia de múltiples usos. Se abriga con mantón de lana que otro tiempo fuera negro, ahora descolorido y raido.
Salen a la calle, ella tras él que en un respingo se le adelanta.
Fría noche sin luna. Dos solitarias sombras. Pisadas apagadas. Ladrar lejano.
Ya en la calle ella se arrebuja en su pobre manto, tiembla y se estremece por el silencio que oye. Él la recoge en suave abrazo bajo sus hombros, es mucho más alto y ella es menuda cual ligera pluma, ni joven ni vieja de edad incierta. Se oye un ladrido, otro que responde. Parecen quejidos a oidos suyos. Apresuran el paso. Llegan a la casa y entran, no sin antes mirar a un lado y a otro no fuera que alguien se percatara de ello. Todo está revuelto y tirado por el suelo. Él le señala a uno y otro lado y a todos los rincones. Ella coge un libro que en el suelo está y en ese momento algo cae que a los dos cambia el gesto, se miran y una leve sonrisa amanece en su semblante.
-Lo encontraste.
Es un sobre con lacre.
Rompen el lacre y sacan su contenido. A la luz de una vela los dos siguen en silencio el contenido. Murmuran en un ronroneo la lectura que estan haciendo los dos en silencio, moviendo los labios en suave siseo.
Perplejos, se miran. Una sombra cruza ante ellos y toma forma.
Sin saberlo han roto las contenciones que bajo ese sobre cerrado, lacrado, contenían ese espectro que ahora ocupa la estancia.
Rompe los cristales y en fuerte aullido que rompe el silencio de la calle sale dejando un aliendo pudente y helado.
Ese hombre y esa mujer quedan aterrorizados.
Cuando ella les dijera que abrieran ese sobre a su muerte creyeron que se trataba de una herencia que les favorecía. No hay palabras, sólo lamentos. Se sienten perdidos frente a un abismo.
Influencias de las lecturas de Douglas Coupland, 'Jpod' y 'Generación X', en esta última pasaban el rato contandose historias, yo cuento la historia que se me ha ocurrido en mi viaje y ahora he completado.
Texto publicado también en sirenasilente.
Va dando frutos este verano que para mi ya llega a su fin. Parece que estoy cogiendo el gusto a escribir sobre las cosas que visualizo.
Comienzo el proceso sin saberlo, una frase se impone en mi pensamiento y la retengo, la escribo y a partir de ella voy visualizando y siguiendo el 'hilo de ariadna' recorro el laberinto de la historia. Después me recreo en ella. La veo cómo guión literario de un corto. Me gustan los cortos y las narraciones cortas.
Sucede que ...
Sucede que si lees, relees, un libro que conoces, no te precipitas, no hay prisas en saber lo por venir.
Te paras, te entretienes, contemplas su paisaje. Descubres aquello que antes, en las prisas, pasaste de largo.
Recoges un nuevo goce porque el libro no va sólo, vas tu con él, con tus vivencias, con tus recuerdos, con tus significados, con tu momento, con tu ánimo.
Es tu compañero de viaje y al tiempo te recuerda algunos diálogos con otros libros, algunos de tus viajes reales (físicos y literarios).
El tacto del libro, el volumen, su olor, su color. El entorno que lo contempló, el estante en que se depositó. El polvo que acumuló adheriéndose a tus dedos. Las notas que motivó.
Objeto que como otros contacta con tu alma y se significa.
Evocador como 'la magdalena de proust'
. Evocador de evocaciones.
Desvela el pasado y pensamientos que se han construido en su hurdimbre.
Releo y subo la cuesta con Dédalus (Joice, 'Ulises').
Pero en mis recuerdos hay películas, música, canciones, olores, conversaciones que acompañan ese texto.
El encuentro, el lugar de encuentro. La luz en la calle, el aire o la lluvia, el calor o el frío. Lugar de lectura, sombrilla, sombra de árbol, cafetería, almohada, tumbada o sentada.
Ritmo de lectura, pausado o precipitado.
