Las estatuas, aquellas imágenes que invaden mi mundo visual.
A veces nos obsesionamos con una idea y mientras tanto nos incapacitamos para abordar nuevas metas. A continuación unos textos que han poblado mi mente ayer y hoy:
Si algo te observa en tu paseo por la ciudad son las estatuas que se esparcen por toda ella.
Haga frío o calor. Llueva, nieve o apedree. Su magnificencia lleva años impertérrita ante el cielo que las visita.
Cuando miras a través del objetivo o tras pantalla eliges planos y distancias que te las destaca.
Cuando en el recorte o redimensionado de la imagen, en los filtros posteriores que te permite el software que posees y la torpeza o habilidad que manejes.
Se te ofrece la quimérica idea de posesión de esa imagen.
Anna (28/09/2006)
Reflexión desde la mirada a fotografías hechas a estatuas de la ciudad.
Hace años, ya muchos, en mi afán fotográfico cargué con mi 'réflex' y un carrete de blanco y negro de buena marca, a decir de los expertos. Me lancé sobre la ciudad a captar esas imágenes y cual no fue mi fracaso al ver que había colocado el carrete mal y que todo ese delirio creativo que me había ocupado se convertía en puro y mero acto. Que nada de aquello sería repetido y que como el instante vivido se esfumó para mí. Tras el paso a la digitalización de la imagen volví, en el 2003, al mismo objeto de deseo y de ello surgió la reflexión apuntada anteriormente.
Son unos veinte años los que separan un hecho de otro. Aún me queda tiempo para contarlo y recrearme en ello. De la foto recogida en la plaza de Catalunya veo no sólo la imagen sino la humedad del día y todos aquellos elementos auditivos, pensamientos incluidos, que rememora en mí.
Anna, 11 de Noviembre de 2006.

Las estatuas que representan la humanidad desde una dimensión deificada atraen mi atención. Las pienso en la noche cuando el espacio que ocupan es inhóspito, cuando yo me refugio en la casa con un sentimiento falso de seguridad que me hace creer que estoy a salvo de todo y de todos. Este sentimiento quebradizo vuelve a mí cuando me enfrento a esta presencia que estaba allí en otro tiempo, en que yo no era y que puede estar en un tiempo en el que no seré.
Anna, 12 de Noviembre de 2006
Puede ser que tenga más cosas a buscar sobre las estatuas, de momento manifiesto aquello que descubro sobre mi inquietud sobre el tema. Investigo en mí.
Ayer en la réplica pensé en como quiero captar desde muchos ángulos la imagen de las estatuas que magnifican el espacio de esta ciudad.
En mis orígenes, en el puenblo de mi padre está la que encumbra la fuente y todas las presencias religiosas de la Iglesia.
Dar forma al barro es un acto que me proyecta sobre ello pero me limito al tamaño pequeño abastable por mis manos.
De muy niña admiré en láminas de libros de arte las obras de Miguel Angel. Él apuntaba que la forma está en la misma materia, la roca. Al final sus obras son inacabadas para dejar a la luz la materia de las que se desvelan.
A mí sí que me gusta la fotografía pero no de forma absoluta, más me atrae el cine y el vídeo. Mis primeros movimientos con los lápices, carboncillos, pinceles, ... no tienen nada que ver. Cuando mi mano toma el camino del descubrimiento me encuentro en una tesitura bien distinta. Cuando uso como inetermediario el fotograma o fotografía intento recoger pequeños trazos. Hubo una película del hacer de un pintor que proyectaba la imagen de la diapositiva sobre el lienzo para hacer sus cuadros.
Cuando me maravillo ante la dimensión de la estatua también lo hago ante el edificio recorriendo sus volumenes con mi mirada.
Suele ser un impacto visual que se delimita con el cielo, mirando hacía arriba. No me produce el mismo impacto la obra en el museo. En este caso me parece que está dentro de la jaula como un ave que necesitara volar.
La roca que va tomando formas en aire y materia también me atrae.
Hablar o escribir de estas cosas no resulta fácil y agradezco el acicate que supone intentar explicarse a quienes cuestionan u opinan.