Complementos, otras lecturas que lo acompañan, que a veces se enganchan a él como pajarillos a un rumiante selvático, dándole aire en el intercambie.
Leyendo a Stephen King, 'Corazones en la Atlántida'.
Releo pausadamente y hago estas anotaciones:
"-Adéntrate en el libro como te adentrarías en un territorio inexplorado. Sin mapa. Explóralo y dibuja tú mismo el mapa"
Te paras, te entretienes, contemplas su paisaje. Descubres aquello que antes, en las prisas, pasaste de largo.
Recoges un nuevo goce porque el libro no va sólo, vas tu con él, con tus vivencias, con tus recuerdos, con tus significados, con tu momento, con tu ánimo.
Es tu compañero de viaje y al tiempo te recuerda algunos diálogos con otros libros, algunos de tus viajes reales (físicos y literarios).
El tacto del libro, el volumen, su olor, su color. El entorno que lo contempló, el estante en que se depositó. El polvo que acumuló adheriéndose a tus dedos. Las notas que motivó.
Objeto que como otros contacta con tu alma y se significa.
Evocador como 'la magdalena de proust'
. Evocador de evocaciones.
Desvela el pasado y pensamientos que se han construido en su hurdimbre.
Releo y subo la cuesta con Dédalus (Joice, 'Ulises').
Pero en mis recuerdos hay películas, música, canciones, olores, conversaciones que acompañan ese texto.
El encuentro, el lugar de encuentro. La luz en la calle, el aire o la lluvia, el calor o el frío. Lugar de lectura, sombrilla, sombra de árbol, cafetería, almohada, tumbada o sentada.
Ritmo de lectura, pausado o precipitado.
Complementos, otras lecturas que lo acompañan, que a veces se enganchan a él como pajarillos a un rumiante selvático, dándole aire en el intercambie.
Leyendo a Stephen King, 'Corazones en la Atlántida'.
Releo pausadamente y hago estas anotaciones:
"-Adéntrate en el libro como te adentrarías en un territorio inexplorado. Sin mapa. Explóralo y dibuja tú mismo el mapa"
Stephen King
Danza macabra
Un bloguero ha hecho un post interesante sobre 'danza macabra' 
"Yo, con vuestro permiso, reivindico a Stephen King como espléndido escritor de novelas populares, excelente narrador de historias y - ¡sorpresa! - un más que ameno ensayista, como podréis comprobar en este libro."
En la búsqueda un lugar para visitar de vez en cuando INSOMNIA

"Yo, con vuestro permiso, reivindico a Stephen King como espléndido escritor de novelas populares, excelente narrador de historias y - ¡sorpresa! - un más que ameno ensayista, como podréis comprobar en este libro."
En la búsqueda un lugar para visitar de vez en cuando INSOMNIA
Sueños o pesadillas
Gretel se fue, murió en el 2000. Yo la quise, no con el amor de quien quiere ser amante, no diria tampoco que simplemente amiga.
Muchas cosas , pequeñeces, me vuelven a ella.
La admiraba. Nunca antes tuve especial admiración por nadie.
Para mí era una de las madres, las italianas acuñaron la palabra 'afidamento' no se si con el mismo significado, las americanas la de 'hermana'.
Hay un antes y un después en mi vida. Marca la barrera del tiempo el haberla conocido y haber tenido el gran privilegio de estar a su lado y sentirme grande y capaz porque ella así me hizo sentir.
Si hablo de sueños por qué traigo a Gretel hacia aquí. La traigo porque vuelve en mis sueños. Sueños simbólicos, sueños que si recuerdo.
Ella hablaba de la diosa. Traía a las pensadoras feministas que aquí no se traducían. Pero en mis sueños no me habla como en vida lo hacía. En mis sueños ella viene a mí en un espacio y mundo paralelo.
Después de su muerte la lloré, la lloré mucho, y descubrí que la quería y que de alguna forma me había quedado huérfana.
Viví con ella muchas complicidades, bastaba una mirada entre mucha gente para reconocernos, para sabernos.
Ella admiraba de mi el don del baile. Me lo decía con sus palabras, me lo decía con sus gestos, me lo decía con sus ojos.
Hablábamos horas y horas. Explicaba, se explicaba. Era una gran pensadora, filósofa. Me concedió, me abrió las puertas de su alma, las llaves de su casa. Política con la fuerza y energía de mover y congregar. Muchas feministas discreparon con ella.
En su entierro se abarrotó la capilla. Ella mitómana seguramente nos vio y, aunque alguien oficiaba visiblemente desde un altar, seguramente tenía a la diosa a su lado. Las' voces de venus' loaron y cantaron. Su madre cual dolorosa aguantada y sujetada por sus dos hermanos. Recuerdo esa foto de infancia con tu madre y tus dos hermanos por la playa de la 'concha' de S. Sebastian, Donosti. Eras una niña regordeta, orgullo de tu madre.
Tuve el privilegio de estar cerca de ti desde el ochenta y dos. Llegué de la mano de una amiga, mi primera amiga verdadera. Se estaban organizando las jornadas feministas de Barcelona. Mi amiga y yo nos presentamos como independientes, tú enseguida captaste y coincidiendo en el mismo grupo de trabajo te acercaste. Recuerdo que hablabas en un lenguaje con otro significado, significado que poco a poco descubrí. Antes de esto habíamos ido por las movidas del 'aborto', detrás de la catedral, en los locales de la asociación de vecinos.
Me introdujiste y me enseñaste, fuiste mi maestra. ¿Amor platónico? ¿Diótima? ¿Diosa que desvela los velos de Isis?
Sigues allí, puedo pensar en tí y enriquecerme.
Cuando desperté tuve que pensar que ya no estás aquí y asegurarme del tiempo y el lugar que ocupo. Ahora sé que volviste en mi sueño porque yo había vuelto.
Soñé que empezaba a bailar en medio de un espacio amplio y que mi cuerpo era fuerte y joven, que dí volteretas en el aire (cosas que nunca fui capaz de hacer), y justo terminé y había otros no conocidos mirando cerca de mí, allí desperté. Desperté con alegría y con energía.
Este sueño, pienso ahora, marca mi última muda de piel.
A lo largo de mi vida he ido mudando, muertes y renacimientos.
Ahora me siento liberada, hoy reconozco el mensaje.
Un recuerdo de aquellas cositas que tu coleccionabas
Muchas cosas , pequeñeces, me vuelven a ella.
La admiraba. Nunca antes tuve especial admiración por nadie.
Para mí era una de las madres, las italianas acuñaron la palabra 'afidamento' no se si con el mismo significado, las americanas la de 'hermana'.
Hay un antes y un después en mi vida. Marca la barrera del tiempo el haberla conocido y haber tenido el gran privilegio de estar a su lado y sentirme grande y capaz porque ella así me hizo sentir.
Si hablo de sueños por qué traigo a Gretel hacia aquí. La traigo porque vuelve en mis sueños. Sueños simbólicos, sueños que si recuerdo.
Ella hablaba de la diosa. Traía a las pensadoras feministas que aquí no se traducían. Pero en mis sueños no me habla como en vida lo hacía. En mis sueños ella viene a mí en un espacio y mundo paralelo.
Después de su muerte la lloré, la lloré mucho, y descubrí que la quería y que de alguna forma me había quedado huérfana.
Viví con ella muchas complicidades, bastaba una mirada entre mucha gente para reconocernos, para sabernos.
Ella admiraba de mi el don del baile. Me lo decía con sus palabras, me lo decía con sus gestos, me lo decía con sus ojos.
Hablábamos horas y horas. Explicaba, se explicaba. Era una gran pensadora, filósofa. Me concedió, me abrió las puertas de su alma, las llaves de su casa. Política con la fuerza y energía de mover y congregar. Muchas feministas discreparon con ella.
En su entierro se abarrotó la capilla. Ella mitómana seguramente nos vio y, aunque alguien oficiaba visiblemente desde un altar, seguramente tenía a la diosa a su lado. Las' voces de venus' loaron y cantaron. Su madre cual dolorosa aguantada y sujetada por sus dos hermanos. Recuerdo esa foto de infancia con tu madre y tus dos hermanos por la playa de la 'concha' de S. Sebastian, Donosti. Eras una niña regordeta, orgullo de tu madre.