Si algo te observa en tu paseo por la ciudad son las estatuas que se esparcen por toda ella.
Haga frío o calor. Llueva, nieve o apedree. Su magnificencia lleva años impertérrita ante el cielo que las visita.
Cuando miras a través del objetivo o tras pantalla eliges planos y distancias que te las destaca.
Cuando en el recorte o redimensionado de la imagen, en los filtros posteriores que te permite el software que posees y la torpeza o habilidad que manejes.
Se te ofrece la quimérica idea de posesión de esa imagen.
Anna (28/09/2006)
Reflexión desde la mirada a fotografías hechas a estatuas de la ciudad.
Hace años, ya muchos, en mi afán fotográfico cargué con mi 'réflex' y un carrete de blanco y negro de buena marca, a decir de los expertos. Me lancé sobre la ciudad a captar esas imágenes y cual no fue mi fracaso al ver que había colocado el carrete mal y que todo ese delirio creativo que me había ocupado se convertía en puro y mero acto. Que nada de aquello sería repetido y que como el instante vivido se esfumó para mí. Tras el paso a la digitalización de la imagen volví, en el 2003, al mismo objeto de deseo y de ello surgió la reflexión apuntada anteriormente.
Son unos veinte años los que separan un hecho de otro. Aún me queda tiempo para contarlo y recrearme en ello. De la foto recogida en la plaza de Catalunya veo no sólo la imagen sino la humedad del día y todos aquellos elementos auditivos, pensamientos incluidos, que rememora en mí.
Anna, 11 de Noviembre de 2006.

Las estatuas que representan la humanidad desde una dimensión deificada atraen mi atención. Las pienso en la noche cuando el espacio que ocupan es inhóspito, cuando yo me refugio en la casa con un sentimiento falso de seguridad que me hace creer que estoy a salvo de todo y de todos. Este sentimiento quebradizo vuelve a mí cuando me enfrento a esta presencia que estaba allí en otro tiempo, en que yo no era y que puede estar en un tiempo en el que no seré.
Anna, 12 de Noviembre de 2006
Puede ser que tenga más cosas a buscar sobre las estatuas, de momento manifiesto aquello que descubro sobre mi inquietud sobre el tema. Investigo en mí.
Ayer en la réplica pensé en como quiero captar desde muchos ángulos la imagen de las estatuas que magnifican el espacio de esta ciudad.
En mis orígenes, en el puenblo de mi padre está la que encumbra la fuente y todas las presencias religiosas de la Iglesia.
Dar forma al barro es un acto que me proyecta sobre ello pero me limito al tamaño pequeño abastable por mis manos.
De muy niña admiré en láminas de libros de arte las obras de Miguel Angel. Él apuntaba que la forma está en la misma materia, la roca. Al final sus obras son inacabadas para dejar a la luz la materia de las que se desvelan.
A mí sí que me gusta la fotografía pero no de forma absoluta, más me atrae el cine y el vídeo. Mis primeros movimientos con los lápices, carboncillos, pinceles, ... no tienen nada que ver. Cuando mi mano toma el camino del descubrimiento me encuentro en una tesitura bien distinta. Cuando uso como inetermediario el fotograma o fotografía intento recoger pequeños trazos. Hubo una película del hacer de un pintor que proyectaba la imagen de la diapositiva sobre el lienzo para hacer sus cuadros.
Cuando me maravillo ante la dimensión de la estatua también lo hago ante el edificio recorriendo sus volumenes con mi mirada.
Suele ser un impacto visual que se delimita con el cielo, mirando hacía arriba. No me produce el mismo impacto la obra en el museo. En este caso me parece que está dentro de la jaula como un ave que necesitara volar.
La roca que va tomando formas en aire y materia también me atrae.
Hablar o escribir de estas cosas no resulta fácil y agradezco el acicate que supone intentar explicarse a quienes cuestionan u opinan.
Comentario:
Quizá no existan esos angelitos de los que hablo en mi post. Pero también es verdad que pensar en su existencia reconforta en los momentos malos. Un beso.