Tuve el privilegio de estar cerca de ti desde el ochenta y dos. Llegué de la mano de una amiga, mi primera amiga verdadera. Se estaban organizando las jornadas feministas de Barcelona. Mi amiga y yo nos presentamos como independientes, tú enseguida captaste y coincidiendo en el mismo grupo de trabajo te acercaste. Recuerdo que hablabas en un lenguaje con otro significado, significado que poco a poco descubrí. Antes de esto habíamos ido por las movidas del 'aborto', detrás de la catedral, en los locales de la asociación de vecinos.
Me introdujiste y me enseñaste, fuiste mi maestra. ¿Amor platónico? ¿Diótima? ¿Diosa que desvela los velos de Isis?
Sigues allí, puedo pensar en tí y enriquecerme.
Cuando desperté tuve que pensar que ya no estás aquí y asegurarme del tiempo y el lugar que ocupo. Ahora sé que volviste en mi sueño porque yo había vuelto.
Soñé que empezaba a bailar en medio de un espacio amplio y que mi cuerpo era fuerte y joven, que dí volteretas en el aire (cosas que nunca fui capaz de hacer), y justo terminé y había otros no conocidos mirando cerca de mí, allí desperté. Desperté con alegría y con energía.
Este sueño, pienso ahora, marca mi última muda de piel.
A lo largo de mi vida he ido mudando, muertes y renacimientos.
Ahora me siento liberada, hoy reconozco el mensaje.
Un recuerdo de aquellas cositas que tu coleccionabas
Pesadilla
Atrapado en su silencio se hizo a un lado.
La vio, la sintió a su lado.
Palpitó, latió, tembló.
Sentia el aire que salia de la comisura de sus labios.
Una gélida gota de sudor le recorrió el espinazo.
Quieto, petrificado.
Ni siquiera parpadeando.
Queria alargar su mano y encender la luz de la lámpara.
Sus músculos no respondian a sus intenciones.
Las ordenes de su mente en un largo recorrido se perdian sin retorno.
Cerró los ojos, eso creyó.
El armario perdió sus formas. La silla se desarmaba en infinidad de piezas desencajadas.
En la garganta un grito ahogado.
Encendió esa luz que haría desaparecer las sombras de su mente. No fue así.
Miró, buscó aquello que le paralizaba, sintió que algo cálido y gélido a un tiempo le rozaba.
No veia nada pero ella estaba allí.
Era evidente.
No la vio pero seguia sintiendo el aire que salia de la comisura de sus labios.
Grito.
Fue un grito ahogado que a nadie alcanzó.
Cayó en desmayo sobre la cama y de lado.
A la mañana siguiente recordaba algo.
No sabía que cosa pero vio algo extraño en su mirada a través del espejo.
Vio la mirada de ella que le miraba desde el otro lado.
Una gelida gota de sudor surco su frente y despavorido salió al quicio de la puerta.
Miró fuera y no vio a nadie.
Miro tras sus espaldas y solo era aire, nada.
¿Era la sombra del viento que entró por su ventana?

Era una noche de verano. Un verano sofocante. Las calles ruidosas. las ventanas abiertas.
Sólo en su cama.
La família, como todos los veranos habían ido al pueblo. Él quedaba sólo en la ciudad, dicen que de rodríguez.
Monotonos días, monotonas tardes.
De este año no pasa, un toldo y aire.
Ella no quiere, es ecologista, dice que se tiene que ahorrar energia. Si estuvieran a su lado seguramente sería ella quien insistiria.
Tantas propagandas, concienciar. Qué pasa con los campos de divertimento de los mequetrefes, abusones que todo lo tienen, y sus piscinas y sus grandes 'palacios'.
Está irritado. Mañana, cuando mejor esté, en el mejor de sus sueños sonará el reloj, 'martillo de herejes'. Mal de males.
No habrá sueño apacible. La noche le depará la peor de las pesadillas. No recuerda la de la noche anterior.
El ir y venir por la ciudad. El mal rollo de la sala de aparatos (recorte de personal). Las llamadas fallidas del día. Le han hecho olvidar.
Se duerme, cree que duerme ...
...
Una gélida gota de sudor ...
La vio, la sintió a su lado.
Palpitó, latió, tembló.
Sentia el aire que salia de la comisura de sus labios.
Una gélida gota de sudor le recorrió el espinazo.
Quieto, petrificado.
Ni siquiera parpadeando.
Queria alargar su mano y encender la luz de la lámpara.
Sus músculos no respondian a sus intenciones.
Las ordenes de su mente en un largo recorrido se perdian sin retorno.
Cerró los ojos, eso creyó.
El armario perdió sus formas. La silla se desarmaba en infinidad de piezas desencajadas.
En la garganta un grito ahogado.
Encendió esa luz que haría desaparecer las sombras de su mente. No fue así.
Miró, buscó aquello que le paralizaba, sintió que algo cálido y gélido a un tiempo le rozaba.
No veia nada pero ella estaba allí.
Era evidente.
No la vio pero seguia sintiendo el aire que salia de la comisura de sus labios.
Grito.
Fue un grito ahogado que a nadie alcanzó.
Cayó en desmayo sobre la cama y de lado.
A la mañana siguiente recordaba algo.
No sabía que cosa pero vio algo extraño en su mirada a través del espejo.
Vio la mirada de ella que le miraba desde el otro lado.
Una gelida gota de sudor surco su frente y despavorido salió al quicio de la puerta.
Miró fuera y no vio a nadie.
Miro tras sus espaldas y solo era aire, nada.
¿Era la sombra del viento que entró por su ventana?

Era una noche de verano. Un verano sofocante. Las calles ruidosas. las ventanas abiertas.
Sólo en su cama.
La família, como todos los veranos habían ido al pueblo. Él quedaba sólo en la ciudad, dicen que de rodríguez.
Monotonos días, monotonas tardes.
De este año no pasa, un toldo y aire.
Ella no quiere, es ecologista, dice que se tiene que ahorrar energia. Si estuvieran a su lado seguramente sería ella quien insistiria.
Tantas propagandas, concienciar. Qué pasa con los campos de divertimento de los mequetrefes, abusones que todo lo tienen, y sus piscinas y sus grandes 'palacios'.
Está irritado. Mañana, cuando mejor esté, en el mejor de sus sueños sonará el reloj, 'martillo de herejes'. Mal de males.
No habrá sueño apacible. La noche le depará la peor de las pesadillas. No recuerda la de la noche anterior.
El ir y venir por la ciudad. El mal rollo de la sala de aparatos (recorte de personal). Las llamadas fallidas del día. Le han hecho olvidar.
Se duerme, cree que duerme ...
...
Una gélida gota de sudor ...
Etiquetas: relato
la literatura de terror
En primer lugar citaré el blog de Martrex, no por pender de él sino para reconocerle el mérito de que yo en lugar de comentar en su blog me lance en el mio a estas divagaciones.
Todavía ando con el tomo seis de la torre oscura de S.King, lectura que ocupa este verano.
Empecé con JPOD y éste me llevó de regreso a King.
Ahora nuestro pistolero, Roland está a punto de buscar el camino de encuentro con el autor (Stephen King). Curiosamente en 'jpod' se usa también el recurso de encuentro entre prota y autor con gran acierto, por cierto.
Me han estrado ganas de volver a leer a Poe, Lovecraf, Borges, ... para recuperar los hilos de mi memoria.
Empecé a leer 'el escarabajo' (Manuel Mujica Láinez)y lo he dejado para otro momento, para más detenimiento. Ya mi veraneo se acaba y el retorno al trabajo me absorverá.
He leido 'la mesa limón' con deleite. Me gustan los textos cortos, son más intensos.
El mejor de los terrores es el de lo verosimil.
Una de las pelis que los orientales han hecho y que se me ha incrustado entre ceja y ceja es el fantasma que queda sobre las espaldas de su víctima, un chico del que ella se había enamorado.

Todavía ando con el tomo seis de la torre oscura de S.King, lectura que ocupa este verano.
Empecé con JPOD y éste me llevó de regreso a King.
Ahora nuestro pistolero, Roland está a punto de buscar el camino de encuentro con el autor (Stephen King). Curiosamente en 'jpod' se usa también el recurso de encuentro entre prota y autor con gran acierto, por cierto.
Me han estrado ganas de volver a leer a Poe, Lovecraf, Borges, ... para recuperar los hilos de mi memoria.
Empecé a leer 'el escarabajo' (Manuel Mujica Láinez)y lo he dejado para otro momento, para más detenimiento. Ya mi veraneo se acaba y el retorno al trabajo me absorverá.
He leido 'la mesa limón' con deleite. Me gustan los textos cortos, son más intensos.
El mejor de los terrores es el de lo verosimil.
Una de las pelis que los orientales han hecho y que se me ha incrustado entre ceja y ceja es el fantasma que queda sobre las espaldas de su víctima, un chico del que ella se había enamorado.

Etiquetas: literatura, lecturas
SAQUÉ MIS PINTURAS Y ...
Me preparé para escribir durante todos estos años. Me siento a pensar y la mente me regala con recuerdos.
Busco cosas que guardo y encuentro los vídeos que hice en su momento.
No estaba entonces de muy buen ánimo.
Saqué mis pinturas y con aliento de la música de la radio me fui animando. Pinté a mi aire, imagine, me senti alada y volé.
Busco cosas que guardo y encuentro los vídeos que hice en su momento.
No estaba entonces de muy buen ánimo.
Saqué mis pinturas y con aliento de la música de la radio me fui animando. Pinté a mi aire, imagine, me senti alada y volé.
Narizotas
Era verano. Uno de aquellos veranos en los cuales vivia de noche la vida de la ciudad.
Volviamos caminando y llegamos distraidas a la puerta de la casa.
Tú ya no estas, te has ido a ese lugar sin retorno.
Ante la puerta estaba un gato que reclamaba nuestra atención.
Cerramos la puerta y nos disponiamos a subir por las escaleras. El gato seguia reclamando nuestra atención.
Retrocedimos y lo acogimos.
Le llamamos narizotas, alguna fotografia hay en blanco y negro para recordar.
Eras cariñoso, qué digo, amoroso, mimoso.
Venias delgado y sucio.
Al día siguiente compramos todas esas cosas que hacen viable la vida de un gato en una casa. Collar para desparasitar. Arena. Comida.
Parecias nuestro. Te movias en la casa encantado.
Estuviste unos días.
Como viniste de la calle pensé que podiamos salir. Un domingo te bajé.
Saliste directo y a la vuelta de la esquina paraste y me miraste, seguiste andando. Te marchaste.
No te llamé, no fui tras de tí. Acepté tu marcha.
Fue tan hermoso tenerte unos días. Supuse que ya habias tenido lo que necesitabas y volvias al sitio del que habias venido.
Te recuerdo Narizotas.
Volviamos caminando y llegamos distraidas a la puerta de la casa.
Tú ya no estas, te has ido a ese lugar sin retorno.
Ante la puerta estaba un gato que reclamaba nuestra atención.
Cerramos la puerta y nos disponiamos a subir por las escaleras. El gato seguia reclamando nuestra atención.
Retrocedimos y lo acogimos.
Le llamamos narizotas, alguna fotografia hay en blanco y negro para recordar.
Eras cariñoso, qué digo, amoroso, mimoso.
Venias delgado y sucio.
Al día siguiente compramos todas esas cosas que hacen viable la vida de un gato en una casa. Collar para desparasitar. Arena. Comida.
Parecias nuestro. Te movias en la casa encantado.
Estuviste unos días.
Como viniste de la calle pensé que podiamos salir. Un domingo te bajé.
Saliste directo y a la vuelta de la esquina paraste y me miraste, seguiste andando. Te marchaste.
No te llamé, no fui tras de tí. Acepté tu marcha.
Fue tan hermoso tenerte unos días. Supuse que ya habias tenido lo que necesitabas y volvias al sitio del que habias venido.
Te recuerdo Narizotas.
Etiquetas: gato
PUESTA DE SOL EN EL TRAYECTO DE BARCELONA A HUESCA
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La puesta de sol es el momento en que la naturaleza se aquieta.
Los pájaros vuelven a sus nidos.
Las cigüeñas se ven por el cielo de la ciudad, en su retorno.
Encuentros en la red
Estoy buscando cositas para mi gatito y de paso me paro allí donde me interesa.
Como con el inglés no me aclaro mucho me oriento hacia el frances, y como siempre acabo encontrandome con un espacio en Canada, son los mejores encuentros.
"Gais et lesbiennes s'affirment: À partir des années 1970, le changement des mentalités et des valeurs traditionnelles permet aux gais et aux lesbiennes de se manifester collectivement. N’étant plus considérés comme des criminels grâce au « bill omnibus » de 1969, les gais et les lesbiennes du Canada forment des associations qui luttent contre la répression sociale et pour l’obtention de droits civils."
Como con el inglés no me aclaro mucho me oriento hacia el frances, y como siempre acabo encontrandome con un espacio en Canada, son los mejores encuentros.
"Gais et lesbiennes s'affirment: À partir des années 1970, le changement des mentalités et des valeurs traditionnelles permet aux gais et aux lesbiennes de se manifester collectivement. N’étant plus considérés comme des criminels grâce au « bill omnibus » de 1969, les gais et les lesbiennes du Canada forment des associations qui luttent contre la répression sociale et pour l’obtention de droits civils."
Mi gato (Rosario)
Fruits Basket Amv - Mi gato
He empezado un cuento para mi mascota virtual
He empezado un cuento para mi mascota virtual.
Mi mascota virtual es un gato.
No tengo animales en casa.
No tengo plantas, tampoco.
Viví rodeada de animales, mi padre y mi madre tenían ganado vacuno y en distintos momentos otros animales (cerdos, gallinas, patos, palomos, conejos, ...). Eran vaqueros hasta que mi padre se pudo jubilar.
Siempre hubo algún/algunos animales de compañía, principalmente perros.
Los gatos se acercaban a que les diéramos de comer pero no eran accesibles para una niña. Los perros, sin embargo, fueron mis compañeros de juegos.
Cuando me vine a Barcelona añoré muchísimo esta compañía. Alguna vez estuve tentada. Se me caía la baba con los cachorros.
Una persona, con quien viví unos tres años, trajo su gata. Esta gata es la motivación del blog dedicado a los gatos. El blog de mi mascota virtual.
Establecí con ella un fuerte vínculo, la recuerdo con la misma añoranza, o más, que pueda recordar a una amiga.
Ahora, en casa de mis padres hay una lucana (Margarita) y en casa de mi hermano una tortuga (Conchita).
Mi mascota virtual es un gato.
No tengo animales en casa.
No tengo plantas, tampoco.
Viví rodeada de animales, mi padre y mi madre tenían ganado vacuno y en distintos momentos otros animales (cerdos, gallinas, patos, palomos, conejos, ...). Eran vaqueros hasta que mi padre se pudo jubilar.
Siempre hubo algún/algunos animales de compañía, principalmente perros.
Los gatos se acercaban a que les diéramos de comer pero no eran accesibles para una niña. Los perros, sin embargo, fueron mis compañeros de juegos.
Cuando me vine a Barcelona añoré muchísimo esta compañía. Alguna vez estuve tentada. Se me caía la baba con los cachorros.
Una persona, con quien viví unos tres años, trajo su gata. Esta gata es la motivación del blog dedicado a los gatos. El blog de mi mascota virtual.
Establecí con ella un fuerte vínculo, la recuerdo con la misma añoranza, o más, que pueda recordar a una amiga.
Ahora, en casa de mis padres hay una lucana (Margarita) y en casa de mi hermano una tortuga (Conchita).






